martes, 1 de octubre de 2019

Hope Cafe

Esta mañana hemos ido a desayunar sobre las 8:30 y luego nos hemos puesto a repartir la medicación que vamos a dar hoy a Kerrie para su Hope Cafe, un lugar donde preparan comida y atienden a las necesidades de los refugiados.

Nos enviamos anoche mensajes pero hoy no me contestaba, así que hemos salido a dar un paseo. Habíamos quedado a las 12 pero, sin confirmación, no queríamos ir cargando con tres maletas de medicamentos.

Ha sido un poco loco encontrarnos, pero finalmente lo hemos hecho en un restaurante turco, el Efessos, donde hemos comido estupendamente y muy barato. Yo he tomado una berenjena rellena exquisita y mis dos compañeras, que son vegetarianas, sendas ensaladas muy ricas. Todo regado con cerveza fresca.

Kerrie ha llegado y ha empezado a contarnos cómo inició el proyecto tras una experiencia personal difícil. Pero decidió dedicarse a esto porque sentía que alguien tenía que hacerlo.

Empezó de voluntaria en Lesvos tras haber vivido una temporada en Turquía. Llegó a Atenas acompañando a una familia de refugiados que tenían fracturas y diversas enfermedades a consecuencia del viaje. A partir de esa experiencia se dedicó a ayudar a la gente que, de forma boca a oreja llegan a su local.

Fuimos hasta allí y, curiosamente, tras una ventana desde la que atienden a los recién llegados, había un grupo de mujeres dando voces. Kerrie ha ido hacia ellas y ha debido pedirles tranquilidad. Luego las ha atendido desde el interior, La gente acude a ella con cita, porque tiene que imponer unas normas para que el sistema funcione. Kerrie ha estado unos días en Inglaterra y parece que estas mujeres fueron al Café mientras ella estaba fuera. Hoy han aparecido exigiendo que se les atendiera. Kerrie les ha explicado que a ella no le pagan por atender a nadie, sino que lo hace de corazón y que no iba a atenderles sin una cita previa. De todas formas les ha preguntado cuál era su problema por si se trataba de algo urgente. Tienen un niño con diabetes y otro con retraso en el crecimiento y otro con otro problema que no alcanzar a escuchar bien lo que era. Les ha dado cita para dentro de 15 días. Después nos ha dicho que es muy doloroso, pero que tiene que imponerse porque, si no, no podría controlar la situación.

Hemos visitado la planta superior, donde está la ropa clasificada y la gente va a recoger lo que necesita. Más tarde hemos visitado la planta inferior donde tienen montones de cajas por clasificar por tipo de prenda, tamaño, edad, etc. Un trabajo tremendo, por la cantidad de cajas que había.

Al subir, había sentada en la sala una chica con una palidez extrema y una niña muy pequeña en brazos. Llevaba un ratito contando su caso, acompañada de una mujer más mayor. La chica es de Palestina. Ha venido desde allí andando y, en la frontera turco-griega ha perdido a su marido y lleva un mes sin saber nada de él. La mujer que la acompaña la encontró tirada en un parque y la llevó a su casa y hoy al Hope Café para buscar ayuda para encontrar a su marido. Kerrie piensa que debe estar detenido, pero va a consultar con organizaciones que buscan a personas desaparecidas. A la chica le ha dado una bolsa de leche en polvo para el bebé.

Luego han entrado un par de sirios y un irakí. Yo he estado de palique con un chico afgano de unos 16 años que me cuenta su experiencia en Moria. Lo cuenta como algo espantoso, con mucha violencia, peleas con cuchillos por la comida. Mucha gente sale fuera del campo por temor al peligro  del interior. Él salió de Afganistán con su familia cuando pusieron una bomba en su colegio. Pasó 5 meses en Moria, consiguiendo un certificado médico de que su madre tenia una enfermedad mental. No era cierto, pero pudieron salir de allí. El padre tiene algún trabajo y él va al colegio, así que es de los afortunados. Pero quiere ir a ayudar a Moria como voluntario porque dice que lo que allí ocurre es terrible.

A las 4 de la mañana tienen que empezar a hacer cola para conseguir el desayuno que se reparte a las 9. Dan para un máximo 6 personas a cada uno. Se van turnando en la familia para las siguientes comidas.

La ropa y la gente no pueden lavarse porque el lugar de lavado tiene el agua demasiado sucia. Les dan agua para beber, no mucha, pero algo consiguen.

Hemos estado viendo fotos del incendio del domingo, en el que se incendió un contenedor en el que estaban una mujer con dos niños, uno recién nacido. Murieron los tres. Luego hubo un motín y hemos estado viendo fotos de las protestas que siguieron por las condiciones del campo.

Lo peor para él es Nuevas Llegadas, porque a la gente la confinan en una tienda de donde no pueden salir ni al baño a partir de cierta hora. Debe ser una carpa grande, donde duermen en el suelo.


Ha habido una conversación con Kerrie, un par de sirios y los dos afganos sobre las nuevas medidas que quiere imponer el Gobierno. Quieren deportar a diez mil afganos y paquistaníes, pero Kerrie dice que está llegando tanta gente ahora que supone que deportarán primero a los últimos que llegue, Un sirio me está contando su situación a la espera de un pasaporte que le permita ir a algún otro país de Europa donde pueda trabajar, porque aquí no encuentra trabajo. Tiene varios hijos y me dice que al final son ellos los que más pierden.




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