martes, 23 de diciembre de 2014

DIA 63 BAHIA DE LOS FUEGOS Y LAUCENSTON

DIA 63

20/DICIEMBRE/2014 BAHIA DE LOS FUEGOS Y LAUCENSTON

Hemos preparado un desayuno con fruta y yogur, y luego nos hemos marchado a recorrer la costa. Primero retrocedemos un poco, en dirección a Beaumaris. Cogimos un desvío a Stieglitz. Está en una península al sur de St Helens, antes de Beaumaris. Hemos recorrido la península, que tiene muchos accesos a playas y embarcaderos. Hay lagunas pegadas al mar, separadas por unos estrechos tramos de vegetación. Suponemos que las lagunas se formarán por filtraciones del agua de mar, pero las hay de color verde intenso que contrastan con el azul del mar. Hay otras pequeñas lagunas en las mismas playas, formadas por recintos de piedra en los que entra el agua de mar. Las rocas son de color naranja intenso. Muy raras.

Hay playas con césped. Le hago una foto a una para mandársela a mi hermano Jaime, porque una vez hice una foto parecida en la India, en Goa, y se estuvo acordando durante años.

Recorrimos despacio la península, a lo largo, pero los desvíos a las playas parecen caminos largos, así que no paramos nada más que en el extremo, y volvimos a la carretera principal, para ir a Binalong, donde empieza la Bahía de los fuegos.

En Binalong lo que hay es una zona residencial grande, con playas de roca naranja, pero seguimos por la costa hasta The Gardens. Esta parte está poco urbanizada, y las playas están desiertas. Paseamos por las rocas. La arena es de un color blanco resplandeciente, a causa del cuarzo que contiene, pero además tiene la textura de la harina. Muy fina. Contrasta con las rocas anaranjadas. El color se debe a los líquenes. Pero son asombrosas, de una belleza rara.

Apenas hay vegetación. Solo eucaliptos quemados. Leemos que el nombre de la Bahía de los fuegos se debe a que los aborígenes queman sistemáticamente la vegetación para renovar las plantas. Por eso apenas hay árboles.

Quería llegar a Anson Bay, un poco más al norte pero, aunque a la ida hemos visto el desvío, hemos sido incapaces de encontrarlo luego, y la pija no tenía ni idea. Por otra parte, no tengo claro, con los mapas que llevo, si desde el norte podemos cruzar hacia Laucenston desde Gladstone o si tenemos que retroceder todo el camino. Por eso decidimos ir a Laucenston por la carretera principal. Supongo que el resto de la Bahía será similar. Desde The Gardens se veía entera.

El camino a Laucenston resulta bastante largo, porque pasa por carreteras de bosque casi todo el tiempo, llenas de curvas. Hace calor, cada vez más. Me quedo un poco adormilada por el camino. Estoy en mi sitio. Calor y curvas. Lo ideal para dormir. Pasamos Scottsdale casi sin enterarnos. Tampoco es que sea muy grande. Por el camino de bosque vemos muchos eucaliptos, pero también helechos. Y cantidad de wallaby espachurraos. A veces parece una masacre. Juanjo acaba deduciendo que, al haber mucho terreno vallado, los pasos que frecuentan son los que más cadáveres muestran, para regocijo de los cuervos, que están gordos y relucientes. Hay otros animales atropellados, que pueden ser wombats, o possum. No son fáciles de distinguir de esa guisa.

Llegamos a Laucenston pasada la hora de comer, que tiene marcado su tope a las dos. A partir de esa hora, ni agua.

Llegamos justo a tiempo de ver a la gente poniéndose como el quico en las terrazas pero, mientras llegamos al backpackers, pillamos habitación, entramos al trapo del rollo de la italiana que llevaba la recepción, y soltamos los trastos, ya no era hora de ir a zampar nada.

Entramos en un sitio que tenía cerveza de grifo. Nos dijeron que podíamos comer sin problema pero, al final resultó que aparte de pizza y entrantes, no había nada. Tomamos entrantes y Juanjo renegó lo que pudo. Después, con toda la calorina, fuimos a hacer las rutas que mandan los folletos. Todas son de edificios históricos pero, te puedes imaginar, con toda la galbana tras la comida, cervecitas y bajo el calor, íbamos arrastrando los pies. Yo leía los folletos con la descripción de los edificios, mientras Juanjo los iba localizando en el mapa. Íbamos haciendo zigzag buscando la sombra y, donde corría un poco el aire nos  parábamos,  remolones, haciendo como lo que veíamos era la mar de interesante.

Los edificios eran de 1900 más o menos. Había uno estilo Reina Ana, del que yo había leído, pero no recordaba haber visto ninguno. Parece que a la gente de la época le pareció mal, porque les resultaba demasiado recargado aunque, la verdad, si lo ves, aparte de unos relieves no muy descarados sobre el frontal, el resto era bastante austero. Hemos visto un albergue que se ha montado en una de las casas más bonitas de la ciudad. Lo había visto en la información de alojamientos y era barato. Pero no sabia que era una casa de las históricas. Pena. Era barato, aparentemente.

Vimos el primer edificio de la cerveza Board, junto con la Cascade, las típicas de Tasmania. El edificio original es una monada, pero junto a el se ve el resto de edificios que se han ido añadiendo, dando lugar a un complejo industrial bastante grande.

Fuimos hacia la zona peatonal, en la que habíamos iniciado el recorrido. Allí hay varios edificios clásicos,los restos de un pozo, una antigua tienda de paraguas, etc. Nos falta la zona del río. Juanjo está empeñado en localizar un pub que vimos esta mañana buscando la calle del albergue. Finalmente consiguió encontrarlo y paramos a tomar una cerveza. Juanjo quiere que volvamos a cenar allí, aunque la oferta de menú de mediodía la han quitado, y ahora hay montada una fiesta familiar.

Fuimos a ver la zona del río, la garganta (The Gorge) y el puente. Por algún motivo, no dábamos con el camino para llegar. Yo iba mirando el reloj, porque, si Juanjo quiere cenar en el pub de antes, no nos va amar tiempo, ya que a las 8:30 chapan la cocina, y en teoría tenemos que estar allí a las 8 a más tardar, pero son las siete y cuarto y el puente no aparecía. Un señor que iba con su hijo, nos preguntó si estábamos perdidos. Luego resulto que su cuñado es de Barcelona y ha ido allí de visita.

Efectivamente, íbamos en dirección contraria. Le he observado a Juanjo que no íbamos a llegar a cenar donde él quiere y se ha mosqueado. Yo creo que cuando se desorienta, lo lleva fatal y lo paga conmigo.  Hemos visto una taberna donde se puede cenar, hay mucha gente, y he preguntado y me han dicho que hasta las 8:30 podemos pedir la cena.

Hemos llegado al puente, hemos entrado en el sendero que lleva a las cascadas, donde marca 15 minutos, así que hemos podido ver The Gorge y las cascadas. Hay muchos senderos, y unas piscinas, pero se trataba de ver la zona por la que hemos pasado. Muy llamativa la garganta en medio de la ciudad. Está cortada en un tajo profundo, y el río baja caudaloso y sonoro, abriéndose paso entre rocas muy grandes.

Hemos ido a cenar a la taberna más cercana. Están agobiados perdidos. Hay mucha gente. También es verdad que es sábado y Navidad está ahí mismo. Una camarera estaba reticente a darnos mesa, pero Juanjo le ha señalado una vacía y, finalmente, nos ha llevado al bar, donde hay varias mesas libres. Van muy retrasados con las cenas. El camarero nos invita a dos cervezas después de acabar las primeras, pidiéndonos disculpas por la tardanza.

Finalmente nos trae la cena. Juanjo había pedido un vaso de vino y nos trae dos, pidiendo disculpas de nuevo.

En la barra del bar hay un cepo cuyo punto de cebo es un botón rojo. Pone Reclamaciones, pulse el botón.

 Volvimos al albergue. No había habitaciones dobles libres, pero vamos a dormir solos. La italiana nos ha dicho que iba a intentar que no hubiera nadie más en la habitación. 


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