sábado, 10 de enero de 2015

DIA 77. MANILA


DIA 77

3/ENERO/2015 MANILA

Hemos salido sigilosos de la casa para no despertar a los chicos, que hoy todos tienen el día libre. Cargamos las maletas en el coche y nos dirigimos hacia el aeropuerto, donde devolvimos el coche a Fátima, la misma que nos lo alquiló.

Hicimos los trámites pertinentes, esperamos, compramos cositas, nos pusimos colonia y crema, desayunamos...en fin, lo típico de la espera en los aeropuertos.

El vuelo es de seis horas y veinte minutos. Tenemos que retrasar los relojes dos horas. Llegamos a Manila a las cinco y algo, e hicimos los trámites de entrada bastante rápido. El problema fue sacar dinero. Había varios cajeros en el aeropuerto pero ninguno nos daba pasta gansa con las tarjetas de Juanjo. Finalmente, sacamos con la mía de débito. Siempre hay las mismas peplas cuando llegamos a un sitio con los cajeros hasta que te aclaras. Llevamos algunos dólares para urgencias, pero intentamos no tocarlos.

Cogimos un taxi hasta el hotel Lorenzzo Suites, que está en una zona - Makati- que, según nuestras informaciones, corresponde al distrito financiero. Cuando cogimos el taxi, a eso de las seis, ya era completamente de noche.

Manila tiene el típico aspecto caótico de todas las ciudades asiáticas. Es uno de esos sitios para llegar y salir pitando. Está formada por siete ciudades unidas, así que buscar el centro es imposible. La zona donde llegamos es la que tiene los rascacielos pero la calle donde se encuentra el hotel es una de las básicas, estrecha, con tráfico loco, puestos callejeros a montones, coches, triciclos, oscura y sucia, con algún resto de rata difunta, pero no huele mal, o no me lo parece, pero mi olfato no es nada fino, ya sabéis.

Por la ciudad pululan coches normales, triciclos de moto, que llevan la moto a un lado de la estrecha cabina de dos pasajeros, y unos más chicos con bici, como para una persona. Pero también hay unos jeep de colores muy brillantes y cromados que están adaptados para llevar gente en dos filas de asientos en la caja. Los asientos corridos van a lo largo. Tienen en la parte frontal un letrero con la ruta y de noche llevan montones de luces de colores.

Una vez instalados en una habitación interior pero que está bien, salimos a cenar. Nos dijeron que teníamos que coger un taxi o pedir un Delivery o ir a un Pizza Hut, una hamburguesería o a un sitio de pollos a la brasa. Elegimos este último. Funcionan igual que los que hemos visto días atrás. Pides, pagas, te dan un número para que lo pongas en la mesa y ya está. El pollo a la brasa tiene un leve sabor dulce,,pero está bueno. Me lo han dado ensartado en un pincho de madera. Hemos pedido cuchillos, porque solo nos han traído tenedores y cucharas y nos han dicho que no había, mirándonos raro. Sirven los platos con arroz, y un chico se encarga de rellenar los platos de arroz cada vez que le haces una seña que nosotros no hicimos ni locos. Tiene sabor a coco, no es que esté malo, pero con una ración va que se mata y nos espera una temporada arrocera intensa.

Hemos vuelto al hotel comprando agua por el camino y un botecito de lavamanos, que el que he traído se ha vertido entero.




Hemos hecho cuentas y acostado muy tarde, más tarde de las doce. Como hemos retrasado los relojes, estamos trasnochando un taco.

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