sábado, 13 de diciembre de 2014

DIA 45 . AOTEAROA

Tomo 2: Nueva  Zelanda y Australia

DIA 45

2/ DICIEMBRE/2014 AOTEAROA

KIA ORA!!

Estamos en tierra Maorí, así que empiezo saludando en ese idioma. Nos hemos ido al sitio más lejos, a nuestra antípoda.

No creo que quien lea esto esté llevando la cuenta, pero nos hemos dejado un día perdido por el Pacífico por haber pasado el meridiano del cambio de fecha. A Elcano le ocurrió que, cuando llegó a Cádiz, le faltaba un día, que no sabia donde se le había quedado.

Hablando de Elcano, de momento le hemos dejado con Magallanes perdido por el Pacífico, con calma chicha, hambre y escorbuto. Están peleándose por las ratas, que se venden a precio de oro. Los marineros comen maderas, cueros...todo lo que pueda masticarse. De momento, vamos a dejarlos por allí. Ya los recuperaremos.

Para hacer tiempo, nos hemos desviado al quinto continente, a Oceanía. Y empezamos visitando las mayores islas maoríes, que constituyen Nueva Zelanda, en Maorí, AOTEAROA, La Tierra de la Gran Nube Blanca. Se llamó así porque desde el océano se divisa una gran nube que cubre el territorio la mayor parte del tiempo. Los maoríes acabaron encontrándola desde su migración desde el este de Asia (eran Lapitas) hasta las islas del Pacífico, Samoa, Marquesas, Rapa Nui, Hawai, yNueva Zelanda, entre otras. A Nueva Zelanda migraron desde Polinesia. No tuvo la misma suerte un explorador español quien, pensando que solo era una nube, la pasó de largo. Cook acabó tomando el territorio para Inglaterra.

Cuando llegaron los maoríes había una fauna que, o bien se ha extinguido, o queda poca. Uno de los animales extinguidos, a causa de la caza a que fue sometido por los primeros pobladores maoríes es el Moa, un ave similar al avestruz, que no tenía depredadores hasta que llegaron los maoríes. Era muy fácil de cazar, así que se perdió.

Los kiwis, aves cuyo nombre comparten la fruta y los neozelandeses, que denominan kiwi a bancos, trenes, etc, no tenía depredadores hasta que, con las naves inglesas se introdujo el opossum, un animal parecido al mapache. Este bicho no tiene depredadores y, por tanto, prolifera. Pero está acabando con la fauna local, así que los kiwis humanos lo odian profundamente. Junto con las plantas amarillas, los famosos escobones que en España ponemos como adorno en las medianas de las carreteras, y que aquí son una plaga que se come literalmente los bosques, los opossum son otra plaga con la que no saben cómo acabar.

En las islas había, básicamente, pájaros. Muchos de ellos no vuelan, como el kiwi. Este, además, es nocturno. Yo lo vi, en mi anterior viaje a kiwilandia, en un zoo donde lo tenían tras cristales, en una sala en penumbra. Aún así, era difícil verlo.

La cultura Maorí está presente en todas partes. Los letreros están en Inglés y Maorí, pero muchos lugares y calles aparecen únicamente en Maorí. La gente Maorí es de piel oscura, pero los rasgos no son demasiado bastos. Lo que tienen es una constitución muy potente. Son gente grandota. Si además están gordos, lo que ocurre con frecuencia, se convierten en una masa que impresiona.

En mi anterior viaje me impresionaron mucho los tatuajes que cubrían gran parte del cuerpo. Ahora se han puesto tan de moda, que llaman menos la atención. Las danzas maoríes, por otro lado son, a la vez, agresivas y dulces. En el baile hay golpes y movimientos fuertes pero las canciones son melodiosas y dulces. Al combinarse ambas cosas, resulta una mezcla que impacta. La música Maorí se escucha en todos los sitios que requieren ambientación. Al llegar al aeropuerto, pasamos por una puerta Maorí y nos rodeaba, en el pasillo de acceso al control de pasaportes, imágenes de paisaje con música tradicional muy suave. 

Empezamos mal. Nos equivocamos de puerta y cruzamos la seguridad de Tránsito, en lugar de la de llegadas. Como el vuelo en el que llegamos tiene Auckland como escala, pero su destino es Sydney, seguimos a la masa y nos metimos por donde no era. Un kiwi nos sacó del error. Pero tuvimos ocasión de ver las salas de embarque, con sofás cómodos, puestos en Salinas con mesas y lámparas de pie. En los sofás había gente durmiendo o, al menos, descansando. En las pantallas se anunciaban los vuelos que aterrizaban o estaban en embarque. En el resto, ponía RELAX. El estado de los vuelos cambiaba de ingles a Maorí.

Pasamos el control que nos tocaba. Yo había declarado que llevaba medicamentos "over the counter" y semillas de lino, pero no le dieron importancia y pasamos sin problemas, aunque habían puesto muchos letreros avisando de que declaráramos cualquier cosa de ese tipo.

Si era demasiado temprana la hora de llegada prevista, las 4 am, encima el avión llegó con media hora de adelanto. Menos mal que, entre errores, recogida de maletas, sacar dinero de cajero, mirar con el wifi del aeropuerto alguna cosa y tal, se nos hicieron las 6 de la mañana. A esa hora abrieron la oficina de Información y nos hicieron el favor de llamar al hotel Airport Skyway de donde prometieron venir a buscarnos en 15 minutos.

Apareció un tipo con largo pelo rubio y gorra, muy sonriente. Una pareja que venía de Tahití venia también a ese hotel. Lo elegimos por estar cerca del aeropuerto, ya que tenemos reservado un coche de alquiler y se recoge cerca.

En el hotel el dueño nos ofrece té o café. Hay una cocina comunitaria, los baños son compartidos y la habitación, lógicamente, no está aún disponible. Así que preguntamos cómo ir a Auckland y el pelangas nos indica los autobuses y cómo volver, cuando veamos un enorme kiwi sobre un edificio, que es el hotel Kiwi, que está al lado. Nos dice, muerto de risa que, si llegamos a unos campos de fresas, nos habremos pasado.

Salimos a la parada. Hace un día muy despejado, aunque frío. El bus pasa de tarde en tarde. El trayecto a Auckland desde Mangere (significa perezoso, nos aclara Albert...o Alfred...no sé) lleva unos 40 minutos, que finalmente han sido más, porque hemos pillado atasco. Nos bajamos en la última parada, que es el centro de la ciudad. Yo estoy loca por tomar un desayuno en condiciones, porque a eso de las dos y pico nos dieron un sándwich, pero hace ya muchas horas de eso.

Entramos en el Club del Café a desayunar huevos con tostadas y café. Nos ha costado caro, me recuerda Juanjo toda la mañana. Luego hemos ido hacia el mar a ver qué hay. Hay un puerto donde atracan los ferrys y cruceros. Hay un crucero inmenso, Princesa algo...Vemos la oficina de Información y preguntamos qué podemos hacer en un día. Descartamos lo carísimo, como montar en el bus turístico, que vale 35 dólares y subir a la torre giratoria, que cuesta otros 25. Nos decidimos por un paseo por la ciudad, que no parece que sea excesivo.

Nos encaminamos hacia el mercado del pescado, para lo que tenemos que ir bordeando la bahía. Hay unos veleros que quitan el hipo. Catamaranes y veleros. Impresionante. Algún yate, también. Todo descomunal. Hay además alguna embarcación de las de la Copa América. Le comento a Juanjo que cómo es posible que estén tan macizos los tipos que están en los barcos. Además son jóvenes. No hay carcas de nuestra edad.

Hemos visto unas casas con embarcaderos pero en una zona elevada, con exclusas. Muy excéntrico.

Llegamos al mercado del pescado. Mucho rollo, pero solo hay un recinto, con dos o tres personas que preparan y cobran el pescado y marisco. En distintos puestos vemos los pescados puestos por tipos. Además hay peceras con bichos vivos. Una está hasta los topes de anguilas. Hay una barca con muchos peces grandes. Si quieres uno, lo coges y se lo llevas al pescadero para que te lo prepare. Todo muy limpio.

Buscamos algo más pero no lo había. Únicamente un restaurante con platos de pescado donde tenían también mariscos.

En los alrededores, lo que había eran restaurantes megapijos. Muy monos y con terrazas al aire libre. Uno parecía español. Se llamaba Pescado y ofrecía comida mediterránea.

Recorrimos la zona y volvimos hacia la zona central por otra parte de la bahía, que tiene muchas radas. La bahía tiene muchos entrantes que se pasan por puentes. A la vuelta hemos cruzado uno que se abre para dejar paso a los veleros. Hay una zona wifi libre, desde donde mando unos whats de lo que estoy viendo. Seguimos caminando hacia el centro, al strand, donde se encuentra todo el comercio. Hay pocos adornos navideños, todo muy sencillo, excepto por el tamaño de un Papá Noel con su reno que abarcaban dos caras de la fachada de un centro comercial.

Vemos la tienda oficial de los All Black. Las camisetas son un espectáculo. Había prometido unas a Jaime y los sobrinos, pero valen entre 150 y 250 dólares. Un pastón.

Llegamos al final de la zona comercial y decidimos ir caminado hasta una zona donde nos indicaron en turismo que había casas tradicionales. Hay que pasar el Albert Park y la zona de la universidad. Fuimos hasta allí despacio. Yo insinuaba visitar el museo Maorí pero me parece que Juanjo hoy no tiene ganas de museos. En el parque la gente estaba tirada al sol. Caminamos hacia el barrio de las casas tradicionales. Hay que pasar la Universidad. Vemos que el antiguo rectorado es una casa tipo colonial, rodeada de grandes jardines. A la entrada del recinto hay una casa de madera pequeña que parece de cuento de hadas.

Hemos visto una casa Maorí de reunión. Como es habitual, tiene una entrada hecha como un marco de madera tallada. Luego sigue una pradera y al fondo está la casa. Tiene un tejado a dos aguas, que llega muy abajo, y está bordeado por madera tallada, del mismo tono que la de la puerta, de un color rojizo. En el ángulo superior hay una cara con la lengua fuera, el típico gesto de las esculturas maoríes.

Continuamos caminado y llegamos al barrio que buscábamos. Casas hay algunas, pero d e lo que está lleno es de restaurantes de múltiples nacionalidades. Hay japoneses, indios, pizzerías...Después de dar una vuelta entramos a comer en un japonés, que tenía platos muy baratos. Yo tomé teriyaki. Juanjo tomó un guiso. Tenían preparadas muchas bandejas con sushi, sashimi, ensaladas...como donde vivimos no hay muchos bares, parece, pensamos en llevarnos algo de allí para cenar. Después de dar una vuelta, decidimos entrar de nuevo y llevarnos unas bandejas de sushi de salmón y aguacate. 

Antes de eso, hemos ido a tomar una cerveza a un pub muy agradable. Raro que la tomamos después de comer, pero en el japonés solo había refrescos, que no nos gustan a ninguno. En el pub yo pedí una cerveza belga, pero Juanjo quería probar las kiwis. Le dieron a catar dos. Ambas estaban muy amargas. Pidió la menos amarga de ellas. Hay muchos bares de cervezas artesanas. Parece ser que Wellington es uno de los sitios punteros. Habrá que probar las de allí.

Volvimos hacia el centro para coger el autobús de vuelta. Yo tenía la impresión de que paraba en la universidad, pero Juanjo lo negaba,así que fuimos al centro de nuevo. Da igual, porque hoy no vamos a hacer nada mas, pero, en fin...

Pasamos por la estación de tren, que parece cualquier otra cosa. Compramos un paquete de galletas para desayunar mañana y luego corrimos a coger el bus de vuelta. En él se pueden ver los tipos humanos tan diferentes que pueblan, al menos, Auckland. No es que vayamos mucha gente, pero todos distintos. Hay mucho oriental, pero con aspectos muy distintos. Luego están los maoríes puros o mezclas. Y, por fin, los arios rubios y muchos pelirrojos. Por la mañana habíamos encontrado a los chicos uniformados que entraban al colegio. Ahora están saliendo.

Llegamos al hotel tras divisar la estatua del kiwi. Nos dimos una ducha. El agua sale hirviendo, con un sistema de grifo bastante peculiar, muy pegado a la pared y con una palanca que se gira a frío o caliente. Pero los baños,manque son comunes, están muy limpios. Los platos de ducha son de acero inoxidable. Cada baño es individual, con lavabo, ducha, retrete...muy amplios.

Pagué un acceso al wifi, que en Nueva Zelanda casi siempre lo cobran, y compramos unos billetes de avión para un vuelo interno en la próxima parada, e hicimos otras cosas que teníamos pendientes.

En la piscina hay una chica con su hija pequeña bañándose. Me parece que el agua debe estar congelada.

Cenamos temprano, pero más gente cenaba a la misma hora. Tomamos el sushi con unas cervezas que salió a comprar Juanjo. Y en la cocina, ha marcado en un mapamundi nuestro origen. Este está recién empezado, y vemos que hace dos días ha pasado por aquí una chica de Granads, concretamente de Banamaurel, que decía llamarse Eva la Barbera  Juanjo ha escrito nuestros nombres en la misma línea, por debajo.

Nos fuimos a la cama. Nos han dado una triple, con una dama grande y otra más chica que usamos para dejar cosas. 



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