domingo, 5 de noviembre de 2017

COSTA VICENTINA

2 de Noviembre de 2017. Costa Vicentina Hoy hemos amanecido con un día nublado, como otoñal, con aspecto de lluvia. El suelo está mojado, no sé si por lluvia o rocío, pero da impresión de que algo de agua nos va a caer. Me visto más de entretiempo, esperando un día fresco. No escuchamos apenas noticias de España, ni ls buscamos. Las redes sociales nos impiden estar completamente ajenos, pero la situación es tan surrealista que es mejor desconectar en lo posible Tenorio nos ha dado un desayuno buffet, con un pan rico. Luego hemos iniciado nuestra ruta hacia el norte por la costa que inicia el cabo San Vicente. Paulatinamente va cambiando el color de los acantilados. En la Costa al oeste del Cabo era roca amarilla. Al norte es de colores de otros minerales: rojos, verdes, negro... Vamos a Carrapateira. Es una playa que invita al paseo y eso hacemos. Hace fresco, está nublado, es agradable pasear junto al mar recibiendo en la cara la brisa de la mañana. Hay acantilados a ambos lados. A la playa se accede por pasarelas o camino de arena, a elegir. Me asomo a una parte de la playa a la derecha de la pasarela. Hay una cala menos grande, enmarcada entre acantilados. A mi izquierda, la playa mayor, que acaba en otro acantilado y un grupo de rocas entre las que se puede pasar mojándote los pies. El nublado del dia y la negrura de las rocas me han recordado a Mistery Bay, en Australia, aunque aquella es tremenda y en las rocas saltaba el agua mientras intentábamos capturar en foto la salpicadura de la espuma entre las rocas. Mistery Bay se llama así porque un grupo de naturalistas que estudiaban la fauna en barca, desaparecieron y nunca más se supo. En andaluz se resumiría en "Ande andarán" y, concretamente, en granaíno, en "Andepollastán". Seguimos una carretera sin asfaltar que llevaba a un montón de miradores a lo largo de la costa. Se llegaba a casa uno de ellos por pasarelas. Entre mirador y mirador hay una distancia bastante escasa. Están situados en los promontorios. Inicialmente prensaba que estaban dispuestos para proporcionar un acceso cómodo, pero en uno de ellos he visto un cartel que advertía no del peligro, sino de la conservación del suelo, de la flora y pedía que se utilizaran las pasarelas con este fin. Vamos asomándonos a los miradores, observando los acantilados. Hay algunos pescadores que osan bajar por ellos, para acercarse al agua. Incluso hay uno que se ha ido con una barca a una roca cercana y ahí está, como un Robinson, pescando en soledad. Observamos que detrás de nosotros hay dunas. La duna es un elemento de la naturaleza interesante. En Doñana lo explican fenomenal. Aquí son muy visibles. El paisaje se mantiene bastante parecido hasta que llegamos a uno de los hitos de triangulación. Nos aproximamos a la playa de Bordeira, un arenal muy grande, con una lengua de agua dulce y un chiringuito. Cae el sol de plano. Hace calor cuando desaparecen las nubes. La predicción de hoy era lluvia a las diez, luego se retrasa a las tres, a las cinco...y ya no parece ni que vaya a llover. Hay surfistas en el agua. Pero ayer el viento era cero y hoy solo una ligera brisa. No hay apenas olas. Están en el agua sin moverse, en círculo, esperando... Avanzamos un poco más, se acerca la hora de comer y no parece que lleguemos a ningún núcleo urbano donde poder hacerlo ni hemos comprado nada. Llevamos solo fruta. Nos planteamos tomarla en cualquier parte cuando empieza a llover. Por fin, agua, tras tanta sequía. Encontramos un restaurante de carretera y tomamos el plato del día, un estofado de pavo. De postre, compartimos un flan, del que nos han cortado una porción enorme. Salimos y vemos que, enfrente, hay un puesto de cerámica. Necesito unos apliques para el porche. Tenemos unas tejas muy antiguas que me regaló una compañera de Puerta de Hierro, pero vamos a poner algo que dé más luz. Hay una empresa sevillana de la que tenemos bastantes apliques en casa, pero son carísimos. Y además el dueño de la empresa es un anormal al que ha denunciado Teresa Rodríguez, la parlamentaria andaluza, porque hizo como que la besaba y la arrinconó. Un borrico rico. Hemos encontrado unos apliques que nos pueden servir, por muchísimo menos dinero y hechos por gente honrada. Tendrán materiales menos buenos, pero mira...Mientras los buscábamos entre los expuestos al aire libre, nos caían chaparrones de agua que nos obligaban a refugiarnos, sin problemas, diciendo que ya era hora que cayera agua buena. Hemos seguido la ruta hacia el norte y llegamos a Arrifana, un acantilado precioso, con dos murallones que miran a una columna de piedra situada en el mar. Un puerto pesquero pequeño observa la escena agazapado en un abrigo entre las rocas. En medio, una playa dorada. Lo observamos desde un mirador perteneciente a una pequeña fortaleza que tuvo una guarnición de doce soldados. A nuestra derecha hay unos acantilados de piedra oscura con muchas rocas en el mar. Un espectáculo precioso. Las gaviotas están posadas en fila en una cornisa, como puntitos blancos. Nos hemos metido por una pista infame buscando Monte Novo y la playa de Carriagem, pero hemos llegado a Vale Figueiras y, después de dar muchas vueltas, hemos renunciado a Carriagem. Llegamos a otra playa: Monte de Clérigo, una serie más de acantilados. Ahí nos ha llamado la atención que hay pequeños aparcamientos para las caravanas, que van cogiendo posiciones para pasar la noche. Nos parece fantástico que tengan ese detalle. La playa es preciosa también y hay un pueblito de pocas casas, muy curiosas en formas y colores. Un sitio agradable, muy diferente al Algarve. A todo esto, ya estamos en Alentejo de nuevo. Juanjo dice que es "nuestro" sitio, más que el Algarve, que está pensado para turistas. A Aljezur llegamos una hora antes de anochecer. Hemos subido andando al castillo árabe, con un aljibe intacto y restos de silos y vemos aproximarse la lluvia, por lo que bajamos deprisa. Junto al mercado hay un aparcamiento para caravanas, con servicios gratuitos. En los aparcamientos del Lidl en otros sitios, también ofrecen que se aparquen y nos preguntamos qué demonios pasa en España que debe ser el único lugar de Europa y de los paises "occidentales" que no ofrecen estas cosas a los viajeros y que únicamente ponen trabas a la pernocta en sitios viables. Nos encaminamos a Odeceixe, para pasar la noche. Hay una playa que merece la pena y en ella desemboca el río Grande. Vemos la puesta de sol desde la playa y buscamos un sitio para dormir. Lo suyo aquí habría sido dormir en la playa y cenar en la mesita plegable, pero ya está lloviendo francamente, así que buscamos algún sitio. Hemos encontrado una casa de huéspedes barata y limpia, Casa Celeste, con una anciana encantadora. Hemos dado un paseo por el pueblo y hemos ido a cenar tortilla y ensalada en uno de los bares, que da a un patio muy agradable. El pueblo está en cuesta, empedrado y limpio, muy agradable, vigilado por un molino de aspas bien conservado. Vamos a dormir en una cama firme y cómoda. El local se ha llenado en un momento, hemos llegado todos a la vez, huyendo de la lluvia, supongo....la dueña no quiere que le paguemos hasta mañana. Nos va a dar de desayunar, nos ha dicho. Incluido en el precio. Un buen sitio. Lo recomiendo.

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