lunes, 31 de octubre de 2016

LA. GUATITA POCHA

26/10/2016  LA GUATITA POCHA


Guatita es como llaman en Ecuador y otros países a las tripas, como ya he contado otras veces. Pues la mía está de pena. He tomado loperamida para la diarrea y metoclopramida    para las náuseas, y no quiero desayunar. Juanjo está mejor y se ha comprado unos bizcochos. El viaje hasta Gualaquiza nos lleva seis horas inacabables, en las que intentaba dormir, me cambié de sitio para que me diera el aire, en fin, un horror, muchísimo calor, muchas paradas...muy incómodo. Me siento deshidratada y sólo quiero beber agua fresca. Finalmente, me dieron ganas de un helado y he tomado un casero de naranjilla de pingüino, que me ha sentado bien.

No he visto mucho del paisaje, porque intentaba quedarme dormida, pero si me he dado cuenta del cambio de vegetación, hacia una parte más selvática.

Llegamos a Gualaquiza a primera hora de la tarde. Hace mucho calor. Hemos ido al hotel que hemos reservado por teléfono, la Posada D'León, a partir de la información de la Lonely Planet, porque es difícil buscar hoteles en Gualaquiza por las páginas habituales, como Booking o Trip Advisor.

Hemos echado una siesta. Es imposible salir a la calle con este calor y yo necesito reponerme.

Al caer la tarde, aún con luz, hemos salido a dar una vuelta. Las ciudades amazónicas tienen, por lo general, poco interés urbano. Son, más bien, centros comerciales, puntos de comunicación. Ésta tiene río y un mercado de fruta, básicamente. Vemos llegar y marcharse gente con piñas de plátanos, alguna Pittaya, pero no estamos para eso, que es laxante, ciruelas, etc. Las ciruelas son tan pequeñas que las suelo confundir con mamones, que me encantan, pero yo creo que por aquí no hay.

Pasamos por una casa en cuyo patio había montones de jaulas con gallos. Supongo que no tienen problemas con el despertador.

La ciudad, como todas, está limpia. La guía habla de casas coloniales de colores, pensamos que alucinan, pero lo cierto es que el la plaza del ayuntamiento existen. Sólo dos o tres, pero hay. He tomado un yogur batido, y parece que me cae medio bien. En una cafetería toma Juanjo una cerveza. Nos atiende un adolescente un poco pasmado, como todos. Iba a tomar un batido, algo consistente y fresco es lo que me apetece. Pero, por la poca expresividad del chico me temo que me iba a poner uno de botella y paso.

El la parte baja de la plaza, que tiene dos niveles, hay unos bares donde venden pinchos y tienen terraza. Nos sentamos en uno que tiene una parrilla fuera y venden costillas, pinchos de pollo, etc. Juanjo pide un plato de costillas criollas. Me dice que cuando llegamos, que salió a por agua, vio cómo la mujer preparaba las costillas de cerdo adobadas. Yo tardo en decidirme y, finalmente, pido una hamburguesa sin nada y parece entrarme bien. Sólido y seco. Lo propio para los problemas de estómago. Me ha animado Juanjo a comer. Dice que ayer me hizo caso y se tomó la carne y que hoy está bien y que hoy me toca hacerle caso.

La gente que pasa por la calle compra un pincho de pollo o carne y se la toma por el camino. Pinchos al paso. La parrilla no para.


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