jueves, 3 de noviembre de 2016

EL PAÍS DE LA CANELA

EL PAÍS DE LA CANELA

Como se me van olvidando muchas cosas mientras escribo, ahora que nos vamos voy a hacer unos apartadillos para describirlas y comentar aspectos generales del país que, los españoles llamaron De La Canela

LA GENTE

Alguien me había dicho que los ecuatorianos no eran nada amables. No entiendo esa afirmación. No hemos encontrado una sola mala cara, nada que no fueran expresiones y sonrisas amables, sin cinismo, pura amabilidad, simpatía y aspecto alegre.
A los ecuatorianos no se les ve huraños. Parecen gente feliz con lo que tienen, y muestran su entorno con gusto. Procuran hacerte un favor, se lo pidas o no. Si pueden hacer una rebaja a la hora de cobrarte, la hacen sin dudar y sin que se lo pidas.
Preguntar cualquier cosa por la calle no recibe ninguna mala cara, al contrario. Agradecen cualquier detalle, una propina, lo que sea,  con efusividad.
Comen en restaurantes de la calle los menús, que son completos y baratos. Nos da la impresión de que deben molestarse poco en cocinar, a juzgar por la cantidad de gente que utiliza los puestos de comidas.
No se ven mendigos por las calles más que de forma anecdótica. No es una práctica común. La gente recibe una renta mínima y se buscan la vida con negocios o como vendedores ambulantes, o como profesionales.

Hay muchas etnias diferentes. Imposible conocerlas en un solo viaje, más que en generalidades. Yo renuncié a hacerlo desde el principio. Son demasiados, demasiada diversidad en las gentes.
Los Shuar (jibaros) son una de la etnias más extendidas, abarcan el sur y llegan hasta la parte norte del Oriente. Los Kichwas son la otra Etnia que abunda, descendiente de los Incas, están por todas partes. Los Waorani se describen en el capítulo de Puyo. Hay en Yasuni tribus no contactadas y, en cuanto a los indígenas que viven por el sur, por debajo de Macas y Zamora a los que se accede con avioneta, parece que son bravos y poco de fiar. Pueden ser peligrosos, igual que los que se encuentran por el Yasuni, que han matado a personas encargadas por el Gobierno para buscar petróleo que debe abundar en esa zona.


LAS CALLES Y CARRETERAS

Este país está limpio sin paliativos. La gente tira la basura en las papeleras. Es rarísimo ver a alguien tirar algo al suelo. Yo sólo lo he visto una vez. No hay basura, excepto en los momentos puntuales de mercados en pueblos, en los que se pueden ver restos de las frutas y verduras, pero lo limpian a continuación y todo queda impoluto.

Las carreteras están, por lo general, muy bien, excepto algunos tramos en los que ha habido desprendimiento o que estén en obras. Últimamente se han desarrollado mucho las infraestructuras y parece que se nota en el desarrollo de los pueblos que antes estaban aislados o tenían dificultad para trasladar sus productos.

Las calles son seguras. En los lugares más turísticos hay mucha policía o empresas de seguridad. No tienes malas sensaciones. Quizá el sitio más complejo sea Guayaquil, donde se recomienda ir en taxi a todas partes. El centro histórico de Quito está plagado de policía que van en esos patines tipo moto con dos ruedas y una plataforma. Pero nunca te sientes inseguro.

LA COMIDA

Como en el resto de Sudamérica -y Centroamérica- los menús incluyen una sopa, un plato principal, que contiene muy poca proteína y se acompaña de arroz con papas fritas, patacones o yuca. Suele haber postre, habitualmente gelatina o natillas. Se acompañan de agua aromática o jugos. El vino es importado y carísimo y las cerveza locales son la Pilsener y la Club. Tienen poco alcohol, son muy ligeras. La Budweiser es peor. No es la clásica. Está hecha aquí y es peor que las locales.

Los platos típicos los he ido describiendo a lo largo del diario: los encebollados, el cuy, el cerdo asado, los cebiches, las conchas negras....alguno no lo hemos tomado por demasiado contundente, como el chunchungcara, que nos parecía excesivo. Los maitos ya los he descrito en la Amazonia. Hay mucha parrilla, apanados, salsa de ajillo...hay picante, pero va aparte, en salseras, y no es excesivamente fuerte.

Las frutas abundan. Nos encantan los platanitos pequeñitos, deliciosos. Hay mangos buenísimos, papaya, fresa (frutilla), Pittaya, ciruelas diminutas, naranjas (no muy buenas) y, en la zona amazónica, Guaba y morenetes (en Perú Acuaje).

Los jugos se hacen de toda la fruta, pero me parece especialmente bueno el de mora.

En los mercados abundan toda clase de verduras, yuca, varias clases de papas, zanahoria blanca, zanahoria normal, coles, espinacas....y la mayor parte de la comida está aderezada con cilantro en abundancia, que se reparte por sacos, como el perejil en Turquía.

Hay demasiado dulce y casi todo va endulzado. Siempre que hay dudas sobre si algo puede llevar o no azúcar, no lo dudes, lleva azúcar fijo, aunque tengo que reconocer que no empalagoso.

Los helados se venden por todo el país, artesanos, caseros o industriales. Hay muchos carritos que venden helados caseros y raspados. Es muy popular un helado casero en forma de cono truncado, bastante grueso, que lleva un palito torcido. Debe ser para no mancharte, porque me da la impresión de que esos helados se derriten enseguida.

El chocolate negro es difícil de encontrar. Casi siempre es de porcentajes bajos y azucarado. Pero el chocolate ecuatoriano es bueno, como todo el mundo sabe. Y se exporta. El de la Amazonia parece especialmente bueno. Hay denominaciones de chocolates por fincas en una de las marcas que venden. No es barato en ningún caso.

El café lo toman aguado. Pasado, le llaman. Yo he tomado tres veces en todo el viaje, cuando he encontrado expresso, porque no soporto el café aguado. Juanjo lo toma  negro. Parece que la producción que tienen es de buena calidad y lo exportan.

Hay infusiones por todas partes. Hay una que llaman horchata, que no tengo ni idea de a qué sabe. La infusión más popular en Amazonia, al menos como energética,  es la Guayusa, que puede tomarse caliente o fría.


LOS AUTOBUSES

Una cosa que me tenía loca planificando el viaje desde España, es que no había manera de localizar los horarios de los autobuses. Una página de información que te pedía origen y destino, se recargaba poniendo que fueras a la terminal de la estación de origen y preguntaras.

Efectivamente, no hay otra forma de hacerlo. Ni por teléfono ni nada. Tiene que ser en la terminal. Así que, según llegas a un sitio, es conveniente perder un rato en buscar la forma de salir, preguntando en la misma terminal, para no llevarte sustos.

Los autobuses casi siempre son directos. Eso significa que paran constantemente recogiendo y soltando gente por la carretera o en cualquier punto en que los pasajeros pidan bajarse con un "Graciaaaaaas", que indica que haga el favor de parar aquí. Los boletos para los buses pueden comprarse en las oficinas de las compañías y van numerados, pero si te subes por el camino, te sientas donde puedas. No llevan aire acondicionado ni wifi, aunque lo ponga, no te hagas ilusiones.

Los trayectos, con tanta parada, aumentan en su duración un tiempo proporcional. Si el trayecto es de dos horas, emplearás dos y media y así sucesivamente. Como tardan tanto, es inevitable que pilles la entrada o salida de los colegios. Los niños viven en los pueblos o comunidades de los alrededores, así que, a mediodía, vamos soltando a cada nada escolares con mochila, con los que el autobús se acaba llenando hasta los topes.

En las paradas "oficiales", entre la gente que baja, que sube, y los vendedores, se monta un barullo importante de gente en el autobús. Hay un momento de máximo estrés, en el que sube gente vendiendo todo tipo de comidas. Luego, por el camino suben vendedores de comida que se bajan un poco más adelante y suben de nuevo al autobús que retorna.

Finalmente están los "amigos lindos" a los que llamamos así por un pelmazo en Colombia que repetía "Amigo lindo" cada tres a cinco palabras. Son los charlatanes, los vendedores ambulantes de remedios y galletitas que, de paso, te largan una prédica plastísima. Sólo nos hemos salvado de estos tipos en el bus que iba por la Amazonia hasta el Puyo. En el resto de buses, no ha faltado uno. Lo único bueno de que tengamos pinta de "guiris" es que, suponen que no hablamos español y, como perdemos la mirada en el infinito cuando aparece uno, nos dejan tranquilos.

En los trayectos de más de dos horas, suelen ponerte una película violenta, ideal para los niños que viajan en el autobús. Muy sangrientas y con muchos tiros y ruido.

Los asientos llevan bolsas de plástico en el lado del pasillo para que tires ahí la basura y no manches. En algunos autobuses no se permite comer. O eso pone, pero los vendedores de comida entran igualmente.

LOS HOTELES

Hemos viajado en hoteles de categoría media, próximos al centro de los núcleos urbanos, para evitar desplazamientos. Están limpísimos, las sábanas estupendas, buenas camas y unas duchas muy grandes, más que las de mi casa, a veces. Casi siempre proporcionan jabones y champú y las toallas suelen cambiarlas a diario. No hemos tenido ningún problema con las reservas, el pago...nos han dado desayunos abundantes, con fruta, jugos, huevos, pan, mantequilla y mermelada, café, té o chocolate. Y una amabilidad extrema, por parte de los empleados.

LOS TAXIS

Hemos cogido muchos. Pero es que son muy baratos. Un trayecto por ciudad puede costarte un dólar, máximo dos, excepto en Quito a la terminal o al aeropuerto, que son más caros. El taxi colectivo a Vilcabamba desde Loja, que era como media hora de trayecto, nos costó cuatro dólares por los dos. Y era una media hora de trayecto. Íbamos tres personas.

Los taxistas no engañan. No hemos visto a ninguno que intentara pasarse. Cobran lo que pone el taxímetro o te piden una cantidad mínima.

LA GASOLINA Y LA ECONOMÍA

La gasolina está a 1,5 dólares el Galón (casi 3 L), baratísima, ya que es un país productor.     De todas formas, la bajada del precio del barril de crudo ha afectado mucho a la economía ecuatoriana. Han tenido que renegociar la deuda con China, a causa de ello.

Otro de los paises con los que tienen una intensa relación comercial -y se nota- es Alemania. Hay muchísima inversión alemana y, por tanto, hay mucho turista alemán. La mayor parte de turistas que hemos encontrado eran germanos. Algunos estadounidenses y pocos europeos de otros orígenes. Alguno español pero poca cosa, aunque sabemos que andaban algunos viajando también, porque nos lo decían los hosteleros.

Luis Zapata, el de Baeza, nos ha dicho que los chinos han venido a explotar minas de oro y se lo han llevado todo y los estadounidenses han venido a por uranio. Que han hecho mucho destrozo extrayendo petróleo anteriormente. Todavía están en litigio con Exxon por un vertido que hizo mucho daño hace años.

Se intenta que no haya mucha importación y fomentar el consumo interno. Se exporta petróleo, café, cacao.

Hay un impuesto a las transacciones con tarjeta de crédito que se impuso tras el terremoto de Pedernales, hace menos de un año, para recaudar dinero para la reconstrucción.

EL PRESIDENTE

Rafael Correa está a punto de acabar su mandato y no se presenta a un tercero. Por Latacunga pasamos por el sitio donde le invistieron por el rito tradicional indígena. Es un economista educado en Estados Unidos y de izquierdas. Tenemos la impresión de que ha hecho bastante por la educación, se ven hospitales y centros de salud nuevecitos y nos han dicho que ha mejorado muchísimo las infraestructuras, especialmente las carreteras a lugares mal comunicados anteriormente.

Por supuesto, que hay gente que lo critica y que dice que si no sigue, será porque tiene negocios fuera, pero nos parece que al país le ha ido bastante bien con él y que está bien visto, en general.

No terminé de enterarme de una noticia que escuché en la radio de un taxi, sobre una resolución del Parlamento para que las compañías sanitarias privadas reembolsaran al sistema sanitario la atención a los asegurados por las compañías en caso de ser atendidos por el sistema público. Es un asunto interesante.

EL ENTORNO

Ecuador es un país pequeño, pero con una diversidad espectacular, como puede encontrarse en pocos sitios. Lo cierto es que la impresión que queda al visitante es de haber estado en un país precioso y diverso.

Hay cuatro zonas geológicas diferentes: la Costa, Los Andes, El Oriente (Amazonia) y Las Galápagos. La Costa la hemos visto poco, pero es evidente la diferencia con las demás. Las cuatro son tan distintas que podrían estar en países diferentes. Los climas varían muchísimo. Una zona que no hemos podido visitar es el Parque Nacional Yasuni, en la Amazonia, donde hay la mayor diversidad de especies del mundo y tribus no contactadas. Pero el lugar debe ser espectacular y carísimo de visitar.

Lo demás, en cuanto a paisaje, clima, etc, lo he ido describiendo a lo largo del diario, no merece la pena repetirlo aquí.


CURIOSIDADES: LOS NIÑOS TRAVIESOS

En la visita que hicimos a la casa-museo de María Augusta Urrutia, en una sala había un pequeño muñeco articulado. El guía le llamó "El Niño Travieso" y nos dijo que se cambiaba de sitio y les revolvía la habitación. Intentaron encerrarle en otra sala cerrada, pero volvían a encontrársele en la suya, después de haber volcado alguna cosa. El guía decía que anteriormente, cuando no había puesto un cordón para ver las habitaciones un poco alejado, cuando se colocaba delante del armario donde estaba el muñeco, notaba que le daban golpecitos en el hombro y estaba seguro que era el muñeco. No tiene cara de malo, pero me ha dado yuyu. Los muñecos me parecen terroríficos.

En otra ciudad leímos la leyenda de una familia que tenía un Niño Jesús tradicional en la casa. Se trasladaron a Quito y se lo llevaron, pero El Niño volvía a su ciudad original. Finalmente volvió la familia a su ciudad original, se trajo al Niño y me parece que le construyeron una capilla.






















DESPEDIDA

3/11/2016. DESPEDIDA

Nos hemos despertado con el sonido de los colibríes, como ayer. Y de la lluvia, además. Desayunamos tan rico como ayer. Hay gente que viene a tomar los deliciosos desayunos de Luis.

Hoy nos vamos. Hemos hecho la maleta y, tras ducharnos, vamos un rato a disfrutar de los colibríes.

Luis nos cuenta que las orquídeas que tiene son nativas. Que hay mucha deforestación por parte de los ganaderos, aunque el Gobierno intenta convencerles para que estabulen y no destrocen el monte, pero es difícil el tema. Entonces, cuando talan, hay gente como Luis que van a hacer rescate de orquídeas. Las cogen de los árboles talados y las colocan en troncos, o en su mismo sustrato, para conservarlas.

Estoy escribiendo junto a los colibríes y la buganvilla y pienso si es posible estar en un sitio mejor, como despedida. Ha sido un privilegio.

Nos vamos ya. El viaje a Ecuador ha sido precioso, diverso, fantástico en cuanto a los paisajes y maravillosa gente que hemos encontrado. Esta despedida no la esperábamos. Otro broche de oro, como el de la vuelta al mundo, con las Cataratas Victoria.

Un saludo. Os dejo un epílogo de cosas que se me han olvidado

QUINDE HUAYCO


2/11/2016 QUINDE HUAYCO

Los colibríes vuelan y chirrían por delante de la ventana. Pasan disparados como flechas. Es un despertar precioso.

Luis nos prepara un desayuno tan bonito que le hago una foto. Un plato con frutas variadas, huevos, tostadas de mantequilla y una crujiente loncha de bacon. Desayunamos mientras los colibríes acuden a los bebederos, libando el agua azucarada. Intentamos sacarles fotos mientras vuelan, pero es muy difícil, son demasiado rápidos.

A veces uno de preciosos colores se posa en la rama de la buganvilla, pero en cuanto intentas coger el móvil o la cámara, vuela y desaparece.

Hace buen día. Hemos salido a dar una vuelta por un sendero que sale detrás de las cabañas Kopal y que baja a una cascada. Yo me he puesto botas de agua. Luis tiene algunas de las que dejan los turistas, como hicimos nosotros en Costa Rica. Compramos unas al llegar y las dejamos antes de irnos.

Bajamos el resbaloso sendero. Hay algo de barro y las piedras están húmedas. Es bastante empinado. Al final hay dos cascadas y, si tienes suerte, puedes ver el gallo de las peñas, que es un ave con la cabeza roja y gran cresta, pero nosotros no la tuvimos. Escuchamos su canto, que es parecido al croar de una rana, pero no pudimos verle. Juanjo alcanzó a ver un par de ardillas. Yo, ni eso.

Pero la zona de las cascadas es un sitio precioso. Hay un puente colgante que lleva a un sendero que sube a un mirador y otros dos senderos que se desvían a cada una de las cascadas. Las paredes llenas de musgo y las orquídeas colgando de los árboles, el sonido del agua...un lugar mágico.

Subimos a la carretera de nuevo. Juanjo quiere seguir andando, pero yo decido ir a ducharme y pasar el día disfrutando de las orquídeas y los colibríes. Un día de relax para acabar el viaje.

Luis tiene una cantidad grande de orquídeas, que son el goce de los botánicos que vienen por aquí. También suele tener hospedados ornitólogos, que se lo deben pasar pipa entre los colibríes y el resto de aves que se encuentran en las montañas.

He recorrido el sendero de las orquídeas de la finca y lo encuentro lleno de plantas. Las orquídeas de distintas especies bordean todo el sendero. Hay, además, heliconias y las trompetas de bulbo, también de distintos colores. Hay muchos árboles, buganvillas....en fin, un vergel.

Hay al final del sendero un mirador cubierto, con una mesa de madera en el centro. Se ve desde allí el valle y la "ye" de la carretera. Juanjo ha venido al cabo de un rato y hemos estado viendo en el mirador unas urracas incas, de llamativos colores, especialmente amarillo.

Tras ducharnos hemos ido a comer algo a Gina. Hoy es fiesta y está petado de gente, pero conseguimos comer sin problemas una carne bastante buena.

Tras una siestecita, hemos vuelto a pasar la tarde en la cafetería, viendo a los colibríes, y desesperándonos por sacarles una foto en vuelo. Son superveloces. He leído en la Colibripedia que baten las alas entre 60 y 90 veces por segundo, en todas direcciones. Su corazón late 1260 veces por minuto y el más pequeño pesa 2,2 gramos.

Se nos ha hecho de noche viendo a los colibríes. Hemos bajado un rato a la habitación, a leer y luego hemos vuelto a Gina a tomar un sándwich.

Se ha puesto a llover. Mejor, más agradable dormir con el sonido de la lluvia

miércoles, 2 de noviembre de 2016

BAEZA COLONIAL

1/11/2016. BAEZA COLONIAL

No nos da tiempo a desayunar, porque el bus sale a las 8:30 y los desayunos empiezan a las 8. Además, hay que buscar un taxista que nos quiera hacer el corto trayecto hasta el centro del pueblo. Ana llama a varios, que están desayunando, pero acaba dando con uno que llega en un momento.

Compramos los billetes y compro también yogur y galletas en una tiendecita, para ir tirando. Juanjo pretendía desayunar algo que subieran a vendernos, pero el único que ha subido ha sido un "amigo lindo" de los plastas, que vendía un purgante.

El bus ha parado en Tena un buen rato y en Archidona se ha roto y han estado un rato para arreglarlo. El calor es tremendo y hay pasajeros cabreados.

El trayecto hacia la sierra ha sido precioso de verdad. Pasamos entre montañas llenas de vegetación y al borde de profundos barrancos, impresionantes. Pasamos de la llanura a la montaña de nuevo. La primera parte del trayecto ha sido muy calurosa, pero ha empezado a sentirse un aire fresco al subir.

Nos dejan en Baeza, ciudad, y un taxi nos traslada a Baeza colonial, que está a un par de km, o así. Este es un pueblo de casas dispersas, mágicamente situado entre montañas, donde corre un airecito fresco que nos alivia mucho. Luis Zapata es el afortunado dueño y tiene cara de felicidad. Su negocio es básicamente para ornitólogos y botánicos, que estudian sus orquídeas y van a buscar pájaros en la montaña.

Nuestra felicidad es ver colibríes. Hasta ahora íbamos mordiéndonos los puños, porque no veíamos ni uno. Aquí hay bebederos de agua azucarada donde se acercan colibríes de todos los tamaños y de quince especies.

Hemos ido a comer algo, a causa del parco desayuno. En casa Gilda tomamos unas truchas, que son la especialidad del lugar.

Descansamos un rato y nos acercamos a la cafetería, porque en la preciosa habitación que tenemos no llega Internet y porque allí se ven fantásticamente los colibríes cuando se acercan a beber. He hecho fotos de alguna orquídea en floración, en concreto de una de flor pequeña y preciosa. Y he intentado retratar a los colibríes, pero me han salido bien pocas fotos; los colibríes son rápidos como el rayo y te pasan zumbando junto a la oreja como aviones.

Hemos estado de tertulia. Una pareja alemana se aloja en la habitación de arriba y mañana intentan ir a Coca, pero Luis ha estado llamando por teléfono hasta al lucero del Alba y no ha encontrado una respuesta sensata. Me pregunta el alemán si por Internet es posible, y ya le digo que lo lleva claro. A no ser que vayas a una terminal, es imposible averiguar nada.

Luego Luis se ha comprometido a llevarnos al aeropuerto de Quito. Nos va a cobrar 70$, pero casi merece la pena. Un taxi desde el centro de Quito al aeropuerto ya vale 26 y, desde la terminal al centro, otros 15. Si nos lleva hasta el aeropuerto internacional, incluso puede merecer la pena y nos ahorramos un viaje penoso en autobús.

Luis habla por los codos y hemos estado de palique, viendo a los colibríes, que Juanjo se desesperaba por retratar, pero van flechados y no le apetece fotografiarles en los bebederos, que es donde están más quietos por un momento. De todas formas, yo intento sacar las fotos en ráfaga, porque se van en cualquier momento y a toda velocidad y te quedas con la foto vacía y la cara de paisaje.

Hemos ido a la famosa pizzería de un holandés que hay en las cabañas Kota, a tomar una de sus famosas pizzas. Está muy buena y la cerveza, muy fresquita. Pero el tipo cierra la cocina y se larga rápido. Luis le ha llamado para decirle que no fuera a irse, que íbamos nosotros ya mismo, aunque era temprano.

La habitación que nos han dado se llama Colibrí. Tiene dos ventanas en ángulo, por las que se ven las montañas y las plantas. Por la mañan pasan flechados los colibríes. Tiene un dibujo en la pared de un colibrí libando de una heliconia, y cuadritos de flores. Es de madera y ladrillo. Un armario de baldas ventilado por puertas de rejilla, un sillón bonito de brazos de madera, y un baño cuyo espejo tiene una rama de espigas naturales en la parte superior. Hay unas pequeñas máscaras de cerámica, con aretes en las orejas y nariz en el camino al baño. Es muy acogedora.











JATUN SACHA

31/10/2016 RESERVA CIENTÍFICA JATUN SACHA

Nos ha indicado Ana que es una buena caminata para la mañana. Tras el desayuno, nos ha llamado un taxi para llegar a la reserva, que está a quince minutos en coche, y cinco dólares de taxi, en el camino a Aguano.

El taxista nos indica que para volver, cojamos cualquier autobús e indiquemos que nos dejen en la "ye" de Misahualli y que desde allí tendremos que caminar unos dos km. A estas alturas, ya nos hemos dado cuenta de que la "ye" es una Y. O sea, un cruce.

En la reserva nos recibe el director, un alemán. Nos dice que hay como para caminar dos dias, pero nos recomienda un sendero de unas tres horas, con guía. Hay un sendero auto guiado de una hora, pero preferimos adentrarnos un poco más en el bosque. Años cobra seis dólares a cada uno por la entrada y otros 10$ en total por el guía. Así que ha llamado a Christian, un indígena que nos dice que sólo lleva tres meses trabajando allí, igual que el director.

Si alguien que lea esto quiere ir, yo le recomiendo ir más temprano, porque así podrá ver algún animal y no sudará tanto. Yo no sudo habitualmente y estoy empapada. Y eso que vamos a la sombra. Si, por casualidad pillamos un rayo de sol, pica algo tremendo.

Pasamos por zonas de barro en las que hay colocados troncos para pasar. Tenemos que pasar bastantes riachuelos sobre troncos de madera. Un puente de troncos tiene una cuerda para agarrarse, pero está llena de hormigas. Me sacudo cuando me doy cuenta y el guía dice que hay un termitero y están saliendo.

Vemos árboles caminantes. Son los que sacan una raíz nueva para recolocarse y buscar la luz y acaban teniendo muchas patas. El guía nos dice que los árboles mantienen una lucha constante y compiten entre ellos a diario por la luz, creciendo más que el vecino o desplazándose, como el caminante.

Vemos Ceibos, esos que tienen las raíces tan grandes y a veces sirven de refugio. (En Senegal los llaman Queseras, porque los utilizaban los franceses para mantener el queso fresco).

El guía ha subido parte del tronco de un Ceibo, agarrado a una liana. Va con su machete limpiando el camino de ramas caídas. A veces me sobresalta el ruido de un machetazo, porque vamos en silencio, a menos que nos enseñe alguna cosa. Hemos empezado andando por bosque secundario y no a adentramos hacia el primario, que es más frondoso.

Hay una torre de observación sobre la copa de los árboles. Tiene 30 m. Nos ofreció el director unos arneses por si queríamos subir y nos dijo que él aún no se había atrevido y que va intentándolo por tramos.

Yo pensaba que la torre era como las que hay en otros sitios y me extrañaba lo del arnés. Pensaba que era por la altura. Pero qué va. La torre es un poste de metal triangular con un entramado por el que te subes con el arnés como puedas. Nos dice que los voluntarios suben todos como locos y que a veces se quedan arriba, donde debe haber una pequeña plataforma, a pasar la noche. Debe moverse con el viento, además, como es lógico.

Hablando del viento, tanto anoche como ahora, vemos grandes árboles caídos. Lo cierto es que en la selva amazónica hay muy poca profundidad de terreno para el enraízamiento de los arboles, a pesar de que algunos son enormes y todos son muy altos. De forma que, cuando hace viento, algún árbol grande cae, arrastrando consigo a los que le rodean. Hemos visto alguno que claramente se ha caído hace poco. A veces tienen que serrar los troncos, si son muy grandes, para dejar libre el camino. Si el tronco no es muy grande, pasamos por encima.

Los senderos están marcados por número, y con sus estaciones numeradas también. Hay un punto en el que pone un letrero de No Entre. Nos explica el guía que desde ese punto hay un sendero que recorre la reserva y que, a paso de ellos, se tarda unas cuatro horas en recorrer. Pero que la gente que va por allí, o sea, los voluntarios, siempre tienen que ir acompañados, porque es muy fácil perderse y a veces tienen que salir a buscar gente. Los trabajadores tienen que recorrerlo de vez en cuando porque hay traficantes de madera que entran a la finca y se llevan árboles que en la Fundación están intentando proteger. Y además tienen que mantener los senderos limpios. Los científicos a veces pasan la noche caminando, buscando especies. Los guías los acompañan.

Hemos llegado al río que bordea la reserva y allí me lavo un poco el sudor que me empapa. No es el esfuerzo físico, aunque caminamos subiendo y bajando lomas, sino el sudor lo que más me incomoda. Llevamos una botella de agua y vamos bebiendo a sorbitos, aunque yo en algunos momentos siento que me deshidrato.

Hemos caminado unas tres horas. Además de las especies ya conocidas, hemos visto otras:

Pambil. Para construir. Es un árbol de madera dura

Curare, las hojas grandes que a mí me recuerdan a una Aspidistra o similar. Hojas grandes, en una planta de poco tallo.

Hoja de Elisan, o paja Toquilla. La hoja se utiliza para cubrir los techos de las cabañas y que no entre agua. La fibra, para atar los maitos y para hacer sombreros. También para hacer vestidos. Y el fruto lo comen los pájaros, así que se aprovecha entera.

Shipate. Es una palma cuyo tallo se utiliza como soporte para las hojas de Elisan.

Surupanga. Son unas hojas no muy grandes, que creen casi a ras de la suelo y que, cogidas en ramos, las utilizan los chamanes para hacer limpias. Recuerdo aquella sanadora que vi en un mercado, que estaba pasando un ramo de hojas por el cuerpo de una niña. O sea, que le estaba haciendo una "limpia"

Chambira. Es una hoja que sirve para tejer

Capirona. Es un árbol que tiene una madera muy lisa, pero mucho. Da gusto pasarle la mano. El árbol cambia la corteza cada poco. Nos dice el guía que la madera es más lisa cuanto más reciente es el cambio de piel. La madera parece muy dura y vale para construir.

El bambú de tronco amarillo también vale para construir, pero requiere de una técnica especial. Es mejor el verde.

Acabamos viendo unos cercados donde tienen dos especies de cerdos de monte que han recogido porque estaban en peligro. También tienen algún capibara. Y sus plantaciones y gallinas para consumo de la gente que se hospeda en la reserva.

Nos despedimos del director y salimos a la carretera, donde esperamos al bus en una parada techada. Hace un calor de espanto y pienso en los dos km al sol que tenemos que recorrer.

Nos subimos al primer bus que ha pasado pidiendo que nos dejaran en la "ye" de Misahualli y así ha sido. Hemos empezado a andar, junto a un escolar. pero ha pasado un coche y Juanjo lo ha parado, pensando que era un taxi. No lo era, pero nos han llevado a los tres de igual forma. Supongo que en estas zonas la gente colabora entre sí habitualmente, porque es complicado moverse y todo está lejos.

Preguntamos por el bus a Baeza, que sale a diario a las 8:30, pero no compramos los boletos, porque dicen que no hay problema. Vamos hacia el Lodge tomando una cola y una cerveza muy frías por el camino, en una tiendecita de la carretera. No tenemos hambre. Sólo sed y ganas de ducharnos. Hemos llenado la botella de agua filtrada antes de salir de la reserva, así que tenemos agua para la tarde, aunque Ana tiene en la cocina también.

Hemos descansado en la habitación con el ventilador puesto. Juanjo duerme, yo escribo. No salimos hasta que empieza a caer la noche. Pago a Ana y organizamos para que avise por la mañana un taxi para ir hasta el centro con la maletas.

Vamos dando un paseo hasta el Jardín. Cenamos allí. Es muy parecido al del Puyo, pero con estanques con patos blancos. Tiene un terreno grande y da al río, así que van a construir alojamientos también.

Está Sonia, la madre de los chicos del Puyo, que está aquí habitualmente. Charlamos un rato con ella, tras cenar una chuleta con salsa de chocolate fabricado por ellos de su plantación de cacao. Nos ha contado la historia del restaurante. Son originarios de Baños y allí lo tenían de siempre. Compraron el terreno del Puyo para pasar ellos sus vacaciones. Pero, tras una evacuación en Baños en los años '90, tuvieron que mudarse y utilizaron el terreno del Puyo para ello. Luego han construido el de Misahualli y aquí se ha quedado Sonia. Los hijos llevan el otro.

Le hemos dicho cuánto nos gustaban ambos sitios, su gente y su cocina y está encantada que se lo digamos, parece.

Hemos vuelto paseando. En la entrada del restaurante hay una tarántula muerta, toda peluda. Nos dice Sonia que el vecino (Pedro) un día entró por el restaurante como buscando algo y dijo que se le había perdido una boa (anaconda). No le creyeron, porque anacondas no hay en esta zona pero, a la mañana siguiente, apareció una como de tres metros enrollada en un árbol.

En fin, historias de la selva...

ORELLANA

Estamos en la zona del río Napo por donde inició Francisco de Orellana, encomendado por Pizarro a la exploración de este territorio, la exploración del Amazonas, en el que desemboca el río Napo, hasta el Atlántico y su subida por el Orinoco. La expedición sufrió un motín encabezado por el loco de Lope de Aguirre, que se separó del grupo principal con quienes quisieron seguirle.
Orellana pasó todo tipo de calamidades en esta expedición y puso el nombre de Amazonas al río porque le hablaban de unas temibles mujeres guerreras que podía encontrar en su curso.
Llegaron al final del río hechos una pena, pero consiguieron su objetivo. Por supuesto que, con lo cambiante de los ríos, es imposible averiguar por dónde embarcarían exactamente, vete tú a saber cómo estaría el caudal del río y cuál sería el mejor punto en aquel momento, pero la playa de Misahualli parece un buen sitio para embarcar y allí el curso del Napo es tranquilo, de unos 3/4 km/h, así que yo voto por esa playa de la confluencia del río Napo con el Misahualli.

MISAHUALLI. PASEO NOCTURNO EN SELVA

30/10/2016 MISAHUALLI

Tenemos que coger un bus a Tena. Salen algunos a primera hora y luego a mediodía o por la tarde. Tenemos los horarios no muy claros, pero suponemos que entre las 8 y las sale alguno. Está el día claro. Es domingo. Vemos unos picos nevados y el taxista nos indica el volcán pero no lo distinguimos entre las casas. El volcán Sangay. Es un cono nevado, aislado, que finalmente distinguimos desde el autobús. Los otros picos nevados no corresponden a un volcán, según nos dijo el taxista.

La vegetación que vemos por el camino es algo más rala que la de ayer, con sembrados. Vemos nidos de oropéndolas colgando de los árboles. El trayecto dura como hora y media hasta Tena. Hemos pasado por Puerto Napo, que no parece interesante, pero vemos el río Napo en su tramo inicial.

En Tena nos bajamos donde nos deja el autobús, que no es en la terminal, por lo que tenemos que coger un taxi que nos lleve hasta el punto desde donde salen los autobuses a Misahualli, pensamos que cada hora. Pero nos dicen que tardará más, así que Juajo, que se había acercado a la terminal para averiguar los horarios a Baeza, apareció en un taxi que nos va a llevar a Misahualli, por 10$.

Tena tiene aspecto de ser una ciudad con un interés próximo a cero, con mucho comercio, posiblemente mucha oferta de agencias de viajes, la cercanía al río y poco más.

Pasamos por la zona donde está la cascada de Latas, pero vemos que el río va seco, así que vamos descartando ir allí. Llegamos en poco rato a Misahualli, al Banana Lodge donde vamos a alojarnos. Consta de un par de edificios para habitaciones, uno de ellos sin acabar el piso superior, que da al río Misahualli. Hay una zona común con cocina compartida, nevera, etc, y comedor para desayunos. Hay un ranchón con hamacas colgadas. Nosotros hemos reservado la última habitación que quedaba y nos alojamos en el edificio inacabado. Nos recibe Ana, una rusa de los Urales, que dirige el establecimiento. La habitación está sorprendentemente fresca, porque fuera hace un calor inhumano.
Ana nos informa de que podemos acercarnos a ver el río Napo un poco más adelante, en la "ye"  del pueblo. Nos quedamos un poco desconcertados.

Caminamos por la carretera hacia el pueblo y observamos que hay una playa en la desembocadura del Misahualli al Napo. Hay unas barcas con toldilla que ofrecen trayectos por el río. Y monos capuchinos que intentan robar las pertenencias de los visitantes. Nos mantenemos a una distancia prudente de ellos, porque parecen resabiados y, al ser domingo, tienen gente suficiente para entretenerse. Hay sombrillas en la playa bajo las cuales la gente se sienta en sillas de plástico. Hay bastantes restaurantes que ofrecen maito, el pescado en hojas, y chontacuros, los gusanos gordos a la parrilla.

Cruzamos el puente de acero colgante sobre el río Napo. Por él pasa un coche a la vez y, cuando pasa un coche, los peatones tenemos que pegarnos al margen. Seguimos por la carretera hasta ver El Jardín, el restaurante gemelo al del Puyo, pero en este no hay alojamiento, de momento, aunque van a hacerlo.

Hace un calor infernal. En el pueblo tomamos unas cervezas, sin saber muy bien qué hacer, porque por la calle no se puede estar. Finalmente, nos decidimos a comer algo. Yo he tomado maito de tilapia, un pescado de río. Estaba muy bueno, acompañado de yuca.

Hemos ido a echar una siesta. Para estar al fresco. Es tremendo lo de la calle. Venden bizcochos de banana, con una pinta estupenda, pero no compramos.

Al atardecer nos animamos a salir. Ana nos dice que podemos dar un paseo nocturno en canoa por la noche y también hacer una caminata nocturna, que es lo que yo iba buscando. Nos ha indicado un sitio junto al Jardín, donde hacen los paseos en canoa por 5$ y las caminatas nocturnas por 10.

Hemos encontrado un atajo para bajar a la playa y nos encaminamos al puente del Napo a buscar el sitio y preguntar. Una señora nos dice que el guía está con un grupo y que esta noche, a las ocho, vendrán otras dos personas.

Nos enteramos de qué va el asunto y vamos al Lodge a por calcetines, yo me pongo una camiseta con algo de manga, Juanjo se pone un pantalón largo y nos vamos al pueblo de nuevo. Acabaremos tarde, pero no tenemos hambre para comer. Hemos tomado una cerveza donde esta mañana. Está el marido de la señora, con el que conversamos un rato. Nos dice que desde Coca hay barcos que transportan carga y personas hasta la frontera. Deben ser como el que tomamos hasta Iquitos. Me parece una información interesante, aunque no tengamos tiempo ahora, porque he visto trayectos turísticos y cobran un dineral. Está bien por saberlo.

A las 7:30 vamos de nuevo a lo de la canoa. Está Pedro, el guía, un señor mayor. Nos da unas botas de agua y linternas, aunque yo llevo una pequeña, que me resulta más cómoda. A oscuras, entramos en la canoa, en una laguna que está al otro lado de la carretera y que tiene dos islas. Pedro saca a oscuras la barca y le da la vuelta. Estoy segura de que los indígenas ven como los gatos, en la oscuridad.

Con un remo que mete de vez en cuando en el agua, muy despacio y sin hacer ruido, vamos mirando por si aparecen caimanes o un Paiche, un pez de varios metros, el más grande del Amazonas, nos dice. Siempre dudo si es ése el más grande o si lo es el Pacú, que yo tomé en Brasil en chuletillas. En el pueblo de Mónica, en Esquinas, Argentina, también lo comen así, según me ha dicho.

Pedro enfoca de vez en cuando la linterna al borde de la vegetación para buscar los ojos del caimán y a los árboles, para buscar los pájaros que duermen. Hemos visto unos pájaros azules superchulos. Ya tuvimos en Nicaragua la experiencia de buscar pájaros por  la noche en canoa y es alucinante, porque los ves de cerca, observas cada detalle de las plumas, los ojos, y ves colores que no imaginas al verlos de día. Había una especie de pava en su nido con su polluelo y era espectacular el azul que rodeaba el ojo. Otros pájaros, como aves de pantano, con el pico largo y pinta de kiwi descansaban en parejas sobre otras ramas.

El pez hace ruido de vez en cuando. No lo vemos, pero lo escuchamos. Parece que nos sigue. Oímos algún mono. Mono araña, dice Pedro, quien de vez en cuando hace un sonido como el de las palomas, poniéndose las manos haciendo un cuenco delante de la boca para llamar al caimán, que no nos hace caso.

Conseguimos ver finalmente al pez en una zona de poco fondo. Era rosado y se revolvía para intentar pasar bajo la barca, pero pudimos verlo bien con las linternas.

Recorrimos el pantano durante una hora o así, lo más callados que podíamos. Luego, atracó Pedro la canoa y salimos de la barca. Primero salió Juanjo y se metió en un lodazal en toda la altura de la bota. Yo salí detrás y me agarré a un tronco en plan mono para salir por la zona seca. Estuvimos a "naíca" de pisar una rana venenosa bien gorda que estaba en la orilla. Nos enseñó Pedro las marcas blancas que tenía en la piel y nos dijo que eran los puntos venenosos. Me acordé del árbol que tenía las hojas tan arriba de ayer que estaba indicado para el veneno de rana, el Pachaco.

Hemos caminado en silencio por la selva iluminándonos con las linternas. Pedro anda buscando rastros de caimán y ha encontrado uno desde donde el bicho se ha metido en el agua. Estaba fresco. Hay bastante barro y, de vez en cuando, Pedro me da la mano para pasar sobre troncos que forman un sendero sobre el barro, pero que también resbalan. Aun así, de vez en cuando nos metemos en barro. También cruzamos puentes de tronco en algunos momentos. Pedro va con el machete quitando obstáculos.

Hemos apagado las linternas para escuchar un rato. En completa oscuridad, los sonidos de la selva se multiplican y se hacen más intensos. La verdad es que no espero encontrar ningún mamífero, roedor, perezoso, ni mucho menos felino, como el tigrillo, pero la sensación de caminar por la selva a oscuras es suficiente para mí. Es un mundo tan diferente al nuestro, que cualquier cosa nos parece espectacular.

De vez en cuando, Pedro nos hace esperarle y va a investigar, metiéndose en regatos de agua, buscando al caimán, supongo. Luego vuelve y seguimos caminando, iluminando los árboles, intentando no tocar nada porque, a oscuras, no sabemos si los troncos pueden pinchar o tener bichos. De vez en cuando pierdo el equilibrio en el barro y hago virguerías para no agarrarme a nada. Me dice Pedro en voz baja algo de que está muy pantanoso en invierno y le pregunto si ha llovido hace poco. Me dice que no, que ahora está seco. No me lo quiero imaginar en época lluviosa.

Veo marcas en el sendero. Trocitos de bolsa de plástico agarradas a palitos. Supongo que las ha puesto Pedro. Estamos sudados, encharcados. La humedad es tremenda aquí dentro.

Perdemos la cuenta del tiempo y, de pronto nos encontramos de nuevo en la canoa. Recorrimos de vuelta el pantano. El caimán no se ha dejado ver. La verdad es que yo no recuerdo haber visto nunca uno de noche y mira que he ido veces a buscarlos en diferentes sitios. De día, muchas veces los he visto pero, de noche, para nada.

A nosotros el tiempo se nos ha hecho corto, pero hemos perdido el cálculo, porque hemos estado tres horas y ni nos hemos enterado. Hemos vuelto al pueblo. Está todo cerrado, son las once de la noche, la vez que más tarde nos vamos a acostar en todo el viaje, mientras nos duchamos, porque hemos sudado en la caminata y tal, serían las dice cuando nos dormimos. No hemos puesto el ventilador, porque hace un ruido infernal y la habitación no está caliente.



OMAERE Y EL PASEO DEL PUYO

29/10/2016 OMAERE Y EL PASEO DEL PUYO

Hoy no llueve y hace sol. Nos han hecho el recuento de días que no llueve en Puyo, que son menos de 100, así que tenemos suertecilla, pero yo me llevo el impermeable, vaya que sí. No me fío un pelo. Está nubladete y puede acabar de cualquier forma.

Omaere es un parque organizado por una fundación dirigida por una indígena shuar y su marido, que es botánico californiano, lleva una larga barba y lentes y se llama Chris. Lo encontramos en un cobertizo haciendo humo para secar el techo hecho de hojas, para que no se pudran y no haya bichos.

Está esperando a que venga alguien más, porque es domingo y los guías están a otra cosa. Nos habla de sus costumbres, de los huaorani y de los shuar. A continuación voy a anotar lo que nos ha contado Chris de cada una de las tribus. Si no te interesa, pasa a otro apartado.

WAORANI

Comprenden diversas tribus. En tiempos de la conquista les llamaban Aucas (salvajes). Utilizaban lanzas de madera de palma e iban desnudos, a causa de la lluvia. Los hombres llevaban una cuerda de algodón de ceibo para proteger el prepucio y las mujeres, una cuerda igual con hojas para la menstruación.

La casa se hacía con hojas que llegaban hasta el suelo. Eran oscuras y siempre mantenían el fuego para ahuyentar a los mosquitos y para mantenerla caliente por el frío nocturno. Dormían juntos en hamacas, para exponer menos parte del cuerpo y evitar picaduras. Las casas son de hermanas, a veces comparten el esposo. Dentro de la casa se consideran una familia, en la que hay igualdad, todo es de todos. El hombre casa y guerrea con otros clanes. La mujer siembra.

Las armas consisten en una lanza de madera de palma y una cerbatana hecha con dos piezas de madera unidad con fibras. Disparan una punta de palma afilada, con una bolita de algodón en la parte trasera para tapar el hueco de la cerbatana y poder dispararla. Le ponen curare, para paralizar a la presa.

Para pescar utilizaban redes hechas con fibra y unas hojas que adormecen a los peces.

La ropa que necesitan la hacen con corteza de higuerón. Con eso hacen las bolsas para colgarse a los niños. El fuego lo encienden frotando palos sobre algodón de ceibo.

Cada familia ocupa un gran territorio. Las casas acaban pudriéndose, así que se mueven a una zona donde previamente han plantado chontaduro para hacer chicha, yuca y plátano. Cambian la zona de caza y hacen una casa nueva.

Hay muchos huaorani que tienen seis dedos y Chris afirma que tienen mucha fuerza inmunológica.

SHUAR

Les llamaban jíbaros, que significa gente del campo, inculta, según los españoles de la conquista. En cambio, su cultura era muy avanzada en cuanto a higiene y plantas medicinales. Eran longevos, con más de 100 años y no pudieron ser conquistados. Eran los reductores de cabezas. Lo hacían a la gente importante, de tribus vencidas, para destruir su poder. Conocían los venenos de todo tipo, tanto para cazar, como para utilizar en las comidas.

Las casas eran cerradas, seguras, con buena ventilación. Alrededor de la casa ponían un entramado de palos que permitía ver de dentro afuera, pero no al revés, para protegerse.

Tienen un dios, Arutan, equivalente al Espíritu Santo. Para las ceremonias utilizan plantas psicotrópicas, como la Ayahuasca y el Floripondio tras 5 días de ayuno y abstinencia. Del Floripondio toman el jugo crudo y así tienen los sueños alucinatorios. Del floripondio nos dice que ya sólo con aplicarlo a la piel, afecta al sueño.

Son sexistas, dividiendo la casa en una parte para el hombre y otra para las mujeres. Cada hombre puede tener un máximo de 15 mujeres. Para conseguir la primera mujer, vive con los suegros durante 1 año, haciendo todo tipo de trabajos para demostrar su valía. Si no pasa la prueba, lo devuelven. La mujer con quién va a casarse puede ser una niña o no haber nacido, porque los matrimonios se conciertan. Pero no tienen relaciones hasta la pubertad de la niña. Luego, puede casarse con las hermanas de la primera.

Si un hombre muere, todas sus esposas e hijos pasan a un hermano suyo. Buscan a uno soltero o que no tenga muchas esposas. Tiene que tratarlas a todas por igual, repartiendo la carne cazada equitativamente y tomando chicha de todas ellas.

Cada casa tiene su territorio. Los visitantes se anuncian (nos hace una demostración con lanzas) y se acercan cuando hay respuesta. Las mujeres les den por las rendijas y la primera mujer lleva la chicha, bebe ella, bebe el marido y luego el visitante, para demostrar que no hay veneno.

Cada mujer tiene su cama. El esposo duerme cada noche con una en la suya sin tener relaciones, para que las demás no se pongan celosas. Si quieren sexo, buscan un lugar discreto en el bosque, sólo con los espíritus.

La mujer siembra el huerto y da a luz allí, sola, en cuclillas, sobre hojas de plátano, agarrada de un palo. Sólo puede asistir el esposo. La placenta cae a tierra, para devolverla a los espíritus.

Los shuar son unos cien mil, son buenos para la guerra, suelen estar en el ejército.

Sus entierros son dentro de la casa y tienen culto a los ancestros.

PLANTAS

Hemos hecho un recorrido con el hijo de Chris. Nos ha enseñado las plantas medicinales que utiliza su madre. Las pongo en el orden en que las vimos.

Hoja de Bijao. Para hacer maito. Es un envuelto de pescado o pollo (yampaco)
Cebolla de monte: para picaduras de serpiente
Kunapi, para sinusitis. Se aspira
Árbol caminante. Se usa como rallador
Cúrcuma. Aroma
Ajo de monte. Las hojas se usan como condimento (huelen a ajo fuerte) y, en polvo, para picaduras
Piperacea, hojas que se dan a los bebés en infusión para darles fuerza
Morete: es una palmera grande, de donde se saca el palmito y los chontacuros (gusanos que se comen). Puede vivir en pantanos
Turuji. Hojas para cubrir casas
Bejuco. Vainilla
Canela: árbol. Sus hojas saben a canela intenso. Se utilizan también las ramas
Guayusa. Se toma por las mañanas y contiene mucha cafeína. Se utiliza como depurativo tomado en grandes cantidades. Chris dice que después de depurarse vomitando, es el momento en el que se cuentan las historias tradicionales
Paja toquilla. Para sombreros
Yutzu. Hígado graso, colesterol, problemas cardiacos. En infusión
Curarina. Para las picaduras de serpiente
Chontapambi. Para las bases de las casas. Parecido al caminante, pero saca las patas para aguantar el tronco, no para buscar la luz, como el otro.
Uña de gato. Liana para gastritis, hígado graso y colesterol
Sangre de drago. Para curar heridas
Cedro. Madera
Cruz Caspi. Para fertilidad
Dormilona. Si la tocas, se cierra. Se toma en infusión o bajo la almohada para dormir
Ungurahua. Para el pelo. Crecimiento, caspa
Ayahuasca. Es una rama. (No nos ha querido decir cómo se prepara, no vayamos a intentarlo)
Barbasco. Para adormecer a los peces
Escancio silvestre. El jugo de hojas aplastadas, para curar heridas. Parece vino tinto
Copal. Aromático. Para limpiar casas y dejar buen olor
Hormigas limón. Las hemos probado
Chuncho. Para canoas
Pachaco. Para picaduras de ranas (pero las hojas estaban en la copa, a muchos metros)
Puntilanza. Para saber la suerte en la guerra. Al darle la vuelta a la hoja, si tiene el extremo rojo, vas a matar enemigos. Si tiene el extremo verde, te pueden matar
Calanchoe pinata. Para problemas degenerativos. Traído de Madagascar

CONTINÚA EL RELATO

Nos han enseñado una fuente a pedal, para lavarte con agua de lluvia, hecha con troncos y jabón de ceniza de leña. Hay un retrete ecológico en el que la orina cae a una red con carbón y luego al suelo y lo sólido a un saco de tierra. Cuando terminas, vuelcas un vasito de tierra que se ha preparado con un saco anterior al que se deja descomponer durante seis meses. No huele a nada y es únicamente tierra. No deja olor. Yo lo he usado para pis  sólo.

El hijo de Chris me dice que su madre recibe a gente para curarla,malos que tienen cáncer, por ejemplo. Dice que les tiene depurando para eliminar los medicamentos y que luego los trata y se curan. Que sólo no pudo curar a una mujer muy mayor a la que llevaron con la enfermedad muy avanzada. Que cada uno piense lo que quiera.

Una de las cosas que nos ha comentado Chris, hablando de reciclaje de residuos es que hay problemas con los fármacos en las aguas para la vida de los peces, como los antibióticos. Pero una de las cosas en las que yo no había caído es que hay problemas también en la reproducción de la fauna debido a los desechos de anticonceptivos, que repercuten también en la fertilidad de los peces. Curioso.

Chris nos habla de los shuar y nos vamos a hacer un pase junto al río Puyo, antes de que llueva, dice Juanjo. Es un paseo urbano, muy bonito. De vez en cuando hay zonas de parrillas con fregadero. Hay fotos de cada una de las tribus de la zona de Pastaza. El paseo es muy agradable y muy recomendable. Vemos mariposas y zonas preciosas del río, que Chris dice que no es recomendable para bañarse, porque está contaminado por los vertidos. Hay mucha vegetación, en el paseo y en las riveras. Hay orquídeas en los árboles, palmas...

He comprado una Guaba, es una fruta amazónica que me gusta mucho. Una vaina como de un metro de larga que contiene unas semillas negras alargadas recubiertas de una carne espumosa blanca, que es lo que se come.

Recorrimos todo el paseo y luego volvimos al hotel a tomar una cerveza y hacer cosas en Internet. Nos han dado una cabaña sola, octogonal, con techo piramidal, que debe dar muchísima energía. Hemos cenado en El jardín, el plato del día, muy bueno. Y rehecho las maletas, claro.