viernes, 30 de enero de 2015

DIA 99 ANGKOR. COMIENZA LA VISITA

DIA 99

25/ENERO/2015 ANGKOR. COMIENZA LA VISITA

Después del desayuno ha venido Bohn a buscarnos en su tuktuk. En la entrada de Angkor compramos un pase de tres días. Nos dan un boleto con foto, que nos agujerean antes de entrar. Pensábamos que podíamos pagar con tarjeta, pero nada. Cash. Vale 20 dólares el pase de un día, 40 el pase de tres y 60 el pase semanal.

Entramos al recinto por una puerta de piedra entre los árboles, que ya impresiona bastante. Nos dirigimos a Preah Khan (Espada Sagrada). Este es uno de los templos que construyó Jayavarman VII¡ el gran constructor, que vivió entre finales del S XII y principios del XIII. Este templo lo dedicó a su padre. El recinto del templo es bastante grande, con cuatro caminos procesionales en los que Devas (dioses) y Asuras (demonios) tiran de la serpiente Naga para batir el océano de leche y extraer el elixir de la inmortalidad.

Estamos fascinados con la estructura el templo, un crucero que conduce a patios en su contorno, con unos bajorrelieves, dinteles y tímpanos tallados, que quitaban el hipo. En ellos vemos Apsaras, las ninfas celestiales. En el centro hay una stupa, porque muchos de estos templos, que se iniciaron como hindúes, después se transformaron en budistas. Incluso hubo una época intermedia budista y luego volvieron al hinduismo. En esos intervalos, algunas imágenes se dañaron, por periodos  iconoclastas.

Me decía Luz que los templos había que verlos en silencio. En este no hay demasiados turistas, así que el comienzo ha estado bien. Hemos vagado cada uno a nuestra bola, encontrándonos a veces y comentando algún detalle, pero es cierto que estas cosas hay que verlas con una cierta introspección, nada de guías que  te den la lata y no te dejen pararte lo que quieres. Es mejor ir a tu aire. Con la información de ayer en el museo y las guías que llevamos, la de papel y otra de los templos que tengo descargada en el iPad, está bien. Así podemos vagar por los patios y estancias tranquilamente. Llevo una linterna pequeñita, que viene bien porque algunas estancias están oscuras, aunque lo que está así generalmente no tiene tallas, pero siempre mola curiosear. En el acceso contrario al que entramos hay un árbol, comiéndose el muro, la típica imagen de Angkor.

Hemos recorrido el templo también por fuera, entrando ocasionalmente por alguna de las entradas laterales, descubriendo más puertas labradas. Hemos visto también una estructura parecida a un templo griego, con dos pisos. Los dos estamos bastante impresionados con el templo. Está reconstruido en parte, aunque hay mucha piedra aún suelta, pero fascina.

Vamos con el tuktuk a Neak Pean., un templo-isla, rodeado por estanques, uno rodeando el templo y cuatro exteriores. Es pequeño y no se puede acceder a a isla. Lo vemos desde el borde de uno de los estanques. Hay esculturas de Nagas,y  caballos en la isla. A cada estanque exterior da una estructura de piedra labrada. Antes salía agua por ellas. Fue construido también el el S XII-XIII por Jayavarman VII. Se tarda poco en verlo, y vamos a ver otro. A eso de las diez nos ha preguntado Bohn si queríamos ir a comer, pero no nos apetece nada. Tomamos fruta y cacahuetes por el camino. Preferimos seguir viendo cosas.

Nos dirigimos a Ta Som, un templo de la misma época. Está en peor estado, pero me han encantado los bajorrelieves. Hay uno de esos árboles comedores de templos que rodean una puerta, y dan una "foto" muy angkoriana. En la guía en papel leo que es mejor verlo por la tarde y me quedo un poco sorprendida, porque  pensaba que Bohn sabia un orden sensato para ver los templos según la luz. Juanjo dice que estos van a su bola, tienen su ruta hecha por distancia.

Continuamos el circuito a East Mebon, del S.X, un templo-montaña al que se sube por unas escaleras empinadas con escalones de piedra muy altos. Ya hace bastante calor, y me he quedado un momento a la sombra, tómenlo el fresco, mientras Juanjo se iba a rodear el templo haciendo fotos. Una vez refrescada, me he animado a subir la escalera, aunque no sé cómo la voy a bajar, porque da algo de vértigo. He estado viendo las torres. Una de ellas contenía un Buda y las demás, restos de las peanas donde se coloca el Lingam de Shiva y por donde sale el agua sagrada. Hay falsas puertas labradas, muy bonitas, y elefantes de piedra en las esquinas de las plataformas, enjaezados. Todo está rodeado de bosque. Mientras Juanjo acababa de hacer fotos, me he sentado en una piedra al pie de un árbol, por si me entraba la iluminación, como Buda. De momento, lo único que siento es el calor del sol, aunque el árbol me protege y no estoy mal, pero no siento la clarividencia. Tendré que seguir probando.

Montamos en el tuktuk y dice Bohn que vamos al último. No entiendo nada. Hay mucho templo que ver en el circuito grande y sólo es la una y le hemos contratado por todo el día. Le decimos que no, que vamos a ver más templos. Nos queda la mitad del circuito grande. Estoy un poco mosca.

Vamos a Prea Rup., que es de la misma época que el anterior. Tiene torres en forma de loto y anteriormente estaba en el centro de un Baray, uno de los grandes estanque que servían para recoger agua con propósitos, quizá agrícolas, pero seguro que ceremoniales. Piensan que pudo haber servido como centro de cremación, aunque no está claro. Lo mejor es que la piedra es de color rojo, y le da un aspecto precioso.

Fuimos luego a Sras Srang, el estanque de las Abluciones, una plataforma con escaleras que da a un estanque, construido por Jayavarman VII a finales del S XII, igual que el templo del otro lado del camino, Banteay Kdei, un santuario budista. El rey empezó construyendo templos hindúes, dedicados a Shiva, pero luego pasó a convertirse al, budismo de la escuela Mahayana, que tiene como divinidad principal a Avalokiteshvara, el Boddittsava de la Compasión, así que este templo está dedicado a esta divinidad. Está bastante roto, pero tiene uno de esos árboles comedores de templos. En su interior, una monja me dio una varita de incienso para ponérsela al dios por el año nuevo y me puso una pulsera con dos hebras de lana con los colores budistas, el azafrán y el rojo. Juanjo me decía al verlo que parecía que llevaba la bandera española, pero no tiene ni idea. Es budista.

Después de eso fuimos al hotel, aunque es muy temprano. Yo sigo mosca, pero Juanjo dice que será así. De todas formas, dice que está cansado. Vemos muchos tuktuk que van hacia el parque. En el hotel, nos cambiamos para bajar a la piscina. El encargado me dice que hemos ido muy rápido y le digo que no era la idea, que el conductor nos quería traer de vuelta a la una y que yo pensaba que lo que habíamos pagado era por todo el día y no para volver tan temprano. Me da la razón y dice que va a llamar a Bohn y que si queremos volver hasta la puesta de sol. Pero ya no es plan de volver hasta allí. Me dice que va a llamar al conductor y a enterarse de qué ha pasado.

Nos damos un baño. Juanjo me dice que estaba ya un poco cansado y que no tenía ganas de quedarse hasta tarde, pero no me gusta que nos tomen por tontos. Hemos ido a cenar donde ayer, otras cosas distintas. Hoy hay menos gente, parece.

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