domingo, 22 de octubre de 2017

EL VALLE DE LOS PEDROCHES

22 de Octubre de 2017. El Valle de los Pedroches

Nos hemos dirigido derechitos a Pozoblanco. No hay muchos km. De repente, han desaparecido las Dehesas y nos hemos encontrado en un paisaje seco, sin árboles, hierba amarilla por la sequía.

Dimos una vuelta por Pozoblenco. Me dice Juanjo que las otras poblaciones del valle le tienen cierta inquina a ésta. Se comprende, porque no es un pueblo, es una ciudad con grandes casas señoriales, grande y con mucho comercio. Viene a ser la capital del valle. De ahí la manía de las demás.

Hemos paseado y recorrido casi toda la ciudad. Es domingo y está todo en silencio. Una ciudad dormida. Tan dormida que, al marcharnos, Juanjo ha puesto un CD de Serrat y le he pedido que lo silenciara hasta salir del casco urbano, porque íbamos con las ventanillas abiertas y podríamos molestar, en plan macarra.

Aún no le he puesto etiqueta al viaje. El primer día pensé en algo referido a Os Lusiadas, pero a Juanjo le parece pretencioso y, la verdad, no vamos a recorrer la ruta de ningún conquistador. Desechó la idea. Vamos por Sierra Morena...Curro Jiménez? Pero luego iremos a Portugal, siguiendo las indicaciones de Saramago. De Curro Jiménez a Saramago? Tengo que pensarlo. Son dos personajes TAN diferentes....

Seguimos nuestra ruta hacia los pueblos del valle, buscando caminos secundarios, que no siempre encontramos.
Continuamos hacia Alcaracejos, que pasamos de largo. Volvemos a ver encinares. Troncos retorcidos, que invitan a treparlos y tomar asiento. Árboles añosos, sabios, serenos. Estaban mucho antes de que yo naciera y ahí seguirán cuando ya no esté, si es que algún vándalo no acaba con ellos.

Veo unos olivos que me hacen pensar que ayer cometí un error. Los olivos de dos copas no tienen forma de corazón, sino de árbol bronquial. Son dos pulmones. Así que los olivos nos ofrecen alimento y, casi más importante, nos permiten respirar. El árbol de la vida. La ramita de olivo de la Paloma de Paz.

En estos tiempos de patrioterismo absurdo, pienso que la patria puede ser un olivo, un palmera, algún ser vivo que te haga sentir en casa. Y lo demás son chorradas.

Pasamos por Espiel, por la carretera nacional, porque nos hemos saltado un desvío mal señalizado. Nos vamos hacia Villaharta, porque a Juanjo le ha gustado el nombre. Bueno, pues hete aquí que, además de tener un nombre divertido tiene un enclave maravilloso, con vistas a la sierra y sus bosques. Hay una casas monisimas y unas buganvillas con unas ramas muy grandes, voluminosas y frondosas.

Hay unas fuentes agrias, además, y decidimos echar un trago. No llevamos botella. Juanjo no se creía que allí brotara nada, a pesar de que he buscado un página de la Junta, Aparcamos la furgo, que tampoco tiene nombre aún, y bajamos a la zona del manantial. Éste está dentro de un kiosko de época romántica pero lleno de herrumbre. En cambio, el interior, de baldosas anranjadas y con un reborde de flores, está cuidado y limpio. El agua brota del suelo. Han construido una fosa de losetas que está cubierta con un tapa de madera. El agua se extrae con un cazo. Una pareja estaba llenando una botella y nos han dado un vaso de agua. Es algo gaseosa pero quizá tenga menos sabor que la fuente de Pitres, en la Alpujarra.

Continuamos según las indicaciones que la mujer nos ha dado para llegar al cruce de Villaviciosa sin salir a la carretera nacional. El asalto está viejo y en un tramo ni siquiera existe. Menos mal que nos han avisado. En otro caso, nos hubiéramos dado la vuelta.

Nos dirigimos a Villaviciosa de Córdoba. Pasamos por el embalse de Pueblo Nuevo, escasísimo de agua, como todos los que hemos visto este triste y seco año, en Aragón, Galicia con esos terribles incendios y la vegetación ya antes quemada por la sequía, arrasada por el fuego.

En fin, seguimos resignados. En Villaviciosa estuvimos hace años, en una montería, por primera y ultima vez, supongo. Vimos lo que era aquello, el ritual, etc y ya creo que tuvimos suficiente. Aquella vez Juanjo se fue con las traíllas de perros, siguiéndolos a carrera por los montes. Yo me quedé en uno de los puestos, con Antonio Cabrera y otro tío. No cazaron nada, afortunadamente.

Esta vez hemos vuelto para ver de nuevo los bosques. Estamos en pleno monte, hace calor, no se ve ni un venado. Deben estar todos a la sombra, como los caballos que vemos y las piaras de cerdos negros que hemos visto estos días. Hace calor. Un calor anormal, algo siniestro.

En Villaviciosa, que no es un pueblo interesante, buscamos un sitio para comer. Finalmente lo hicimos en el hostal donde nos quedamos a dormir la otra vez, el Sierra Morena. Hemos pedido medias raciones y nos han traído unos platos enormes. Así que me envaino el comentario de ayer sobre la parquedad en el yantar.

Hemos tomado lechón en cuchifrito y venado en orza. Y un gran plato de tomate picado. Y helados. Muy barato.

Consultamos el mapa y salimos del bosque, entrando de nuevo en dehesas. Yo tengo una pájara monumental tras la comida. Y mucho calor.

Vamos por Villanueva del Rey hacia Belmez, el del castillo, no el de las caras. En Villanueva hay un hostal grande, que hemos visto que tiene buen precio, y a Juanjo le ha gustado. Pero seguimos a Belmez para decidir. Está todo cerca, no hay problema.

En Belmez el castillo sobre un pico muy elevado sobre el llano destaca en todo el paisaje de los alrededores. Entramos en el pueblo, que parece agradable y vemos Hostal Javi. Consulto la Info y parece que puede estar bien y no caro. Estamos en la calle del Ayuntamiento y nos da buena impresión. Pero en La Hoya había otro alojamiento, un cortijo. Hemos ido a ver qué tal, pero nos ha parecido demasiado alejado de cualquier núcleo para dar un paseo y tomar algo y, además, tenían puesta la banderita, que ya nos da repelús.

Pasamos por Peñarroya porque Juanjo ha decidido cortarse allí la barba. De ese pueblo era un compañero suyo de trabajo que murió trágicamente. Es un pueblo minero. Antes se llamaba Peñarroya del Terrible, por un perro llamado Terrible que descubrió carbón excavando. Es un pueblo minero. Peñarroya viene de Peña Roja, por haberse puesto de ese color tras una matanza, según las leyendas.

Vimos una barbería con su simbolito y mañana volveremos. Retrocedimos hacia Belmez y nos fuimos al hostal Javi a descansar un rato. Sigo con algo de pájara y Juanjo quiere leer el periódico dominical.

Salimos a dar un paseo al atardecer. Hay una luz preciosa. Hago fotos de la torre de ladrillo de la iglesia iluminada por la luz de la tarde. Subimos al mirador del castillo, un paseo que lo bordea, con vistas al valle, cubierto de una luz dorada. Mañana subiremos al castillo por una escalera con aspecto agradable, un entorno cuidado.

Volvimos un rato al hostal y luego salimos a tomar algo, porque hay partido. Vimos la primera parte tomando un picoteo, más abundante de lo que pretendíamos, y yo volví al hostal en el intermedio, para escribir un rato

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