DÍA 48
5/DICIEMBRE/2014 ISLA DEL SUR. TE WAI POUNAMU
Me despierto muy temprano y voy al baño antes de que haya fila. No se mueve nadie aún, Con el trajín, consigo que se despierte Juanjo. Hoy tenemos mucho camino. Hemos tomado algo de desayuno, pero paramos a tomar un café en un supermercado.
Yo quería aprovechar para ver algo de los Marlborough Sounds, que nos pillan de camino pero, con el trajín de anoche, ya hemos dejado atrás una de las carreteras para verlos. Hay en mi biblioteca muchas referencias al PN Abel Tasman, que está al norte, pero le digo a Juanjo que mejor no vamos porque esta muy lejos. Él opina que vayamos ya que, total, así lo conozco.
Empezamos a recorrer carreteras con el GPS (el tontón) y parece que conoce los sitios donde vamos. Recorremos praderas y valles con montañas a ambos lados, con mucha vegetación. En un tramo, a nuestra derecha tenemos el mar y, a la izquierda, una colina baja redondeada que recorre toda la costa. De repente Juanjo se da cuenta de que no es una colina, sino que el viento ha dado forma a los árboles dándoles aspecto de colina, pero dentro es un bosque muy espeso.
Vemos algunos Lagos y muchos ríos. En un lago he visto unos cisnes negros, pero están lejos. Juanjo me pregunta si veremos más y le digo que seguro que sí.
Paramos en algunos puntos altos a hacer unas fotos, porque los valles son preciosos. En uno de los miradores vemos una preciosa bahia plagada de islas. Es uno de los fiordos. Bajamos hacia esa zona, la bahía de Okiwi. Es una cala divina, muy tranquila, con algunas casas. Paramos a dar un paseo por la playa. Cruzo un puente de madera sobre un río de aguas cristalinas y llego al final de la playa. Volviendo al puente, veo un sendero por el que entro un momento y camino unos cuantos metros. Pero escucho a Juanjo llamándome y acabo saliendo, porque no para de llamar.
Le riño al salir:
- Tienes que dejarme que vea un poco el bosque por dentro, que es una de las cosas fantásticas que se hacen aquí, porque los senderos están muy cuidados. No seas plasta y déjame un poco que vea lo que hay.
Continuamos la carretera, retrocediendo un poco para ir hacia Nelson, que es una ciudad costera muy concurrida, con aspecto de lugar de vacaciones, con unas bahías muy bonitas Pero seguimos el camino sin pararnos en dirección a Abel Tasman.
En un alto volvimos a parar. Hay un sendero que nos acerca a un mirador. A la entrada del sendero hay un baño limpio con papel higiénico. Eso es común en todos los senderos. Siempre hay baños limpios con papel, y están cuidados, son seguros y están bien señalizados, con información de todo lo que ves, fauna y flora.
El sendero por el que entramos está rodeado de dolinas en rocas negras. En uno de los letreros se explica la acción del agua sobre la piedra y, en otro, la leyenda Maorí que explica esa formación. Se trata de un monstruo con forma de lagarto que capturaba a gente. Pero una chica muy lista logro escapar y apresarlo. Lo quemaron en una hoguera y esas piedras son los restos abrasados del monstruo.
El mirador da a un valle y a una de las bahías de la zona de Nelson. Al otro lado de la carretera parece que hay unas cuevas kárate as, pero no tenemos tiempo de pararnos a verlas. Continuamos hacia Abel Tasman y la Golden Bay. Rodeamos el parque, porque no se puede ir con coche excepto por unos caminos de grava, y llegamos a la Golden Bay, que es una bahia muy grande que acaba en el cabo Farewell, donde no vamos a ir ni pocos porque está bastante lejos. La bahía es bonita, rodeada de grandes rocas, Hay que pasar por un túnel horadado en una de ellas. Recorrimos el camino en dirección a la zona norte de Abel Tasman hasta donde pudimos pasar, porque un letrero advierte de que no recomiendan la entrada a caravanas. Yo quería llegar a alguno de los dos caminos que se adentran en el parque pero a la vista del camino,médico Juanjo que ni hablar.
Comimos en una mesa de picnic junto a la playa. El sitio me parece bonito, pero sigo pensando que no merecía la pena ir tan lejos. Juanjo dice que, efectivamente, no hay demasiado que ver para tan poco tiempo.
Yo había pensado acercarnos a St. Arnaud, que es (o era) un pueblo tranquilo junto a un lago bonito, el Rotoiki, pero con el desvío a Tasman no nos da tiempo. Paramos a llenar el depósito y compramos unos helados Magnum de miel muy ricos
En un punto del camino, se mosqueó Juanjo un poco porque salía un camión marcha atrás y parecía que se nos iba a echar encima. En el asiento de la izquierda iba un niño como de trece años.
- ¿Estará haciendo prácticas? - dice Juanjo
- Anda, que estás tú bueno -le digo- Como los sorianos...
- Es verdad -me dice
Esto es una anécdota de unos amigos de Soria que estaban de vacaciones por Cabo de Gata. En un mirador de aquella zona, encontraron a una pareja mayor de ingleses. El hombre era ciego. La mujer le explicaba lo que veía, y Ana le decía a Vicente lo que la mujer estaba contando. La pareja salió antes que ellos, y la carretera es estrecha y con bastantes curvas. Vicente, que iba conduciendo, se puso con el coche detrás de los ingleses, que iban bastante despacio en SU COCHE inglés . Le comentó Vicente a Ana que iba a adelantarlos. Ana, sin darse cuenta le dijo:
- Vale, pero ten cuidado, que va conduciendo el ciego
Cada vez que nos lo contaban, o cada vez que me acuerdo, me parto. Pues a Juanjo le ha pasado lo mismo con El Niño, que iba de copiloto, como es lógico en este país, a la izquierda.
El tontón nos lleva a Greymouth, ahorrándonos bastantes kilómetros, aunque nos perdemos parte de la costa noroeste. No hay muchos supermercados por el camino, solo en los pueblos grandes, así que en Greymouth paramos a aprovisionarnos. Hay varios campings en la zona. Elegimos uno que está en dirección al Sur, en las afueras de la ciudad. Es un Holiday Park, que son mejores. Tiene un spa. Yo aprovecho para darme un baño de burbujas para relajar los músculos después de tanta carretera, Juanjo solo quiere una ducha y descansar. En el Camp hay Wifi, así que aprovechamos para mandar whats y ver el correo. Los baños están bien y nos damos unas duchas calentitas.
La cocina está superlimpia, pero no hay de nada. Siempre supongo que donde haya cocina comunitaria habrá sal y azúcar, pero en esta no hay nada en absoluto. Hay que fastidiarse, le comento a Juanjo, que en los sitios cutres tienes de todo y en estos tan finos no haya de nada. Tan no hay de nada, que nos llevamos nuestros platos, cubiertos y vasos, porque la cocina está a dos velas. Hay tres cocinas y solo funcionan dos y mal. He comprado hamburguesas porque me ha parecido la carne buena y barata, y las tomamos con ensalada de tomate y patatas de bolsa. Menos mal que había birlado unos paquetitos de sal del camping cutre, porque nos habríamos tomado las hamburguesas sosas.
Nos juntamos a cenar con una pareja de belgas que están viviendo un tiempo en Australia,my un alemán. Pero en cuanto cenamos nos vamos a dormir, que hemos hecho un montón de kilometros y estamos fritos.
sábado, 13 de diciembre de 2014
DIA 47, CRUZANDO AL SUR
DÍA 47
4/DICIEMBRE/2014 CRUZANDO AL SUR
El camping donde nos quedamos tiene aspecto cutre pero, después de entrar en el baño, veo que es muy sencillo pero que tiene de todo y agua caliente, así que vuelvo a la fragoneta a por las cosas para ducharme. Vuelvo,mi formando a Juanjo que la ducha está estupenda, que tiene ganchos para la ropa, banco para sentarte y agua hirviendo abundante, secador automático, y que hay una capilla al aire libre, parque infantil...hay cábalas, lugar de acampada, etc.
Algo mas repuestos, desayunamos un café. Se me he olvidado comprar azúcar, pero en estos sitios siempre hay de todo. La gente deja cosas y azúcar y sal siempre hay, y muchas veces aceite, té, condimentos...así que tomamos un café, de los de tipo capuccino que venden para añadirles solo agua caliente, cereales con yogur y fruta.
He comprado cereales porque me parece práctico para desayunar si estamos en un sitio sin cocina. Llevo sopas de sobre individuales porque, si hace frío, una sopita entona. De todas formas, en la caravana llevamos cocina a gas, por si hace falta calentar algo, así que, aunque no vayamos a sitios con cocina, podemos prepararnos un café o una sopa.
Tras la buena dormida, ya que la cama no es incómoda,, seguimos camino a Wellington. Vuelvo por enésima vez a intentar encender el GPS, a ver qué pasa y casi me caigo del susto. De repente, se pone a funcionar y encuentra los satélites. Juro que no he hecho nada diferente a ayer. Parece que con eso, Juanjo se queda más tranquilo, pero me dice que a partir de ahora va a buscar sitio para dormir a las cinco de la tarde porque no quiere jaleos.
Por una carretera estrecha, llegamos a Wellington. En Interislander compramos los pasajes, pero me dicen que hasta las seis de la tarde no podemos salir. Juanjo estaba esperando en la caravana porque no había sitio para aparcar y fui a decírselo:
- Me parece que no te va a gustar, pero no podemos salir hasta las seis y media, así que llegaremos a las nueve y media
- Bueno, pues píllalo - y me dijo que preguntara varias cosas más.
Fui a comprar el billete, pregunté un chorro de cosas, salía y volvía para preguntar algo más, aunque la chica que atendía me contestaba pacientemente, y al final se me olvidó preguntar una de las cosas que me había encargado Juanjo, que era que si había otros ferrys, porque algunos letreros de la carretera, así lo parecían. La verdad es que yo esa información la había consultado anteriormente en Internet varias veces y siempre me salía el Interislander. Incluso en la oficina de turismo de Auckland me remitieron a esa compañía. Y además, me daba algo de apuro preguntar en una compañía si había otras, así que se me olvido, aunque no lo hice a propósito.
Fuimos al centro de la ciudad a ver qué tal. Tiene fama de "cool" y de elaborar cerveza artesana, que pensamos probar. Dimos un paseo por el centro Hemos visto el centro cívico, que contiene muchos edificios como biblioteca, museo, etc., las calles centrales, una peatonal y luego decidimos llevar el coche a Interislander y volver andando, porque el paseo no es muy largo y así nos evitamos parkings y papelitos de calle.
Busco en la información que tengo los posibles alojamientos para la noche en Picton. Juanjo se acaba de caer del guindo de que llegaremos tarde
- Pero si te lo he dicho antes de sacar el billete, que no te iba a gustar - le digo asombrada - Pues no me había enterado - me contesta fastidiado
En fin, dimos una vuelta, pasando por la estación de tren donde hay baños y, siguiendo las reglas del viajero, aprovechó la situación. Hace calor y apetece una cerveza. Así que le digo a Juanjo cuando pasamos por una cervecería artesana que si entramos a tomar una y OJO! Me ha dicho que NO!. Que conste esto en los anales de la historia. Juanjo no ha querido tomarse una cerveza. No salgo de mi asombro, pero buscamos algún sitio para comer que sea normalito.
Hemos llegado a un sitio que se llama Mercado del Almuerzo. Es una plazoleta cubierta con mesas pequeñas y muchos puestos alrededor de comida de distintos sitios, casi toda asiática: India, coreana, vietnamita...pedimos un guiso de cerdo vietnamita. En estos sitios no hay cerveza, así que lo tomamos a palo seco, porque los refrescos no nos molan nada. Pensamos tomar una cerveza después,muero no se nos pone a tiro ninguna cervecería. Tras la comida, a mi lo que me apetece es un café de verdad, y entramos en una cafetería donde tomamos un café y mucha agua.
Luego hemos pasado por bastantes cervecerías, pero ya no es momento, así que le recrimino a Juanjo todo el camino que, como no ha querido tomarse una cerveza en la ciudad más cervecera, ahora se chincha.
Pasamos por la calle peatonal, intentamos conectar los teléfonos a Internet en un puesto de calle, sin conseguirlo, y se pone a llover. Aprovechamos para entrar en un supermercado a comprar algo para cenar en el barco, y luego paso por la estación a hacer de nuevo uso de los baños. Están reforzando el techo para prevenir en caso de terremotos.
En Interislander encuentro unos folletos de camping que están bien, y más información de sitios que vamos a visitar. Juanjo está horrorizado de tanto folleto, pero me hace falta.
Embarcamos el coche y nosotros vamos a los sillones, a leer, escribir, etc. Como salimos tarde, vemos regular los Marlborough Sounds de la isla del Sur, que son la atracción del barco. Hay buffett y cafetería en el barco, pero cenamos lo que llevamos. Hay mesas de comedor para cenar lo que quieras.
Atracamos, montamos en el coche y, antes de salir del barco pongo la dirección de un camping de Picton. El GPS me dice que no hay señal de satélite y que si estoy dentro de. Un edificio. Como estamos dentro del barco, no me preocupo pero, al salir, vuelvo a encenderlo y dice lo mismo. Juanjo se pone nervioso, y tira en dirección a Nelson, aunque el camping está en el,puro centro y habría sido facilísimo preguntar. Es de noche cerrado y parece que le va a dar algo. Menos mal que, por casualidad, vimos que una caravana se metía por un camino que resultó ser uno de los camping gratuitos del DOC, Departamento de Conservación. Allí aparcamos y preparamos para dormir.
4/DICIEMBRE/2014 CRUZANDO AL SUR
El camping donde nos quedamos tiene aspecto cutre pero, después de entrar en el baño, veo que es muy sencillo pero que tiene de todo y agua caliente, así que vuelvo a la fragoneta a por las cosas para ducharme. Vuelvo,mi formando a Juanjo que la ducha está estupenda, que tiene ganchos para la ropa, banco para sentarte y agua hirviendo abundante, secador automático, y que hay una capilla al aire libre, parque infantil...hay cábalas, lugar de acampada, etc.
Algo mas repuestos, desayunamos un café. Se me he olvidado comprar azúcar, pero en estos sitios siempre hay de todo. La gente deja cosas y azúcar y sal siempre hay, y muchas veces aceite, té, condimentos...así que tomamos un café, de los de tipo capuccino que venden para añadirles solo agua caliente, cereales con yogur y fruta.
He comprado cereales porque me parece práctico para desayunar si estamos en un sitio sin cocina. Llevo sopas de sobre individuales porque, si hace frío, una sopita entona. De todas formas, en la caravana llevamos cocina a gas, por si hace falta calentar algo, así que, aunque no vayamos a sitios con cocina, podemos prepararnos un café o una sopa.
Tras la buena dormida, ya que la cama no es incómoda,, seguimos camino a Wellington. Vuelvo por enésima vez a intentar encender el GPS, a ver qué pasa y casi me caigo del susto. De repente, se pone a funcionar y encuentra los satélites. Juro que no he hecho nada diferente a ayer. Parece que con eso, Juanjo se queda más tranquilo, pero me dice que a partir de ahora va a buscar sitio para dormir a las cinco de la tarde porque no quiere jaleos.
Por una carretera estrecha, llegamos a Wellington. En Interislander compramos los pasajes, pero me dicen que hasta las seis de la tarde no podemos salir. Juanjo estaba esperando en la caravana porque no había sitio para aparcar y fui a decírselo:
- Me parece que no te va a gustar, pero no podemos salir hasta las seis y media, así que llegaremos a las nueve y media
- Bueno, pues píllalo - y me dijo que preguntara varias cosas más.
Fui a comprar el billete, pregunté un chorro de cosas, salía y volvía para preguntar algo más, aunque la chica que atendía me contestaba pacientemente, y al final se me olvidó preguntar una de las cosas que me había encargado Juanjo, que era que si había otros ferrys, porque algunos letreros de la carretera, así lo parecían. La verdad es que yo esa información la había consultado anteriormente en Internet varias veces y siempre me salía el Interislander. Incluso en la oficina de turismo de Auckland me remitieron a esa compañía. Y además, me daba algo de apuro preguntar en una compañía si había otras, así que se me olvido, aunque no lo hice a propósito.
Fuimos al centro de la ciudad a ver qué tal. Tiene fama de "cool" y de elaborar cerveza artesana, que pensamos probar. Dimos un paseo por el centro Hemos visto el centro cívico, que contiene muchos edificios como biblioteca, museo, etc., las calles centrales, una peatonal y luego decidimos llevar el coche a Interislander y volver andando, porque el paseo no es muy largo y así nos evitamos parkings y papelitos de calle.
Busco en la información que tengo los posibles alojamientos para la noche en Picton. Juanjo se acaba de caer del guindo de que llegaremos tarde
- Pero si te lo he dicho antes de sacar el billete, que no te iba a gustar - le digo asombrada - Pues no me había enterado - me contesta fastidiado
En fin, dimos una vuelta, pasando por la estación de tren donde hay baños y, siguiendo las reglas del viajero, aprovechó la situación. Hace calor y apetece una cerveza. Así que le digo a Juanjo cuando pasamos por una cervecería artesana que si entramos a tomar una y OJO! Me ha dicho que NO!. Que conste esto en los anales de la historia. Juanjo no ha querido tomarse una cerveza. No salgo de mi asombro, pero buscamos algún sitio para comer que sea normalito.
Hemos llegado a un sitio que se llama Mercado del Almuerzo. Es una plazoleta cubierta con mesas pequeñas y muchos puestos alrededor de comida de distintos sitios, casi toda asiática: India, coreana, vietnamita...pedimos un guiso de cerdo vietnamita. En estos sitios no hay cerveza, así que lo tomamos a palo seco, porque los refrescos no nos molan nada. Pensamos tomar una cerveza después,muero no se nos pone a tiro ninguna cervecería. Tras la comida, a mi lo que me apetece es un café de verdad, y entramos en una cafetería donde tomamos un café y mucha agua.
Luego hemos pasado por bastantes cervecerías, pero ya no es momento, así que le recrimino a Juanjo todo el camino que, como no ha querido tomarse una cerveza en la ciudad más cervecera, ahora se chincha.
Pasamos por la calle peatonal, intentamos conectar los teléfonos a Internet en un puesto de calle, sin conseguirlo, y se pone a llover. Aprovechamos para entrar en un supermercado a comprar algo para cenar en el barco, y luego paso por la estación a hacer de nuevo uso de los baños. Están reforzando el techo para prevenir en caso de terremotos.
En Interislander encuentro unos folletos de camping que están bien, y más información de sitios que vamos a visitar. Juanjo está horrorizado de tanto folleto, pero me hace falta.
Embarcamos el coche y nosotros vamos a los sillones, a leer, escribir, etc. Como salimos tarde, vemos regular los Marlborough Sounds de la isla del Sur, que son la atracción del barco. Hay buffett y cafetería en el barco, pero cenamos lo que llevamos. Hay mesas de comedor para cenar lo que quieras.
Atracamos, montamos en el coche y, antes de salir del barco pongo la dirección de un camping de Picton. El GPS me dice que no hay señal de satélite y que si estoy dentro de. Un edificio. Como estamos dentro del barco, no me preocupo pero, al salir, vuelvo a encenderlo y dice lo mismo. Juanjo se pone nervioso, y tira en dirección a Nelson, aunque el camping está en el,puro centro y habría sido facilísimo preguntar. Es de noche cerrado y parece que le va a dar algo. Menos mal que, por casualidad, vimos que una caravana se metía por un camino que resultó ser uno de los camping gratuitos del DOC, Departamento de Conservación. Allí aparcamos y preparamos para dormir.
DIA 46 . EN COCHE....Y A LO LOCO
DÍA 46
3/DICIEMBRE/ 2014 EN. COCHE....Y A LO LOCO
Nos preparamos para pasar bastantes días de camping. Como no habrá mucho espacio, dejo en mochilas pequeñas todo lo que pueda hacer falta, para dejar la maleta cerrada y no tener que abrirla.
Hemos dormido mal, por el cambio de horario. Yo me desperté a eso de las 4 y Juanjo, algo mas tarde. Fui a la ducha antes de que se levantará el resto de la gente para ducharme tranquila, lavarme el pelo, darme cremitas...no sé si tendré otra ocasión pronto.
Después de desayunar, dejamos en el salón de la chimenea las maletas y nos fuimos andando a la oficina de Jucy, donde tenemos reservado el coche. Hace un bonito día, y yo iba tan contenta, pensando en que podíamos ir unos días a nuestro aire, tan tranquilos, aunque el recorrido nos va. A llevar muchas horas de carretera, pero no hay tiempo de más. Juanjo va algo inquieto, porque se conduce por la izquierda y el coche es automático. Ya ha conducido mas veces coches de esos, pero no está acostumbrado.
En la oficina nos atiende una chica con muchas prisas. Nos sale mas caro de lo que pensábamos, por el seguro. Y prácticamente nos obligan a que hagamos una traducción "oficial" del carnet de conducir clavándonos por ello 50 dólares. La traducción "oficial" consiste en copiar mal los datos del anverso del carnet. Muy moscas, nos explican mas o menos, y muy deprisa lo que contiene el coche. Teóricamente nos iban a dar mapas y listado de campings, pero nos dicen que cojamos los folletos que nos parezcan bien. Yo cojo un montón de ellos, porque no llevamos guía y no sé lo que me puede hacer falta. Y ni pensar en conexiones a Internet. En Nueva Zelanda se paga toda la conexión, excepto en algunos alojamientos, que te la dan gratis, en algunos puestos de calle con mucha publicidad, y en algunos bares si tomas algo.
En fin. Salimos hacia el hotel a recoger las cosas y emprendemos el camino. Juanjo sale un poco acelerado y cuando consigo poner en marcha el GPS resulta que no coge señal de satélite. Le digo que volvamos a la oficina, pero no sabemos como hacerlo. Finalmente, salimos a la autovía, y encontramos tras dar muchas vueltas, un letrero que marca la carretera al sur.
Juanjo va agobiado perdido. Yo intento ayudar con el mapa, y encontramos sin mas problemas el camino a Wellington. Pero procuro no decir ni pío porque, cuando Juanjo va así, más vale estar calladito porque todo le fastidia.
En realidad, para llegar al sur no hace falta GPS, solo para las ciudades, y en Picton hay oficina de Jucy, así que podemos decirles que nos lo cambien.
Bueno, la ruta que seguimos va al sur, por Taupo, y después a Wellington. Hemos parado en un supermercado de Taupo para comprar algo para comer ahora. Comemos en una zona de picnic. Por toda la carretera, que está muy bien señalizada, indican con mucho tiempo las zonas de picnic y si tienen baño. También indican las zonas de camping para tiendas de campaña, caravanas autónomas, caravanas como lo que llevamos, que tiene cama, cocina, fregadero y nevera, pero necesitamos retrete. Así que no podemos hacer acampada libre, sino parar de noche en zonas con retrete, al menos.
Vemos, el monte Ruapehu, con forma cónica de volcán y aislado, pero próximo a otras dos montañas cubiertas de nieve, las montañas del Tongariro.
Pasamos por el río Waikatu, y vemos fumarolas saliendo del suelo, en las laderas. Hay muchas plantas geotérmicas. Al principio me preguntaba cómo salía tanto humo blanco de las chimeneas, pero luego me di cuenta de que estábamos en medio de una zona volcánica. Como contraste, he leído que el río es especialmente frío. Hay piscinas termales, con sombrillas, y los letreros señalan los cráteres de la luna y unas cascadas. Espero que podamos ir a la vuelta. Recuerdo que ese parque volcánico me gustó mucho la vez anterior.
El paisaje que vemos hasta ahora son praderas muy verdes y "jugosas" con colinas de contornos suaves, cubiertas de ovejas merinas, unas con flequillo y culos forros, prácticamente redondas,my otras flacas, ya esquiladas. Hay también vacas y vemos unos animales cubiertos de lana, pero con cuellos largos que no tenemos ni idea de qué son. No son llamas, no son guanacos, no son vicuñas, son bastante raros, quizá sean alpacas?. Solemos verlos solos, junto a las casa, y tumbados en la hierba.
Pasamos junto al PN Tongariro, donde vemos las montañas con nieve del Tongariro y el Ruapehu, y cambia el paisaje drásticamente, pasando a ser una estepa con matojos. Es rarísimo el cambio. No hemos subido puertos apreciables.
Después de pasar el contorno del Parque, volvemos a la vegetación. Juanjo va bastante cansado y bajamos en un pueblo a estirar las piernas. Es un pueblo de cazadores, que se llama Hunterville. En la entrada hay un lugar de acampada gratis, junto a un río. Le digo a Juanjo que si esta cansado, nos quedamos allí, que el camino es muy largo y no tenemos obligación de llegar a Wellington hoy, pero solo son las cinco y media y prefiere seguir.
Cuando pensamos en ir buscando sitio para dormir, revisamos el coche, para saber qué contiene, y compramos cosas en un supermercado grande, pensando en la cena y el desayuno de mañana. Luego nos ponemos a buscar campings. Hemos pasado por tantos, que pensamos que no hay problema pero, justo, cuando queremos encontrar uno, no aparece, y se esta haciendo de noche y no sabemos como se monta la cama y demás. Tras dar muchas vueltas, conseguimos llegar a un sitio en Otaki, que se llama Bridge Camp, donde hay sitio para acampar, cocina y duchas. Pero no encontramos a nadie que nos autorice a quedarnos. Unos tipos que estaban en la cocina nos mandan a la casa principal,muero allí no había nadie. Finalmente, llamo a una cabaña que tiene la luz encendida, y un señor llama por teléfono al dueño, que vendrá en unos minutos.
Llega el hombre, muy amable, se presenta y nos enseña donde están los baños, la cocina...la verdad es que estamos muy cansados, por la falta de sueño y Juanjo por la paliza de coche. Hemos hecho la cama como hemos podido y, después de cenar en el comedor, nos fuimos a dormir.
3/DICIEMBRE/ 2014 EN. COCHE....Y A LO LOCO
Nos preparamos para pasar bastantes días de camping. Como no habrá mucho espacio, dejo en mochilas pequeñas todo lo que pueda hacer falta, para dejar la maleta cerrada y no tener que abrirla.
Hemos dormido mal, por el cambio de horario. Yo me desperté a eso de las 4 y Juanjo, algo mas tarde. Fui a la ducha antes de que se levantará el resto de la gente para ducharme tranquila, lavarme el pelo, darme cremitas...no sé si tendré otra ocasión pronto.
Después de desayunar, dejamos en el salón de la chimenea las maletas y nos fuimos andando a la oficina de Jucy, donde tenemos reservado el coche. Hace un bonito día, y yo iba tan contenta, pensando en que podíamos ir unos días a nuestro aire, tan tranquilos, aunque el recorrido nos va. A llevar muchas horas de carretera, pero no hay tiempo de más. Juanjo va algo inquieto, porque se conduce por la izquierda y el coche es automático. Ya ha conducido mas veces coches de esos, pero no está acostumbrado.
En la oficina nos atiende una chica con muchas prisas. Nos sale mas caro de lo que pensábamos, por el seguro. Y prácticamente nos obligan a que hagamos una traducción "oficial" del carnet de conducir clavándonos por ello 50 dólares. La traducción "oficial" consiste en copiar mal los datos del anverso del carnet. Muy moscas, nos explican mas o menos, y muy deprisa lo que contiene el coche. Teóricamente nos iban a dar mapas y listado de campings, pero nos dicen que cojamos los folletos que nos parezcan bien. Yo cojo un montón de ellos, porque no llevamos guía y no sé lo que me puede hacer falta. Y ni pensar en conexiones a Internet. En Nueva Zelanda se paga toda la conexión, excepto en algunos alojamientos, que te la dan gratis, en algunos puestos de calle con mucha publicidad, y en algunos bares si tomas algo.
En fin. Salimos hacia el hotel a recoger las cosas y emprendemos el camino. Juanjo sale un poco acelerado y cuando consigo poner en marcha el GPS resulta que no coge señal de satélite. Le digo que volvamos a la oficina, pero no sabemos como hacerlo. Finalmente, salimos a la autovía, y encontramos tras dar muchas vueltas, un letrero que marca la carretera al sur.
Juanjo va agobiado perdido. Yo intento ayudar con el mapa, y encontramos sin mas problemas el camino a Wellington. Pero procuro no decir ni pío porque, cuando Juanjo va así, más vale estar calladito porque todo le fastidia.
En realidad, para llegar al sur no hace falta GPS, solo para las ciudades, y en Picton hay oficina de Jucy, así que podemos decirles que nos lo cambien.
Bueno, la ruta que seguimos va al sur, por Taupo, y después a Wellington. Hemos parado en un supermercado de Taupo para comprar algo para comer ahora. Comemos en una zona de picnic. Por toda la carretera, que está muy bien señalizada, indican con mucho tiempo las zonas de picnic y si tienen baño. También indican las zonas de camping para tiendas de campaña, caravanas autónomas, caravanas como lo que llevamos, que tiene cama, cocina, fregadero y nevera, pero necesitamos retrete. Así que no podemos hacer acampada libre, sino parar de noche en zonas con retrete, al menos.
Vemos, el monte Ruapehu, con forma cónica de volcán y aislado, pero próximo a otras dos montañas cubiertas de nieve, las montañas del Tongariro.
Pasamos por el río Waikatu, y vemos fumarolas saliendo del suelo, en las laderas. Hay muchas plantas geotérmicas. Al principio me preguntaba cómo salía tanto humo blanco de las chimeneas, pero luego me di cuenta de que estábamos en medio de una zona volcánica. Como contraste, he leído que el río es especialmente frío. Hay piscinas termales, con sombrillas, y los letreros señalan los cráteres de la luna y unas cascadas. Espero que podamos ir a la vuelta. Recuerdo que ese parque volcánico me gustó mucho la vez anterior.
El paisaje que vemos hasta ahora son praderas muy verdes y "jugosas" con colinas de contornos suaves, cubiertas de ovejas merinas, unas con flequillo y culos forros, prácticamente redondas,my otras flacas, ya esquiladas. Hay también vacas y vemos unos animales cubiertos de lana, pero con cuellos largos que no tenemos ni idea de qué son. No son llamas, no son guanacos, no son vicuñas, son bastante raros, quizá sean alpacas?. Solemos verlos solos, junto a las casa, y tumbados en la hierba.
Pasamos junto al PN Tongariro, donde vemos las montañas con nieve del Tongariro y el Ruapehu, y cambia el paisaje drásticamente, pasando a ser una estepa con matojos. Es rarísimo el cambio. No hemos subido puertos apreciables.
Después de pasar el contorno del Parque, volvemos a la vegetación. Juanjo va bastante cansado y bajamos en un pueblo a estirar las piernas. Es un pueblo de cazadores, que se llama Hunterville. En la entrada hay un lugar de acampada gratis, junto a un río. Le digo a Juanjo que si esta cansado, nos quedamos allí, que el camino es muy largo y no tenemos obligación de llegar a Wellington hoy, pero solo son las cinco y media y prefiere seguir.
Cuando pensamos en ir buscando sitio para dormir, revisamos el coche, para saber qué contiene, y compramos cosas en un supermercado grande, pensando en la cena y el desayuno de mañana. Luego nos ponemos a buscar campings. Hemos pasado por tantos, que pensamos que no hay problema pero, justo, cuando queremos encontrar uno, no aparece, y se esta haciendo de noche y no sabemos como se monta la cama y demás. Tras dar muchas vueltas, conseguimos llegar a un sitio en Otaki, que se llama Bridge Camp, donde hay sitio para acampar, cocina y duchas. Pero no encontramos a nadie que nos autorice a quedarnos. Unos tipos que estaban en la cocina nos mandan a la casa principal,muero allí no había nadie. Finalmente, llamo a una cabaña que tiene la luz encendida, y un señor llama por teléfono al dueño, que vendrá en unos minutos.
Llega el hombre, muy amable, se presenta y nos enseña donde están los baños, la cocina...la verdad es que estamos muy cansados, por la falta de sueño y Juanjo por la paliza de coche. Hemos hecho la cama como hemos podido y, después de cenar en el comedor, nos fuimos a dormir.
DIA 45 . AOTEAROA
Tomo 2: Nueva Zelanda y Australia
DIA 45
2/ DICIEMBRE/2014 AOTEAROA
KIA ORA!!
Estamos en tierra Maorí, así que empiezo saludando en ese idioma. Nos hemos ido al sitio más lejos, a nuestra antípoda.
No creo que quien lea esto esté llevando la cuenta, pero nos hemos dejado un día perdido por el Pacífico por haber pasado el meridiano del cambio de fecha. A Elcano le ocurrió que, cuando llegó a Cádiz, le faltaba un día, que no sabia donde se le había quedado.
Hablando de Elcano, de momento le hemos dejado con Magallanes perdido por el Pacífico, con calma chicha, hambre y escorbuto. Están peleándose por las ratas, que se venden a precio de oro. Los marineros comen maderas, cueros...todo lo que pueda masticarse. De momento, vamos a dejarlos por allí. Ya los recuperaremos.
Para hacer tiempo, nos hemos desviado al quinto continente, a Oceanía. Y empezamos visitando las mayores islas maoríes, que constituyen Nueva Zelanda, en Maorí, AOTEAROA, La Tierra de la Gran Nube Blanca. Se llamó así porque desde el océano se divisa una gran nube que cubre el territorio la mayor parte del tiempo. Los maoríes acabaron encontrándola desde su migración desde el este de Asia (eran Lapitas) hasta las islas del Pacífico, Samoa, Marquesas, Rapa Nui, Hawai, yNueva Zelanda, entre otras. A Nueva Zelanda migraron desde Polinesia. No tuvo la misma suerte un explorador español quien, pensando que solo era una nube, la pasó de largo. Cook acabó tomando el territorio para Inglaterra.
Cuando llegaron los maoríes había una fauna que, o bien se ha extinguido, o queda poca. Uno de los animales extinguidos, a causa de la caza a que fue sometido por los primeros pobladores maoríes es el Moa, un ave similar al avestruz, que no tenía depredadores hasta que llegaron los maoríes. Era muy fácil de cazar, así que se perdió.
Los kiwis, aves cuyo nombre comparten la fruta y los neozelandeses, que denominan kiwi a bancos, trenes, etc, no tenía depredadores hasta que, con las naves inglesas se introdujo el opossum, un animal parecido al mapache. Este bicho no tiene depredadores y, por tanto, prolifera. Pero está acabando con la fauna local, así que los kiwis humanos lo odian profundamente. Junto con las plantas amarillas, los famosos escobones que en España ponemos como adorno en las medianas de las carreteras, y que aquí son una plaga que se come literalmente los bosques, los opossum son otra plaga con la que no saben cómo acabar.
En las islas había, básicamente, pájaros. Muchos de ellos no vuelan, como el kiwi. Este, además, es nocturno. Yo lo vi, en mi anterior viaje a kiwilandia, en un zoo donde lo tenían tras cristales, en una sala en penumbra. Aún así, era difícil verlo.
La cultura Maorí está presente en todas partes. Los letreros están en Inglés y Maorí, pero muchos lugares y calles aparecen únicamente en Maorí. La gente Maorí es de piel oscura, pero los rasgos no son demasiado bastos. Lo que tienen es una constitución muy potente. Son gente grandota. Si además están gordos, lo que ocurre con frecuencia, se convierten en una masa que impresiona.
En mi anterior viaje me impresionaron mucho los tatuajes que cubrían gran parte del cuerpo. Ahora se han puesto tan de moda, que llaman menos la atención. Las danzas maoríes, por otro lado son, a la vez, agresivas y dulces. En el baile hay golpes y movimientos fuertes pero las canciones son melodiosas y dulces. Al combinarse ambas cosas, resulta una mezcla que impacta. La música Maorí se escucha en todos los sitios que requieren ambientación. Al llegar al aeropuerto, pasamos por una puerta Maorí y nos rodeaba, en el pasillo de acceso al control de pasaportes, imágenes de paisaje con música tradicional muy suave.
Empezamos mal. Nos equivocamos de puerta y cruzamos la seguridad de Tránsito, en lugar de la de llegadas. Como el vuelo en el que llegamos tiene Auckland como escala, pero su destino es Sydney, seguimos a la masa y nos metimos por donde no era. Un kiwi nos sacó del error. Pero tuvimos ocasión de ver las salas de embarque, con sofás cómodos, puestos en Salinas con mesas y lámparas de pie. En los sofás había gente durmiendo o, al menos, descansando. En las pantallas se anunciaban los vuelos que aterrizaban o estaban en embarque. En el resto, ponía RELAX. El estado de los vuelos cambiaba de ingles a Maorí.
Pasamos el control que nos tocaba. Yo había declarado que llevaba medicamentos "over the counter" y semillas de lino, pero no le dieron importancia y pasamos sin problemas, aunque habían puesto muchos letreros avisando de que declaráramos cualquier cosa de ese tipo.
Si era demasiado temprana la hora de llegada prevista, las 4 am, encima el avión llegó con media hora de adelanto. Menos mal que, entre errores, recogida de maletas, sacar dinero de cajero, mirar con el wifi del aeropuerto alguna cosa y tal, se nos hicieron las 6 de la mañana. A esa hora abrieron la oficina de Información y nos hicieron el favor de llamar al hotel Airport Skyway de donde prometieron venir a buscarnos en 15 minutos.
Apareció un tipo con largo pelo rubio y gorra, muy sonriente. Una pareja que venía de Tahití venia también a ese hotel. Lo elegimos por estar cerca del aeropuerto, ya que tenemos reservado un coche de alquiler y se recoge cerca.
En el hotel el dueño nos ofrece té o café. Hay una cocina comunitaria, los baños son compartidos y la habitación, lógicamente, no está aún disponible. Así que preguntamos cómo ir a Auckland y el pelangas nos indica los autobuses y cómo volver, cuando veamos un enorme kiwi sobre un edificio, que es el hotel Kiwi, que está al lado. Nos dice, muerto de risa que, si llegamos a unos campos de fresas, nos habremos pasado.
Salimos a la parada. Hace un día muy despejado, aunque frío. El bus pasa de tarde en tarde. El trayecto a Auckland desde Mangere (significa perezoso, nos aclara Albert...o Alfred...no sé) lleva unos 40 minutos, que finalmente han sido más, porque hemos pillado atasco. Nos bajamos en la última parada, que es el centro de la ciudad. Yo estoy loca por tomar un desayuno en condiciones, porque a eso de las dos y pico nos dieron un sándwich, pero hace ya muchas horas de eso.
Entramos en el Club del Café a desayunar huevos con tostadas y café. Nos ha costado caro, me recuerda Juanjo toda la mañana. Luego hemos ido hacia el mar a ver qué hay. Hay un puerto donde atracan los ferrys y cruceros. Hay un crucero inmenso, Princesa algo...Vemos la oficina de Información y preguntamos qué podemos hacer en un día. Descartamos lo carísimo, como montar en el bus turístico, que vale 35 dólares y subir a la torre giratoria, que cuesta otros 25. Nos decidimos por un paseo por la ciudad, que no parece que sea excesivo.
Nos encaminamos hacia el mercado del pescado, para lo que tenemos que ir bordeando la bahía. Hay unos veleros que quitan el hipo. Catamaranes y veleros. Impresionante. Algún yate, también. Todo descomunal. Hay además alguna embarcación de las de la Copa América. Le comento a Juanjo que cómo es posible que estén tan macizos los tipos que están en los barcos. Además son jóvenes. No hay carcas de nuestra edad.
Hemos visto unas casas con embarcaderos pero en una zona elevada, con exclusas. Muy excéntrico.
Llegamos al mercado del pescado. Mucho rollo, pero solo hay un recinto, con dos o tres personas que preparan y cobran el pescado y marisco. En distintos puestos vemos los pescados puestos por tipos. Además hay peceras con bichos vivos. Una está hasta los topes de anguilas. Hay una barca con muchos peces grandes. Si quieres uno, lo coges y se lo llevas al pescadero para que te lo prepare. Todo muy limpio.
Buscamos algo más pero no lo había. Únicamente un restaurante con platos de pescado donde tenían también mariscos.
En los alrededores, lo que había eran restaurantes megapijos. Muy monos y con terrazas al aire libre. Uno parecía español. Se llamaba Pescado y ofrecía comida mediterránea.
Recorrimos la zona y volvimos hacia la zona central por otra parte de la bahía, que tiene muchas radas. La bahía tiene muchos entrantes que se pasan por puentes. A la vuelta hemos cruzado uno que se abre para dejar paso a los veleros. Hay una zona wifi libre, desde donde mando unos whats de lo que estoy viendo. Seguimos caminando hacia el centro, al strand, donde se encuentra todo el comercio. Hay pocos adornos navideños, todo muy sencillo, excepto por el tamaño de un Papá Noel con su reno que abarcaban dos caras de la fachada de un centro comercial.
Vemos la tienda oficial de los All Black. Las camisetas son un espectáculo. Había prometido unas a Jaime y los sobrinos, pero valen entre 150 y 250 dólares. Un pastón.
Llegamos al final de la zona comercial y decidimos ir caminado hasta una zona donde nos indicaron en turismo que había casas tradicionales. Hay que pasar el Albert Park y la zona de la universidad. Fuimos hasta allí despacio. Yo insinuaba visitar el museo Maorí pero me parece que Juanjo hoy no tiene ganas de museos. En el parque la gente estaba tirada al sol. Caminamos hacia el barrio de las casas tradicionales. Hay que pasar la Universidad. Vemos que el antiguo rectorado es una casa tipo colonial, rodeada de grandes jardines. A la entrada del recinto hay una casa de madera pequeña que parece de cuento de hadas.
Hemos visto una casa Maorí de reunión. Como es habitual, tiene una entrada hecha como un marco de madera tallada. Luego sigue una pradera y al fondo está la casa. Tiene un tejado a dos aguas, que llega muy abajo, y está bordeado por madera tallada, del mismo tono que la de la puerta, de un color rojizo. En el ángulo superior hay una cara con la lengua fuera, el típico gesto de las esculturas maoríes.
Continuamos caminado y llegamos al barrio que buscábamos. Casas hay algunas, pero d e lo que está lleno es de restaurantes de múltiples nacionalidades. Hay japoneses, indios, pizzerías...Después de dar una vuelta entramos a comer en un japonés, que tenía platos muy baratos. Yo tomé teriyaki. Juanjo tomó un guiso. Tenían preparadas muchas bandejas con sushi, sashimi, ensaladas...como donde vivimos no hay muchos bares, parece, pensamos en llevarnos algo de allí para cenar. Después de dar una vuelta, decidimos entrar de nuevo y llevarnos unas bandejas de sushi de salmón y aguacate. Antes de eso, hemos ido a tomar una cerveza a un pub muy agradable. Raro que la tomamos después de comer, pero en el japonés solo había refrescos, que no nos gustan a ninguno. En el pub yo pedí una cerveza belga, pero Juanjo quería probar las kiwis. Le dieron a catar dos. Ambas estaban muy amargas. Pidió la menos amarga de ellas. Hay muchos bares de cervezas artesanas. Parece ser que Wellington es uno de los sitios punteros. Habrá que probar las de allí.
Volvimos hacia el centro para coger el autobús de vuelta. Yo tenía la impresión de que paraba en la universidad, pero Juanjo lo negaba,así que fuimos al centro de nuevo. Da igual, porque hoy no vamos a hacer nada mas, pero, en fin...
Pasamos por la estación de tren, que parece cualquier otra cosa. Compramos un paquete de galletas para desayunar mañana y luego corrimos a coger el bus de vuelta. En él se pueden ver los tipos humanos tan diferentes que pueblan, al menos, Auckland. No es que vayamos mucha gente, pero todos distintos. Hay mucho oriental, pero con aspectos muy distintos. Luego están los maoríes puros o mezclas. Y, por fin, los arios rubios y muchos pelirrojos. Por la mañana habíamos encontrado a los chicos uniformados que entraban al colegio. Ahora están saliendo.
Llegamos al hotel tras divisar la estatua del kiwi. Nos dimos una ducha. El agua sale hirviendo, con un sistema de grifo bastante peculiar, muy pegado a la pared y con una palanca que se gira a frío o caliente. Pero los baños,manque son comunes, están muy limpios. Los platos de ducha son de acero inoxidable. Cada baño es individual, con lavabo, ducha, retrete...muy amplios.
Pagué un acceso al wifi, que en Nueva Zelanda casi siempre lo cobran, y compramos unos billetes de avión para un vuelo interno en la próxima parada, e hicimos otras cosas que teníamos pendientes.
En la piscina hay una chica con su hija pequeña bañándose. Me parece que el agua debe estar congelada.
Cenamos temprano, pero más gente cenaba a la misma hora. Tomamos el sushi con unas cervezas que salió a comprar Juanjo. Y en la cocina, ha marcado en un mapamundi nuestro origen. Este está recién empezado, y vemos que hace dos días ha pasado por aquí una chica de Granads, concretamente de Banamaurel, que decía llamarse Eva la Barbera Juanjo ha escrito nuestros nombres en la misma línea, por debajo.
Nos fuimos a la cama. Nos han dado una triple, con una dama grande y otra más chica que usamos para dejar cosas.
2/ DICIEMBRE/2014 AOTEAROA
KIA ORA!!
Estamos en tierra Maorí, así que empiezo saludando en ese idioma. Nos hemos ido al sitio más lejos, a nuestra antípoda.
No creo que quien lea esto esté llevando la cuenta, pero nos hemos dejado un día perdido por el Pacífico por haber pasado el meridiano del cambio de fecha. A Elcano le ocurrió que, cuando llegó a Cádiz, le faltaba un día, que no sabia donde se le había quedado.
Hablando de Elcano, de momento le hemos dejado con Magallanes perdido por el Pacífico, con calma chicha, hambre y escorbuto. Están peleándose por las ratas, que se venden a precio de oro. Los marineros comen maderas, cueros...todo lo que pueda masticarse. De momento, vamos a dejarlos por allí. Ya los recuperaremos.
Para hacer tiempo, nos hemos desviado al quinto continente, a Oceanía. Y empezamos visitando las mayores islas maoríes, que constituyen Nueva Zelanda, en Maorí, AOTEAROA, La Tierra de la Gran Nube Blanca. Se llamó así porque desde el océano se divisa una gran nube que cubre el territorio la mayor parte del tiempo. Los maoríes acabaron encontrándola desde su migración desde el este de Asia (eran Lapitas) hasta las islas del Pacífico, Samoa, Marquesas, Rapa Nui, Hawai, yNueva Zelanda, entre otras. A Nueva Zelanda migraron desde Polinesia. No tuvo la misma suerte un explorador español quien, pensando que solo era una nube, la pasó de largo. Cook acabó tomando el territorio para Inglaterra.
Cuando llegaron los maoríes había una fauna que, o bien se ha extinguido, o queda poca. Uno de los animales extinguidos, a causa de la caza a que fue sometido por los primeros pobladores maoríes es el Moa, un ave similar al avestruz, que no tenía depredadores hasta que llegaron los maoríes. Era muy fácil de cazar, así que se perdió.
Los kiwis, aves cuyo nombre comparten la fruta y los neozelandeses, que denominan kiwi a bancos, trenes, etc, no tenía depredadores hasta que, con las naves inglesas se introdujo el opossum, un animal parecido al mapache. Este bicho no tiene depredadores y, por tanto, prolifera. Pero está acabando con la fauna local, así que los kiwis humanos lo odian profundamente. Junto con las plantas amarillas, los famosos escobones que en España ponemos como adorno en las medianas de las carreteras, y que aquí son una plaga que se come literalmente los bosques, los opossum son otra plaga con la que no saben cómo acabar.
En las islas había, básicamente, pájaros. Muchos de ellos no vuelan, como el kiwi. Este, además, es nocturno. Yo lo vi, en mi anterior viaje a kiwilandia, en un zoo donde lo tenían tras cristales, en una sala en penumbra. Aún así, era difícil verlo.
La cultura Maorí está presente en todas partes. Los letreros están en Inglés y Maorí, pero muchos lugares y calles aparecen únicamente en Maorí. La gente Maorí es de piel oscura, pero los rasgos no son demasiado bastos. Lo que tienen es una constitución muy potente. Son gente grandota. Si además están gordos, lo que ocurre con frecuencia, se convierten en una masa que impresiona.
En mi anterior viaje me impresionaron mucho los tatuajes que cubrían gran parte del cuerpo. Ahora se han puesto tan de moda, que llaman menos la atención. Las danzas maoríes, por otro lado son, a la vez, agresivas y dulces. En el baile hay golpes y movimientos fuertes pero las canciones son melodiosas y dulces. Al combinarse ambas cosas, resulta una mezcla que impacta. La música Maorí se escucha en todos los sitios que requieren ambientación. Al llegar al aeropuerto, pasamos por una puerta Maorí y nos rodeaba, en el pasillo de acceso al control de pasaportes, imágenes de paisaje con música tradicional muy suave.
Empezamos mal. Nos equivocamos de puerta y cruzamos la seguridad de Tránsito, en lugar de la de llegadas. Como el vuelo en el que llegamos tiene Auckland como escala, pero su destino es Sydney, seguimos a la masa y nos metimos por donde no era. Un kiwi nos sacó del error. Pero tuvimos ocasión de ver las salas de embarque, con sofás cómodos, puestos en Salinas con mesas y lámparas de pie. En los sofás había gente durmiendo o, al menos, descansando. En las pantallas se anunciaban los vuelos que aterrizaban o estaban en embarque. En el resto, ponía RELAX. El estado de los vuelos cambiaba de ingles a Maorí.
Pasamos el control que nos tocaba. Yo había declarado que llevaba medicamentos "over the counter" y semillas de lino, pero no le dieron importancia y pasamos sin problemas, aunque habían puesto muchos letreros avisando de que declaráramos cualquier cosa de ese tipo.
Si era demasiado temprana la hora de llegada prevista, las 4 am, encima el avión llegó con media hora de adelanto. Menos mal que, entre errores, recogida de maletas, sacar dinero de cajero, mirar con el wifi del aeropuerto alguna cosa y tal, se nos hicieron las 6 de la mañana. A esa hora abrieron la oficina de Información y nos hicieron el favor de llamar al hotel Airport Skyway de donde prometieron venir a buscarnos en 15 minutos.
Apareció un tipo con largo pelo rubio y gorra, muy sonriente. Una pareja que venía de Tahití venia también a ese hotel. Lo elegimos por estar cerca del aeropuerto, ya que tenemos reservado un coche de alquiler y se recoge cerca.
En el hotel el dueño nos ofrece té o café. Hay una cocina comunitaria, los baños son compartidos y la habitación, lógicamente, no está aún disponible. Así que preguntamos cómo ir a Auckland y el pelangas nos indica los autobuses y cómo volver, cuando veamos un enorme kiwi sobre un edificio, que es el hotel Kiwi, que está al lado. Nos dice, muerto de risa que, si llegamos a unos campos de fresas, nos habremos pasado.
Salimos a la parada. Hace un día muy despejado, aunque frío. El bus pasa de tarde en tarde. El trayecto a Auckland desde Mangere (significa perezoso, nos aclara Albert...o Alfred...no sé) lleva unos 40 minutos, que finalmente han sido más, porque hemos pillado atasco. Nos bajamos en la última parada, que es el centro de la ciudad. Yo estoy loca por tomar un desayuno en condiciones, porque a eso de las dos y pico nos dieron un sándwich, pero hace ya muchas horas de eso.
Entramos en el Club del Café a desayunar huevos con tostadas y café. Nos ha costado caro, me recuerda Juanjo toda la mañana. Luego hemos ido hacia el mar a ver qué hay. Hay un puerto donde atracan los ferrys y cruceros. Hay un crucero inmenso, Princesa algo...Vemos la oficina de Información y preguntamos qué podemos hacer en un día. Descartamos lo carísimo, como montar en el bus turístico, que vale 35 dólares y subir a la torre giratoria, que cuesta otros 25. Nos decidimos por un paseo por la ciudad, que no parece que sea excesivo.
Nos encaminamos hacia el mercado del pescado, para lo que tenemos que ir bordeando la bahía. Hay unos veleros que quitan el hipo. Catamaranes y veleros. Impresionante. Algún yate, también. Todo descomunal. Hay además alguna embarcación de las de la Copa América. Le comento a Juanjo que cómo es posible que estén tan macizos los tipos que están en los barcos. Además son jóvenes. No hay carcas de nuestra edad.
Hemos visto unas casas con embarcaderos pero en una zona elevada, con exclusas. Muy excéntrico.
Llegamos al mercado del pescado. Mucho rollo, pero solo hay un recinto, con dos o tres personas que preparan y cobran el pescado y marisco. En distintos puestos vemos los pescados puestos por tipos. Además hay peceras con bichos vivos. Una está hasta los topes de anguilas. Hay una barca con muchos peces grandes. Si quieres uno, lo coges y se lo llevas al pescadero para que te lo prepare. Todo muy limpio.
Buscamos algo más pero no lo había. Únicamente un restaurante con platos de pescado donde tenían también mariscos.
En los alrededores, lo que había eran restaurantes megapijos. Muy monos y con terrazas al aire libre. Uno parecía español. Se llamaba Pescado y ofrecía comida mediterránea.
Recorrimos la zona y volvimos hacia la zona central por otra parte de la bahía, que tiene muchas radas. La bahía tiene muchos entrantes que se pasan por puentes. A la vuelta hemos cruzado uno que se abre para dejar paso a los veleros. Hay una zona wifi libre, desde donde mando unos whats de lo que estoy viendo. Seguimos caminando hacia el centro, al strand, donde se encuentra todo el comercio. Hay pocos adornos navideños, todo muy sencillo, excepto por el tamaño de un Papá Noel con su reno que abarcaban dos caras de la fachada de un centro comercial.
Vemos la tienda oficial de los All Black. Las camisetas son un espectáculo. Había prometido unas a Jaime y los sobrinos, pero valen entre 150 y 250 dólares. Un pastón.
Llegamos al final de la zona comercial y decidimos ir caminado hasta una zona donde nos indicaron en turismo que había casas tradicionales. Hay que pasar el Albert Park y la zona de la universidad. Fuimos hasta allí despacio. Yo insinuaba visitar el museo Maorí pero me parece que Juanjo hoy no tiene ganas de museos. En el parque la gente estaba tirada al sol. Caminamos hacia el barrio de las casas tradicionales. Hay que pasar la Universidad. Vemos que el antiguo rectorado es una casa tipo colonial, rodeada de grandes jardines. A la entrada del recinto hay una casa de madera pequeña que parece de cuento de hadas.
Hemos visto una casa Maorí de reunión. Como es habitual, tiene una entrada hecha como un marco de madera tallada. Luego sigue una pradera y al fondo está la casa. Tiene un tejado a dos aguas, que llega muy abajo, y está bordeado por madera tallada, del mismo tono que la de la puerta, de un color rojizo. En el ángulo superior hay una cara con la lengua fuera, el típico gesto de las esculturas maoríes.
Continuamos caminado y llegamos al barrio que buscábamos. Casas hay algunas, pero d e lo que está lleno es de restaurantes de múltiples nacionalidades. Hay japoneses, indios, pizzerías...Después de dar una vuelta entramos a comer en un japonés, que tenía platos muy baratos. Yo tomé teriyaki. Juanjo tomó un guiso. Tenían preparadas muchas bandejas con sushi, sashimi, ensaladas...como donde vivimos no hay muchos bares, parece, pensamos en llevarnos algo de allí para cenar. Después de dar una vuelta, decidimos entrar de nuevo y llevarnos unas bandejas de sushi de salmón y aguacate. Antes de eso, hemos ido a tomar una cerveza a un pub muy agradable. Raro que la tomamos después de comer, pero en el japonés solo había refrescos, que no nos gustan a ninguno. En el pub yo pedí una cerveza belga, pero Juanjo quería probar las kiwis. Le dieron a catar dos. Ambas estaban muy amargas. Pidió la menos amarga de ellas. Hay muchos bares de cervezas artesanas. Parece ser que Wellington es uno de los sitios punteros. Habrá que probar las de allí.
Volvimos hacia el centro para coger el autobús de vuelta. Yo tenía la impresión de que paraba en la universidad, pero Juanjo lo negaba,así que fuimos al centro de nuevo. Da igual, porque hoy no vamos a hacer nada mas, pero, en fin...
Pasamos por la estación de tren, que parece cualquier otra cosa. Compramos un paquete de galletas para desayunar mañana y luego corrimos a coger el bus de vuelta. En él se pueden ver los tipos humanos tan diferentes que pueblan, al menos, Auckland. No es que vayamos mucha gente, pero todos distintos. Hay mucho oriental, pero con aspectos muy distintos. Luego están los maoríes puros o mezclas. Y, por fin, los arios rubios y muchos pelirrojos. Por la mañana habíamos encontrado a los chicos uniformados que entraban al colegio. Ahora están saliendo.
Llegamos al hotel tras divisar la estatua del kiwi. Nos dimos una ducha. El agua sale hirviendo, con un sistema de grifo bastante peculiar, muy pegado a la pared y con una palanca que se gira a frío o caliente. Pero los baños,manque son comunes, están muy limpios. Los platos de ducha son de acero inoxidable. Cada baño es individual, con lavabo, ducha, retrete...muy amplios.
Pagué un acceso al wifi, que en Nueva Zelanda casi siempre lo cobran, y compramos unos billetes de avión para un vuelo interno en la próxima parada, e hicimos otras cosas que teníamos pendientes.
En la piscina hay una chica con su hija pequeña bañándose. Me parece que el agua debe estar congelada.
Cenamos temprano, pero más gente cenaba a la misma hora. Tomamos el sushi con unas cervezas que salió a comprar Juanjo. Y en la cocina, ha marcado en un mapamundi nuestro origen. Este está recién empezado, y vemos que hace dos días ha pasado por aquí una chica de Granads, concretamente de Banamaurel, que decía llamarse Eva la Barbera Juanjo ha escrito nuestros nombres en la misma línea, por debajo.
Nos fuimos a la cama. Nos han dado una triple, con una dama grande y otra más chica que usamos para dejar cosas.
martes, 2 de diciembre de 2014
DIA 44. VOLAREEEEE OOOOOOOOH!
DÍA 44
30/NOVIEMBRE/2014. VOLAREEEE OOOOOOH!
Como anoche no hicimos la maleta y tenemos un vuelo de los serios, nos toca hacerla al levantarnos. Cuando viajas sin parar, al llegar 3 días a un sitio, parece una eternidad, y aprovechas para deshacer la maleta entera y estirar la ropa. Yo llevaba muchos días sin abrirla, solo con la mochila, y tenía que rehacerla. En Talca tenía intención de dejarla medio vaya, pero la habitación era pequeña y no había espacio para abrirla y hacerla a gusto.
Una vez hecha la maleta, desayunado, duchado, puesto correos, etc., dejamos las cosas en la oficin de administración y nos marchamos a ver el Museo Precolombino. La calle Monjitas los domingos la cierran para bicis, y escuchamos unos tambores. Hemos entrado en la Catedral, que es austera y larga, muy larga. Luego fuimos hacia el museo. Yo no recordaba que fuera gran cosa, pero lo han arreglado el año pasado, cerrándolo dos años, y ha quedado muy bien. Hay una sala sobre Chile, en un sótano profundo, y bastantes sobre arte precolombino en general. Hay una sala de tejidos espectacular. Pero tienen mucho de Perú, Méjico, Guatemala, Honduras, Ecuador...Hay bastante cerámica Moche, la más llamativa, y una cantidad generosa de Chavín.
Recordé una de las impresiones más grandes de mi vida, cuando visitamos el Chavín de Huántar. Aquellos pasillos oscuros y, de repente, el Lanzón, al volver un recodo. Recuerdo y recordaré siempre la sensación de sobrecogimiento cuando lo vi. Retrocedí un paso de la impresión. Aún me estremezco al recordarlo, y noto como si me agarraran el corazón y lo apretaran.
Muy tremendas las ceremonias de descarnamiento para momificar. Y el juego de pelota...la verdad es que la religión centroamericana era bruta, bruta....y la preincaica de Perú lo mismo. Los mochicas eran bestias a más no poder. Siempre impresiona recordar esas matanzas y sacrificios.
Fuimos a comer a un sitio muy recomendado en las guías. Comida casera abundante. Tomamos unas carnes, yo de morcillo y Juanjo costilla ahumada, con puré picante, buenísimos.
Luego visitamos La Chascona (la despeinada), otra de las casa de Neruda. La construyo pata Matilde y allí velaron el cadáver de Pablo. Es muy original,,pero el enclave de Isla Negra es inmejorable. Después subimos al Cerro Santa Lucía, donde Pedro de Valdivia fundó la primera ciudad. Curioso es que vimos las columnas hexagonales de piedra que crecen. Nos habían hablado de ellas en otro sitio, no recordamos dónde.
Tras esa visita, recogimos las maletas y fuimos para el aeropuerto. Nos esperan 13 horas de vuelo. Salimos el 30 de Noviembre y llegaremos a Nueva Zelanda el 2 de Diciembre. Vamos a perder un día, como Elcano, pero el se enteró al llegar. Nosotros vamos a saberlo antes.
Dejamos a MAGALLANES que siga peleándose con el escorbuto y el hambre. Mientras le sopla alguna brisa, vamos a hacer un desvío para visitar algunas cosillas...
FIN DEL TOMO 1
30/NOVIEMBRE/2014. VOLAREEEE OOOOOOH!
Como anoche no hicimos la maleta y tenemos un vuelo de los serios, nos toca hacerla al levantarnos. Cuando viajas sin parar, al llegar 3 días a un sitio, parece una eternidad, y aprovechas para deshacer la maleta entera y estirar la ropa. Yo llevaba muchos días sin abrirla, solo con la mochila, y tenía que rehacerla. En Talca tenía intención de dejarla medio vaya, pero la habitación era pequeña y no había espacio para abrirla y hacerla a gusto.
Una vez hecha la maleta, desayunado, duchado, puesto correos, etc., dejamos las cosas en la oficin de administración y nos marchamos a ver el Museo Precolombino. La calle Monjitas los domingos la cierran para bicis, y escuchamos unos tambores. Hemos entrado en la Catedral, que es austera y larga, muy larga. Luego fuimos hacia el museo. Yo no recordaba que fuera gran cosa, pero lo han arreglado el año pasado, cerrándolo dos años, y ha quedado muy bien. Hay una sala sobre Chile, en un sótano profundo, y bastantes sobre arte precolombino en general. Hay una sala de tejidos espectacular. Pero tienen mucho de Perú, Méjico, Guatemala, Honduras, Ecuador...Hay bastante cerámica Moche, la más llamativa, y una cantidad generosa de Chavín.
Recordé una de las impresiones más grandes de mi vida, cuando visitamos el Chavín de Huántar. Aquellos pasillos oscuros y, de repente, el Lanzón, al volver un recodo. Recuerdo y recordaré siempre la sensación de sobrecogimiento cuando lo vi. Retrocedí un paso de la impresión. Aún me estremezco al recordarlo, y noto como si me agarraran el corazón y lo apretaran.
Muy tremendas las ceremonias de descarnamiento para momificar. Y el juego de pelota...la verdad es que la religión centroamericana era bruta, bruta....y la preincaica de Perú lo mismo. Los mochicas eran bestias a más no poder. Siempre impresiona recordar esas matanzas y sacrificios.
Fuimos a comer a un sitio muy recomendado en las guías. Comida casera abundante. Tomamos unas carnes, yo de morcillo y Juanjo costilla ahumada, con puré picante, buenísimos.
Luego visitamos La Chascona (la despeinada), otra de las casa de Neruda. La construyo pata Matilde y allí velaron el cadáver de Pablo. Es muy original,,pero el enclave de Isla Negra es inmejorable. Después subimos al Cerro Santa Lucía, donde Pedro de Valdivia fundó la primera ciudad. Curioso es que vimos las columnas hexagonales de piedra que crecen. Nos habían hablado de ellas en otro sitio, no recordamos dónde.
Tras esa visita, recogimos las maletas y fuimos para el aeropuerto. Nos esperan 13 horas de vuelo. Salimos el 30 de Noviembre y llegaremos a Nueva Zelanda el 2 de Diciembre. Vamos a perder un día, como Elcano, pero el se enteró al llegar. Nosotros vamos a saberlo antes.
Dejamos a MAGALLANES que siga peleándose con el escorbuto y el hambre. Mientras le sopla alguna brisa, vamos a hacer un desvío para visitar algunas cosillas...
FIN DEL TOMO 1
DIA 43. ISLA NEGRA
DÍA 43
29/NOVIEMBRE/2014 ISLA NEGRA
He dormido mal. Me desperté de noche y no podía volver a dormirme. Me puse a leer en el e-book y acabé el libro que estaba leyendo. No pude volver a dormir y me levanté. Pero Juanjo durmió mal ayer por una niña pequeña a la que se oía llorar toda la noche. Finalmente se despertó y le dije que nos fuéramos, ya que era temprano. Pero nos liamos con chorradas y salimos tarde.
La de Sernatur dijo que los buses salían de Pajaritos, para nuestro pasmo. Fuimos allí. Es un trayecto largo en Metro, con transbordos. Llegamos y había multitud de gente esperando en escaleras. Juanjo se acercó a TurBus y le dijeron que no salían desde allí, sino desde Alameda. Así que tuvimos que volver.
En Alameda nos venden billetes para dentro de tres cuartos de hora. Calculo que, con suerte, vamos a llegar a Isla Negra a las doce. Pero no tuvimos suerte, sino un atasco monumental. Estuvimos una hora parados. Yo casi me bajo, Pero lo peor fue que Juanjo se dio cuenta de que ese atasco fue únicamente para dar la vuelta a la mañana. Tras una hora estábamos frente a la terminal pero enfilados hacia la autovía.
Llegamos a isla Negra hacia la una, lloviendo a cántaros. El camino a la casa de Neruda es de tierra, así que está embarrado. Y hace frío. Menos mal que hemos cogido impermeables abrigados, porque ayer hizo calor.
En la casa hay que hacer cola después de sacar los boletos. Por lo menos tienen un toldo que protege de la lluvia y, supongo que del sol, cuando casca. No tuvimos que esperar mucho. Te dan una audioguía y entras en grupos de unas doce personas.
El enclave de la casa es espectacular, frente a una playa rocosa, de roca negra, en la que baten las olas. La casa está construida como un barco, con techos redondeados, en madera, y es alargada y fue creciendo poco a poco. Hay mascarones de proa y otras cosas que coleccionaba Neruda, como estribos, botellas, conchas, pipas...hay espacios muy estrechos y caminos escondidos. El dormitorio da a dos ventanales. La cama está colocada en ángulo. La vista desde allí es impresionante.
Hay un bar para los amigos, un comedor alargado con vasos de colores; una zona para escribir frente al mar con una mesa hecha con un tablero que salió del mar, que era una puerta de la bodega de un barco; una habitación-cuadra para un caballo de madera que compró cuando se incendió una tienda de Temuco que tuvo ese caballo en la puerta. Neruda, de pequeño, le decía al dueño que le iba a comprar el caballo y, finalmente, lo hizo.
Neruda y Marilde Urrieta están enterrados en el jardín de esa casa. Su tumba parece un parterre. Están en un saliente en forma de proa que mira al mar. Solo pone sus nombres.
La última habitación que se visita es la que Neruda no tuvo tiempo de hacer, pero que ha si dos construida por la Fundación. Muestra la impresionante colección de conchas y un colmillo de narval, de 2,5 m. de largo.
Salimos de la casa bastante mojados y con hambre. En un restaurante cercano, Juanjo pidió un Caldillo de Congrio, plato al que Neruda dedicó una oda. Yo, paila marina. No estaban malos pero como aquellos de Punta Arenas, maja, no ha habido otros...o seria del hambre y el frío y de haber estado comiendo carne y más carne en Argentina, pero, como aquellos...guaaaaaaa.
En cuanto comimos fuimos a refugiarnos en una oficina donde compramos boletos para el bus de vuelta, viendo llover. Hemos regresado sin problemas.Tendriamos que haber hecho la maleta, etc., pero nos pusimos a mirar cosas en Internet y se nos hizo tarde.
29/NOVIEMBRE/2014 ISLA NEGRA
He dormido mal. Me desperté de noche y no podía volver a dormirme. Me puse a leer en el e-book y acabé el libro que estaba leyendo. No pude volver a dormir y me levanté. Pero Juanjo durmió mal ayer por una niña pequeña a la que se oía llorar toda la noche. Finalmente se despertó y le dije que nos fuéramos, ya que era temprano. Pero nos liamos con chorradas y salimos tarde.
La de Sernatur dijo que los buses salían de Pajaritos, para nuestro pasmo. Fuimos allí. Es un trayecto largo en Metro, con transbordos. Llegamos y había multitud de gente esperando en escaleras. Juanjo se acercó a TurBus y le dijeron que no salían desde allí, sino desde Alameda. Así que tuvimos que volver.
En Alameda nos venden billetes para dentro de tres cuartos de hora. Calculo que, con suerte, vamos a llegar a Isla Negra a las doce. Pero no tuvimos suerte, sino un atasco monumental. Estuvimos una hora parados. Yo casi me bajo, Pero lo peor fue que Juanjo se dio cuenta de que ese atasco fue únicamente para dar la vuelta a la mañana. Tras una hora estábamos frente a la terminal pero enfilados hacia la autovía.
Llegamos a isla Negra hacia la una, lloviendo a cántaros. El camino a la casa de Neruda es de tierra, así que está embarrado. Y hace frío. Menos mal que hemos cogido impermeables abrigados, porque ayer hizo calor.
En la casa hay que hacer cola después de sacar los boletos. Por lo menos tienen un toldo que protege de la lluvia y, supongo que del sol, cuando casca. No tuvimos que esperar mucho. Te dan una audioguía y entras en grupos de unas doce personas.
El enclave de la casa es espectacular, frente a una playa rocosa, de roca negra, en la que baten las olas. La casa está construida como un barco, con techos redondeados, en madera, y es alargada y fue creciendo poco a poco. Hay mascarones de proa y otras cosas que coleccionaba Neruda, como estribos, botellas, conchas, pipas...hay espacios muy estrechos y caminos escondidos. El dormitorio da a dos ventanales. La cama está colocada en ángulo. La vista desde allí es impresionante.
Hay un bar para los amigos, un comedor alargado con vasos de colores; una zona para escribir frente al mar con una mesa hecha con un tablero que salió del mar, que era una puerta de la bodega de un barco; una habitación-cuadra para un caballo de madera que compró cuando se incendió una tienda de Temuco que tuvo ese caballo en la puerta. Neruda, de pequeño, le decía al dueño que le iba a comprar el caballo y, finalmente, lo hizo.
Neruda y Marilde Urrieta están enterrados en el jardín de esa casa. Su tumba parece un parterre. Están en un saliente en forma de proa que mira al mar. Solo pone sus nombres.
La última habitación que se visita es la que Neruda no tuvo tiempo de hacer, pero que ha si dos construida por la Fundación. Muestra la impresionante colección de conchas y un colmillo de narval, de 2,5 m. de largo.
Salimos de la casa bastante mojados y con hambre. En un restaurante cercano, Juanjo pidió un Caldillo de Congrio, plato al que Neruda dedicó una oda. Yo, paila marina. No estaban malos pero como aquellos de Punta Arenas, maja, no ha habido otros...o seria del hambre y el frío y de haber estado comiendo carne y más carne en Argentina, pero, como aquellos...guaaaaaaa.
En cuanto comimos fuimos a refugiarnos en una oficina donde compramos boletos para el bus de vuelta, viendo llover. Hemos regresado sin problemas.Tendriamos que haber hecho la maleta, etc., pero nos pusimos a mirar cosas en Internet y se nos hizo tarde.
DIA 42. EL MUSEO DE LA MEMORIA
DÍA 42
28/NOVIEMBRE/214 EL MUSEO DE LA MEMORIA
Desayunamos yogur y galletas, en mi caso porque tengo las tripas otra vez dando guerra. Debe ser la maldición de Lautaro, en este caso, guerrero mapuche, azote de los castellanos.
Juanjo quiere ir a Sernatur.. Está lejos y yo creo que no merece la pena. Tampoco hay mucho que ver y las web dan suficiente información. Pero secamos una tarjeta de metro y vamos hasta allí. Efectivamente, nos cuentan lo que ya sabíamos, excepto que la chica nos dice que para ir a Isla Negra tenemos que ir en Metro hasta Pajaritos. Yo tenía anotada otra.
Ya que hemos ido hasta allí, pasamos por la tienda de Apple a por un conector para cargar las fotos en el iPad y así poder subirlas a Dropbox. Cuesta la mitad de lo que habríamos pagado en Buenos Aires por el asunto del cambio.
De camino hemos visto una oficina de LAN. Como seguimos sin noticias del cambio de vuelo, entramos a preguntar. La administrativa nos dice que no puede modificar nuestra reserva, pero que hay disponibilidad, y que vayamos a Iberia, que está en el barrio de Las Condes, a pocas paradas de Metro Ya puestos a pasarnos la mañana en gestiones, vamos hasta allí. La oficina está en un piso veintitantos. La señora que nos atiende dice que el cambio lo podían haber hecho en LAN sin ningún problema, o en cualquier compañía de One World, que para eso existe, pero que no lo hacen porque, al no ser una venta, no ponen interés. Inicialmente nos dice que el cambio por Quantas nos cuesta ciento y pico euros a cada uno. Le comentamos que, según las condiciones del billete, pueden cobrarnos por modificar destinos, pero no por cambiar fechas. Comprueba que hay disponibilidad y, finalmente, nos hace el cambio, aunque no puede darnos billete porque el nuestro no es electrónico. Así que podremos irnos el domingo y ganar algún día en Nueva Zelanda. Acabadas las gestiones, cogemos el Metro para visitar el Museo de la Memoria y los derechos humanos. Desde el Metro hay salida directa al museo. Es gratuito.
La muestra se inicia con una explicación sobre las Comisiones de la Verdad y los países que las han establecido. Hay 33 países de los que soportaron dictaduras, de cuatro continentes, con los consiguientes asesinatos, torturas y desapariciones, que han constituido estas Comisiones. Para vergüenza nuestra, España no está entre ellos, a pesar de haber sufrido lo mismo en tiempos del dictador y de los intentos de búsqueda de familiares que aún hay en nuestro país. Y de la impunidad de los torturadores. Para mayor vergüenza, es en Argentina donde se está intentando solucionar este problema de las víctima se de España.
En el primer piso, empezamos viendo la información sobre el 11 de Septiembre de1973. En ese nefasto día se produjo el levantamiento militar y se inició la persecución y matanza de personas inocentes. Hay una proyección en blanco y negro con la secuencia del ataque al Palacio de la Moneda y la muerte de Allende. En esa zona hay puestos con auriculares para escuchar el discurso de Allende, la proclamación de la Junta militar, testimonios de testigos...son recogedor.
Aún impresionada, pasé a una zona donde hablan de los niños asesinados por "ser comunistas", de los dibujos que hacían los niños en el cole,...horrible.
Lo siguiente es muy fuerte. Son testimonios de gente torturada. Cuentan lo que sentían y lo que siguen sintiendo. Una mujer delgada cuenta que desde que la mandaron desnudarse y así la vejaron y violaron como persona, lo que la hicieran a partir de ahí daba igual, porque ya la habían destruido. Cuenta que el dolor era tan espantoso que había un momento en que ya no sentía nada y que se ausentaba, se disponía a morir y se sentía como fuera el mundo. Asegura que la DINA se ensañaba con las mujeres.
A otra la torturaban delante de su pareja, para torturarle a él. Dice que ahora se da cuenta de que fue el instrumento de la tortura de su pareja.
Un hombre decía que casi todas las torturas que le hicieron, aunque muy dolorosas, podía sobrellevarlas, excepto la electrocución. Dice que el dolor era insoportable.Para electrocutarlos los ataban sobre un somier de hierro al que llamaban "la parrilla". La tranquilidad con la que contaban todo eso era sobrecogedora.
Hay un apartado sobre los expulsados forzosos por "peligrosos para el país" y exiliados. También es bastante duro. Un documental muestra a las familias en la puerta del Estadio Nacional preguntando por sus familiares. Era espantoso ver su expresión. También hay una relación de los países de acogida.
Hay un lugar frente a un mural con las fotos de los asesinados y desaparecidos, rodeado de luces que imitan velas donde, en una pantalla, puedes ir buscando en un álbum digital las fotos de personas desaparecidas, ver su ficha, la edad que tenía cuando desapareció y su lugar en el mural.
Hay un documental con una manifestación en la que un policía agarra a una chica, la gira y le dispara en la cabeza. No murió, pero las imágenes son tremendas.
También hay un apartado sobre la música y el arte en tiempos de la dictadura, y acaba con el plebiscito para preguntar a la gente si quería que siguiera Pinochet y el triunfo del No.
Hay carátulas de discos revolucionarios, prohibidos, claro. Y un apartado sobre Neruda, que murió el 25 de septiembre. Hay una versión que dice que lo asesinaron con una inyección de supuesto analgésico. Tuvo un shock después de que le inyectaran y murió. El hombre tenía un cáncer, pero le aceleraron el proceso, por lo que se ve.
No recordaba que a Víctor Jara le asesinaran tan pronto. Lo mataron el día 15. Recuerdo la impresión tan terrible que sufrimos cuando nos enteramos de su tortura y muerte, cuando yo era adolescente. Cantábamos Te recuerdo Amanda....recuerdo esos momentos como si fuera ayer. En el 73 estábamos en España en una situación muy rara. A Carrero lo mataron en Diciembre del 73. Yo estaba en el colegio y ese día nos mandaron a casa. Mi madre decía, por lo bajinis, que nos habíamos salvado de alguien incluso peor que Franco. Y tenía intención de sucederle, porque Franco ya estaba pocho y decrépito.
Lo de Chile nos dejó sobrecogidos. Pero en el 74 ocurrió la Revolución de los claveles en Portugal y sentimos cierta esperanza. Muerto Carrero, quizá podría pasar en España algo así, pensábamos con ilusión. En el 75 murió Franco y en el 76 fue el golpe de Videla en Argentina. Pero en España estábamos tan de los nervios y tan inseguros tras la muerte de Franco, Arias Navarro de presidente, el rey Juan Carlos al que le llamaban "el breve", que el golpe de Videla casi ni lo tuvimos en cuenta, hasta que empezaron a llegar noticias del espanto que estaba produciéndose en Argentina.
Todo eso lo recordaba en el Museo. Volví a sentir las sensaciones de aquellos años, las manifestaciones, los grises, el horror de las noticias de uno y otro lado...Fue una época muy extraña, pero me alegro de haberla podido vivir.
—————————
Se nos había hecho muy tarde. Hay una cafetería junto al museo y allí tomamos unos bocatas. Nos hemos encontrado a las francesas mayores del barco de Natales a Punta Arenas y hemos contado nuestras andanzas. Luego hemos ido a visitar el Palacio de la Moneda por fuera. Para visitarlo por dentro hay que mandar un correo una semana antes. Nos hemos quedado mirando la fachada, recordando las imágenes el bombardeó y después hemos ido a ver la estatua de Allende. Yo me he quedado mucho rato mirándola, como un homenaje a ese gran hombre. Parece ser que molestaba a USA, que año quería socialistas en Latinoamérica y el golpe estuvo apoyado por ellos. Nixon y Kissinger fueron los principales promotores. Esto se conoce tras la desclasificación de los documentos sobre el tema en la época de Clinton.
Tras esa última visita, decido irme al hotel a buscar cosas en Internet, teñirme el pelo...tengo las tripas aún revueltas y no me apetece pasear sin más. Me he comprado un champú de color. Había probado una espuma fantástica de Loreal que me recomendó Puri, pero me dan la triste noticia en una perfumería de que la han retirado del mercado. Me han hecho la cusqui.
Juanjo se va a pasear a su bola. Le viene bien ir a su aire. Yo le doy reposo a mis intestinos. Ceno ligero. No puedo tomar fruta. Va a sobrar mucha.
Le he leído a Juanjo fotos e información sobre Isla Negra. Remiten a la terminal Alameda, con una frecuencia de cada 15 minutos. Pero él dice que vamos a ir a Pajaritos porque lo ha dicho la de Sernatur.
28/NOVIEMBRE/214 EL MUSEO DE LA MEMORIA
Desayunamos yogur y galletas, en mi caso porque tengo las tripas otra vez dando guerra. Debe ser la maldición de Lautaro, en este caso, guerrero mapuche, azote de los castellanos.
Juanjo quiere ir a Sernatur.. Está lejos y yo creo que no merece la pena. Tampoco hay mucho que ver y las web dan suficiente información. Pero secamos una tarjeta de metro y vamos hasta allí. Efectivamente, nos cuentan lo que ya sabíamos, excepto que la chica nos dice que para ir a Isla Negra tenemos que ir en Metro hasta Pajaritos. Yo tenía anotada otra.
Ya que hemos ido hasta allí, pasamos por la tienda de Apple a por un conector para cargar las fotos en el iPad y así poder subirlas a Dropbox. Cuesta la mitad de lo que habríamos pagado en Buenos Aires por el asunto del cambio.
De camino hemos visto una oficina de LAN. Como seguimos sin noticias del cambio de vuelo, entramos a preguntar. La administrativa nos dice que no puede modificar nuestra reserva, pero que hay disponibilidad, y que vayamos a Iberia, que está en el barrio de Las Condes, a pocas paradas de Metro Ya puestos a pasarnos la mañana en gestiones, vamos hasta allí. La oficina está en un piso veintitantos. La señora que nos atiende dice que el cambio lo podían haber hecho en LAN sin ningún problema, o en cualquier compañía de One World, que para eso existe, pero que no lo hacen porque, al no ser una venta, no ponen interés. Inicialmente nos dice que el cambio por Quantas nos cuesta ciento y pico euros a cada uno. Le comentamos que, según las condiciones del billete, pueden cobrarnos por modificar destinos, pero no por cambiar fechas. Comprueba que hay disponibilidad y, finalmente, nos hace el cambio, aunque no puede darnos billete porque el nuestro no es electrónico. Así que podremos irnos el domingo y ganar algún día en Nueva Zelanda. Acabadas las gestiones, cogemos el Metro para visitar el Museo de la Memoria y los derechos humanos. Desde el Metro hay salida directa al museo. Es gratuito.
La muestra se inicia con una explicación sobre las Comisiones de la Verdad y los países que las han establecido. Hay 33 países de los que soportaron dictaduras, de cuatro continentes, con los consiguientes asesinatos, torturas y desapariciones, que han constituido estas Comisiones. Para vergüenza nuestra, España no está entre ellos, a pesar de haber sufrido lo mismo en tiempos del dictador y de los intentos de búsqueda de familiares que aún hay en nuestro país. Y de la impunidad de los torturadores. Para mayor vergüenza, es en Argentina donde se está intentando solucionar este problema de las víctima se de España.
En el primer piso, empezamos viendo la información sobre el 11 de Septiembre de1973. En ese nefasto día se produjo el levantamiento militar y se inició la persecución y matanza de personas inocentes. Hay una proyección en blanco y negro con la secuencia del ataque al Palacio de la Moneda y la muerte de Allende. En esa zona hay puestos con auriculares para escuchar el discurso de Allende, la proclamación de la Junta militar, testimonios de testigos...son recogedor.
Aún impresionada, pasé a una zona donde hablan de los niños asesinados por "ser comunistas", de los dibujos que hacían los niños en el cole,...horrible.
Lo siguiente es muy fuerte. Son testimonios de gente torturada. Cuentan lo que sentían y lo que siguen sintiendo. Una mujer delgada cuenta que desde que la mandaron desnudarse y así la vejaron y violaron como persona, lo que la hicieran a partir de ahí daba igual, porque ya la habían destruido. Cuenta que el dolor era tan espantoso que había un momento en que ya no sentía nada y que se ausentaba, se disponía a morir y se sentía como fuera el mundo. Asegura que la DINA se ensañaba con las mujeres.
A otra la torturaban delante de su pareja, para torturarle a él. Dice que ahora se da cuenta de que fue el instrumento de la tortura de su pareja.
Un hombre decía que casi todas las torturas que le hicieron, aunque muy dolorosas, podía sobrellevarlas, excepto la electrocución. Dice que el dolor era insoportable.Para electrocutarlos los ataban sobre un somier de hierro al que llamaban "la parrilla". La tranquilidad con la que contaban todo eso era sobrecogedora.
Hay un apartado sobre los expulsados forzosos por "peligrosos para el país" y exiliados. También es bastante duro. Un documental muestra a las familias en la puerta del Estadio Nacional preguntando por sus familiares. Era espantoso ver su expresión. También hay una relación de los países de acogida.
Hay un lugar frente a un mural con las fotos de los asesinados y desaparecidos, rodeado de luces que imitan velas donde, en una pantalla, puedes ir buscando en un álbum digital las fotos de personas desaparecidas, ver su ficha, la edad que tenía cuando desapareció y su lugar en el mural.
Hay un documental con una manifestación en la que un policía agarra a una chica, la gira y le dispara en la cabeza. No murió, pero las imágenes son tremendas.
También hay un apartado sobre la música y el arte en tiempos de la dictadura, y acaba con el plebiscito para preguntar a la gente si quería que siguiera Pinochet y el triunfo del No.
Hay carátulas de discos revolucionarios, prohibidos, claro. Y un apartado sobre Neruda, que murió el 25 de septiembre. Hay una versión que dice que lo asesinaron con una inyección de supuesto analgésico. Tuvo un shock después de que le inyectaran y murió. El hombre tenía un cáncer, pero le aceleraron el proceso, por lo que se ve.
No recordaba que a Víctor Jara le asesinaran tan pronto. Lo mataron el día 15. Recuerdo la impresión tan terrible que sufrimos cuando nos enteramos de su tortura y muerte, cuando yo era adolescente. Cantábamos Te recuerdo Amanda....recuerdo esos momentos como si fuera ayer. En el 73 estábamos en España en una situación muy rara. A Carrero lo mataron en Diciembre del 73. Yo estaba en el colegio y ese día nos mandaron a casa. Mi madre decía, por lo bajinis, que nos habíamos salvado de alguien incluso peor que Franco. Y tenía intención de sucederle, porque Franco ya estaba pocho y decrépito.
Lo de Chile nos dejó sobrecogidos. Pero en el 74 ocurrió la Revolución de los claveles en Portugal y sentimos cierta esperanza. Muerto Carrero, quizá podría pasar en España algo así, pensábamos con ilusión. En el 75 murió Franco y en el 76 fue el golpe de Videla en Argentina. Pero en España estábamos tan de los nervios y tan inseguros tras la muerte de Franco, Arias Navarro de presidente, el rey Juan Carlos al que le llamaban "el breve", que el golpe de Videla casi ni lo tuvimos en cuenta, hasta que empezaron a llegar noticias del espanto que estaba produciéndose en Argentina.
Todo eso lo recordaba en el Museo. Volví a sentir las sensaciones de aquellos años, las manifestaciones, los grises, el horror de las noticias de uno y otro lado...Fue una época muy extraña, pero me alegro de haberla podido vivir.
—————————
Se nos había hecho muy tarde. Hay una cafetería junto al museo y allí tomamos unos bocatas. Nos hemos encontrado a las francesas mayores del barco de Natales a Punta Arenas y hemos contado nuestras andanzas. Luego hemos ido a visitar el Palacio de la Moneda por fuera. Para visitarlo por dentro hay que mandar un correo una semana antes. Nos hemos quedado mirando la fachada, recordando las imágenes el bombardeó y después hemos ido a ver la estatua de Allende. Yo me he quedado mucho rato mirándola, como un homenaje a ese gran hombre. Parece ser que molestaba a USA, que año quería socialistas en Latinoamérica y el golpe estuvo apoyado por ellos. Nixon y Kissinger fueron los principales promotores. Esto se conoce tras la desclasificación de los documentos sobre el tema en la época de Clinton.
Tras esa última visita, decido irme al hotel a buscar cosas en Internet, teñirme el pelo...tengo las tripas aún revueltas y no me apetece pasear sin más. Me he comprado un champú de color. Había probado una espuma fantástica de Loreal que me recomendó Puri, pero me dan la triste noticia en una perfumería de que la han retirado del mercado. Me han hecho la cusqui.
Juanjo se va a pasear a su bola. Le viene bien ir a su aire. Yo le doy reposo a mis intestinos. Ceno ligero. No puedo tomar fruta. Va a sobrar mucha.
Le he leído a Juanjo fotos e información sobre Isla Negra. Remiten a la terminal Alameda, con una frecuencia de cada 15 minutos. Pero él dice que vamos a ir a Pajaritos porque lo ha dicho la de Sernatur.
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