martes, 2 de octubre de 2018

Diluvio y tormenta

Hoy ha amanecido nubladillo. He dormido como un tronco. Ayer estuvimos en la terraza de la azotea del hotel Calypso tomando unos Apperol y viendo las lucecitas de la bahía.

Picamos algo al llegar a casa antes de dormir: un poco de queso con panecillos

Está mañana hemos desayunado algunas de las cosas que hemos comprado. En este apartamento no dejan nada, aparte de tres sobres de café, tres de té y tres de azúcar. Apenas nada de papel higiénico, ni una pastillita de Jabón ni para lavarte las manos. Las mismas toallas para piscina y ducha. Una por persona y va que chuta. Muy mono, pero para que te busques la vida.

Anoche Lourdes me sugirió que comunicara algunos desperfectos que hemos encontrado, porque nos han pedido un depósito de 200 euros en efectivo como garantía y no vaya a ser que nos echen la culpa. Total, que envié un correo y me contestaron que mañana se pondrían en contacto.

Pero esta mañana ha mandado un SMS Daniel para venir a discutir el tema y luego ha llamado para lo mismo, pero le he dicho que no quiero discutir más, que nos deje un poquito en paz, que estamos de vacas y al final me ha colgado.

La mujer del dueño también ha mandado un whats app para encontrarnos con Daniel y le he dicho que ni hablar. Después el dueño me ha mandado un correo y me han puesto entre todos de los nervios y cabreada de tanta insistencia y tanta pesadez.

Nos vamos a ver los templos de Ggantija pero ha empezado a caer una cantidad de agua inconcebible y no hemos entrado, porque están al descubierto. Un coche se ha quedado parado en una cuesta y no sé cómo habrá salido de ese entuerto.

Nos vamos a Victoria (Rabat), la capital, donde la atracción es la ciudadela, muy fortificada para repeler ataques turcos. 

Nada más bajarnos del coche hemos tenido que refugiarnos en una terraza cubierta porque es imposible caminar bajo el aguacero. Ya puestos, hemos comido una sopa caliente porque nos hemos quedado heladas y tenemos los pies chorreando. 

Después hemos dado una vuelta por la Ciudadela y, aunque ha dejado de llover ya no da tiempo a ver los templos, así que hemos vuelto a Marsalforn, a leer un rato y tomar un te hasta la hora de cenar. 

La copiosa y deliciosa cena ha sido en un Bistro junto al mar, aunque no hemos podido quedarnos en la terraza, a causa del frío. 

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