martes, 24 de enero de 2017

40 años de la Matanza de Atocha

Emocionante el día de hoy. No pude estar en Madrid, igual que ese día no pude ir al entierro, pero la emoción es la misma.

Gracias al sacrificio de los abogados laboralistas. Sus nombres significarán para siempre el inicio de la libertad.

martes, 10 de enero de 2017

El lugar donde vivo

El lugar donde vivo no deja de sorprenderme. El domingo hacía un día soleado y perfecto para pasear por la playa.

Así que salí de casa a pasear y tomar el sol en La Rábita. Estuve un rato en las rocas, relajándome junto a las olas, olvidando los estresantes días en el hospital de la semana de Reyes.

Se estaba tan a gusto que metí los pies en el agua, que no notaba muy fría, sintiendo las olas chocando contra ellos.

El lunes también amaneció despejado. Juanjo se levantó muy temprano y, cuando bajé a desayunar me preguntó si tenía ropa de abrigo. Una pregunta absurda, cómo no voy a tener...

Así que me propuso subir al puerto de La Ragua, a pasear por la nieve.

Me duché y vestí rápidamente y allá que nos fuimos. En algo menos de una hora estábamos aparcando en la cima.

Por el camino nos parecía que no iba a haber nieve, pero sí. Había. Y no sólo a los lados de la carretera, ni en las umbrías, sino a pleno sol.

Había unas pocas personas, deslizándose con trineos. Nosotros estuvimos paseando por el pinar, en un camino cubierto de nieve, algo helada, pero un paseo agradable al sol.

La cara norte de Sierra Nevada estaba espectacular. El brillo del sol en la nieve era pura magia, bajo un cielo asombrosamente azul.

El lugar donde vivo no deja de asombrarme. Granada. Magia pura

jueves, 3 de noviembre de 2016

EL PAÍS DE LA CANELA

EL PAÍS DE LA CANELA

Como se me van olvidando muchas cosas mientras escribo, ahora que nos vamos voy a hacer unos apartadillos para describirlas y comentar aspectos generales del país que, los españoles llamaron De La Canela

LA GENTE

Alguien me había dicho que los ecuatorianos no eran nada amables. No entiendo esa afirmación. No hemos encontrado una sola mala cara, nada que no fueran expresiones y sonrisas amables, sin cinismo, pura amabilidad, simpatía y aspecto alegre.
A los ecuatorianos no se les ve huraños. Parecen gente feliz con lo que tienen, y muestran su entorno con gusto. Procuran hacerte un favor, se lo pidas o no. Si pueden hacer una rebaja a la hora de cobrarte, la hacen sin dudar y sin que se lo pidas.
Preguntar cualquier cosa por la calle no recibe ninguna mala cara, al contrario. Agradecen cualquier detalle, una propina, lo que sea,  con efusividad.
Comen en restaurantes de la calle los menús, que son completos y baratos. Nos da la impresión de que deben molestarse poco en cocinar, a juzgar por la cantidad de gente que utiliza los puestos de comidas.
No se ven mendigos por las calles más que de forma anecdótica. No es una práctica común. La gente recibe una renta mínima y se buscan la vida con negocios o como vendedores ambulantes, o como profesionales.

Hay muchas etnias diferentes. Imposible conocerlas en un solo viaje, más que en generalidades. Yo renuncié a hacerlo desde el principio. Son demasiados, demasiada diversidad en las gentes.
Los Shuar (jibaros) son una de la etnias más extendidas, abarcan el sur y llegan hasta la parte norte del Oriente. Los Kichwas son la otra Etnia que abunda, descendiente de los Incas, están por todas partes. Los Waorani se describen en el capítulo de Puyo. Hay en Yasuni tribus no contactadas y, en cuanto a los indígenas que viven por el sur, por debajo de Macas y Zamora a los que se accede con avioneta, parece que son bravos y poco de fiar. Pueden ser peligrosos, igual que los que se encuentran por el Yasuni, que han matado a personas encargadas por el Gobierno para buscar petróleo que debe abundar en esa zona.


LAS CALLES Y CARRETERAS

Este país está limpio sin paliativos. La gente tira la basura en las papeleras. Es rarísimo ver a alguien tirar algo al suelo. Yo sólo lo he visto una vez. No hay basura, excepto en los momentos puntuales de mercados en pueblos, en los que se pueden ver restos de las frutas y verduras, pero lo limpian a continuación y todo queda impoluto.

Las carreteras están, por lo general, muy bien, excepto algunos tramos en los que ha habido desprendimiento o que estén en obras. Últimamente se han desarrollado mucho las infraestructuras y parece que se nota en el desarrollo de los pueblos que antes estaban aislados o tenían dificultad para trasladar sus productos.

Las calles son seguras. En los lugares más turísticos hay mucha policía o empresas de seguridad. No tienes malas sensaciones. Quizá el sitio más complejo sea Guayaquil, donde se recomienda ir en taxi a todas partes. El centro histórico de Quito está plagado de policía que van en esos patines tipo moto con dos ruedas y una plataforma. Pero nunca te sientes inseguro.

LA COMIDA

Como en el resto de Sudamérica -y Centroamérica- los menús incluyen una sopa, un plato principal, que contiene muy poca proteína y se acompaña de arroz con papas fritas, patacones o yuca. Suele haber postre, habitualmente gelatina o natillas. Se acompañan de agua aromática o jugos. El vino es importado y carísimo y las cerveza locales son la Pilsener y la Club. Tienen poco alcohol, son muy ligeras. La Budweiser es peor. No es la clásica. Está hecha aquí y es peor que las locales.

Los platos típicos los he ido describiendo a lo largo del diario: los encebollados, el cuy, el cerdo asado, los cebiches, las conchas negras....alguno no lo hemos tomado por demasiado contundente, como el chunchungcara, que nos parecía excesivo. Los maitos ya los he descrito en la Amazonia. Hay mucha parrilla, apanados, salsa de ajillo...hay picante, pero va aparte, en salseras, y no es excesivamente fuerte.

Las frutas abundan. Nos encantan los platanitos pequeñitos, deliciosos. Hay mangos buenísimos, papaya, fresa (frutilla), Pittaya, ciruelas diminutas, naranjas (no muy buenas) y, en la zona amazónica, Guaba y morenetes (en Perú Acuaje).

Los jugos se hacen de toda la fruta, pero me parece especialmente bueno el de mora.

En los mercados abundan toda clase de verduras, yuca, varias clases de papas, zanahoria blanca, zanahoria normal, coles, espinacas....y la mayor parte de la comida está aderezada con cilantro en abundancia, que se reparte por sacos, como el perejil en Turquía.

Hay demasiado dulce y casi todo va endulzado. Siempre que hay dudas sobre si algo puede llevar o no azúcar, no lo dudes, lleva azúcar fijo, aunque tengo que reconocer que no empalagoso.

Los helados se venden por todo el país, artesanos, caseros o industriales. Hay muchos carritos que venden helados caseros y raspados. Es muy popular un helado casero en forma de cono truncado, bastante grueso, que lleva un palito torcido. Debe ser para no mancharte, porque me da la impresión de que esos helados se derriten enseguida.

El chocolate negro es difícil de encontrar. Casi siempre es de porcentajes bajos y azucarado. Pero el chocolate ecuatoriano es bueno, como todo el mundo sabe. Y se exporta. El de la Amazonia parece especialmente bueno. Hay denominaciones de chocolates por fincas en una de las marcas que venden. No es barato en ningún caso.

El café lo toman aguado. Pasado, le llaman. Yo he tomado tres veces en todo el viaje, cuando he encontrado expresso, porque no soporto el café aguado. Juanjo lo toma  negro. Parece que la producción que tienen es de buena calidad y lo exportan.

Hay infusiones por todas partes. Hay una que llaman horchata, que no tengo ni idea de a qué sabe. La infusión más popular en Amazonia, al menos como energética,  es la Guayusa, que puede tomarse caliente o fría.


LOS AUTOBUSES

Una cosa que me tenía loca planificando el viaje desde España, es que no había manera de localizar los horarios de los autobuses. Una página de información que te pedía origen y destino, se recargaba poniendo que fueras a la terminal de la estación de origen y preguntaras.

Efectivamente, no hay otra forma de hacerlo. Ni por teléfono ni nada. Tiene que ser en la terminal. Así que, según llegas a un sitio, es conveniente perder un rato en buscar la forma de salir, preguntando en la misma terminal, para no llevarte sustos.

Los autobuses casi siempre son directos. Eso significa que paran constantemente recogiendo y soltando gente por la carretera o en cualquier punto en que los pasajeros pidan bajarse con un "Graciaaaaaas", que indica que haga el favor de parar aquí. Los boletos para los buses pueden comprarse en las oficinas de las compañías y van numerados, pero si te subes por el camino, te sientas donde puedas. No llevan aire acondicionado ni wifi, aunque lo ponga, no te hagas ilusiones.

Los trayectos, con tanta parada, aumentan en su duración un tiempo proporcional. Si el trayecto es de dos horas, emplearás dos y media y así sucesivamente. Como tardan tanto, es inevitable que pilles la entrada o salida de los colegios. Los niños viven en los pueblos o comunidades de los alrededores, así que, a mediodía, vamos soltando a cada nada escolares con mochila, con los que el autobús se acaba llenando hasta los topes.

En las paradas "oficiales", entre la gente que baja, que sube, y los vendedores, se monta un barullo importante de gente en el autobús. Hay un momento de máximo estrés, en el que sube gente vendiendo todo tipo de comidas. Luego, por el camino suben vendedores de comida que se bajan un poco más adelante y suben de nuevo al autobús que retorna.

Finalmente están los "amigos lindos" a los que llamamos así por un pelmazo en Colombia que repetía "Amigo lindo" cada tres a cinco palabras. Son los charlatanes, los vendedores ambulantes de remedios y galletitas que, de paso, te largan una prédica plastísima. Sólo nos hemos salvado de estos tipos en el bus que iba por la Amazonia hasta el Puyo. En el resto de buses, no ha faltado uno. Lo único bueno de que tengamos pinta de "guiris" es que, suponen que no hablamos español y, como perdemos la mirada en el infinito cuando aparece uno, nos dejan tranquilos.

En los trayectos de más de dos horas, suelen ponerte una película violenta, ideal para los niños que viajan en el autobús. Muy sangrientas y con muchos tiros y ruido.

Los asientos llevan bolsas de plástico en el lado del pasillo para que tires ahí la basura y no manches. En algunos autobuses no se permite comer. O eso pone, pero los vendedores de comida entran igualmente.

LOS HOTELES

Hemos viajado en hoteles de categoría media, próximos al centro de los núcleos urbanos, para evitar desplazamientos. Están limpísimos, las sábanas estupendas, buenas camas y unas duchas muy grandes, más que las de mi casa, a veces. Casi siempre proporcionan jabones y champú y las toallas suelen cambiarlas a diario. No hemos tenido ningún problema con las reservas, el pago...nos han dado desayunos abundantes, con fruta, jugos, huevos, pan, mantequilla y mermelada, café, té o chocolate. Y una amabilidad extrema, por parte de los empleados.

LOS TAXIS

Hemos cogido muchos. Pero es que son muy baratos. Un trayecto por ciudad puede costarte un dólar, máximo dos, excepto en Quito a la terminal o al aeropuerto, que son más caros. El taxi colectivo a Vilcabamba desde Loja, que era como media hora de trayecto, nos costó cuatro dólares por los dos. Y era una media hora de trayecto. Íbamos tres personas.

Los taxistas no engañan. No hemos visto a ninguno que intentara pasarse. Cobran lo que pone el taxímetro o te piden una cantidad mínima.

LA GASOLINA Y LA ECONOMÍA

La gasolina está a 1,5 dólares el Galón (casi 3 L), baratísima, ya que es un país productor.     De todas formas, la bajada del precio del barril de crudo ha afectado mucho a la economía ecuatoriana. Han tenido que renegociar la deuda con China, a causa de ello.

Otro de los paises con los que tienen una intensa relación comercial -y se nota- es Alemania. Hay muchísima inversión alemana y, por tanto, hay mucho turista alemán. La mayor parte de turistas que hemos encontrado eran germanos. Algunos estadounidenses y pocos europeos de otros orígenes. Alguno español pero poca cosa, aunque sabemos que andaban algunos viajando también, porque nos lo decían los hosteleros.

Luis Zapata, el de Baeza, nos ha dicho que los chinos han venido a explotar minas de oro y se lo han llevado todo y los estadounidenses han venido a por uranio. Que han hecho mucho destrozo extrayendo petróleo anteriormente. Todavía están en litigio con Exxon por un vertido que hizo mucho daño hace años.

Se intenta que no haya mucha importación y fomentar el consumo interno. Se exporta petróleo, café, cacao.

Hay un impuesto a las transacciones con tarjeta de crédito que se impuso tras el terremoto de Pedernales, hace menos de un año, para recaudar dinero para la reconstrucción.

EL PRESIDENTE

Rafael Correa está a punto de acabar su mandato y no se presenta a un tercero. Por Latacunga pasamos por el sitio donde le invistieron por el rito tradicional indígena. Es un economista educado en Estados Unidos y de izquierdas. Tenemos la impresión de que ha hecho bastante por la educación, se ven hospitales y centros de salud nuevecitos y nos han dicho que ha mejorado muchísimo las infraestructuras, especialmente las carreteras a lugares mal comunicados anteriormente.

Por supuesto, que hay gente que lo critica y que dice que si no sigue, será porque tiene negocios fuera, pero nos parece que al país le ha ido bastante bien con él y que está bien visto, en general.

No terminé de enterarme de una noticia que escuché en la radio de un taxi, sobre una resolución del Parlamento para que las compañías sanitarias privadas reembolsaran al sistema sanitario la atención a los asegurados por las compañías en caso de ser atendidos por el sistema público. Es un asunto interesante.

EL ENTORNO

Ecuador es un país pequeño, pero con una diversidad espectacular, como puede encontrarse en pocos sitios. Lo cierto es que la impresión que queda al visitante es de haber estado en un país precioso y diverso.

Hay cuatro zonas geológicas diferentes: la Costa, Los Andes, El Oriente (Amazonia) y Las Galápagos. La Costa la hemos visto poco, pero es evidente la diferencia con las demás. Las cuatro son tan distintas que podrían estar en países diferentes. Los climas varían muchísimo. Una zona que no hemos podido visitar es el Parque Nacional Yasuni, en la Amazonia, donde hay la mayor diversidad de especies del mundo y tribus no contactadas. Pero el lugar debe ser espectacular y carísimo de visitar.

Lo demás, en cuanto a paisaje, clima, etc, lo he ido describiendo a lo largo del diario, no merece la pena repetirlo aquí.


CURIOSIDADES: LOS NIÑOS TRAVIESOS

En la visita que hicimos a la casa-museo de María Augusta Urrutia, en una sala había un pequeño muñeco articulado. El guía le llamó "El Niño Travieso" y nos dijo que se cambiaba de sitio y les revolvía la habitación. Intentaron encerrarle en otra sala cerrada, pero volvían a encontrársele en la suya, después de haber volcado alguna cosa. El guía decía que anteriormente, cuando no había puesto un cordón para ver las habitaciones un poco alejado, cuando se colocaba delante del armario donde estaba el muñeco, notaba que le daban golpecitos en el hombro y estaba seguro que era el muñeco. No tiene cara de malo, pero me ha dado yuyu. Los muñecos me parecen terroríficos.

En otra ciudad leímos la leyenda de una familia que tenía un Niño Jesús tradicional en la casa. Se trasladaron a Quito y se lo llevaron, pero El Niño volvía a su ciudad original. Finalmente volvió la familia a su ciudad original, se trajo al Niño y me parece que le construyeron una capilla.






















DESPEDIDA

3/11/2016. DESPEDIDA

Nos hemos despertado con el sonido de los colibríes, como ayer. Y de la lluvia, además. Desayunamos tan rico como ayer. Hay gente que viene a tomar los deliciosos desayunos de Luis.

Hoy nos vamos. Hemos hecho la maleta y, tras ducharnos, vamos un rato a disfrutar de los colibríes.

Luis nos cuenta que las orquídeas que tiene son nativas. Que hay mucha deforestación por parte de los ganaderos, aunque el Gobierno intenta convencerles para que estabulen y no destrocen el monte, pero es difícil el tema. Entonces, cuando talan, hay gente como Luis que van a hacer rescate de orquídeas. Las cogen de los árboles talados y las colocan en troncos, o en su mismo sustrato, para conservarlas.

Estoy escribiendo junto a los colibríes y la buganvilla y pienso si es posible estar en un sitio mejor, como despedida. Ha sido un privilegio.

Nos vamos ya. El viaje a Ecuador ha sido precioso, diverso, fantástico en cuanto a los paisajes y maravillosa gente que hemos encontrado. Esta despedida no la esperábamos. Otro broche de oro, como el de la vuelta al mundo, con las Cataratas Victoria.

Un saludo. Os dejo un epílogo de cosas que se me han olvidado

QUINDE HUAYCO


2/11/2016 QUINDE HUAYCO

Los colibríes vuelan y chirrían por delante de la ventana. Pasan disparados como flechas. Es un despertar precioso.

Luis nos prepara un desayuno tan bonito que le hago una foto. Un plato con frutas variadas, huevos, tostadas de mantequilla y una crujiente loncha de bacon. Desayunamos mientras los colibríes acuden a los bebederos, libando el agua azucarada. Intentamos sacarles fotos mientras vuelan, pero es muy difícil, son demasiado rápidos.

A veces uno de preciosos colores se posa en la rama de la buganvilla, pero en cuanto intentas coger el móvil o la cámara, vuela y desaparece.

Hace buen día. Hemos salido a dar una vuelta por un sendero que sale detrás de las cabañas Kopal y que baja a una cascada. Yo me he puesto botas de agua. Luis tiene algunas de las que dejan los turistas, como hicimos nosotros en Costa Rica. Compramos unas al llegar y las dejamos antes de irnos.

Bajamos el resbaloso sendero. Hay algo de barro y las piedras están húmedas. Es bastante empinado. Al final hay dos cascadas y, si tienes suerte, puedes ver el gallo de las peñas, que es un ave con la cabeza roja y gran cresta, pero nosotros no la tuvimos. Escuchamos su canto, que es parecido al croar de una rana, pero no pudimos verle. Juanjo alcanzó a ver un par de ardillas. Yo, ni eso.

Pero la zona de las cascadas es un sitio precioso. Hay un puente colgante que lleva a un sendero que sube a un mirador y otros dos senderos que se desvían a cada una de las cascadas. Las paredes llenas de musgo y las orquídeas colgando de los árboles, el sonido del agua...un lugar mágico.

Subimos a la carretera de nuevo. Juanjo quiere seguir andando, pero yo decido ir a ducharme y pasar el día disfrutando de las orquídeas y los colibríes. Un día de relax para acabar el viaje.

Luis tiene una cantidad grande de orquídeas, que son el goce de los botánicos que vienen por aquí. También suele tener hospedados ornitólogos, que se lo deben pasar pipa entre los colibríes y el resto de aves que se encuentran en las montañas.

He recorrido el sendero de las orquídeas de la finca y lo encuentro lleno de plantas. Las orquídeas de distintas especies bordean todo el sendero. Hay, además, heliconias y las trompetas de bulbo, también de distintos colores. Hay muchos árboles, buganvillas....en fin, un vergel.

Hay al final del sendero un mirador cubierto, con una mesa de madera en el centro. Se ve desde allí el valle y la "ye" de la carretera. Juanjo ha venido al cabo de un rato y hemos estado viendo en el mirador unas urracas incas, de llamativos colores, especialmente amarillo.

Tras ducharnos hemos ido a comer algo a Gina. Hoy es fiesta y está petado de gente, pero conseguimos comer sin problemas una carne bastante buena.

Tras una siestecita, hemos vuelto a pasar la tarde en la cafetería, viendo a los colibríes, y desesperándonos por sacarles una foto en vuelo. Son superveloces. He leído en la Colibripedia que baten las alas entre 60 y 90 veces por segundo, en todas direcciones. Su corazón late 1260 veces por minuto y el más pequeño pesa 2,2 gramos.

Se nos ha hecho de noche viendo a los colibríes. Hemos bajado un rato a la habitación, a leer y luego hemos vuelto a Gina a tomar un sándwich.

Se ha puesto a llover. Mejor, más agradable dormir con el sonido de la lluvia

miércoles, 2 de noviembre de 2016

BAEZA COLONIAL

1/11/2016. BAEZA COLONIAL

No nos da tiempo a desayunar, porque el bus sale a las 8:30 y los desayunos empiezan a las 8. Además, hay que buscar un taxista que nos quiera hacer el corto trayecto hasta el centro del pueblo. Ana llama a varios, que están desayunando, pero acaba dando con uno que llega en un momento.

Compramos los billetes y compro también yogur y galletas en una tiendecita, para ir tirando. Juanjo pretendía desayunar algo que subieran a vendernos, pero el único que ha subido ha sido un "amigo lindo" de los plastas, que vendía un purgante.

El bus ha parado en Tena un buen rato y en Archidona se ha roto y han estado un rato para arreglarlo. El calor es tremendo y hay pasajeros cabreados.

El trayecto hacia la sierra ha sido precioso de verdad. Pasamos entre montañas llenas de vegetación y al borde de profundos barrancos, impresionantes. Pasamos de la llanura a la montaña de nuevo. La primera parte del trayecto ha sido muy calurosa, pero ha empezado a sentirse un aire fresco al subir.

Nos dejan en Baeza, ciudad, y un taxi nos traslada a Baeza colonial, que está a un par de km, o así. Este es un pueblo de casas dispersas, mágicamente situado entre montañas, donde corre un airecito fresco que nos alivia mucho. Luis Zapata es el afortunado dueño y tiene cara de felicidad. Su negocio es básicamente para ornitólogos y botánicos, que estudian sus orquídeas y van a buscar pájaros en la montaña.

Nuestra felicidad es ver colibríes. Hasta ahora íbamos mordiéndonos los puños, porque no veíamos ni uno. Aquí hay bebederos de agua azucarada donde se acercan colibríes de todos los tamaños y de quince especies.

Hemos ido a comer algo, a causa del parco desayuno. En casa Gilda tomamos unas truchas, que son la especialidad del lugar.

Descansamos un rato y nos acercamos a la cafetería, porque en la preciosa habitación que tenemos no llega Internet y porque allí se ven fantásticamente los colibríes cuando se acercan a beber. He hecho fotos de alguna orquídea en floración, en concreto de una de flor pequeña y preciosa. Y he intentado retratar a los colibríes, pero me han salido bien pocas fotos; los colibríes son rápidos como el rayo y te pasan zumbando junto a la oreja como aviones.

Hemos estado de tertulia. Una pareja alemana se aloja en la habitación de arriba y mañana intentan ir a Coca, pero Luis ha estado llamando por teléfono hasta al lucero del Alba y no ha encontrado una respuesta sensata. Me pregunta el alemán si por Internet es posible, y ya le digo que lo lleva claro. A no ser que vayas a una terminal, es imposible averiguar nada.

Luego Luis se ha comprometido a llevarnos al aeropuerto de Quito. Nos va a cobrar 70$, pero casi merece la pena. Un taxi desde el centro de Quito al aeropuerto ya vale 26 y, desde la terminal al centro, otros 15. Si nos lleva hasta el aeropuerto internacional, incluso puede merecer la pena y nos ahorramos un viaje penoso en autobús.

Luis habla por los codos y hemos estado de palique, viendo a los colibríes, que Juanjo se desesperaba por retratar, pero van flechados y no le apetece fotografiarles en los bebederos, que es donde están más quietos por un momento. De todas formas, yo intento sacar las fotos en ráfaga, porque se van en cualquier momento y a toda velocidad y te quedas con la foto vacía y la cara de paisaje.

Hemos ido a la famosa pizzería de un holandés que hay en las cabañas Kota, a tomar una de sus famosas pizzas. Está muy buena y la cerveza, muy fresquita. Pero el tipo cierra la cocina y se larga rápido. Luis le ha llamado para decirle que no fuera a irse, que íbamos nosotros ya mismo, aunque era temprano.

La habitación que nos han dado se llama Colibrí. Tiene dos ventanas en ángulo, por las que se ven las montañas y las plantas. Por la mañan pasan flechados los colibríes. Tiene un dibujo en la pared de un colibrí libando de una heliconia, y cuadritos de flores. Es de madera y ladrillo. Un armario de baldas ventilado por puertas de rejilla, un sillón bonito de brazos de madera, y un baño cuyo espejo tiene una rama de espigas naturales en la parte superior. Hay unas pequeñas máscaras de cerámica, con aretes en las orejas y nariz en el camino al baño. Es muy acogedora.











JATUN SACHA

31/10/2016 RESERVA CIENTÍFICA JATUN SACHA

Nos ha indicado Ana que es una buena caminata para la mañana. Tras el desayuno, nos ha llamado un taxi para llegar a la reserva, que está a quince minutos en coche, y cinco dólares de taxi, en el camino a Aguano.

El taxista nos indica que para volver, cojamos cualquier autobús e indiquemos que nos dejen en la "ye" de Misahualli y que desde allí tendremos que caminar unos dos km. A estas alturas, ya nos hemos dado cuenta de que la "ye" es una Y. O sea, un cruce.

En la reserva nos recibe el director, un alemán. Nos dice que hay como para caminar dos dias, pero nos recomienda un sendero de unas tres horas, con guía. Hay un sendero auto guiado de una hora, pero preferimos adentrarnos un poco más en el bosque. Años cobra seis dólares a cada uno por la entrada y otros 10$ en total por el guía. Así que ha llamado a Christian, un indígena que nos dice que sólo lleva tres meses trabajando allí, igual que el director.

Si alguien que lea esto quiere ir, yo le recomiendo ir más temprano, porque así podrá ver algún animal y no sudará tanto. Yo no sudo habitualmente y estoy empapada. Y eso que vamos a la sombra. Si, por casualidad pillamos un rayo de sol, pica algo tremendo.

Pasamos por zonas de barro en las que hay colocados troncos para pasar. Tenemos que pasar bastantes riachuelos sobre troncos de madera. Un puente de troncos tiene una cuerda para agarrarse, pero está llena de hormigas. Me sacudo cuando me doy cuenta y el guía dice que hay un termitero y están saliendo.

Vemos árboles caminantes. Son los que sacan una raíz nueva para recolocarse y buscar la luz y acaban teniendo muchas patas. El guía nos dice que los árboles mantienen una lucha constante y compiten entre ellos a diario por la luz, creciendo más que el vecino o desplazándose, como el caminante.

Vemos Ceibos, esos que tienen las raíces tan grandes y a veces sirven de refugio. (En Senegal los llaman Queseras, porque los utilizaban los franceses para mantener el queso fresco).

El guía ha subido parte del tronco de un Ceibo, agarrado a una liana. Va con su machete limpiando el camino de ramas caídas. A veces me sobresalta el ruido de un machetazo, porque vamos en silencio, a menos que nos enseñe alguna cosa. Hemos empezado andando por bosque secundario y no a adentramos hacia el primario, que es más frondoso.

Hay una torre de observación sobre la copa de los árboles. Tiene 30 m. Nos ofreció el director unos arneses por si queríamos subir y nos dijo que él aún no se había atrevido y que va intentándolo por tramos.

Yo pensaba que la torre era como las que hay en otros sitios y me extrañaba lo del arnés. Pensaba que era por la altura. Pero qué va. La torre es un poste de metal triangular con un entramado por el que te subes con el arnés como puedas. Nos dice que los voluntarios suben todos como locos y que a veces se quedan arriba, donde debe haber una pequeña plataforma, a pasar la noche. Debe moverse con el viento, además, como es lógico.

Hablando del viento, tanto anoche como ahora, vemos grandes árboles caídos. Lo cierto es que en la selva amazónica hay muy poca profundidad de terreno para el enraízamiento de los arboles, a pesar de que algunos son enormes y todos son muy altos. De forma que, cuando hace viento, algún árbol grande cae, arrastrando consigo a los que le rodean. Hemos visto alguno que claramente se ha caído hace poco. A veces tienen que serrar los troncos, si son muy grandes, para dejar libre el camino. Si el tronco no es muy grande, pasamos por encima.

Los senderos están marcados por número, y con sus estaciones numeradas también. Hay un punto en el que pone un letrero de No Entre. Nos explica el guía que desde ese punto hay un sendero que recorre la reserva y que, a paso de ellos, se tarda unas cuatro horas en recorrer. Pero que la gente que va por allí, o sea, los voluntarios, siempre tienen que ir acompañados, porque es muy fácil perderse y a veces tienen que salir a buscar gente. Los trabajadores tienen que recorrerlo de vez en cuando porque hay traficantes de madera que entran a la finca y se llevan árboles que en la Fundación están intentando proteger. Y además tienen que mantener los senderos limpios. Los científicos a veces pasan la noche caminando, buscando especies. Los guías los acompañan.

Hemos llegado al río que bordea la reserva y allí me lavo un poco el sudor que me empapa. No es el esfuerzo físico, aunque caminamos subiendo y bajando lomas, sino el sudor lo que más me incomoda. Llevamos una botella de agua y vamos bebiendo a sorbitos, aunque yo en algunos momentos siento que me deshidrato.

Hemos caminado unas tres horas. Además de las especies ya conocidas, hemos visto otras:

Pambil. Para construir. Es un árbol de madera dura

Curare, las hojas grandes que a mí me recuerdan a una Aspidistra o similar. Hojas grandes, en una planta de poco tallo.

Hoja de Elisan, o paja Toquilla. La hoja se utiliza para cubrir los techos de las cabañas y que no entre agua. La fibra, para atar los maitos y para hacer sombreros. También para hacer vestidos. Y el fruto lo comen los pájaros, así que se aprovecha entera.

Shipate. Es una palma cuyo tallo se utiliza como soporte para las hojas de Elisan.

Surupanga. Son unas hojas no muy grandes, que creen casi a ras de la suelo y que, cogidas en ramos, las utilizan los chamanes para hacer limpias. Recuerdo aquella sanadora que vi en un mercado, que estaba pasando un ramo de hojas por el cuerpo de una niña. O sea, que le estaba haciendo una "limpia"

Chambira. Es una hoja que sirve para tejer

Capirona. Es un árbol que tiene una madera muy lisa, pero mucho. Da gusto pasarle la mano. El árbol cambia la corteza cada poco. Nos dice el guía que la madera es más lisa cuanto más reciente es el cambio de piel. La madera parece muy dura y vale para construir.

El bambú de tronco amarillo también vale para construir, pero requiere de una técnica especial. Es mejor el verde.

Acabamos viendo unos cercados donde tienen dos especies de cerdos de monte que han recogido porque estaban en peligro. También tienen algún capibara. Y sus plantaciones y gallinas para consumo de la gente que se hospeda en la reserva.

Nos despedimos del director y salimos a la carretera, donde esperamos al bus en una parada techada. Hace un calor de espanto y pienso en los dos km al sol que tenemos que recorrer.

Nos subimos al primer bus que ha pasado pidiendo que nos dejaran en la "ye" de Misahualli y así ha sido. Hemos empezado a andar, junto a un escolar. pero ha pasado un coche y Juanjo lo ha parado, pensando que era un taxi. No lo era, pero nos han llevado a los tres de igual forma. Supongo que en estas zonas la gente colabora entre sí habitualmente, porque es complicado moverse y todo está lejos.

Preguntamos por el bus a Baeza, que sale a diario a las 8:30, pero no compramos los boletos, porque dicen que no hay problema. Vamos hacia el Lodge tomando una cola y una cerveza muy frías por el camino, en una tiendecita de la carretera. No tenemos hambre. Sólo sed y ganas de ducharnos. Hemos llenado la botella de agua filtrada antes de salir de la reserva, así que tenemos agua para la tarde, aunque Ana tiene en la cocina también.

Hemos descansado en la habitación con el ventilador puesto. Juanjo duerme, yo escribo. No salimos hasta que empieza a caer la noche. Pago a Ana y organizamos para que avise por la mañana un taxi para ir hasta el centro con la maletas.

Vamos dando un paseo hasta el Jardín. Cenamos allí. Es muy parecido al del Puyo, pero con estanques con patos blancos. Tiene un terreno grande y da al río, así que van a construir alojamientos también.

Está Sonia, la madre de los chicos del Puyo, que está aquí habitualmente. Charlamos un rato con ella, tras cenar una chuleta con salsa de chocolate fabricado por ellos de su plantación de cacao. Nos ha contado la historia del restaurante. Son originarios de Baños y allí lo tenían de siempre. Compraron el terreno del Puyo para pasar ellos sus vacaciones. Pero, tras una evacuación en Baños en los años '90, tuvieron que mudarse y utilizaron el terreno del Puyo para ello. Luego han construido el de Misahualli y aquí se ha quedado Sonia. Los hijos llevan el otro.

Le hemos dicho cuánto nos gustaban ambos sitios, su gente y su cocina y está encantada que se lo digamos, parece.

Hemos vuelto paseando. En la entrada del restaurante hay una tarántula muerta, toda peluda. Nos dice Sonia que el vecino (Pedro) un día entró por el restaurante como buscando algo y dijo que se le había perdido una boa (anaconda). No le creyeron, porque anacondas no hay en esta zona pero, a la mañana siguiente, apareció una como de tres metros enrollada en un árbol.

En fin, historias de la selva...

ORELLANA

Estamos en la zona del río Napo por donde inició Francisco de Orellana, encomendado por Pizarro a la exploración de este territorio, la exploración del Amazonas, en el que desemboca el río Napo, hasta el Atlántico y su subida por el Orinoco. La expedición sufrió un motín encabezado por el loco de Lope de Aguirre, que se separó del grupo principal con quienes quisieron seguirle.
Orellana pasó todo tipo de calamidades en esta expedición y puso el nombre de Amazonas al río porque le hablaban de unas temibles mujeres guerreras que podía encontrar en su curso.
Llegaron al final del río hechos una pena, pero consiguieron su objetivo. Por supuesto que, con lo cambiante de los ríos, es imposible averiguar por dónde embarcarían exactamente, vete tú a saber cómo estaría el caudal del río y cuál sería el mejor punto en aquel momento, pero la playa de Misahualli parece un buen sitio para embarcar y allí el curso del Napo es tranquilo, de unos 3/4 km/h, así que yo voto por esa playa de la confluencia del río Napo con el Misahualli.