14/10/2016 EL DÍA DE LAS TORTUGAS
Teníamos pensado ir hoy a las Grietas, pero hace un día nubladísimo, sopla el viento de lo lindo y pensamos que no nos apetece meternos en agua. Pero hay otras opciones, así que hemos preguntado en la recepción y nos buscarán un taxi para ir a ver los ranchos de tortugas.
Hemos ido a desayunar a El Descanso del Guía. Es un sitio popular, no caro y van rapiditos. No es un lujazo, pero vale para desayunar sin entretenerse.
Al regreso, ya teníamos un taxista esperando a llevarnos a pasar la mañana a varios sitios por 40 $. Aquí todo es caro, caro, pero algo hay que hacer...el taxista se llama Ángel, y nos lleva en una pick-up. Es un tipo interesante, que ha trabajado durante años en un velero y conoce muchos países del mundo. También ha sido pescador y buzo y nos habla de muchas cosas. Nos dice que las corrientes en Gordon a veces vienen de distintos sitios y es muy incómodo, incluso se pasa mal rato, así que descartamos ir allí.
Hemos ido a ver primero Los Gemelos, una atracción de la isla. Son los dos cráteres por medio de los cuales pasa la carretera. No son cráteres volcánicos, sino que se formaron tras solidificarse una capa de lava y luego colapsarse. Están en medio de un bosque de Escalesias, que es un árbol endémico de Galápagos, de las que hay 15 especies, unas de 1 m de altura y otras de hasta 15. Están cubiertas de musgo -barba española- y, al menos en esta época, no tienen hojas, son troncos blanquecinos cuyo único ornato es el musgo.
Vimos en el segundo cráter unos pájaros que parecían perdices, que caminaban tranquilas, en pareja, con el ojo azul. Nos dice Ángel que son Palomitas de Galápagos. Por la carretera estamos viendo tortugas bastante grandes que caminan con parsimonia por los arcenes y a veces se ponen a cruzar la carretera, así que hay que ir con cuidado.
Después hemos ido al Rancho Primicias. Hay dos ranchos, el Chato y Primicias. Antes de llegar a Los Gemelos, un guardaparques nos ha parado y nos ha dado instrucciones: no acercarnos a las tortugas a menos de dos metros y no usar flash. No necesitamos guía al ser sólo dos personas. Para grupos de más de cinco obligan a llevarlo.
Ambos ranchos están separados por una cerca de alambre, pero son prácticamente la misma finca. Por allí pululan las tortugas a su aire. Son muy grandes, con el cuello más corto que las que vimos ayer. Si te acercas a menos de dos metros, sueltan un bufido y esconden la cabeza.
Van pastando tranquilamente. De vez en cuando un macho sale "buscando guerra" e intenta ligar con alguna hembra, que puede pasar de él y alejarse a cierta velocidad, o seguirle el rollo. Hemos visto una pareja copulando. Se toman su tiempo y el macho empuja y bufa, Los machos tienen un hueco en la parte inferior para poder subirse sobre la hembra.
Hemos hecho tropecientas fotos y vídeos, lógicamente. Es una cosa como prehistórica, te sientes raro en ese entorno, como si no pertenecieras a él. Vamos huyendo de los grupos de guiris, para ir más tranquilos, pero nos los encontramos por todas partes. Nos han dicho en la entrada que no pasemos la cerca, porque ya se han perdido por allí algunas personas a quienes no han encontrado. No nos explicamos cómo, siendo una isla no muy grande, pero en la recepción nos aseguran que es cierto. Nos hemos registrado y pagado 3 $ por barba para la visita y tenemos que reportarnos al salir. Así que tenemos cuidado de no pasar la cerca. La verdad es que hay tortugas suficientes en la zona en la que estamos y de unos tamaños considerables. Nos hemos retratado junto a ellas, para valorar el tamaño. Parece que los conservacionistas están consiguiendo que haya una población considerable, unas 3000 en la isla. Cuando están al tanto,merco gen los huevos, los incuban y sueltan las tortugas cuando tienen un tamaño suficiente para sobrevivir y que no se las coman los depredadores introducidos por los humanos en ese entorno en el que no los había, como ratas, por ejemplo.
La población de tortugas disminuyó mucho en la época de los piratas, que se alimentaban con ellas y han estado en serio peligro. De hecho, el Solitario George, que murió en 2011, era el único ejemplar de su especie. Nos dice Ángel que no es que fuera especialmente grande, como pensábamos, sino que era único y, al morir, se extinguió su especie. No sé si con su ADN podrán recuperarla. El cuerpo, supongo que disecado, o conservado de alguna manera, está en USA. No me extrañaría que sean los del Smithsonian quienes están detrás de ello.
En fin, que hemos retratado tortugas en todas las posturas y de todos los tamaños, hasta que hemos decidido que era hora de irnos marchando. Ángel nos ofrecía ver un Trapiche, pero no nos interesa mucho, ya lo hemos visto antes, y preferimos volver a Puerto Ayora. Hemos parado en un pueblecito, junto a una panadería y Ángel se ha bajado a comprar algo: nos ha traído pan de chocolate, que está hecho con láminas superpuestas de masa tipo crepes rellenas de chocolate de Galápagos. Nos dice que en esa panadería lo inventaron y que el chocolate que utilizan es el genuino de las islas.
Nos cuenta que están cultivando café y que en un concurso internacional ha quedado en segundo lugar.
Hemos vuelto a Pto. Ayora y hemos decidido ir a comer pescado, tras preguntarle a él dónde lo podemos tomar bueno. Ha pasado con el coche por una calle que no conocíamos, que está llena de restaurantes y nos ha indicado uno donde dice que cocinan muy bien y que probemos el Brujo y el Camotillo.
Después de darnos una ducha, fuimos a comer allí. Muchos restaurantes estaban cerrados o con poca gente. Éste se llama Sol y Playa y tiene un grill apagado. Nos dicen que lo encienden a partir de las seis. Así que pedimos un Brujo, que es un pescado de Roca parecido al cabracho y nos lo cocinan al ajillo. Estaba jugoso y buenísimo, acompañado, como es habitual, por arroz, patatas fritas, ensalada...lo tomamos con cerveza local. El vino es carísimo!!
Luego nos hemos echado una siesta bastante larga y hemos salido por la tarde porque teníamos que ir a probarnos los equipos de buceo. Nos dicen que no tienen a nadie más para salir y que les demos un rato a ver si se apunta alguien más. En otro caso, nos pasarían a otro club que van a salir con seguridad. Finalmente tenemos que ir al otro, que se llama Eagle Ray y está cerca. Nos hacen firmar un documento eximiéndoles de responsabilidades si nos morimos o algo. Nos probamos los trajes y demás y les ponen una etiqueta con nuestro nombre.
He pillado un ataque agudo de desesperación esta tarde porque me ha encargado Juanjo que saque un seguro de buceo para mañana y no tengo medio de conectarme a Internet. He pasado hora y pico en las zonas comunes del hotel y no hay manera. Luego, en la recepción me dicen que hoy va fatal Internet y que esta hora es muy mala, además, que se conecta mucha gente. En Academy Bay han intentado también la conexión, pero no hay manera. Me dicen que es muy común en las islas que pase eso. Ya teníamos idea de que era complicado conectarse por Internet en las islas, pero me parecía importante hacernos un seguro, aunque la inmersión es de una profundidad segura, un máximo de 18 m. Finalmente he hecho mi seguro y he sido incapaz de hacer otro para Juanjo, que me anda diciendo que pase del suyo ya de una vez y me deje de rollos, pero lo he intentado hasta la desesperación.
Hemos cenado en la habitación, igual que ayer. Nos hemos comprado una botella de vino, queso y embutido y eso hemos cenado.
miércoles, 19 de octubre de 2016
GALÁPAGOS
13/10/2016 GALÁPAGOS
Bueeeeenoooo, llegó el día tan esperado de ir a la joya de este viaje, a las Islas Galápagos. Estoy en el avión y aún me parece increíble poder llegar a un sitio tan remoto y único en el mundo.
Nos guardan en el hotel parte del equipaje. Una maleta y la caja de los sombreros. Vamos temprano al aeropuerto porque hay que hacer unos trámites para ir a Galápagos.
Hemos pasado por el Control Ambiental, donde nos han pasado la maleta y bolsas de mano por un scanner y nos han preguntado si llevamos semillas, comida, etc. He dicho que llevaba algo de chocolate, pero no importa.
Luego hemos pagado las tasas de aeropuerto. Otra condición para las islas. 20 $ cada uno y ya, por fin, hemos hecho el check in y obtenido las tarjetas de embarque.
Como hemos llegado pronto, hemos esperado un rato una vez pasados todos los controles de seguridad. Resulta que Juanjo se ha guardado en la bolsa donde lleva la cámara una botella pequeña de agua que yo había utilizado esta mañana y se le ha volcado parte en la bolsa. Así que cogió una toalla del hotel para secar todo y luego ha estado peregrinando al baño con todos los componentes para secarlos en el secamanos de aire.
Despegamos de Guayaquil. Alcanzamos a ver los ríos y parte de la ciudad, pero se ha nublado enseguida. Nos han dado un Sandwich y una bebida y yo he estado poniendo el diario al día. Nos han fumigado para no meter insectos en las islas.
Aterrizamos en la isla de Baltra, donde está el aeropuerto. Han sacado las maletas del avión y hemos esperado a que el perro de la policia pasara por encima de todas y cada una de las maletas. Es curiosísimo ver trabajar a los perros policía. Y la verdad es, como le digo a Juanjo, que no se ha inventado nada mejor.
Nos montamos en un autobús que nos deja en el cruce entre islas, que es un canal estrecho, en el caso de Baltra y Santa Cruz. Baltra es una isla sin vegetación apenas, en la que vemos cactus y piedra volcánica, lo que en Canarias llaman picón. El aeropuerto es ecológico. Para entrar desde el avión, pasamos por un pasillo techado de placas solares. He visto algunos molinos de viento antes de aterrizar. A todo esto, hemos tenido un aterrizaje frustrado a causa del viento, nos han dicho. Al bajar nos damos cuenta de que realmente era fuerte: nos costaba andar.
Bien, pues llegamos al pequeño embarcadero y montamos en un barco para cruzar el canal. Hemos visto muchos pájaros, una garza...
El cruce del canal dura pocos minutos. A continuación nos montamos en un autobús que va a Puerto Ayora. En ese punto esperan autobuses de tours, taxis, etc, pero subimos al bus general, que es más pequeño que uno normal, y más grande que una "chiva", con asientos centrales plegables. Van residentes de la isla y algunos turistas, pocos. Nosotros vamos en los asientos plegables
Pasamos por un paisaje que cambia radicalmente. Subimos unas colinas plagadas de vegetación, donde vemos los cráteres gemelos a ambos lados de la carretera. Juanjo, al ser más alto, ha visto tortugas a los lados de la carretera. Yo no he alcanzado a verlas.
Bajamos en la última parada del bus y vamos andando al hotel que hemos reservado. Estrella de Mar, se llama. Puerto Ayora es pequeño, y se recorre en un paseo. El hotel está al borde del mar. Es sencillo, pero tenemos una habitación que hace esquina, con grandes ventanales desde donde vemos la bahía y donde el viento atiza de lo lindo.
Hemos ido a comer a uno de los sitios que pone en la guía. Es un italiano, pero hemos comido muy bien y tienen pescado -albacora- aunque nos damos cuenta de que comer en la isla nos va a salir caro.
Caminando hacia la Estación Darwin, hemos pasado por el puerto pesquero, muy pequeño, pero donde están trayendo albacoras y montones de langostas. Se ven fragatas volando con sus buches rojos, y en el puerto hay muchos pelícanos intentando robar el pescado que traen en cajas.
Después nos hemos acercado a la Estación Darwin, que está a un corto paseo. Hemos entrado en el Centro de Interpretación y hemos visto cercados donde crían tortugas, iguanas...las tortugas estiran el cuello muchisimo. Hemos visto que en las islas hay muchas especies de tortugas, de distintos tamaños. Las que vemos en Darwin son de cuello muy largo, aunque luego vemos un grupo de caparazones mayores, pero están agachadas y, excepto una, que saca un poco la cabeza, no vemos si tienen el cuello igual. Hay una iguana de colores amarillos y verdes solitaria en un cercado. No se mueve en absoluto.
Recorriendo caminos nos encontramos con pequeñas iguanas de color oscuro. En una playa hay un aviso que dice que cuidado con las iguanas, que están anidando. En el camino vemos a una iguana que se mete dentro de una especie de nido hecho dentro de una cueva de ramas. Supongo que será eso a lo que se refieren.
Hemos visto a una chica con el uniforme de la Fundación, que lleva con cuidado una caja de cartón agujereada. Nos dice que es un pequeño petrel al que va soltar en un barranco algo alejado.
Hay un sendero que pasa por un manglar. Entró por él y salí a avisar a Juanjo, que no quería pasar, no sé por qué. El sendero acababa en una ensenada de mangle con un muelle para barcas. Allí había varios montones de iguanas pequeñas apelotonadas, como dándose calor. Algunas deshicieron el nudo y pasaron a otros grupos o bajaron hacia el agua.
En un pequeño muelle de Puerto Ayora hay una colonia de lobos marinos, que siempre están en la misma postura. Hay unos de color claros y otros oscuros. Huelen fatal, pero no se mueven.
Por la noche, Juanjo dijo que escuchaba un sonido como de una foca. No alcanzamos a ver nada, ya estaba oscuro, pero por la mañana vimos cómo un lobo marino se subía a una barca solitaria y se ponía en la proa en plan Capitán, como vigilando si veía tierra. Un lobo marino de todas, todas.
Hemos pasado por un club de buceo, Academy Bay, a quienes había mandado varios Correos y quedamos en pasar esta tarde. En principio, yo tenía pensado ir a bucear a Gordon's Rock, pero ese sitio tiene varios problemas: el trayecto puede ser muy movidito y nos dicen que hay bastante corriente. Como llevamos tiempo sin bucear, aparte de una inmersión de recuerdo que hicimos en La Herradura, nos dicen que es mejor que vayamos a la isla Seymour, que es una inmersión más tranquila y también se pueden ver tiburones martillo.
Así que iremos el sábado, si no hay inconveniente.
Bueeeeenoooo, llegó el día tan esperado de ir a la joya de este viaje, a las Islas Galápagos. Estoy en el avión y aún me parece increíble poder llegar a un sitio tan remoto y único en el mundo.
Nos guardan en el hotel parte del equipaje. Una maleta y la caja de los sombreros. Vamos temprano al aeropuerto porque hay que hacer unos trámites para ir a Galápagos.
Hemos pasado por el Control Ambiental, donde nos han pasado la maleta y bolsas de mano por un scanner y nos han preguntado si llevamos semillas, comida, etc. He dicho que llevaba algo de chocolate, pero no importa.
Luego hemos pagado las tasas de aeropuerto. Otra condición para las islas. 20 $ cada uno y ya, por fin, hemos hecho el check in y obtenido las tarjetas de embarque.
Como hemos llegado pronto, hemos esperado un rato una vez pasados todos los controles de seguridad. Resulta que Juanjo se ha guardado en la bolsa donde lleva la cámara una botella pequeña de agua que yo había utilizado esta mañana y se le ha volcado parte en la bolsa. Así que cogió una toalla del hotel para secar todo y luego ha estado peregrinando al baño con todos los componentes para secarlos en el secamanos de aire.
Despegamos de Guayaquil. Alcanzamos a ver los ríos y parte de la ciudad, pero se ha nublado enseguida. Nos han dado un Sandwich y una bebida y yo he estado poniendo el diario al día. Nos han fumigado para no meter insectos en las islas.
Aterrizamos en la isla de Baltra, donde está el aeropuerto. Han sacado las maletas del avión y hemos esperado a que el perro de la policia pasara por encima de todas y cada una de las maletas. Es curiosísimo ver trabajar a los perros policía. Y la verdad es, como le digo a Juanjo, que no se ha inventado nada mejor.
Nos montamos en un autobús que nos deja en el cruce entre islas, que es un canal estrecho, en el caso de Baltra y Santa Cruz. Baltra es una isla sin vegetación apenas, en la que vemos cactus y piedra volcánica, lo que en Canarias llaman picón. El aeropuerto es ecológico. Para entrar desde el avión, pasamos por un pasillo techado de placas solares. He visto algunos molinos de viento antes de aterrizar. A todo esto, hemos tenido un aterrizaje frustrado a causa del viento, nos han dicho. Al bajar nos damos cuenta de que realmente era fuerte: nos costaba andar.
Bien, pues llegamos al pequeño embarcadero y montamos en un barco para cruzar el canal. Hemos visto muchos pájaros, una garza...
El cruce del canal dura pocos minutos. A continuación nos montamos en un autobús que va a Puerto Ayora. En ese punto esperan autobuses de tours, taxis, etc, pero subimos al bus general, que es más pequeño que uno normal, y más grande que una "chiva", con asientos centrales plegables. Van residentes de la isla y algunos turistas, pocos. Nosotros vamos en los asientos plegables
Pasamos por un paisaje que cambia radicalmente. Subimos unas colinas plagadas de vegetación, donde vemos los cráteres gemelos a ambos lados de la carretera. Juanjo, al ser más alto, ha visto tortugas a los lados de la carretera. Yo no he alcanzado a verlas.
Bajamos en la última parada del bus y vamos andando al hotel que hemos reservado. Estrella de Mar, se llama. Puerto Ayora es pequeño, y se recorre en un paseo. El hotel está al borde del mar. Es sencillo, pero tenemos una habitación que hace esquina, con grandes ventanales desde donde vemos la bahía y donde el viento atiza de lo lindo.
Hemos ido a comer a uno de los sitios que pone en la guía. Es un italiano, pero hemos comido muy bien y tienen pescado -albacora- aunque nos damos cuenta de que comer en la isla nos va a salir caro.
Caminando hacia la Estación Darwin, hemos pasado por el puerto pesquero, muy pequeño, pero donde están trayendo albacoras y montones de langostas. Se ven fragatas volando con sus buches rojos, y en el puerto hay muchos pelícanos intentando robar el pescado que traen en cajas.
Después nos hemos acercado a la Estación Darwin, que está a un corto paseo. Hemos entrado en el Centro de Interpretación y hemos visto cercados donde crían tortugas, iguanas...las tortugas estiran el cuello muchisimo. Hemos visto que en las islas hay muchas especies de tortugas, de distintos tamaños. Las que vemos en Darwin son de cuello muy largo, aunque luego vemos un grupo de caparazones mayores, pero están agachadas y, excepto una, que saca un poco la cabeza, no vemos si tienen el cuello igual. Hay una iguana de colores amarillos y verdes solitaria en un cercado. No se mueve en absoluto.
Recorriendo caminos nos encontramos con pequeñas iguanas de color oscuro. En una playa hay un aviso que dice que cuidado con las iguanas, que están anidando. En el camino vemos a una iguana que se mete dentro de una especie de nido hecho dentro de una cueva de ramas. Supongo que será eso a lo que se refieren.
Hemos visto a una chica con el uniforme de la Fundación, que lleva con cuidado una caja de cartón agujereada. Nos dice que es un pequeño petrel al que va soltar en un barranco algo alejado.
Hay un sendero que pasa por un manglar. Entró por él y salí a avisar a Juanjo, que no quería pasar, no sé por qué. El sendero acababa en una ensenada de mangle con un muelle para barcas. Allí había varios montones de iguanas pequeñas apelotonadas, como dándose calor. Algunas deshicieron el nudo y pasaron a otros grupos o bajaron hacia el agua.
En un pequeño muelle de Puerto Ayora hay una colonia de lobos marinos, que siempre están en la misma postura. Hay unos de color claros y otros oscuros. Huelen fatal, pero no se mueven.
Por la noche, Juanjo dijo que escuchaba un sonido como de una foca. No alcanzamos a ver nada, ya estaba oscuro, pero por la mañana vimos cómo un lobo marino se subía a una barca solitaria y se ponía en la proa en plan Capitán, como vigilando si veía tierra. Un lobo marino de todas, todas.
Hemos pasado por un club de buceo, Academy Bay, a quienes había mandado varios Correos y quedamos en pasar esta tarde. En principio, yo tenía pensado ir a bucear a Gordon's Rock, pero ese sitio tiene varios problemas: el trayecto puede ser muy movidito y nos dicen que hay bastante corriente. Como llevamos tiempo sin bucear, aparte de una inmersión de recuerdo que hicimos en La Herradura, nos dicen que es mejor que vayamos a la isla Seymour, que es una inmersión más tranquila y también se pueden ver tiburones martillo.
Así que iremos el sábado, si no hay inconveniente.
GUAYAQUIL
12/10/2016 Guayaquil
Hoy es fiesta nacional en España y, en algún momento y en algunos lugares de Hispanoamérica puede que sea fiesta, pero le pregunté a la recepcionista y me miraba como sin entender por qué iba a ser fiesta el 12. En Ecuador no creo que lo celebren. Celebrarán su Independencia y punto, además de las fiestas añadidas en lugares especialmente festeros, como Latacunga, que parece que buscan cualquier excusa.
Leyendo tuits sobre la fiesta española, me entero de que la bandera de colorines que vimos en la fiesta de la Merced de Latacunga, es la de los pueblos indígenas andinos, y cada color significa una cosa, aunque la disposición de los cuadros y el nombre de la bandera varía según los paises. En Madrid la han colocado en el Distrito Centro y Esperancita ha montado uno de esos pollos monta habitualmente sin tener ni idea de lo que habla, sólo por intentar ridiculizar a Manuela Carmena, con lo que queda en ridículo ella misma, sin cortarse un pelo. En fin, la polémica me ha servido para conocer la historia de la bandera indígena, mira tú!.
Hemos llegado temprano a la terminal de buses. Pensábamos que saldríamos a as 9:45 y por otra ruta, pero nos han vendido en la boletería unos pasajes para las 8:10, que pasan por el Parque Nacional Cajas, que es una ruta más apetecible, pero en la Terminal nos habían dicho que tardaba más, lo que me parecía raro, porque en la Guía dice lo contrario. Nada. Tarda 4 horas igual, así que hemos tenido la fortuna de ver el Parque Nacional, que tiene un paisaje impresionante.
Primero hay que subir los Andes, dejando unos barrancos a nuestra derecha de los que no se ve el fondo. La carretera es buena, no da mala sensación, únicamente la impresión de la belleza del entorno, con elevados picos, profundos valles, el cambio de vegetación, de manto verde y arbolado a Páramo y después la bajada a bosque nublar, con grandes helechos, parecido a Nueva Zelanda. En fin, una belleza de paisaje. Viajamos por encima de las nubes a ratos, pero acabamos llegando a la zona de cultivos, aún en altitud, donde empezamos a ver arrozales y cacao. Mucho cacao. El chocolate de Ecuador es muy bueno. Es uno de los grandes chocolates de Origen, aunque creo, para mi gusto, que el mejor es el venezolano. El problema de comprar aquí el chocolate ecuatoriano, es que es de bajos porcentajes, porque les gusta dulce. Ayer compré en una tienda de Homero Ortega que vende recuerdos, artesanías, etc, uno al 85%, con azúcar de coco, pero el más común es de 65%. Demasiado dulce para mí.
Llegamos a la zona llana poco a poco, viendo tiendecitas al borde de la carretera que vendían banano, cuyo cultivo también estamos viendo por el camino a esta altitud, ya casi en llano.
Llegamos a la terminal de Guayaquil, que es muy grande. Parece un aeropuerto vista desde lejos. Allí me quedé con el equipaje y Juanjo fue a investigar la ruta de salida para la vuelta de Galápagos, porque dependerá de la forma de salir, si nos quedamos a dormir el 23 en Guayaquil, en Cuenca, o por el camino. La información que consigue Juanjo me dice que es la misma que yo había encontrado por Internet. La mejor salida será dormir en Guayaquil y salir temprano al día siguiente porque, si no, tendremos que hacer el trayecto de noche y no vamos a ver nada.
Nos fuimos al hotel en taxi. El taxista no tenía ni idea de la dirección que le dábamos. Eso siempre me desconcierta. Finalmente, indicándole que estaba por la zona del Hilton, fuimos buscando la dirección entre los tres. Guayaquil es una ciudad muy extendida, con diversas zonas y, aunque tiene una especie de circunvalación para llegar de unas a otras, se tarda un rato en moverse. Nosotros estamos situados entre el aeropuerto y la terminal terrestre, para tenerlos a mano, en una zona que tiene centros comerciales, el Hilton, pero bastante desangelada.
Guayaquil tiene fama de ciudad peligrosa y con poco que ver. Tras hacer el check-in comimos en el restaurante del mismo hotel, porque a la habitación le quedaba un rato para estar lista. Luego nos tumbamos un poco a descansar la espalda del bus y,Moro fin, nos decidimos a ir al malecón y a su entorno, que es la zona visitable.
La zona del malecón y alrededores tiene más pinta de ciudad normal, con casas tipo europeo, comercios, bancos, etc. Pero fuimos directos al malecón, donde han hecho algo realmente bonito, con paseos con farolas modernos y originales, unos jardines preciosos, fuentes, estanques, puentes...hay zonas con bares, una zona infantil chulisima, con carruseles de los clásicos, un jardín con representaciones de monstruos marinos, que abren unas bocas llenas de horribles dientes, una gran noria, un museo y un acceso al Barrio de Piedra, una colina de casas tradicionales que estaban hechas un asco anteriormente pero que han sido restauradas y vemos casas tipo colonial, con puertas de persiana, aireadas, con vistas al río, mucha vegetación y mucho color en las fachadas. Hay galerías de arte, restaurantes. Está muy bonito. Lo menos bonito es que hay que subir 444 escalones más un tramo para llegar a la cima, desde donde se ve el río Guaya, que forma islas, y se entremezcla con la ciudad, que está bordeada por dos Ríos, el Guaya y el Daule y además es costera, así que el entorno es bastante bonito, visto desde lo alto del cerro.
En el cerro hay un faro y una capilla dedicada a Santa Ana. Juanjo no se ha traído la cámara, porque no se fiaba, pero la verdad es que, tanto el malecón como el barrio de Piedra tienen una cantidad de seguridad impresionante, con vigilantes cada pocos metros y cámaras de vigilancia por todas partes.
Yo he hecho fotos con el móvil y Juanjo ha estado buscando encuadres para el próximo día. Bajamos de nuevo hacia el malecón, pero por otra parte de la escalera. Creo que es más bonito el primero, por donde hemos subido. En la subida una señora me ofrecía ver camisetas, cuando lo quede verdad necesitaba era una botella de oxígeno.
Ahora que al bajar ya no vamos echando el bofe, observamos que las casas tienen en la pared externa una pequeña foto del estado anterior de la vivienda y, de verdad que algunas estaban hechas jirones de madera. Ahora están bien. Es bonito, la verdad.
En el malecón se van encendiendo las luces. Una orquesta está ensayando porque hay un festival de artes, que supongo que será esta noche. La enorme noria se ilumina cambiando de colores.
A pesar de todo, decidimos irnos antes de que sea muy de noche, por si las moscas. Un taxista divertido nos lleva cerca de nuestro hotel. Vamos a tomar algo en un centro comercial que tiene unos pocos restaurantes. Entramos en uno que ofrece todo el cangrejo que puedas comer por 20 $. Alucinamos viendo los enormes cuencos de acero humeantes abarrotados de cangrejos. A la gente le ponen esos cuencos en la mesa, les dan una lámina de cristal grueso a modo de plato y una maza de madera para ir atizando a las cáscaras de los cangrejos. Todas las mesas tienen grupos de mujeres atizando a los cangrejos y tomando cerveza. Nos daba la risa con el espectáculo y el ruido de las mazas.
Los cangrejos son unas nécoras gorditas. Nosotros pedimos un tiradito de corvina y una ensalada de cangrejo, para tomarlo ya pelado. Regado con cerveza helada. Hemos sudado de lo lindo en el malecón y apetece cerveza fría.
Juanjo andaba preguntando al camarero cómo hacía para tener tantas mujeres juntas. Era curioso, la verdad.
Nos hemos ido andando al hotel, que no está lejos. Vemos casas y establecimientos con grandes rejas, a veces electrificadas. Es una zona rara y desangelada y no da tranquilidad, la verdad. Nos había advertido Santiago, el de Riobamba, que fuéramos en taxi de puerta a puerta en Guayaquil. Una vez le llegó al hotel una señora a la que habían hecho un Secuestro Express y llegaba que no podía ni hablar, la pobre, y tardó en contarle lo que le pasaba.
Llegamos al hotel sin más inconveniente y nos dimos una ducha fresca antes de acostarnos. No hemos apagado el aire esta noche. Si no, la habitación se pone muy caliente.
Hoy es fiesta nacional en España y, en algún momento y en algunos lugares de Hispanoamérica puede que sea fiesta, pero le pregunté a la recepcionista y me miraba como sin entender por qué iba a ser fiesta el 12. En Ecuador no creo que lo celebren. Celebrarán su Independencia y punto, además de las fiestas añadidas en lugares especialmente festeros, como Latacunga, que parece que buscan cualquier excusa.
Leyendo tuits sobre la fiesta española, me entero de que la bandera de colorines que vimos en la fiesta de la Merced de Latacunga, es la de los pueblos indígenas andinos, y cada color significa una cosa, aunque la disposición de los cuadros y el nombre de la bandera varía según los paises. En Madrid la han colocado en el Distrito Centro y Esperancita ha montado uno de esos pollos monta habitualmente sin tener ni idea de lo que habla, sólo por intentar ridiculizar a Manuela Carmena, con lo que queda en ridículo ella misma, sin cortarse un pelo. En fin, la polémica me ha servido para conocer la historia de la bandera indígena, mira tú!.
Hemos llegado temprano a la terminal de buses. Pensábamos que saldríamos a as 9:45 y por otra ruta, pero nos han vendido en la boletería unos pasajes para las 8:10, que pasan por el Parque Nacional Cajas, que es una ruta más apetecible, pero en la Terminal nos habían dicho que tardaba más, lo que me parecía raro, porque en la Guía dice lo contrario. Nada. Tarda 4 horas igual, así que hemos tenido la fortuna de ver el Parque Nacional, que tiene un paisaje impresionante.
Primero hay que subir los Andes, dejando unos barrancos a nuestra derecha de los que no se ve el fondo. La carretera es buena, no da mala sensación, únicamente la impresión de la belleza del entorno, con elevados picos, profundos valles, el cambio de vegetación, de manto verde y arbolado a Páramo y después la bajada a bosque nublar, con grandes helechos, parecido a Nueva Zelanda. En fin, una belleza de paisaje. Viajamos por encima de las nubes a ratos, pero acabamos llegando a la zona de cultivos, aún en altitud, donde empezamos a ver arrozales y cacao. Mucho cacao. El chocolate de Ecuador es muy bueno. Es uno de los grandes chocolates de Origen, aunque creo, para mi gusto, que el mejor es el venezolano. El problema de comprar aquí el chocolate ecuatoriano, es que es de bajos porcentajes, porque les gusta dulce. Ayer compré en una tienda de Homero Ortega que vende recuerdos, artesanías, etc, uno al 85%, con azúcar de coco, pero el más común es de 65%. Demasiado dulce para mí.
Llegamos a la zona llana poco a poco, viendo tiendecitas al borde de la carretera que vendían banano, cuyo cultivo también estamos viendo por el camino a esta altitud, ya casi en llano.
Llegamos a la terminal de Guayaquil, que es muy grande. Parece un aeropuerto vista desde lejos. Allí me quedé con el equipaje y Juanjo fue a investigar la ruta de salida para la vuelta de Galápagos, porque dependerá de la forma de salir, si nos quedamos a dormir el 23 en Guayaquil, en Cuenca, o por el camino. La información que consigue Juanjo me dice que es la misma que yo había encontrado por Internet. La mejor salida será dormir en Guayaquil y salir temprano al día siguiente porque, si no, tendremos que hacer el trayecto de noche y no vamos a ver nada.
Nos fuimos al hotel en taxi. El taxista no tenía ni idea de la dirección que le dábamos. Eso siempre me desconcierta. Finalmente, indicándole que estaba por la zona del Hilton, fuimos buscando la dirección entre los tres. Guayaquil es una ciudad muy extendida, con diversas zonas y, aunque tiene una especie de circunvalación para llegar de unas a otras, se tarda un rato en moverse. Nosotros estamos situados entre el aeropuerto y la terminal terrestre, para tenerlos a mano, en una zona que tiene centros comerciales, el Hilton, pero bastante desangelada.
Guayaquil tiene fama de ciudad peligrosa y con poco que ver. Tras hacer el check-in comimos en el restaurante del mismo hotel, porque a la habitación le quedaba un rato para estar lista. Luego nos tumbamos un poco a descansar la espalda del bus y,Moro fin, nos decidimos a ir al malecón y a su entorno, que es la zona visitable.
La zona del malecón y alrededores tiene más pinta de ciudad normal, con casas tipo europeo, comercios, bancos, etc. Pero fuimos directos al malecón, donde han hecho algo realmente bonito, con paseos con farolas modernos y originales, unos jardines preciosos, fuentes, estanques, puentes...hay zonas con bares, una zona infantil chulisima, con carruseles de los clásicos, un jardín con representaciones de monstruos marinos, que abren unas bocas llenas de horribles dientes, una gran noria, un museo y un acceso al Barrio de Piedra, una colina de casas tradicionales que estaban hechas un asco anteriormente pero que han sido restauradas y vemos casas tipo colonial, con puertas de persiana, aireadas, con vistas al río, mucha vegetación y mucho color en las fachadas. Hay galerías de arte, restaurantes. Está muy bonito. Lo menos bonito es que hay que subir 444 escalones más un tramo para llegar a la cima, desde donde se ve el río Guaya, que forma islas, y se entremezcla con la ciudad, que está bordeada por dos Ríos, el Guaya y el Daule y además es costera, así que el entorno es bastante bonito, visto desde lo alto del cerro.
En el cerro hay un faro y una capilla dedicada a Santa Ana. Juanjo no se ha traído la cámara, porque no se fiaba, pero la verdad es que, tanto el malecón como el barrio de Piedra tienen una cantidad de seguridad impresionante, con vigilantes cada pocos metros y cámaras de vigilancia por todas partes.
Yo he hecho fotos con el móvil y Juanjo ha estado buscando encuadres para el próximo día. Bajamos de nuevo hacia el malecón, pero por otra parte de la escalera. Creo que es más bonito el primero, por donde hemos subido. En la subida una señora me ofrecía ver camisetas, cuando lo quede verdad necesitaba era una botella de oxígeno.
Ahora que al bajar ya no vamos echando el bofe, observamos que las casas tienen en la pared externa una pequeña foto del estado anterior de la vivienda y, de verdad que algunas estaban hechas jirones de madera. Ahora están bien. Es bonito, la verdad.
En el malecón se van encendiendo las luces. Una orquesta está ensayando porque hay un festival de artes, que supongo que será esta noche. La enorme noria se ilumina cambiando de colores.
A pesar de todo, decidimos irnos antes de que sea muy de noche, por si las moscas. Un taxista divertido nos lleva cerca de nuestro hotel. Vamos a tomar algo en un centro comercial que tiene unos pocos restaurantes. Entramos en uno que ofrece todo el cangrejo que puedas comer por 20 $. Alucinamos viendo los enormes cuencos de acero humeantes abarrotados de cangrejos. A la gente le ponen esos cuencos en la mesa, les dan una lámina de cristal grueso a modo de plato y una maza de madera para ir atizando a las cáscaras de los cangrejos. Todas las mesas tienen grupos de mujeres atizando a los cangrejos y tomando cerveza. Nos daba la risa con el espectáculo y el ruido de las mazas.
Los cangrejos son unas nécoras gorditas. Nosotros pedimos un tiradito de corvina y una ensalada de cangrejo, para tomarlo ya pelado. Regado con cerveza helada. Hemos sudado de lo lindo en el malecón y apetece cerveza fría.
Juanjo andaba preguntando al camarero cómo hacía para tener tantas mujeres juntas. Era curioso, la verdad.
Nos hemos ido andando al hotel, que no está lejos. Vemos casas y establecimientos con grandes rejas, a veces electrificadas. Es una zona rara y desangelada y no da tranquilidad, la verdad. Nos había advertido Santiago, el de Riobamba, que fuéramos en taxi de puerta a puerta en Guayaquil. Una vez le llegó al hotel una señora a la que habían hecho un Secuestro Express y llegaba que no podía ni hablar, la pobre, y tardó en contarle lo que le pasaba.
Llegamos al hotel sin más inconveniente y nos dimos una ducha fresca antes de acostarnos. No hemos apagado el aire esta noche. Si no, la habitación se pone muy caliente.
HOMERO ORTEGA Y LA PAJA TOQUILLA
11/10/216 HOMERO ORTEGA Y LA PAJA TOQUILLA
Hoy nos tomamos el día de relax. Vamos a visitar algunas calles por las que no hemos pasado, dando un paseo tranquilo, sin autobuses, que también apetece un día relajado.
Así que hemos recorrido el resto del casco antiguo, hemos entrado en patios chulos, donde la gente nos ha permitido amablemente pasar. Volvimos al río Tomebamba, paseando por su orilla, y observando las enormes piedras redondas que se ven en el cauce, signo de las tremendas avenidas que debe sufrir de vez en cuando esta ciudad, y explicación de la rotura de ese puente tan potente, aparentemente. El sonido del río, bajando rápido, nos acompaña, junto con algunos pájaros. Los ciclistas y gente haciendo "ruta del colesterol" pasan en silencio, a lo suyo, acompañando al río en su descenso.
Pasamos a la otra orilla, donde está la universidad y desde allí vimos las "casas colgadas" que, desde esa perspectiva se parecen más a las conquenses de España, porque así la perspectiva de estar colgadas sobre el río es más llamativa.
Junto a las universidades hay un pequeño "mall", como le llaman aquí. Unas tiendas, una galería, una sucursal de La Placita..entramos en una tienda de artesanía muy bien puesta, elegante, con productos locales de todo tipo, desde ponchos hasta chocolate. Estuvimos un rato hablando con el vendedor, que debe sacar buen provecho de la tienda, porque parece que le gusta viajar, se lleva a toda su familia, conoce bien México, Perú y nos recomienda un lugar del río Napo que es carísimo!!. Lo miré luego en la página web y está ocupado todo el final de este mes. Vaya tela!.
El hombre se quejaba que, a pesar de ser Cuenca ciudad Patrimonio de la Humanidad, no tenga aeropuerto internacional y no atraiga el turismo como debería. Nos cuenta que hay mucho emigrado a USA desde esta zona. Los llamaba Coyotes, o sea, que deben ser ilegales. Nos dice que cada día entran en la ciudad de Gualaceo 5000 dólares provenientes de remesas de los Coyotesy que esa gente luego ha blanqueado el dinero comprando casas en el centro de Cuenca, rehabilitándolas y convirtiéndolas en negocios como hoteles y restaurantes.
Hablamos de lugares que podrían explotarse, como la Cueva de los Tayos. Esta cueva es para hacerla rapelando, ya que la bajada es de 60m, y no parece que haya podido ser explorada en su totalidad. El nombre procede de unos pájaros, los Tayos, que únicamente existen en ese sitio. Pero esta cueva tiene una historia fascinante, aún no resuelta. Fue descubierta hace mucho tiempo, pero no se exploró hasta el S XX. Quien entró en esa cueva fue un sacerdote que tenía su parroquia por la zona. Descubrió una serie de placas de bronce y oro con inscripciones que correspondían a una cultura desconocida. La historia acabó con el incendio de la casa del sacerdote y la desaparición de las placas. La suposición más corriente es que, al informar el sacerdote a sus superiores del hallazgo, el incendio fue intencionado y las placas están actualmente en los archivos secretos del Vaticano. El astronauta Armstrong, el primero que pisó la Luna, vivió sin hacer ninguna aparición al exterior tras la hazaña, excepto una incursión para explorar la cueva de los Tayos, y no parece que volviera a salir de su rancho, al menos parece que se enclaustró allí hasta su muerte, aunque creo que poco antes de morir dio una entrevista breve.
Esa cueva está al sur, al este de Zamora, o entre Zamora y Cuenca. Un documenta lista español fue a explorarla, contrató indígenas para llevar materiales suficientes, especialmente cuerda, para intentar recorrerla y, al llegar, se le escaparon la mitad de los indígenas con los materiales. Se encontró con que no tenía cuerda suficiente para la exploración. Consiguió bajar, pero poco más, y comentaba que temía que, una vez abajo, el resto de indígenas se marcharan y que no pudiera volver. No fue el caso, pero contaba que lo pasó fatal, que la llegada y la organización fue complicadísima, y el resultado, el que cuenta.
De todo eso estuvimos hablando. Ambos conocíamos la historia. A Juanjo se la había contado anteriormente. Yo no recordaba que esa cueva se encontraba en Ecuador y me sorprendió verla situada en un mapa de la zona. La cuestión es que ahora, un indígena de Macas ofrece visitas a la cueva. No sé si será de fiar. Yo no iría, en cualquier caso. No tengo la forma física y no he rapelado en la vida, pero es curioso que ahora haya alguna posibilidad de visitarla, no sé hasta qué punto.
Hemos vuelto a la Plaza de San Sebastián a tomar una cerveza en La Casa Azul. La ponen muy fría. Nuestra idea era comer alguna cosa y luego ir por la noche a picar algo a un restaurante bonito que se llama El Mercado, pero es caro para cenar formalmente y no me fío mucho de los foros y calificaciones sin más referencia. Quiero decir que, no me importa pagar caro algo que realmente merezca la pena, pero no tontamente ni sin seguridad de que vayan a darme algo realmente especial. Pero a mediodía no tenemos hambre, y el La Casa Azul no tienen mucho más que Sándwiches, pasta y cosas así. Pero la cerveza se me está subiendo, la altitud te hace ese efecto y seguimos a 2800 m, así que, antes de volver al hotel a parar un rato, le digo a Juanjo que me tomaría una Humita, que es lo único que me apetece. Así que cerca del hotel entramos en un sitio en el que vendían café con humitas, que esta vez eran algo dulzonas. Están mejor las de queso, para mi gusto. Pasamos del café.
Descansamos un poco y luego cogimos un taxi para ir a hacer dos cosas: acercarnos a la Terminal a intentar averiguar los transportes para Loja, porque yo en Internet encuentro casi cero información y me remiten a las Terminales de cada ciudad en Bus Info Ecuador, que es una página que no vale para nada. Te piden la ciudad de origen y la de destino y te responden que vayas a la terminal. Para ese viaje no hacen falta alforjas!.
En la terminal peregrinamos de compañía en compañía, a información, que nos devolvió a las compañías....nada. No hay más información que la que ya sabemos, así que nos fuimos un poco hartos. Hasta que no lleguemos a Guayaquil no vamos a averiguar nada, pensamos...
Nos fuimos a la tienda de Homero Ortega, a por el sombrero de Juanjo, que ahora, después de que se lo están preparando como él quiere, anda con dudas de si llevarse otro. Le digo que se lleve dos, total, los va a usar y no son caros. Andan por los 40$.
Entramos en la tienda y ve uno que le gusta más, porque el ala trasera es más caída. Ambos, el que tiene pedido, que se llama Jungla y el que se está probando, que se llama Indiana Jones, son bonitos. Al Jungla, que es de color algo tostado le han puesto una cinta en color café y al blanco, le han puesto una cinta gris y nos dan otra negra, por si quiere cambiar. Así, parece que se lleva tres sombreros con dos. Yo no me resisto a pillar otro, pero los de ayer, o eran demasiado de gala, o uno, tipo Borsalino, era demasiado blanco, con adornos en blanco, y me convencía regular. Y los demás son maravillosos, pero muy de gala, y no me los voy a poder poner. Pero hoy, nada más entrar, he visto uno en color café con una flor monisima de adorno, tipo Borsalino. Me lo he probado. Es una talla mediana y yo tengo la cabeza pequeña y escaso pelo, así que me queda holgado. Sólo hacen en talla pequeña los clásicos, pero de esos ya tengo uno en casa, aunque tiene un borde roto en la copa.
Me arreglan el sombrero ajustando la cinta. Una de las hermanas Ortega dirige la operación, me lo coloca, le indica a la dependienta cómo debe ajustarlo, y lo ajusta hasta que la dueña se queda convencida de que ya me está bien. Entra Alicia Ortega, a la que conocimos ayer, y me dice que si, que me lo ve bien. Probamos con otro, pero definitivamente decidimos entre todas que ese color café es el que mejor me va. Me han enseñado cómo reparar y ajustar el que tengo en casa, así que lo haré, porque me está un poco grande y apenas lo he usado.
Nos meten los tres sombreros en una caja y nos dan un molde de cartón que sirve para los de Juanjo. Hay moldes de plástico también pero, para mi talla, ninguno.
He hecho fotos de modelos que hay hoy nuevos. Todos los días cambian y todos los modelos son únicos. El mío no tiene nombre, porque no se repite. Así que por menos de 50 $, porque finalmente nos han rebajado todos los sombreros, tengo un sombrero de paja toquilla Homero Ortega único!.
Me ofrecen que mire los bolsos, que son muy bonitos, pero les digo que ya no puedo cargar más equipaje. La caja de sombreros va a ser un problema para trasladarla a Galápagos. Ya veremos.
Nos vamos tan contentos. Juanjo, como siempre que compra algo, se va arrepintiendo por el camino. "Ya ves tú, para ir a comprar el periódico a Adra, me voy a poner yo eso..." Pero él siempre lleva un sombrero de paja cutre de la muerte por allí, porque tiene que protegerse la calva del sol, así que será mejor un sombrero en condiciones y que deje el otro para la playa, digo yo!
Dejamos los sombreros en el hotel y nos vamos a dar otra vuelta y a cenar. Finalmente decidimos ir al Fogón de Mar, donde estuvimos hace un par de días, porque tienen de todo, no se come mal y, aunque no está en el puro centro, podemos ir dando una caminata.
Estaban adornando de Halloween el restaurante el día anterior, con brujas y telarañas, y ahora han puesto más. Hemos cenado como reyes, y luego hemos caminado hacia él entró, cruzando el río, y subiendo las escaleras. Hay una carrera nocturna y hay gente haciendo estiramientos en las escaleras, que cuesta subir. Al final de la escalera, un argentino -creo yo, por la labia- intenta vendernos un juego hecho con alambre. Le dimos los dos dólares que costaba y le dijimos que se le quedará, después de que nos enseñara el truco.
Volvimos al hotel a dormir. Mañana toca bus a Guayaquil
Hoy nos tomamos el día de relax. Vamos a visitar algunas calles por las que no hemos pasado, dando un paseo tranquilo, sin autobuses, que también apetece un día relajado.
Así que hemos recorrido el resto del casco antiguo, hemos entrado en patios chulos, donde la gente nos ha permitido amablemente pasar. Volvimos al río Tomebamba, paseando por su orilla, y observando las enormes piedras redondas que se ven en el cauce, signo de las tremendas avenidas que debe sufrir de vez en cuando esta ciudad, y explicación de la rotura de ese puente tan potente, aparentemente. El sonido del río, bajando rápido, nos acompaña, junto con algunos pájaros. Los ciclistas y gente haciendo "ruta del colesterol" pasan en silencio, a lo suyo, acompañando al río en su descenso.
Pasamos a la otra orilla, donde está la universidad y desde allí vimos las "casas colgadas" que, desde esa perspectiva se parecen más a las conquenses de España, porque así la perspectiva de estar colgadas sobre el río es más llamativa.
Junto a las universidades hay un pequeño "mall", como le llaman aquí. Unas tiendas, una galería, una sucursal de La Placita..entramos en una tienda de artesanía muy bien puesta, elegante, con productos locales de todo tipo, desde ponchos hasta chocolate. Estuvimos un rato hablando con el vendedor, que debe sacar buen provecho de la tienda, porque parece que le gusta viajar, se lleva a toda su familia, conoce bien México, Perú y nos recomienda un lugar del río Napo que es carísimo!!. Lo miré luego en la página web y está ocupado todo el final de este mes. Vaya tela!.
El hombre se quejaba que, a pesar de ser Cuenca ciudad Patrimonio de la Humanidad, no tenga aeropuerto internacional y no atraiga el turismo como debería. Nos cuenta que hay mucho emigrado a USA desde esta zona. Los llamaba Coyotes, o sea, que deben ser ilegales. Nos dice que cada día entran en la ciudad de Gualaceo 5000 dólares provenientes de remesas de los Coyotesy que esa gente luego ha blanqueado el dinero comprando casas en el centro de Cuenca, rehabilitándolas y convirtiéndolas en negocios como hoteles y restaurantes.
Hablamos de lugares que podrían explotarse, como la Cueva de los Tayos. Esta cueva es para hacerla rapelando, ya que la bajada es de 60m, y no parece que haya podido ser explorada en su totalidad. El nombre procede de unos pájaros, los Tayos, que únicamente existen en ese sitio. Pero esta cueva tiene una historia fascinante, aún no resuelta. Fue descubierta hace mucho tiempo, pero no se exploró hasta el S XX. Quien entró en esa cueva fue un sacerdote que tenía su parroquia por la zona. Descubrió una serie de placas de bronce y oro con inscripciones que correspondían a una cultura desconocida. La historia acabó con el incendio de la casa del sacerdote y la desaparición de las placas. La suposición más corriente es que, al informar el sacerdote a sus superiores del hallazgo, el incendio fue intencionado y las placas están actualmente en los archivos secretos del Vaticano. El astronauta Armstrong, el primero que pisó la Luna, vivió sin hacer ninguna aparición al exterior tras la hazaña, excepto una incursión para explorar la cueva de los Tayos, y no parece que volviera a salir de su rancho, al menos parece que se enclaustró allí hasta su muerte, aunque creo que poco antes de morir dio una entrevista breve.
Esa cueva está al sur, al este de Zamora, o entre Zamora y Cuenca. Un documenta lista español fue a explorarla, contrató indígenas para llevar materiales suficientes, especialmente cuerda, para intentar recorrerla y, al llegar, se le escaparon la mitad de los indígenas con los materiales. Se encontró con que no tenía cuerda suficiente para la exploración. Consiguió bajar, pero poco más, y comentaba que temía que, una vez abajo, el resto de indígenas se marcharan y que no pudiera volver. No fue el caso, pero contaba que lo pasó fatal, que la llegada y la organización fue complicadísima, y el resultado, el que cuenta.
De todo eso estuvimos hablando. Ambos conocíamos la historia. A Juanjo se la había contado anteriormente. Yo no recordaba que esa cueva se encontraba en Ecuador y me sorprendió verla situada en un mapa de la zona. La cuestión es que ahora, un indígena de Macas ofrece visitas a la cueva. No sé si será de fiar. Yo no iría, en cualquier caso. No tengo la forma física y no he rapelado en la vida, pero es curioso que ahora haya alguna posibilidad de visitarla, no sé hasta qué punto.
Hemos vuelto a la Plaza de San Sebastián a tomar una cerveza en La Casa Azul. La ponen muy fría. Nuestra idea era comer alguna cosa y luego ir por la noche a picar algo a un restaurante bonito que se llama El Mercado, pero es caro para cenar formalmente y no me fío mucho de los foros y calificaciones sin más referencia. Quiero decir que, no me importa pagar caro algo que realmente merezca la pena, pero no tontamente ni sin seguridad de que vayan a darme algo realmente especial. Pero a mediodía no tenemos hambre, y el La Casa Azul no tienen mucho más que Sándwiches, pasta y cosas así. Pero la cerveza se me está subiendo, la altitud te hace ese efecto y seguimos a 2800 m, así que, antes de volver al hotel a parar un rato, le digo a Juanjo que me tomaría una Humita, que es lo único que me apetece. Así que cerca del hotel entramos en un sitio en el que vendían café con humitas, que esta vez eran algo dulzonas. Están mejor las de queso, para mi gusto. Pasamos del café.
Descansamos un poco y luego cogimos un taxi para ir a hacer dos cosas: acercarnos a la Terminal a intentar averiguar los transportes para Loja, porque yo en Internet encuentro casi cero información y me remiten a las Terminales de cada ciudad en Bus Info Ecuador, que es una página que no vale para nada. Te piden la ciudad de origen y la de destino y te responden que vayas a la terminal. Para ese viaje no hacen falta alforjas!.
En la terminal peregrinamos de compañía en compañía, a información, que nos devolvió a las compañías....nada. No hay más información que la que ya sabemos, así que nos fuimos un poco hartos. Hasta que no lleguemos a Guayaquil no vamos a averiguar nada, pensamos...
Nos fuimos a la tienda de Homero Ortega, a por el sombrero de Juanjo, que ahora, después de que se lo están preparando como él quiere, anda con dudas de si llevarse otro. Le digo que se lleve dos, total, los va a usar y no son caros. Andan por los 40$.
Entramos en la tienda y ve uno que le gusta más, porque el ala trasera es más caída. Ambos, el que tiene pedido, que se llama Jungla y el que se está probando, que se llama Indiana Jones, son bonitos. Al Jungla, que es de color algo tostado le han puesto una cinta en color café y al blanco, le han puesto una cinta gris y nos dan otra negra, por si quiere cambiar. Así, parece que se lleva tres sombreros con dos. Yo no me resisto a pillar otro, pero los de ayer, o eran demasiado de gala, o uno, tipo Borsalino, era demasiado blanco, con adornos en blanco, y me convencía regular. Y los demás son maravillosos, pero muy de gala, y no me los voy a poder poner. Pero hoy, nada más entrar, he visto uno en color café con una flor monisima de adorno, tipo Borsalino. Me lo he probado. Es una talla mediana y yo tengo la cabeza pequeña y escaso pelo, así que me queda holgado. Sólo hacen en talla pequeña los clásicos, pero de esos ya tengo uno en casa, aunque tiene un borde roto en la copa.
Me arreglan el sombrero ajustando la cinta. Una de las hermanas Ortega dirige la operación, me lo coloca, le indica a la dependienta cómo debe ajustarlo, y lo ajusta hasta que la dueña se queda convencida de que ya me está bien. Entra Alicia Ortega, a la que conocimos ayer, y me dice que si, que me lo ve bien. Probamos con otro, pero definitivamente decidimos entre todas que ese color café es el que mejor me va. Me han enseñado cómo reparar y ajustar el que tengo en casa, así que lo haré, porque me está un poco grande y apenas lo he usado.
Nos meten los tres sombreros en una caja y nos dan un molde de cartón que sirve para los de Juanjo. Hay moldes de plástico también pero, para mi talla, ninguno.
He hecho fotos de modelos que hay hoy nuevos. Todos los días cambian y todos los modelos son únicos. El mío no tiene nombre, porque no se repite. Así que por menos de 50 $, porque finalmente nos han rebajado todos los sombreros, tengo un sombrero de paja toquilla Homero Ortega único!.
Me ofrecen que mire los bolsos, que son muy bonitos, pero les digo que ya no puedo cargar más equipaje. La caja de sombreros va a ser un problema para trasladarla a Galápagos. Ya veremos.
Nos vamos tan contentos. Juanjo, como siempre que compra algo, se va arrepintiendo por el camino. "Ya ves tú, para ir a comprar el periódico a Adra, me voy a poner yo eso..." Pero él siempre lleva un sombrero de paja cutre de la muerte por allí, porque tiene que protegerse la calva del sol, así que será mejor un sombrero en condiciones y que deje el otro para la playa, digo yo!
Dejamos los sombreros en el hotel y nos vamos a dar otra vuelta y a cenar. Finalmente decidimos ir al Fogón de Mar, donde estuvimos hace un par de días, porque tienen de todo, no se come mal y, aunque no está en el puro centro, podemos ir dando una caminata.
Estaban adornando de Halloween el restaurante el día anterior, con brujas y telarañas, y ahora han puesto más. Hemos cenado como reyes, y luego hemos caminado hacia él entró, cruzando el río, y subiendo las escaleras. Hay una carrera nocturna y hay gente haciendo estiramientos en las escaleras, que cuesta subir. Al final de la escalera, un argentino -creo yo, por la labia- intenta vendernos un juego hecho con alambre. Le dimos los dos dólares que costaba y le dijimos que se le quedará, después de que nos enseñara el truco.
Volvimos al hotel a dormir. Mañana toca bus a Guayaquil
miércoles, 12 de octubre de 2016
INGAPIRCA
10/10/2016 INGAPIRCA
Hoy vamos a visitar las ruinas incas que mejor se conservan en Ecuador, aunque el yacimiento no es grande. El viaje hasta allí desde Cuenca tarda más de dos horas, pero no podemos irnos sin verlo.
Como nos despertamos pronto, llegamos a la terminal terrestre bastante tiempo antes de que saliera el bus, pero nos vino bien para averiguar otros trayectos que necesitamos conocer a la vuelta de Galápagos.
Hemos pasado por Azogue, Biblian, hemos visto las cumbres borrascosas de los Andes y nos ha dado tiempo ha estar incómodos y desear llegar de una vez.
El pueblo anterior a las ruinas es Cañar. Los cañarís fueron el ultimo pueblo que se resistió a ser "incaizados" y aún así, dejaron sus marcas bien colocadas. La única solución que tuvieron los incas para dominar esta parte fue ir creando lazos de matrimonio con princesas cañarís. De uno de estos matrimonios nació Atahualpa. Aún así, entre la "incaización" de la zona y la conquista española sólo pasaron 60 años.
Los cañarís adoraban a la luna, los incas al sol. En los centros ceremoniales como el que visitamos de Incapirca, hay partes de construcción inca y partes cañarís, bien diferenciadas. Los incas construían en rectángulos, los cañarís en círculos; los incas con Andesita, los cañarís con cantos del río. Así que al final, el templo del sol que domina este recinto es elíptico, el único de esta forma en la cultura inca. Las hornacinas que se recubrían de oro para que brillaran en los solsticios, dominados por el sol -Inti- tenían su contrapunto en las hornacinas que se iluminaban en los equinoccios, dependientes de la luna.
Hemos visto un árbol al que la guía que obligatoriamente te enseña el recinto llamó Floripondio, y servía de anestésico y para tratar ciertos males. En grandes cantidades, se utilizaba para envenenar al séquito de personajes importantes para que les acompañarán en la tumba, como una sacerdotisa cuya tumba se encontró en el recinto.
Hay una zona de baños incas y otra de baños cañarís. En ambos casos la purificación mediante el baño ritual era imprescindible. Hay una zona de plantaciones, otra de alojamientos, y el templo del sol coronándolo todo y con vistas en todas las direcciones, por lo que los guardias podían ver el peligro que se aproximara desde cualquier punto.
Por el recinto pululan llamas, que yo creo que están puestas como ornamentación y para darle "ambiente" al lugar.
He hecho fotos de todos los letreros que he visto porque la guía empezaba a hablar según llegaba a un punto, éramos un grupo grande, iban niños, y caminábamos por los senderos intentando enterarnos de algo y que nos diera tiempo a verlo bien, hacer fotos...
En el templo del sol ha acabado su cometido la guía y había otros senderos para hacer a tu bola, fuera del recinto. Hemos subido hasta un juego hecho en piedra, desde el que se domina todo el conjunto y luego hemos vuelto a coger el bus que vuelve a la una a Cuenca.
El viaje de vuelta ha sido muy largo, como el de ida, parando a cada momento a coger y dejar viajeros y "amigos lindos" que nos contaban su rollo para vender cosas variopintas, desde remedios a chocolatinas. Un tostón. Juanjo quiere que haga un apartado de "amigos lindos", pero no me apetece mucho. Son un hartazgo.
En Cuenca hemos ido directos a la tienda de Homero Ortega, especialista en sombreros de paja toquilla, que son los que llaman Panamá, como ya he explicado antes y pensamos que ya sabe todo el mundo que no se hacen en Panamá, sino en la zona de Cuenca, aunque la paja toquilla crece en la costa.
Isabel, la recepcionista, nos ha llevado por el museo y nos ha explicado la fabricación de sombreros, cuyo precio depende de las veces que se deshilache cada hebra de paja, porque así el sombrero tendrá una trama más fina y será más tupido. El más caro tarda dos meses en fabricarse y vale unos 200 $, aunque he visto algunos de gala que valen más que eso.
La paja toquilla hay que hervirla después de cortarla, para que sea más flexible. Las aldeanas mandan los sombreros tejidos pero sin rematar. En la fábrica se lava la paja para blanquearla con agua y agua oxigenada, se deja secar, se vuelve a lavar, se cambia de posición el sombrero todos los días...luego de mete en la prensa para darle forma, se le da un tamaño, y se pasa a las operarias que rematan cada pieza, les hacen adornos, les ponen cintas, etc. En el almacén tienen unos 23 mil sombreros, según los traen las aldeanas, pendientes de procesar.
Hemos visto una colección de fotos y de sombreros que hemos podido probarnos a nuestro gusto. Nos han presentado a Alicia, una de las herederas de la empresa, que me ha dado indicaciones sobre un sombrero muy chulo que me estaba probando, y me ha dicho que servía para tapar el escote, porque era de ala muy ancha, aunque corta por detrás.
He retratado todos los que he visto para mandarle las fotos a Luisa Rojo, a quien creo que le gustarán.
Juanjo va a comprarse uno, en tono tostado, con cinta en color café, pero iremos mañana a por él, para que le hagan un par de arreglos a su gusto. Yo me he probado varios, pero no encuentro el ideal, y algunos que me encantan son demasiado de fiesta, pero elegantísimos.
Hemos cogido un taxi para volver a nuestra zona y luego hemos vuelto a cenar en La Placita, tras dar una vuelta a ver si veíamos algo que nos apeteciera más.
Hoy vamos a visitar las ruinas incas que mejor se conservan en Ecuador, aunque el yacimiento no es grande. El viaje hasta allí desde Cuenca tarda más de dos horas, pero no podemos irnos sin verlo.
Como nos despertamos pronto, llegamos a la terminal terrestre bastante tiempo antes de que saliera el bus, pero nos vino bien para averiguar otros trayectos que necesitamos conocer a la vuelta de Galápagos.
Hemos pasado por Azogue, Biblian, hemos visto las cumbres borrascosas de los Andes y nos ha dado tiempo ha estar incómodos y desear llegar de una vez.
El pueblo anterior a las ruinas es Cañar. Los cañarís fueron el ultimo pueblo que se resistió a ser "incaizados" y aún así, dejaron sus marcas bien colocadas. La única solución que tuvieron los incas para dominar esta parte fue ir creando lazos de matrimonio con princesas cañarís. De uno de estos matrimonios nació Atahualpa. Aún así, entre la "incaización" de la zona y la conquista española sólo pasaron 60 años.
Los cañarís adoraban a la luna, los incas al sol. En los centros ceremoniales como el que visitamos de Incapirca, hay partes de construcción inca y partes cañarís, bien diferenciadas. Los incas construían en rectángulos, los cañarís en círculos; los incas con Andesita, los cañarís con cantos del río. Así que al final, el templo del sol que domina este recinto es elíptico, el único de esta forma en la cultura inca. Las hornacinas que se recubrían de oro para que brillaran en los solsticios, dominados por el sol -Inti- tenían su contrapunto en las hornacinas que se iluminaban en los equinoccios, dependientes de la luna.
Hemos visto un árbol al que la guía que obligatoriamente te enseña el recinto llamó Floripondio, y servía de anestésico y para tratar ciertos males. En grandes cantidades, se utilizaba para envenenar al séquito de personajes importantes para que les acompañarán en la tumba, como una sacerdotisa cuya tumba se encontró en el recinto.
Hay una zona de baños incas y otra de baños cañarís. En ambos casos la purificación mediante el baño ritual era imprescindible. Hay una zona de plantaciones, otra de alojamientos, y el templo del sol coronándolo todo y con vistas en todas las direcciones, por lo que los guardias podían ver el peligro que se aproximara desde cualquier punto.
Por el recinto pululan llamas, que yo creo que están puestas como ornamentación y para darle "ambiente" al lugar.
He hecho fotos de todos los letreros que he visto porque la guía empezaba a hablar según llegaba a un punto, éramos un grupo grande, iban niños, y caminábamos por los senderos intentando enterarnos de algo y que nos diera tiempo a verlo bien, hacer fotos...
En el templo del sol ha acabado su cometido la guía y había otros senderos para hacer a tu bola, fuera del recinto. Hemos subido hasta un juego hecho en piedra, desde el que se domina todo el conjunto y luego hemos vuelto a coger el bus que vuelve a la una a Cuenca.
El viaje de vuelta ha sido muy largo, como el de ida, parando a cada momento a coger y dejar viajeros y "amigos lindos" que nos contaban su rollo para vender cosas variopintas, desde remedios a chocolatinas. Un tostón. Juanjo quiere que haga un apartado de "amigos lindos", pero no me apetece mucho. Son un hartazgo.
En Cuenca hemos ido directos a la tienda de Homero Ortega, especialista en sombreros de paja toquilla, que son los que llaman Panamá, como ya he explicado antes y pensamos que ya sabe todo el mundo que no se hacen en Panamá, sino en la zona de Cuenca, aunque la paja toquilla crece en la costa.
Isabel, la recepcionista, nos ha llevado por el museo y nos ha explicado la fabricación de sombreros, cuyo precio depende de las veces que se deshilache cada hebra de paja, porque así el sombrero tendrá una trama más fina y será más tupido. El más caro tarda dos meses en fabricarse y vale unos 200 $, aunque he visto algunos de gala que valen más que eso.
La paja toquilla hay que hervirla después de cortarla, para que sea más flexible. Las aldeanas mandan los sombreros tejidos pero sin rematar. En la fábrica se lava la paja para blanquearla con agua y agua oxigenada, se deja secar, se vuelve a lavar, se cambia de posición el sombrero todos los días...luego de mete en la prensa para darle forma, se le da un tamaño, y se pasa a las operarias que rematan cada pieza, les hacen adornos, les ponen cintas, etc. En el almacén tienen unos 23 mil sombreros, según los traen las aldeanas, pendientes de procesar.
Hemos visto una colección de fotos y de sombreros que hemos podido probarnos a nuestro gusto. Nos han presentado a Alicia, una de las herederas de la empresa, que me ha dado indicaciones sobre un sombrero muy chulo que me estaba probando, y me ha dicho que servía para tapar el escote, porque era de ala muy ancha, aunque corta por detrás.
He retratado todos los que he visto para mandarle las fotos a Luisa Rojo, a quien creo que le gustarán.
Juanjo va a comprarse uno, en tono tostado, con cinta en color café, pero iremos mañana a por él, para que le hagan un par de arreglos a su gusto. Yo me he probado varios, pero no encuentro el ideal, y algunos que me encantan son demasiado de fiesta, pero elegantísimos.
Hemos cogido un taxi para volver a nuestra zona y luego hemos vuelto a cenar en La Placita, tras dar una vuelta a ver si veíamos algo que nos apeteciera más.
domingo, 9 de octubre de 2016
DE PUEBLOS Y MERCADOS
9/10/2016 DE PUEBLOS Y MERCADOS
Hemos desayunado temprano y enseguida hemos cogido un taxi, a pesar de ser domingo, para ir a la Terminal Terrestre. Tardamos un poco en encontrar los autobuses que iban a Chordeleg, porque la terminal es bastante grande. Finalmente dimos con ellos. Tuvimos que pagar 10 centavos cada uno por pasar el torno que conduce a los andenes. Pero luego pagas el billete en el autobús, cuando el cobrador cree oportuno. Hemos montado en uno que va hasta Sígsig, así que decidimos ir hasta allí del tirón, porque es el,punto más alejado al que vamos a ir hoy.
Los autobuses paran primero en Guazaleo, que es un pueblo bastante grande. Luego en Chordeleg y, finalmente, en Sígsig.
Hoy, domingo, es día de mercado en los tres pueblos. En Sígsig venden, además de fruta y animales, las frazadas de paja de Toquilla con la que se hacen los sombreros de Panamá, como se conocen en todo el mundo, a pesar de ser ecuatorianos. Algunos autores los llaman jipijapa, que es otro pueblo, más cercano a la Costa, donde también los fabrican. Supongo que todo el mundo sabe que los sombreros acabaron llamándose de Panamá, porque se pusieron de moda durante la construcción del Canal.
En fin, que los indígenas de esta zona llevan otro tipo de vestimenta, van menos abrigadas las mujeres que las de Guamote y, aunque llevan las faldas con el borde bordado, me he dado cuenta de que a veces son de terciopelo, que las camisas se ven, no llevan chaqueta por encima, o al menos, si la llevan, dejan ver las camisas, que aquí son de encaje blanco y no blancas bordadas de flores como las de Guamote.
Los sombreros en Guamote eran de fieltro con una cinta y, a veces una pluma de pavo real de adorno. Estos de Sígsig son de paja toquilla, es decir, el clásico Panamá, aunque a veces son de distintos colores, no siempre blancos y los llevan por igual hombres y mujeres.
Las mujeres llevan atada a la cintura una especie de toquilla de lana que, cuando van a cargar algo en ella, se la cruzan y atan al pecho, dejando en la parte de atrás una especie de mochila donde pueden llevar mercancías o niños.
Nos hemos buscado la vida para retratar a las mujeres que llevaban las frazadas de paja para elaborar sombreros, que no se ponen a posar, lógicamente. Hemos visto senadoras, escupiendo aguardiente sobre un niño, dándole a beber un brebaje y a otra pasando un ramo de hojas por el cuerpo de una niña. Me he hecho un gesto y he salido pitando cuando se ha dado la vuelta, porque me ha dado la impresión de que quería curarme alguna cosa....
El mercado general está cubierto, predominando los puestos de fruta y verdura. En la parte de arriba las "casas de comida" tienen preparados pucheros y cerdos enteros asados sobre una parrilla caliente.
Hay un mercado "provisional", mucho más rústico, donde también venden frutas y verduras, algunas del Oriente, de la Amazonia. Hemos visto Guabas, aunque son más cortas que las que comíamos en Perú.
Hemos dado una vuelta más y hemos cogido un bus para Chordeleg, que es un pueblo donde fabrican filigranas preincaicas, en oro y plata. Hay tropecientas joyerías. Yo he comprado alguna cosa en plata, de recuerdo. Y no he podido resistirme a un sombrero de paja toquilla en color café, que me parece que me queda bien. Con una flor blanca de adorno hecha de paja.
El pueblo es más limpio y con mejores casas que Sígsig y también hay mercado, donde venden las mismas cosas. Menos paja toquilla, pero fruta y verdura, lo mismo. Hemos visto huevos verdes. Yo recuerdo que los vimos en Chile, en Valdivia.
Hemos comprado un vasito de mango para reponernos, y agua. Hace mucho calor, aunque la previsión era de más bien fresco, pero supongo que en estos pues los de montaña, donde el clima cambia constantemente, es imposible predecir nada.
Hemos visto que venden también sombreros sin terminar, con las puntas de la paja sin tejer. Nos aseguran que la gente los compra.
Íbamos a pararnos en Guazaleo, que también está animado, pero decidimos volvernos a Cuenca. Allí hemos investigado los buses para mañana y para el miércoles. Nos hemos dado cuenta de que teníamos hambre, al ver un puesto de bocatas y hacer mmmmm....
Así que nos hemos ido a buscar uña cebichería que nos han recomendado, pero la habían cambiado de sitio. En su lugar, hemos comido en otro sitio, que se llama El Fogón, donde tenían carne y pescado. A Juanjo le vuelven loco las conchas negras, que pienso que sólo se den en el Pacífico, así que hemos compartido una bandeja. Los segundos también estaban buenos. El seco de chivo que ha tomado Juanjo estaba mejor que el que tomó en Latacunga. Y yo he tomado unos camarones apanados, muy buenos.
Hemos vuelto al hotel andando porque no había forma de pillar taxi. Justo al llegar ha empezado a llover. Ya no hemos salido más. Hemos estado buscando información de transportes, porque la segunda parte del viaje irá por terreno complicado. Me doy cuenta de que podíamos haberlo aquilatado mejor, pero siempre pasan estas cosas. Hasta que no estás sobre el terreno no estás seguro de nada, y lo de Galápagos tenía que dejarlo cerrado. Nos vamos a tragar unos viajes larguísimos en autobús, pero qué se le va a hacer, porque los sitios más remotos tampoco tienen salidas por avión que nos convengan. En fin....
Hemos desayunado temprano y enseguida hemos cogido un taxi, a pesar de ser domingo, para ir a la Terminal Terrestre. Tardamos un poco en encontrar los autobuses que iban a Chordeleg, porque la terminal es bastante grande. Finalmente dimos con ellos. Tuvimos que pagar 10 centavos cada uno por pasar el torno que conduce a los andenes. Pero luego pagas el billete en el autobús, cuando el cobrador cree oportuno. Hemos montado en uno que va hasta Sígsig, así que decidimos ir hasta allí del tirón, porque es el,punto más alejado al que vamos a ir hoy.
Los autobuses paran primero en Guazaleo, que es un pueblo bastante grande. Luego en Chordeleg y, finalmente, en Sígsig.
Hoy, domingo, es día de mercado en los tres pueblos. En Sígsig venden, además de fruta y animales, las frazadas de paja de Toquilla con la que se hacen los sombreros de Panamá, como se conocen en todo el mundo, a pesar de ser ecuatorianos. Algunos autores los llaman jipijapa, que es otro pueblo, más cercano a la Costa, donde también los fabrican. Supongo que todo el mundo sabe que los sombreros acabaron llamándose de Panamá, porque se pusieron de moda durante la construcción del Canal.
En fin, que los indígenas de esta zona llevan otro tipo de vestimenta, van menos abrigadas las mujeres que las de Guamote y, aunque llevan las faldas con el borde bordado, me he dado cuenta de que a veces son de terciopelo, que las camisas se ven, no llevan chaqueta por encima, o al menos, si la llevan, dejan ver las camisas, que aquí son de encaje blanco y no blancas bordadas de flores como las de Guamote.
Los sombreros en Guamote eran de fieltro con una cinta y, a veces una pluma de pavo real de adorno. Estos de Sígsig son de paja toquilla, es decir, el clásico Panamá, aunque a veces son de distintos colores, no siempre blancos y los llevan por igual hombres y mujeres.
Las mujeres llevan atada a la cintura una especie de toquilla de lana que, cuando van a cargar algo en ella, se la cruzan y atan al pecho, dejando en la parte de atrás una especie de mochila donde pueden llevar mercancías o niños.
Nos hemos buscado la vida para retratar a las mujeres que llevaban las frazadas de paja para elaborar sombreros, que no se ponen a posar, lógicamente. Hemos visto senadoras, escupiendo aguardiente sobre un niño, dándole a beber un brebaje y a otra pasando un ramo de hojas por el cuerpo de una niña. Me he hecho un gesto y he salido pitando cuando se ha dado la vuelta, porque me ha dado la impresión de que quería curarme alguna cosa....
El mercado general está cubierto, predominando los puestos de fruta y verdura. En la parte de arriba las "casas de comida" tienen preparados pucheros y cerdos enteros asados sobre una parrilla caliente.
Hay un mercado "provisional", mucho más rústico, donde también venden frutas y verduras, algunas del Oriente, de la Amazonia. Hemos visto Guabas, aunque son más cortas que las que comíamos en Perú.
Hemos dado una vuelta más y hemos cogido un bus para Chordeleg, que es un pueblo donde fabrican filigranas preincaicas, en oro y plata. Hay tropecientas joyerías. Yo he comprado alguna cosa en plata, de recuerdo. Y no he podido resistirme a un sombrero de paja toquilla en color café, que me parece que me queda bien. Con una flor blanca de adorno hecha de paja.
El pueblo es más limpio y con mejores casas que Sígsig y también hay mercado, donde venden las mismas cosas. Menos paja toquilla, pero fruta y verdura, lo mismo. Hemos visto huevos verdes. Yo recuerdo que los vimos en Chile, en Valdivia.
Hemos comprado un vasito de mango para reponernos, y agua. Hace mucho calor, aunque la previsión era de más bien fresco, pero supongo que en estos pues los de montaña, donde el clima cambia constantemente, es imposible predecir nada.
Hemos visto que venden también sombreros sin terminar, con las puntas de la paja sin tejer. Nos aseguran que la gente los compra.
Íbamos a pararnos en Guazaleo, que también está animado, pero decidimos volvernos a Cuenca. Allí hemos investigado los buses para mañana y para el miércoles. Nos hemos dado cuenta de que teníamos hambre, al ver un puesto de bocatas y hacer mmmmm....
Así que nos hemos ido a buscar uña cebichería que nos han recomendado, pero la habían cambiado de sitio. En su lugar, hemos comido en otro sitio, que se llama El Fogón, donde tenían carne y pescado. A Juanjo le vuelven loco las conchas negras, que pienso que sólo se den en el Pacífico, así que hemos compartido una bandeja. Los segundos también estaban buenos. El seco de chivo que ha tomado Juanjo estaba mejor que el que tomó en Latacunga. Y yo he tomado unos camarones apanados, muy buenos.
Hemos vuelto al hotel andando porque no había forma de pillar taxi. Justo al llegar ha empezado a llover. Ya no hemos salido más. Hemos estado buscando información de transportes, porque la segunda parte del viaje irá por terreno complicado. Me doy cuenta de que podíamos haberlo aquilatado mejor, pero siempre pasan estas cosas. Hasta que no estás sobre el terreno no estás seguro de nada, y lo de Galápagos tenía que dejarlo cerrado. Nos vamos a tragar unos viajes larguísimos en autobús, pero qué se le va a hacer, porque los sitios más remotos tampoco tienen salidas por avión que nos convengan. En fin....
PASEOS POR CUENCA DE ECUADOR
8/10/2016 PASEOS POR CUENCA DE ECUADOR
Iniciamos temprano nuestra andadura por las calles de Cuenca. Es sábado y casi todo está cerrado. Pero la ciudad está en un momento tranquilo y con bonita luz. Bajamos hacia el río Tomebamba. Hay un sendero tipo "ruta del colesterol", compartida entre paseantes y ciclistas. La ruta bordea el río, que desciende sonoro en rápidos, aunque no muy caudaloso. Al menos eso parece ahora, porque uno de los hitos del sendero el El Puente Roto. Es una construcción poderosa, de gran anchura pero, lastimosamente, se perdió una mitad en una crecida del río. Mucho tuvo que crecer el Tomebamba para llevarse semejante mole, un 3 de Noviembre, pero ahí se reúnen artistas, gente bohemia, y es el hito más importante.
Desde el sendero vimos las ruinas incas y españolas de Todos los Santos. Son los cimientos de casas y molinos. Es curioso ver pegadas ambas construcciones y la diferencia en que están hechas. Por supuesto, las incas les dan sopas con honda a las españolas. Las Incas, aunque en esta ocasión no se trata de piedras muy grandes, están encajadas sin argamasa y de una forma que parece imposible. Las piedras españolas están puestas unas sobre otras, unidad con argamasa y, al lado de las otras, parecen hechas por un novato. Además,las incas tienen una estética que no tienen las españolas. Transmiten algo y siempre dejan estupefacto a quien las ve, por la forma de ensamblaje, casi sobrenatural.
Una zona de casas sobre el río, con balcones de madera, recuerda a las casas colgadas de la Cuenca Ibérica. Nos ha hecho gracia el detalle. También vemos un convento en lo alto en estilo colonial, todo blanco con ventanas en madera.
El río sigue cantando su canción mientras dejamos su curso para adentrarnos en las calles de la ciudad, que ya se van animando de gente y comercios.
Volvimos a admirar las casas que vimos ayer, deteniéndonos en los detalles, en los aleros, en los frisos, en los balcones, en los patios...los patios se dejan ver, como los cordobeses, tienen el aire andaluz, aunque las casa por fuera sean neoclasicas, pero el patio no lo perdonan. Con tragaluces y plantas, a veces una fuente, generalmente de dos pisos, con arcos y galerías. No nos ponen problemas cuando queremos asomarnos a alguno. En su mayoría pertenecen a restaurantes y hoteles.
Los bajos de las casas están ocupados por comercios de todo tipo. Es una pena que no se conserven los originales, pero la ciudad tiene que vivir y no todo puede ser ornato. Además, originalmente los dueños de muchas casas alquilaban las plantas bajas para comercios.
Bajo el Consulado Honorario Alemán, hay una Farmacia de época, donde venden sodas y cervezas, además de medicamentos. Está toda forrada en madera,
En el kiosko de música de la Plaza de la Catedral hay un concierto de música de un grupo actual, que atrae a mucha gente. Un oso reparte abrazos gratis bajo los soportales de la Catedral, y pululan los vendedores de merengues y helados.
La Catedral, toda rosada, excepto el exterior de sus cúpulas, tiene una enorme puerta con escenas en paneles de bronce y un gran arco con relieves y varias volutas. Las columnas son de mármol rosa y el resto está hecho de Andesita rosada.
Vamos haciendo un trazado de la cuadrícula de las calles para no perdernos detalle. Pasamos por la Plaza de San Francisco, con un mercado de artesanías al que no hacemos ni caso y por detrás de la Catedral, donde hay un mercado de flores, que huele estupendamente.
Aprovechamos que, de momento no llueve, pero cae un sol de justicia, por lo que vamos buscando las aceras en sombra. Finalmente, a eso de la una de la tarde no se podía estar por la calle, porque el sol achicharraba, y fuimos a una de las plazas, la de San Sebastián, donde hay una cervecería de cerveza artesana, y nos sentamos un rato a descansar y refrescarnos, acompañando la cerveza de un platillo de croquetas de coliflor.
Continuamos caminando un rato, hasta que empezó a llover y tronar. Entonces nos acercamos al hotel a esperar a que pasara la tormenta y a leer un rato. Luego salimos a cenar a uno de los lugares donde van turistas y oriundos, junto a la oficina de Información. No cenamos mal, a pesar de que no nos fiábamos mucho....
Luego fuimos al Café Austria a tomar un gin tonic. Ese fue el final del día. Nos fuimos a dormir a continuación. Mañana queremos irnos temprano, de mercados.
Iniciamos temprano nuestra andadura por las calles de Cuenca. Es sábado y casi todo está cerrado. Pero la ciudad está en un momento tranquilo y con bonita luz. Bajamos hacia el río Tomebamba. Hay un sendero tipo "ruta del colesterol", compartida entre paseantes y ciclistas. La ruta bordea el río, que desciende sonoro en rápidos, aunque no muy caudaloso. Al menos eso parece ahora, porque uno de los hitos del sendero el El Puente Roto. Es una construcción poderosa, de gran anchura pero, lastimosamente, se perdió una mitad en una crecida del río. Mucho tuvo que crecer el Tomebamba para llevarse semejante mole, un 3 de Noviembre, pero ahí se reúnen artistas, gente bohemia, y es el hito más importante.
Desde el sendero vimos las ruinas incas y españolas de Todos los Santos. Son los cimientos de casas y molinos. Es curioso ver pegadas ambas construcciones y la diferencia en que están hechas. Por supuesto, las incas les dan sopas con honda a las españolas. Las Incas, aunque en esta ocasión no se trata de piedras muy grandes, están encajadas sin argamasa y de una forma que parece imposible. Las piedras españolas están puestas unas sobre otras, unidad con argamasa y, al lado de las otras, parecen hechas por un novato. Además,las incas tienen una estética que no tienen las españolas. Transmiten algo y siempre dejan estupefacto a quien las ve, por la forma de ensamblaje, casi sobrenatural.
Una zona de casas sobre el río, con balcones de madera, recuerda a las casas colgadas de la Cuenca Ibérica. Nos ha hecho gracia el detalle. También vemos un convento en lo alto en estilo colonial, todo blanco con ventanas en madera.
El río sigue cantando su canción mientras dejamos su curso para adentrarnos en las calles de la ciudad, que ya se van animando de gente y comercios.
Volvimos a admirar las casas que vimos ayer, deteniéndonos en los detalles, en los aleros, en los frisos, en los balcones, en los patios...los patios se dejan ver, como los cordobeses, tienen el aire andaluz, aunque las casa por fuera sean neoclasicas, pero el patio no lo perdonan. Con tragaluces y plantas, a veces una fuente, generalmente de dos pisos, con arcos y galerías. No nos ponen problemas cuando queremos asomarnos a alguno. En su mayoría pertenecen a restaurantes y hoteles.
Los bajos de las casas están ocupados por comercios de todo tipo. Es una pena que no se conserven los originales, pero la ciudad tiene que vivir y no todo puede ser ornato. Además, originalmente los dueños de muchas casas alquilaban las plantas bajas para comercios.
Bajo el Consulado Honorario Alemán, hay una Farmacia de época, donde venden sodas y cervezas, además de medicamentos. Está toda forrada en madera,
En el kiosko de música de la Plaza de la Catedral hay un concierto de música de un grupo actual, que atrae a mucha gente. Un oso reparte abrazos gratis bajo los soportales de la Catedral, y pululan los vendedores de merengues y helados.
La Catedral, toda rosada, excepto el exterior de sus cúpulas, tiene una enorme puerta con escenas en paneles de bronce y un gran arco con relieves y varias volutas. Las columnas son de mármol rosa y el resto está hecho de Andesita rosada.
Vamos haciendo un trazado de la cuadrícula de las calles para no perdernos detalle. Pasamos por la Plaza de San Francisco, con un mercado de artesanías al que no hacemos ni caso y por detrás de la Catedral, donde hay un mercado de flores, que huele estupendamente.
Aprovechamos que, de momento no llueve, pero cae un sol de justicia, por lo que vamos buscando las aceras en sombra. Finalmente, a eso de la una de la tarde no se podía estar por la calle, porque el sol achicharraba, y fuimos a una de las plazas, la de San Sebastián, donde hay una cervecería de cerveza artesana, y nos sentamos un rato a descansar y refrescarnos, acompañando la cerveza de un platillo de croquetas de coliflor.
Continuamos caminando un rato, hasta que empezó a llover y tronar. Entonces nos acercamos al hotel a esperar a que pasara la tormenta y a leer un rato. Luego salimos a cenar a uno de los lugares donde van turistas y oriundos, junto a la oficina de Información. No cenamos mal, a pesar de que no nos fiábamos mucho....
Luego fuimos al Café Austria a tomar un gin tonic. Ese fue el final del día. Nos fuimos a dormir a continuación. Mañana queremos irnos temprano, de mercados.
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