lunes, 19 de enero de 2015

DIA 90 EL FUJIYAMA

DIA 90

16/ENERO/2105 EL FUJIYAMA

Hoy no hemos desayunado Japonés. Hemos ido a la estación, tras dejar los equipajes, excepto las dos mochilas, en el hotel, y hemos desayunado torrijas y bollos con chocolate.

Hemos llegado bastante pronto, así que nos hemos "comido" la hora punta, empujones incluidos, aunque no es muy grave. Hemos tenido que quedarnos un rato en la sala de espera de la Estación Central, pero había Wifi y he aprovechado para hacer esas cosas para las que nunca tengo tiempo.

Hoy el día está totalmente despejado, con un sol radiante, hay que ver!. Se conoce que ayer llovió todo lo que tenía que llover y hoy el sol ha salido luminoso, aunque frío hace.

El tren bala es muy cómodo. Tiene un ingenioso sistema de perchas para las chaquetas y camareras con carritos ofreciendo comida y bebida, pero estamos servidos con el desayuno. Al poco de salir de Tokyo hemos visto el Fuji, y lo hemos tenido a la vista durante más de la mitad del trayecto. Yo tenía la esperanza de verlo, aunque no quería hacerme ilusiones, pero hemos tenido la suerte de verlo totalmente despejado, muy cerca y cubierto de nieve. Qué más se puede pedir!

Yo estaba entusiasmada y Juanjo, a pesar de la velocidad del tren, le ha sacado fotos decentes. La verdad es que ha sido un regalo, en estos días de invierno en los que los días despejados son raros.

Llegamos a Kyoto a mediodía. El hotel Almont está casi enfrente de la estación, pero hemos preguntado en la oficina de turismo a unas amables señoras que se han desecho en reverencias y Arigatos. Hemos caminado unos cinco minutos. El hotel nos ha salido barato, se ve que esta época está todo rebajado, pero es un hotel estupendo. Tiene un Onsen (Baño Público) y unas habitaciones pequeñas pero súper equipadas, muy agradables e impolutas. La gente se deshace en reverencias y Arigato Gozaimasu. Un poco exagerado, la verdad.

Mientras nos daban la habitación hemos ido a comer a un restaurante de la estación, donde hemos tomado un Ramen (fideos en caldo con unos trozos de carne y verduras) que estaban buenísimos y muy calientes. Mientras nosotros comíamos, han entrado y salido distintos comensales. La gente come rapidísimo.

Hemos hecho el check-in y nos hemos marchado a ver el templo de Fushimi-Inari-Taisha, que está a dos paradas de tren. Es un templo en la ladera de una montaña, cuyo recinto llega hasta la cima. Está cubierto de puertas rojas que son donaciones. Estas puertas están a recubriendo los distintos senderos que rodean la montaña y llegan a la cima. El altar principal está en la parte baja y alrededor de la montaña hay diversos altares más o menos grandes. Es un templo sintoísta, en medio de un bosque. Hemos tenido la suerte de ver danza Sinto en el recinto de la danza. En la plataforma había un grupo grande de señores trajeados viendo la danza. Uno de ellos se caía de la borrachera.

Hemos subido poco a poco el camino. Juanjo se ha puesto tibio a hacer fotos, todas de las puertas rojas y muchas a las chicas que van en kimono, que son bastantes, aunque a todas las saca de espaldas por no pedirles permiso, aunque a ellas les encanta que les hagan fotos. Para eso se visten de gala.

Hemos recorrido distintos senderos, pasado por lagos y hemos conseguido llegar a la cima. La subida no es demasiado difícil, aunque hay tramos de escalera bastante empinados. Para sudar. Hemos encontrado un cementerio. En él había ofendas de habas, rábanos y zanahorias en algunas tumbas.

Hemos bajado anocheciendo, cuando estaban encendiéndose las luces, así que hemos visto las puertas con la iluminación nocturna.

Hemos vuelto a Kyoto y buscado un sitio en la Estación para cenar, pero andábamos buscando las plantas altas y hemos tardado en dar con ellas. La estación es una ciudad subterránea abarrotada de comercios, restaurantes y gente. Como hay frío fuera, la gente se concentra en los centros  comerciales de la estación. Uno de ellos, que se llama Cube es un centro tipo Corte Inglés muy grande, pero incluye tiendas de todas las marcas principales, Dior, Fendi, etc. En las plantas altas hay restaurantes y puestos de comida para llevar. Decidimos llevarnos unas bandejas de carne a la habitación y unas cervezas. La carne que nos han puesto son unas pequeñas rebanadas en unas cajas monisimas, con arroz y salsas. Nos dan una hoja informática, porque debe ser una de esas carnes especiales que hacen en Japón, pero he pasado el BIDI y la página web viene en japonés solamente.

Nos hemos acostado poniendo el despertador, que mañana hemos quedado con un japonés

DIA 89 ARIGATO GOZAIMASU

DIA 89

15/ENERO/2015 ARIGATO GOZAIMASU

Brrrr, el día se ha levantado nublado de matarse. Yo llevo el cortavientos impermeable, pero la predicción es de lluvia y frío. Nada de fresquito, 6 grados de máxima. Es mi primer día de vacaciones "oficiales" de 2015. Y el cumple de mi hermano Jaime.

Hoy nos hemos levantado bien pronto para ir al mercado del pescado. La idea es picar algo a media mañana en los restaurantes del mercado. Por eso hemos tomado un té y unos bollos que tenía metidos en una bolsita de plástico bien envasados, que había comprado en Filipinas y se habían quedado guardados. Algo tiesecillos ya, pero comestibles.

Hemos pillado hora punta, pero no ha sido demasiado horrible. Al salir del metro llueve. Un guarda nos atiza un plano con instrucciones. El Mercado es de intermediarios. En él se hace la subasta del atún a las cinco de la mañana, pero este mes no está permitida la entrada de visitas y seguramente haya que reservar. Nos indican que no entorpezcamos la marcha del mercado, que cuidado con los carros que van rápido y no se hacen responsables de accidentes. La verdad es que los carros motorizados van a toda pastilla sin mirar. Tienes que apartarte tú. A Juanjo le ha pasado uno rozando y se me han puesto los pelos de punta. Pasamos las naves donde tienen el pescado en cajas de corcho y una pescadera nos indica el camino hacia los puestos del mercado.

Es un sitio antiguo, de suelo adoquinado. Los puestos se distribuyen en "calles", estrechas, por donde solo pasamos gente, y de uno en uno, y "avenidas", que evitamos, porque pasan los carritos "follaos". En fin, es un sitio con pescado "a punta de pala", de todos los tamaños, predominando los gigantes. Hemos visto cajas de mejillones en las que solo caben cuatro. Unos moluscos rarísimos, que se salían de su concha por mucho, pulpos grandotes, lenguados y meros que no te cuento, carne de ballena, que nos da repelús, y atún a mansalva. Es el Rey del mercado. Vemos como lo trocean, distinto del ronqueo de Cádiz, esto es más a lo bestia. Los atunes vienen en cajas de cartón con plástico del de burbujas. Una vez troceado, lo congelan o lo envasan al vacío, o lo envuelven en telas y los meten en cajas, o lo cortan en sashimi que te venden allí mismo. Algún pescado está vivo, en cubos. A esos les meten unos artefactos que sueltan burbujas. Otros, ya difuntos, los llenan de hielo, o los venden tal cual. O a trozos.

Se me hielan los pies. Llevo botas: en este sitio es imprescindible, porque tiran cubos de agua caliente o fría al suelo, hay agua, hielo...pero llevo calcetines no muy forros y con la humedad se me están quedando los dedos como cubitos. Juanjo no se ha puesto el chubasquero, aunque daba lluvia, y vemos que está lloviendo bastante. Teníamos pensado ir a dar un paseo hacia la zona centro, pero va a ser imposible.

Cuando empiezan a recoger los puestos, buscamos un sitio para comer. En el recinto del mercado, fuera de los puestos, hay varios restaurantes pequeñitos. Los más baratos tienen una cola de miedo, pero llueve mucho para estar esperando bajo la lluvia. Encontramos otro algo más caro, aunque los precios no son un disparate en ninguno. Unos 24 euros el plato más caro. Como un plato principal en un restaurante medio de España. De todas formas, nos toca esperar un poco. Tenemos una pareja de asiáticos delante de nosotros, y detrás una familia occidental.

El japonés en jefe, un señor mayor, sale a contarnos y luego vuelve con unos vasos de té caliente, que tomamos agradecidos. Poco después entramos a comer. El restaurante tiene el ancho de la barra con taburetes y el sitio justito para pasar por detrás. Los platos están en fotos en un folio grande, y se llaman A, B, C...Para empezar, pedimos una bandeja con cuatro tipos de atún presentado en nagiri (sobre un lecho de arroz) y algo de Maki (El enrollado con alga nori) Dos piezas para cada uno de cada clase. Uno viene marcado a la plancha, otro es tataki (el que se marca a la plancha solo por fuera), hay un trozo de lomo y otro de ventresca, con tiritas de grasa. Los dos últimos eran un espectáculo, especialmente el ultimo, que se deshacía en la boca. El Maki era de Tartar de atún, riquísimo. El señor mayor nos indicaba en alguno que no lo mojáramos en soja, porque ya traía su salsa. Nos han dado té y una sopa de miso que nos ha venido como dios, para el frío, y estaba buenísima. Hemos pedido otro plato más variado, de distintos pescados, con más Maki, uno de ellos con huevas y otro con un tipo de almeja, y otros de los de atún normal. Muy buenos todos, pero el primero que hemos pedido, el de atún, estaba colosal. También llamaba la atención la almeja, con un sabor especial, y las huevas, que tenían un sabor a mar intenso.

Después de pagar le he hecho un gesto al señor mayor de que se me saltaban las lágrimas. Preguntaba si por el picante, pero le dije que no, que estaba exquisito, y se tronchaba de risa.

Sigue cayendo agua sin tregua. Como estamos a pie de Metro y tenemos pase para todo el día, volvemos al hotel a coger chubasquero, cambiarme de calcetines y, ya de paso, organizar para dejar mañana el equipaje.  Le dije a la señora que queríamos volver el día 20 y se deshizo en Arigato Gozaimasu si de jar de inclinarse. Yo le sonreía, Juanjo me decía que no me riera, pero no me estaba riendo, le estaba sonriendo y ella a mi también,

Qué podemos hacer en un día que no tiene pinta de dejar de llover ni un ratito? Pues ir a un Museo, que estaremos a cubierto y calientes. Elegimos el Museo Nacional, que tiene más cacho. Está al lado de la estación, pero tenemos que andar un ratito.

Hemos pasado allí la tarde, viendo cerámica, esculturas, kimonos, objetos de decoración, armaduras y espadas, caligrafía, poemas, murales, biombos...todo exquisito. Hay varios recintos. En el principal vemos las obras de arte más importantes. Después visitamos un pabellón de arte asiático y, finalmente, otro que está precedido por estanques y que expone un tesoro ceremonial en el que había una cantidad enorme de pequeños Budas y Boddittsavas dorados en pedestales. No sé cómo lo hago que siempre voy directa, cuando hay templos o figuras a espuertas, a encontrar a Avalokiteshwara, el Buda de la Compasión. Debo tener algo en el inconsciente con ese Buda en concreto.

Ha sido divertido que, en todo el museo, hay montones de sitios para sentarse. En los sillones y bancos estaban sentados la mitad de los visitantes del museo, y la mitad de ellos dormidos. Con el día que hace, no nos extraña. Haríamos lo mismo. De vez en cuando escuchamos caer gran cantidad de agua sobre el tejado. Diluvia.

Hemos ido a cenar a un restaurante de la estación, después de darle una vuelta. Hoy no está el día para comer en la calle. Entramos en uno que nos gustó y nos sentamos en la barra. Juanjo salió con la camarera a enseñarle unos platos de plástico del escaparate para pedir la comida, porque no lo teníamos claro con la carta. A nuestro lado, un japonés que se estaba poniendo tibio a sake nos preguntó si nos ayudaba. Pegó la hebra con Juanjo y nos invitó a sake caliente, que venía fenomenal para el frío, y me dio un huevo en caldo con un pequeño trozo de grasa de atún por encima. Estaba buenísimo. El hombre estaba pidiendo unos rollos de Maki para llevar a su mujer, y se los prepararon en cajas. La verdad es que, en las tiendas donde venden Maki preparado, lo mismo podrías estar comprando comida que una pulsera, porque las cajas son espectaculares.

El señor se marchó sin consentir que le invitara Juanjo a nada, y pagamos la cuenta para irnos a dormirla.




sábado, 17 de enero de 2015

DIA 88 SENSACIÓN DE IRREALIDAD

DIA 88

14/ENERO/2104 SENSACIÓN DE IRREALIDAD


Hoy hemos pedido un desayuno en el hotel, por no ponernos a buscar y llevar esa tarea hecha. Pero el desayuno que ponen es japonés, así que hemos tomado un cuenco de arroz y otro de sopa con tofu y gamas, una rodaja de salmón al grill, un cuenco pequeño con algas, otro con jengibre, otro con verduras encurtidas, otro con algo en vinagre que tenía huesecillo, unos trozos de tortilla dulce y varias tazas de té verde.

Moraditos. Juanjo no se ha comido todo el arroz, porque dice que no puede con los palillos, pero tendrá que acabar aprendiendo. Aquí no ponen otra cosa, ni cuchara para la sopa, que te la tomas bebida. A todo esto, tiene el oído fastidiado, parece que se ha pillado una otitis. Le estoy dando antiinflamatorios, pero no tengo antibiótico y no quiere que vayamos a un médico. Me tiene preocupada.

Hemos ido al metro. Para sacar el billete lo hemos hecho en una maquinita. Tras varias dudas,memos sacado el abono de un día para metro y tren. La única dificultad ha sido que al meter la tarjeta de crédito la devolvía. Una chica nos ha preguntado si podía ayudarnos y nos ha dicho que sólo admitía efectivo esa maquina. Hemos buscado la línea por la que tenemos que ir. No ha sido difícil y las estaciones están escritas en caracteres latinos y japoneses y van numeradas con números normales.

Hemos llegado a Asakusa, para ver el templo de Senso-Ji. Está muy bien indicado, y al lado de la salida del metro. Hay ricksaws que nos ofrece un chico, que acaba hablando con nosotros un poco de español. Anoche otro chico de una pescadería también nos dijo algo. Ambos lo están estudiando. En fin, sorpresas...Llegamos en dos minutos al templo, que es budista. En él se adora la imagen del  Boddhisattva, Kannon, que es compasivo y se ocupa de aliviar las miserias. Su imagen fue encontrada milagrosamente en el río. Esa imagen está oculta por un lienzo, para esconderla de las miradas humanas, pero hay otras reproducciones en distintos templos más pequeños del recinto. La primera puerta del templo da a la calle. Y contiene una linterna roja muy grande, unos demonios que intentan dar miedo y las imágenes de los dioses del viento y del trueno Por ella se accede a la calle Nakamise, que son comercios de la época Edo, la época de los Shogun que abarca de mitad del SXVII hasta principio de 1800, en que se restauró el imperio. En ellos venden dulces, regalos, cacharritos a montones, etc. Después de la calle, se entra por otra puerta similar a la primera, pero con tres linternas, una roja en el centro y dos blancas a los lados. A nuestra izquierda tenemos la pagoda de cinco pisos. Antes de entrar en el altar principal, hay unas fuentes con cacitos parecidos a los de la sopa para lavarte las manos y purificarte antes de ir a rezar. También hay unas caritas de incienso que compras por 7 céntimos, que enciendes en un brasero y las pones en un pebetero, aspirando el humo del incienso para curar enfermedades. Como no tengo antibióticos para Juanjo, pongo unas varitas y aspiro el humo, a ver si a él le hace algo por proximidad. La gente saca de unos cacharros de metal con una ranura unas placas de metal, agitando el recipiente y haciéndolas salir por una ranura como las de las huchas. La placa tiene un número y hay que abrir el cajoncito de madera que corresponde al número que te ha salido. Si sacas un papel de buen presagio, te lo llevas. Si lo que sale es un mal presagio, mala suerte, entonces lo anudas en unos marcos de madera que tienen listones de alambre.  También venden amuletos para la buena suerte, para la buena conducción, etc.

Una vez purificados, te acercas al templo. Se ve tras una red metálica, pero dentro hay una ceremonia a la que asiste un puñado de fieles. No hay mucho espacio en los lugares de oración, un sacerdote está de espaldas a los fieles frente al lienzo que tapa al Boddittsava, rezando, echando incienso, tocando un pequeño instrumento que suena a campaña suave. Los fieles rezan con él. El,templo está lleno de ornamentos dorados. A los lados del altar principal hay dos capillas pequeñas más hacia dentro, con Figuras que no distingo si son Budas, porque están más a oscuras. La gente del exterior se acerca y echa monedas en unos depósitos frente al altar con unas barras metálicas. Al tirar la monedas, resuenan en las barras. La gente se inclina, como cuando se saludan, y rezan. Al acabar, vuelven a inclinarse.

El recinto del templo contiene jardíncillos con Budas, esculturas, un estanque con carpas y varios templos más, que contenían varias imágenes de Kannon y templos dedicados a otras divinidades. No me di cuenta y pasé sobre un parterre de tierra. Cuando estaba ya metida en él, me di cuenta de que los habían rastrillado haciendo un dibujo en curvas. No sé si daba igual haberlo pisado, pero me dio mal rollo.

Recorrimos el recinto visitando los distintos rincones. Los recintos budistas están impregnados de un ambiente de paz, que te deja muy relajado, Me daba pereza irme de allí, pero salimos a la zona comercial, y a una galería que había en otra de las calles adyacentes, con muchos restaurantes, uno con una cinta en el mostrador que daba vueltas cargada de platillos que la gente iba cogiendo. Como hemos desayunado potente, no tenemos hambre para meternos en él, pero habría estado bien pillar una tapioca de esas. Lo que digo yo es que en esos sitios, debes tener que dejar que la cinta dé un par de vueltas antes de coger algo porque, si no, puede darte un ataque de ansiedad por querer probarlo todo.

Hemos ido a la estación central a sacar un billete para ir pasado mañana a Kyoto. La estación central se llama Tokyo. Para llegar hemos cogido metro y tren. Es enorme. Hemos preguntado en una Información, aprovechando que aquí no faltan, y nos han indicado como ir. La chica se ha despedido en español y nos ha hecho mucha gracia.

El billete lo hemos comprado en la boletería. Esta vez la vendedora hablaba inglés lo justo, así que me he esforzado en lo que recomiendan los libros, centrarte en las palabras clave, o sea, hablar en "indio". Con eso, un calendario, y una tabla de horarios,,hemos comprado el billete para el tren bala sin más problemas. Que los billetes son caros, pero eso ya lo sabíamos.

Luego hemos salido a ver la parte antigua de la estación, de ladrillo. Y a continuación nos hemos dirigido hacia el Palacio Imperial, para verlo por fuera, porque solo muestran a grupos muy restringidos una pequeña parte del palacio.  Los árboles que lo rodean son los de las estampas japonesas, esos pinos cortados en ramas redondeadas. El,palacio está amurallado, con una construcción similar a las de los templos peruanos, pero no tan bien hecha, excepto un muro que hemos encontrado en las. Cercanías, y parecía totalmente de Cuzco. Al muro lo rodea un foso lleno de algas y con patos. En un estanque verano nadaban unos cisnes preciosos, con el cuello algo amarillo y las alas muy blancas, que abrían como los tocados de las bailarinas de El Lago de los Cisnes, algo precioso.

Dentro de las murallas distinguimos varios edificios tipo pagoda, de paredes blancas y el tejado negro. Unos estaban pegados a la muralla, como si fueran defensas, y había otros en el interior, uno de ellos más alto, y un edificio moderno, grande, pero de un estilo similar, que debe ser el que está en uso por los emperadores.
Hay unos puentes de acceso al palacio, uno con un arco y otro con dos, que son el objetivo de las cámaras de fotos.

El recinto amurallado tiene que abarcar un montón de hectáreas, parece enorme, pero no menos enorme es el parque que lo rodea. A lo lejos pasa el tráfico por una avenida ancha, en un silencio absoluto. Ha sonado una bocina a lo lejos y me ha sorprendido, porque en al ciudad no se oyen ruidos de motor, ni nada. Un ligero campanilleo cuando se ponen en verde para los peatones algunos semáforos. Pero en una ciudad de 36 millones de seres humanos que no se oiga nada, me parece de lo más sorprendente. Para seguir llamando la atención, vemos bastantes mujeres llevando bonitos kimonos, calzadas con chanclas con alzas y calcetines gordos. El silencio de las calles y las mujeres en kimono producen un efecto irreal.

Hemos vuelto al metro para visitar otro templo, esta vez sintoísta. Se llama Meiji Jingu, y lo recomiendan en todas partes, porque es un templo muy visitado. A la entrada hemos comido un plato caliente de caldo con verduras, fideos gordos y tempura en el mismo caldo, caliente que te matas, pero viene bien porque hace frío.

 Para entrar al recinto del templo se pasa por una elevada puerta de madera, ante la que se inclina la gente que entra. A continuación recorres un parque muy grande. En la zona de restaurantes hay un museo con el tesoro. Este templo está dedicado a la memoria de unos emperadores que debían ser muy queridos, porque la gente llevó al sitio que eligieron para su recuerdo - ya que están enterraos en Kyoto- cientos de árboles de Japón y de todo el mundo.

Hay unas estanterías muy grandes en el camino. Las primeras contienen barriles de Sake. Los productores mandan una cada año. Enfrente, barriles de vino de Borgoña. El emperador quiso modernizar un poco el país e importó ese vino. Los productores le hicieron el regalo de esos barriles, que allí están expuestos.. A la derecha dejamos los jardines de lirios, a los que no entramos,porque los lirios florecen en Junio. Un poco más allá, hay un lateral cubierto de linternas blancas, con un símbolo pintado. Te deja estupefacto. Después se pasa por otra puerta similar a la primera, y ya se entra en el recinto del templo, propiamente dicho. El templo es de tipo pagoda, pero muy sencillo. El Sintoísmo es la religión original de Japón y se basa en los principios de la naturaleza. Los espíritus a los que adoran se llaman Kami. No se puede entrar dentro del templo, hay que quedarse fuera. Pero en el patio hay unas piletas para purificarse las manos. Yo volví a lavármelas, como en el templo anterior. Y luego vi que la gente daba palmadas y se inclinaba, cuando llegaba a la parte superior del templo, después de tirar una moneda, como en el anterior, que rebotaba en las barras de hierro. Leí las instrucciones para el rezo: tirar la moneda, inclinarse dos veces, dar dos palmadas, rezar, volver a inclinarse. Vi hacerlo a la gente y de repente tuve el impulso de hacerlo yo también. Hice el rito y me concentré un momento pensando en los espíritus de la naturaleza. Entonces sentí una sensación rara, como si algo me tirara de dentro del cuerpo y me llevara hacia arriba. Me sentí rara y dejé la concentración, me incliné y me fui, mientras Juanjo se reía y me decía que me había pillado inclinándome.

Hay una fila larga de gente frente a la tienda que vende amuletos y flechas! . Enfrente hay un espacio para los matrimonios sintoístas, pero dice en la puerta que ni se entre si no se participa del acto. Nos hemos marchado. Arquitectónicamente, este templo es menos interesante, aunque el espacio que ocupa es realmente grande.

Hemos fue,to a coger el metro para ir a ver el cruce de Shibuya. Es un cruce de calles e el que hay varios pasos de peatones entrecruzándose. Parece ser que cruzan a la vez mil personas cuando se abren los semáforos. Nos han hecho una entrevista un poco absurda en la plaza, con una cámara.

A estas alturas me encuentro un poco cansada. Ya se va a hacer de noche, y decidimos ir hasta el templo que hemos visto esta mañana, el de Senso-Ji, para verlo iluminado. Tenemos que recorrer una línea entera del tren. Como lo hemos cogido al principio de la línea, podemos ir sentados y así descansar un poco.

El templo ya estaba cerrado, pero no el recinto, que estaba todo iluminado, La pagoda de cinco pisos y ele edificio principal iluminados, tienen un encanto especial. Hemos visto las figuras de los demonios guardianes, que esta mañana no distinguíamos, por el reflejo del sol. Son bastante feos. Las,linternas iluminadas, algunas linternas de templos pequeños, etc, dan un encanto especial a la zona. He vuelto a pasear por todo el recinto y decido que en ese sitio me encuentro muy a gusto. Me da mucha tranquilidad.

Vuelta hacia Ueno, nuestro barrio, que no está lejos de ese templo, y nos dirigimos hacia la calle de ls tiendecitas para cenar. Antes he preguntado en todas las farmacias que he encontrado para comprar un colirio para Juanjo, pero en ninguna tienen nada que contenga antibiótico. Nos dicen que vayamos a un médico, pero Juanjo no quiere.

Decidimos ir a cenar a un puesto de la calle que vimos ayer. Algo pasa, porque están cerrando todos los puestos. El que buscamos está casi vacío, me pongo junto a una estufa y pedimos la cena, sashimi de atún y salmón, que nos ponen en rodajas abundantes en un cuenco de arroz, Nos ponen también unas cervezas bien frías y una bandejita de tapa con otras clases de pescado. Tanto en los platos como en la "tapa" nos ponen una buena cantidad de wasabi.

Al acabar, hemos ido por otras callejuelas y hemos visto casas de comida abarrotadas de gente. Lo tenemos en cuenta para otro día. En una, con cinta giratoria en el mostrador, hemos visto un "tiesto" de wasabi enorme que rebosaba, y nos ha dado la risa. Madre mía, con los tobillos de mierdecilla que venden en España...pillas un "tiesto" de estos y flipas.

Nos hemos ido a dormir a continuación. Creo que Juanjo habría cenado algo más, pero yo estoy satisfecha con el plato que hemos comido. Lo que pasa es que Juanjo se cansa de coger arroz con los palillos y no se lo termina.



DIA 87. IMPERIO DEL SOL,NACIENTE: PRIMER CONTACTO

DIA 87

13/ENERO/ 2015 IMPERIO DEL SOL NACIENTE: PRIMER CONTACTO

Nos hemos levantado a las cinco y media. A las seis, el taxi estaba en la puerta, puntual.  Hay una actividad frenética en la calle y me doy cuenta de que no le he hecho una foto a un Jeepney.

Llegamos, a pesar del tráfico, enseguida al aeropuerto, que no está lejos de Makati. Nos ponemos en la larga fila de Japan Airlines, cuyos mostradores aún están sin gente, aunque encendidos. Sigo teniendo en la cabeza la machacona música del Sinulog. El destino anunciado en las pantallas no es, curiosamente, Tokyo, sino Narita, el nombre del aeropuerto de destino, uno de los dos de Tokyo.

Justo tres horas antes de la salida, aparece el personal de JAL, todos juntos e inician los ordenadores. Un poco después, se ponen todos en formación y hacen un saludo. Alguna gente aplaude. Abren muchos mostradores, así que la fila va muy rápido. No sé qué ha pasado con nuestros billetes, que la azafata que estaba haciéndonos el check-in, se ha llevado los pasaportes y ha tardado bastante tiempo en volver. Le he preguntado, pero no me ha explicado nada más que iba a hacer algún ajuste en nuestro billete.

El aeropuerto del que salimos es el doméstico, y ayer llegamos de Cebu por el internacional. Parece que, una vez construido el Internacional, que está nuevo, descubrieron alguna deficiencia con las pistas o algo así, y por eso tienen que utilizar los aeropuertos cambiados. Pero el aeropuerto del que salimos está en obras entero. Hay abierto únicamente un Starbucks en el interior, un par de tiendas de colonias, y hay chocolates y poco más en estanterías en paredes provisionales. Tenía que comprar un par de cositas y buscar una farmacia, porque Juanjo tiene un oído fastidiado, pero no hay nada más.

Desayunamos -carísimo- en el Starbucks y fuimos a comprar unos chocolates para llevar al guía de Kyoto. Parece que se debe llevar un regalo, y no hemos traído nada. Mi compañera Ana me mandó un correo muy extenso con multitud de detalles que nos han venido fenomenal, pero habíamos dejado su lectura detallada para pocos días antes de ir a Japón, porque eran muchas cosas a tener en cuenta.

Los baños de la sala de embarque no tienen agua corriente en las cisternas, y hay que echar cubos o daditos de agua de un depósito de plástico. Además, yo había ido a hace el "número 2", como me preguntó una limpiadora, y tuve que echar cubo y no cacito.

No he podido pasar el limpiamanos porque no es en gel, aunque es un botecito pequeño. Da igual, me costó dos perras en Manila, pero tengo que adquirir otro. Todo lo pendiente de farmacia y tal va a tener que ser en Japón y no sé yo cómo irá la cosa. De momento, le estoy atizando antiinflamatorios a Juanjo, Ya tuvo una otitis otra vez por una inmersión, y piensa que le toca de nuevo. Esperemos que no tenga fiebre, por las medidas del Ébola..

Mientras estábamos esperando, ha aparecido los pilotos. El comandante de la nave se ha presentado. Mientras entraba, daba las gracias  todo el mundo. Ha hecho un pequeño discurso y ha saludado con la clásica reverencia.

En el vuelo nos han dado una comida fantástica, precedida por las tristemente olvidadas en las demás compañías toallitas calientes. Hemos tomado fideos con gambas, un rebozado de arroz, tortilla y fideos de alforfón para empezar. Luego un plato caliente de pollo con repollo y arroz. El detalle impresionate es que las bandejas vienen con una piedra caliente bajo el plato principal. Nos han dado vino, ofrecido té y café, nos han dado una botella de agua, fruta y helado.  

El vuelo ha sido no muy largo y he visto una,peli en español. Juanjo ha tenido la suerte de ver el Fuji, que se ha visto por el lado opuesto, pero él ha alcanzado a verlo.

Hay dos tipos de pantallas: las individuales de los asientes, donde te pones la peli, programa o juego que quieras, y unas en los pasillo, En las maniobras de despegue y aterrizaje, ponen en estas ultimas,la costa desde la cabina.. Y en medio, noticias y documentales. En la pantalla personal puedes ponerte el mapa de ruta, como en otras compañías, pero también la "vista de pájaro" que es la cámara exterior.

Hemos llegado a la hora prevista. Pensábamos que el aeropuerto de a sita, que tiene tanto trajín,mi a a ser un lío, pero es de lo más tranquilo. Llama la atención el,poco ruido que hay. Un guardia -van muy acicalados, con guantes- me escucha comentar a Juanjo que tenemos que buscar un cajero y me indica dinero frotándose los dedos y me dice que en el Hall. Nos reímos.

Los cajeros nos dan dinero sin problemas, aunque el primero daba poco. El CITY Bank, OK, nos da bien de pasta. Hemos comprado billetes para el tren. Hemos escogido el Skyliner que es más caro, pero es muy rápido. Llega en 36 minutos. El otro tarda 73. La precisión es absoluta. Te pones en la marca del anđén donde va a abrirse la puerta del coche que te toca y entras derecho. El silencio es absoluto. Solo hablamos nosotros.

En Ueno, que es donde vamos a quedarnos, seguimos las instrucciones de la página del hotel. Por la calle no se oye ni un ruido. Al llegar nos saludan repetidamente con reverencias y Arigatos y nos dan una habitación que no es tan chica como dicen, tiene hasta sofá y váter eléctrico. Yo ya lo he probado en el aeropuerto. La taza se calienta y salen chorritos de agua que te limpian en tres zonas. En el del aeropuerto hay opción sonido de agua de fondo.

Con el permiso de mi compañera Ana, voy a poner la descripción del váter que me mandó su marido al correo cuando me pasaron la información de Japón:


.......Aquello todo es moderno, sobre todo los waters. En el sur tienen mucho water tipo turco, de esos de un agujero en el suelo, pero también tienen los wc modernos con el chorrito de agua caliente en el ojete, o debajo de los cataplines, luego te secan el culo. Tambíen te calientan el rosco, y te sueltan ambientador para que no huela tu mojón. Algunos tienen hasta música para que la gente que esté cerca no oiga como cae tu truño al agua. Aunque más que música parece una batalla de la guerra de las galaxias xDDD es un puntazo aquello. Algunos levantas la tapa con un botón, y llevan hasta luces de neones, una pasada tío....en cuestión de wc nos llevan años de distancia. Plantar un pino allí es una experiencia inolvidable jajajaja



 En el hotel nos han dejado una especie de kimonos para dormir con cinturón, y zapatillas de cuero. Y eso que es un hotel barato para la media! Los productos del baño son fantásticos, botes grandes de gel y champú de hierbas, color verde intenso y un acondicionador con color de jade.

Una vez instalados salimos a dar una vuelta y a cenar algo. Me impresiona el silencio de la ciudad. No hacen ruido ni los coches, la gente camina en silencio, no escupen, como creía que iban a hacer todo el tiempo, muchos llevan mascarillas...

Hemos pasado por las tiendas y restaurantes de la estación, pero buscamos otra cosa. Finalmente hemos dado con una callecita estrecha plagada de puestecillos de todo tipo. Unos de verduras y fruta, otros de pescado, farmacias, tiendas de ropa...todo mezclado. Y garitos y restaurantes para comer de todo. Hemos dado una vuelta. Nos apetecen mucho los puestos de comida de la calle, pero hace frío.

Finalmente entramos en una casa de comidas, una Izakaya, un sitio corriente con comida apetecible. Las comidas las anuncian o bien con platos de plástico imitando a los que ponen dentro, o con carteles con fotos. Tomamos yakitori, tempura y un cuenco de caldo que nos sirvieron en un quemador a gas, en el que echaron verduras y mariscos. Estaba impresionante. Antes había pedido una tacita de caldo, con un sabor ahumado buenísimo.

Lo hemos regado con cerveza pero al final nos hemos animado a tomar unas copias de sake, tras de lo cual nos hemos ido a dormir como reyes



DIA 86. VUELTA A MANILA

DIA 86

12/ENERO/2015 DE VUELTA A MANILA

Hemos desayunado en el buffett como ayer, pero hemos bajado más tarde. Hay menos gente hoy y menos cosas, pero hemos comido nuestros huevos con salchichas, bacon y pancakes y tostadas francesas. Juanjo sigue sin probar el pescado seco. Me tiene preocupada :((

Hemos vuelto a la habitación a recoger, hecho el check-out y nos hemos quedado en el hall a escribir y seguir consultando. He tenido que resolver on-línea un par de pijadas. Que un hotel de Tokyo no acepta la American Express como aval, que si he tenido que cambiar la tarjeta de PayPal porque la que había estaba caducada...chuminás que pasan viajando,my que me han tenido un rato entretenida.

Hoy está lloviendo, a ratos fuerte. Habíamos comentado ayer que nos está haciendo un tiempo bárbaro, todo el viaje. Hoy, que no tenemos ningún plan especial, excepto ir al aeropuerto, es cuando llueve.

Hemos cogido un taxi para ir al aeropuerto. Pensábamos que nos clavarían, porque está en la isla de Mactán, pero ha sido barato. Nuestro vuelo va con retraso. Habíamos pedido adelantarlo. Nos dijeron que si iba con retraso, si, si no, no. Pero, cuando ya parecía que todo estaba OK y han abierto el check-in, hemos facturado y justo entonces han anunciado el retraso. Cagonlá.   Una hora, nada menos. Pensamos que han cancelado el anterior, además.

Para más guasa, la maleta que hemos tenido que facturar ha tardado en salir la intemerata y, además, para coger taxis había una fila eterna. Para salvarla, nos pedían que pagáramos por un taxi diferente 10 veces más de lo normal, pero no nos hemos dejado liar.

Ya que estábamos esperando, he preguntado a uno de los encargados de los taxis si podían recogernos mañana en el hotel. Hemos acordado la recogida con el conductor que nos lleva.

Hemos llegado a eso de las diez y media al hotel  Lorenzzo Suites y recuperado nuestro equipaje. Nos hemos puesto a rehacer la maleta para dejar a mano la ropa de invierno y guardar la de verano. Hemos aprovechado para tirar alguna cosa: una camisa, camiseta, zapatos rotos...mientras, en la recepción nos pedían unas hamburguesas en un "delivery".




Nos han traído cuatro hamburguesas pequeñas -no había grandes y había que consumir un mínimo para la entrega, y Coca-Cola no queríamos-. Hemos disfrutado de una ducha templada y nos hemos ido a dormir. Tengo metida en la cabeza la musiquita del Sinulog todo el día.

DIA 85. CEBU DE PISCINA

DIA 86

11/ENERO/2015 CEBU DE PISCINA

Hoy toca desayuno buffett. Como en todos los buffett de los hoteles buenos, hay abundancia de platos, incluyendo pescado seco. Quede aquí constancia de que Juanjo no ha querido probarlo, y eso que siempre lo odie de tapa en España. Hay platos de pescado, de carne, arroz, fruta no mucha, algo de ensalada, salchichas y chorizo, huevos de varias maneras, bacon a espuertas, tostadas francesas, pancakes, bollería...A nuestro lado hay una máquina de comer que come con palillos, pero ni se sabe las veces que se ha rellenado el plato de huevos, salchichas, chorizo...nosotros nos hemos puesto moraditos y luego hemos ido a ponernos los bañadores para ir a la piscina, que está en el piso 7. No hace calor, pero nos hemos bañado. Hemos llevado libros y cacharritos y aprovechado para estudiar itinerarios en Tokyo, que no es nada fácil en dos días.

Parecía que ponían cerveza de grifo en vasos fríos, y Juanjo ha ido a pedir dos, pero ha vuelto todo cabreado, porque lo que parecían jarras frías, era plástico con disfraz de vaso frío, la cerveza era un botellín vertido en ellas y le han cobrado una pasta. En la piscina están poniendo una música que son exclusivamente dos canciones que se repiten sin cesar y nos tienen la cabeza loca. Una dice Cebu, Cebu y otra UUU Sinulog y así todo el rato. Creo que son las canciones de la fiesta. 

Hoy tenemos maldita la gana de comer, con tanto desayuno. Después de la piscina hemos estado un rato en la habitación y luego hemos ido al centro comercial de nuevo a tomar cervecita fría en la pizzería y al chino de siempre. Yo he pedido un plato de carne que pensaba que iba a ser muy grande y luego era muy chico. Juanjo, después de acabar su calamar, ha pedido un plato de fideos que no se ha podido terminar. Yo he tomado un postre de plátanos metidos en un rollito, con salsa tipo caramelo por encima.pero el plátano estaba algo duro. Habría ayudado a Juanjo con los fideos, pero han traído primero el postre. Aquí, eso si, en todos los restaurantes, traen los platos sin ningún orden. Es inútil pedir uno primero para compartir porque lo traen todo junto o al revés. Juanjo se ríe de mi porque pido primero tal para compartir y como palto principal este otro, porque da lo mismo. Esta vez, que hemos pedido los fideos y el postre, nos han puesto el postre en medio y luego han traído los fideos. En fin. Como dice Juanjo, no nos enteramos hasta que vamos a marcharnos. El caso es que luego Juanjo, que al final se ha puesto tibio, ha dormido mal con tanta comida, según dice. Yo había comido ligero, así que nada. OK. 

Me dice Juanjo que si me doy cuenta de que estamos acorralados y atascados como Magallanes. Espero que acabemos mejor, al menos.



DIA 84 CAMBIO DE HOTEL

DIA 84

10/ENERO/2015 CAMBIO DE HOTEL

Hoy está nublado, parece que el cielo no va aclararse. Hoy vamos a desayunar a una cafetería de Pancakes. No recuerdo yo que ayer pasáramos un control para entrar en el centro comercial, pero hoy había un poli que nos ha preguntado donde íbamos, hemos dicho que a desayunar, nos ha mirado por si llevábamos algo, y hemos pasado a comernos unos pancakes y tostada francesa.

Luego hemos seguido mirando cosas y escribiendo en los aparatillos, aprovechando que tenemos Internet y poco que hacer. Hemos bajado un rato al hall. Hay unas Biblias de distintos países, pero no de las que nos interesan,

A eso de las doce nos acercamos al nuevo hotel, que se llama Quest y está muy cerca. Aunque el check-in es a las 3, nos han dado la habitación nada más llegar. No tenemos ganas de ir a la piscina, porque no hace calor y en la habitación se está bien, así que aprovechamos la tarde para seguir estudiando las siguientes jugadas. Antes fuimos a comer algo y nos hemos tomado unos helados de chocolate picante en una heladería italiana.

Pasamos el resto del día leyendo y mirando cosas de Japón. Me ha escrito un japonés de Kyoto que es un guía gratuito al que se accede por una página de Internet que me ha pasado mi compañera Ana, que estuvo en Japón este verano. Hemos quedado con él en día y hora, pero falta mandarle el hotel al que irá a buscarnos.

Por la noche fuimos a cenar al "chino" y antes tomamos cervecitas frías en la pizzería.

Como hoy no tengo mucho que contar, voy a relatar cosas de los filipinos.

Lo del idioma: eso es bastante divertido. Yo pensaba que todo el mundo hablaba inglés, lo que no es cierto, y que mucha gente hablaba español, que tampoco. Pero lo gracioso es el revoltijo cuando hablan Tagalo, que está mezclado con el español. Por ejemplo: Número se dice tal cual, y las cifras se dicen en español. Juanjo preguntó a una señora en el puerto a qué hora sale el barco y le dijo en español: A las seis. Cuando decimos los números en español, la gente se sorprende y se ríe. Me preguntó Amy por este asunto y se lo estuve explicando. Otra cosa graciosa es que a veces, cuando ves algo escrito, puede haber palabras escritas en español correctamente, o cambiada la forma de escribirlas pero que, al leerlas, te sale la palabra en español. Recuerdo por ejemplo: Pasahero, pero hay muchas más que les pasa eso.
En cambio, el inglés que hablan no lo entiendo bien. Entiendo bien el inglés de la India, por ejemplo, pero el hablado en Filipinas suena raro por lo general.
El Tagalo parece tener pocas consonantes y muchas A. Los nombres y apellidos son casi todos españoles.

La información: por lo que he relatado, puede observarse que no existe. Pensamos que la gente habla de oídas, que por lo general no salen de su pueblo y, aunque estés en un hotel, no tienen nada claro lo que preguntas, aunque sean cosas habituales en un turista, como dónde está la oficina de información o cómo se va de un sitio a otro. Juanjo dice que su mundo es donde llegan en bici a diario, pero no se ocupan de ver ni siquiera qué pasa donde llegan. Ni lo saben ni les importa. Lo de Donsol con Pilar fue especialmente llamativo. Hay veinte minutos en triciclo, o sea, hay muy pocos km. En cambio, el chico del hotel no sabia claramente qué tipo de barcos salen de allí, y es un puerto muy pequeño, más pequeño que una terminal de autobuses de las de aquí. Con que te asomes al puerto por curiosidad lo ves. Pero no sabían decirnos. Además, da igual que lleves La Biblia, porque los súbitos cambios en los transportes no los contempla ni la Lonely Planet, que no es nada concreta para Filipinas, a diferencia de otros sitios, pero quizá no pueda serlo, dadas las circunstancias. Un amigo de Juanjo estuvo aquí un mes hace años y le encantó. Juanjo se pregunta cómo pudo llegar a algún sitio. Supongo que vendría con tiempo. Aquí una semana es tontería, pero no lo hemos sabido hasta padecerlo.
A mi lo más raro que me pasó fue en la India, donde tuve que convencer a un tipo que vendía billetes de tren que existía un tren, que pasaba por ese sitio y que llegaba a otro, que el tipo no sabia cual era, porque  era otro estado.  Todo esto me llevó cerca de una hora. Finalmente compré billetes de tren y ya me apañé para llegar a donde quería, porque tenía la información de la Guía. Pero, sin ir tan lejos, en Noruega nos pasábamos la vida preguntando a un chico por los horarios de un barco y no había manera de que lo supiera. Finalmente, era él quien vendía los billetes. No nos lo podíamos creer!.

La comida. Juanjo está empeñado en que todos los restaurantes son chinos, pero no es verdad. Lo que pasa es que la comida de esta zona es muy parecida. Pero hay platos en español, como Baka Kaldereta, que es un estofado como el nuestro. Hojaldre, Galleta de Huevo, Rosquillos, estaban en una caja de dulces del aeropuerto de Cebu. Calamares son calamares a la romana. Los platos no vienen con arroz por narices, a menos que lo especifique, pero la parte proteínica no es mucha, así que conviene pedir algo de relleno, arroz o fideos. Nosotros no lo hacíamos, pero no acababas muy lleno. El arroz hervido lo sirven sin tino, repitiendo las veces que sea necesario. En el "chino" donde hemos comido estos días la mayor parte de las veces, el arroz es gratis para los niños que midan menos de medio metro. Tienen un gran recipiente enchufado que contiene el arroz hervido. Los camareros van constantemente a rellenar los cuencos de la gente que está comiendo.
La comida tiene casi siempre un leve sabor dulce, aunque sin exagerar. Yo la encuentro buena, aunque Juanjo un día iba desesperadito por tomarse un filete. El marisco es fresco, y las comidas no son grasas.

Los filipinos  Aparte de su desinterés por lo que les rodea, son gente menuda, de rasgos finos, aunque no tanto como vietnamitas, de cuerpo muy menudo, poca gente gorda, a pesar de las pechás de arroz que se meten, sonrientes, amables. Escupen, pero no mucho y siempre en algún tiesto o así, nunca en la calle. Casi nunca intentan engañarte. Solo hemos tenido un episodio de polémica con un taxista. Los demás han cobrado lo que marcaba el taxímetro. Todo el personal del hotel en el que estamos nos saluda poniéndose una mano en el corazón. No había visto este gesto antes en Filipinas, o no me he dado cuenta. Juanjo pensaba si podía ser un hotel musulmán, pero hay misas en el hotel el Domingo, así que no creo. Hablando de eso, son gente religiosa, de los que, cuando hablas con ellos, acaban preguntándote cual es tu religión. Con los turistas dan en callo, porque casi todos les respondemos que pasamos de ese tema. Las islas del Norte están dominadas por el catolicismo, pero hay en el sur una zona musulmana, que abarca parte de Palawang y las islas más al sur. Hace pocos años hubo un atentado islamista y hundieron el Ferry de Cebu a Manila, el que no vamos a coger. Los católicos parecen fanáticos, así que supongo que los musulmanes serán la pera. En el Museo de Manila había una parte importante dedicada a la religión musulmana.