lunes, 31 de octubre de 2016

REMONTANDO EL PASTAZA

28/10/2016 REMONTANDO EL PASTAZA

El título es un poco rimbombante, pero es idea de Juanjo y, para una que tiene...(es broma). La cuestión es que ha pasado toda la noche con lluvia y truenos y lo que teníamos pensado hacer hoy en el Puyo, parece que no procede. En el hotel nos dicen que igual en un par de horas deja de llover, pero yo he mirado la predicción y ni de coña. Uno de los dueños ha llamado a Baños y allí han dicho que no está lloviendo. Íbamos a ir mañana pero, con este tiempo, sugiere Juanjo que vayamos hoy. Total....

Entonces hemos pedido un taxi para la terminal y nos hemos marchado cargados de impermeables. Yo no llevo nada, excepto el móvil en una funda estanca especial para poder hacer fotos con la funda puesta porque aquí, cuando llueve, no hay forma de frenar la empapadura.

Nos toca ir en la parte de atrás del bus. Le gente pasa mucho frío y no abren ventanillas ni  pa dios, así que acabó medio mareada. No he podido ver mucha carretera pero observo que pasamos junto a barrancos, que bordeamos el Pastaza y que entramos en túneles horadados en la piedra, algunos bastante largos. A nuestro alrededor, cerros llenos de vegetación.

Hemos bajado del bus en Río Verde, para visitar una cascada, el Pailón del Diablo. Os habéis fijado que el Diablo es utilisimo para definir los lugares más bonitos?. En Nueva Zelanda, por ejemplo, hay mogollón de cosas que se llaman Devil tal....y suelen ser las más chulas o impresionantes.

Aquí hay que recorrer un camino que baja una montaña hasta la cascada. El sendero es muy empinado, pero está cuidado y es amplio. (No llueve) Al llegar a la cascada, hay que pagar una entrada y llegas a unas escaleras por donde bajas junto a la cascada hasta cerca de donde está la caída. Luego, si quieres, te metes por un túnel por donde hay que hacer una subida empinada y en cuclillas o casi a rastras, para pasar por detrás de la cascada y verla desde un puente colgante que está sobre ella. La gente viene chorreando. En el hotel nos habían advertido que lleváramos ropa seca de repuesto, calcetines, etc, pero no teníamos ganas de cargar con ello y no vamos a subir.  Pasamos por el puente colgante que está abajo. Hay un tipo con un dron, que debe estar filmando el sitio. Pasamos el puente colgante y vimos otra perspectiva y la parte baja de la cascada, que primero cae a una pileta y, a continuación, esa pileta baja en una cascada más pequeña para continuar el curso del río.

Cascadas hay por todas partes, por toda la carretera, que se continúan en pequeños ríos que acaban en el Pastaza. Esta quizá sea la más alta, pero hay a montones. Existe una ruta de cascadas para echar el día.

Nosotros fuimos a Baños. De esta ciudad todo el mundo habla maravillas. Todos los ecuatorianos, el bielorruso de Galápagos....vamos a ver si es verdad.
Fuimos en un bus cutre, que son los que a mí me van mejor. El traqueteo no me marea, no llevan ventanillas o van con la puerta abierta...mucho mejor que los "guays". Va poca gente y vamos viendo el curso del Pastaza, algunas cascadas, puntos de tirolinas y bungee....el paisaje es bonito. No llueve.

Llegando a Baños, Juanjo dice que esto es Motril, le ha dado esa impresión. Nos bajamos en una plaza que nos ha parecido céntrica y entramos en una información turística para pedir un mapa y alguna explicación. Con la información que tenemos, vamos a ir a visitar un par de puntos cercanos a la ciudad.

Impresión de Baños?. Pues que nos alegramos de no habernos quedado. Mucho comercio y restaurante, mucho "guiri", nada interesante, sólo para ver un par de cascadas y ya. El Tungurahua no se ve para nada, porque está totalmente nublado. El bielorruso decía que se le veía humear y, en 2010, hubo chorretones de lava. Parece que no hizo daño. Vemos letreros de zonas de evacuación, de riesgo volcánico...el volcán no está tranquilo, está activo, creo que de momento está prohibida su escalada, pero no podemos ver el humito, si lo hay, a causa de las nubes. Lo vimos desde Latacunga, ese día que estaba tan despejado. No echaba humo, que pudiéramos apreciar.

Fuimos a visitar el puente de San Martín, que da a un barranco que bordea la ciudad, por donde pasa el río, al que caen cascadas desde toda la altura de la quebrada, con grandes cantidades de agua. Supongo que toda esa agua viene desde el volcán.

Después hemos ido a buscar la cascada Inés María, que está como a 2 km desde el centro. Hemos bordeado el barranco y subido un tramo. Por el camino compramos caña de azúcar para ir chupando, lo que reafirma a Juanjo en la idea de que Baños le recuerda a Motril cuando había caña de azúcar.

Nos han dado a probar un caramelo que hacen en la ciudad. Los pasteleros lo enganchan de un soporte en el quicio de las puertas de los comercios de dulces, lo estiran como una goma y van dando vueltas y más vueltas, estirando y estirando. Debe ser agotador para los brazos. Se llama melcocha y lo hacen con miel. Está muy bueno. Lo venden en tabletas. Hay muchas tiendas de caramelos. Me recuerda a Gränna, una ciudad de Suecia cercana a Jönköping, donde hice las prácticas de un master, que estaba llena de tiendas de caramelos polkagris (bastones) y parecía de cuento. Baños no parece de cuento, pero está llenita de estas tiendas y huele rico. En casi todas las dulcerías están haciendo la melcocha. También venden turrón de maní, que sospecho que está hecho también con la misma melcocha. Y cajitas con porciones pequeñas, dulce de guayaba....la perdición de un diabético.

La cascada Inés María no llegamos a verla. No creo que sea muy interesante, y hay que entrar por un sendero cerrado. Sospecho que hay que pagar en una caseta de la entrada, pero parecía cerrada. Lo mejor es una zona de rápidos que pasan por una piedra basáltica horadada por el agua, formando grietas, remolinos, agujeros y cuevas. Parecido a The Chasm en Nueva Zelanda. Se ve de camino a la cascada.

Pero me pareció algo desagradable que justo al lado hay un zoo que debe ser diminuto que anuncia leones africanos. Pienso que pobres leones...y un serpentario. O sea, lugares para no visitar ni de coña.

Volvimos a la ciudad para encaminarnos a la ladera del Tungurahua, que sigue sin dejarse ver. Allí está la cascada de la Virgen de Agua Santa. La cascada es la típica Manto de la Virgen, no muy alta y derramándose por la piedra, y abajo hay lavaderos y supongo que la gente coge agua "milagrosa". La leyenda junto a la imagen pintada de la Virgen dice que en algún momento, alguien, supongo que tras haber tomado una buena ración de Ayahuasca, vio la imagen de la Virgen entre el agua. Imagino que el alucinado vio un arco iris y se lió.

Tomamos una cerveza en un bar supuestamente suizo, decorado con vaquitas y efectos de vaquitas. Los restaurantes que anuncia la Lonely Planet son de todos los paises del orbe. Pero nos vamos a ir a cenar a nuestro hotel, aunque antes de coger el bus he tomado una Empanadita de carne en un puesto de la terminal.
Volvimos de nuevo en la parte trasera. El cobrador abrió la escotilla, cosa que agradecimos, porque venía de otro sitio, petado de gente y era asfixiante, pero tuvo que cerrarla a petición de los usuarios, que debían ir heladitos. Así que tuvimos que aguantarnos. Sigue sin llover.

En Puyo ha estado lloviendo todo el día. He cenado una sopa de Quinoa y pollo, porque no se me ha quedado el estómago nada alegre después de los viajes en bus. Juanjo se ha zampado un solomillo de no te menees.




















AMAZONAS

27/10/2016 AMAZONAS

Salimos temprano. Hoy tenemos dos trayectos de autobús, que pueden llevarnos todo el día. El primer autobús que podemos coger hasta Macas sale a las 8 y ya tenemos los billetes desde ayer. Nos han dado unas botellas de agua, para un viaje muy largo.

Dormí como un leño y me he levantado bien, me apetece tomar algo, aunque poco. La mañana es más fresquita y entra aire fresco por la ventanilla la mayor parte del viaje, así que he podido disfrutar del paisaje. Vamos en dirección norte y estamos sentados a la izquierda, así que tampoco me da el sol. Todo correcto.
Así que disfrutamos viendo el paisaje amazónico. Grandes helechos, ríos, lianas, espatifilos, bromelias parasitando troncos, profunda vegetación....el autobús va en bajada, entre montañas, pisando freno casi todo el tiempo y a muy poca velocidad. El paisaje discurre entre altos picos y profundos barrancos. Uno de los picos tiene una pared vertical de piedra imoresionante. Tiene que tener un nombre. Destaca entre los demás, aunque también son altos y cubiertos de verde.

Vemos muchos tipos de palmas, algunas parecen palmas de cera, no sé si lo serán. Empezamos a ver heliconias, así que suponemos que tiene que haber colibríes. En una rotonda de uno de los pueblos hay una escultura de un indio con una cerbatana, un jaguar, una tucán, un colibrí...

Como vamos por una carretera por la selva, sube y baja poca gente del bus. Pasamos por pequeñas comunidades indígenas y, ya casi al final, suben y bajan escolares de las comunidades. Por ese motivo, no ha habido ningún "amigo lindo" vendiendo potingues o galletitas, únicamente un señor que vendía "Empanaditas calientitas, Empanaditas por si acaso" y las ha vendido todas.

Las dos ultimas horas fueron más calurosas, pero llevaderas. Llegamos a Macas a las dos y media. A las tres salía un bus para el Puyo y nos subimos a él, que iba llenito.

La idea original era quedarnos en Macas un par de días, pero no tenemos tiempo. Una pareja de "guiris" de nuestra edad, a la que hemos encontrado en varios sitios, tampoco se queda. Ni otro guiri que viaja solo. Ese saca un mapa para indicar al cobrador que quiere quedarse unos 20 km antes de Puyo.

Se nubla y llueve poco antes de llegar. Ya estaba casi anocheciendo cuando llegamos al hotel, El Jardín. Está fuera del centro, a orillas del río Puyo. Un canal del río se ha desviado para que pase por dentro de la finca. Nos dan una habitación en la parte superior, con una terraza corrida. En la de abajo cuelgan hamacas del porche. Está lleno de plantas y hay unas tinas de agua caliente, tipo jacuzzi. Sin dudar, me pongo el bañador y me meto en una tina a descansar las lumbares de tantas horas de viaje. El agua está templada y sólo sale un chorrito, pero es relajante. Veo la luz del atardecer tras la lluvia que se refleja en la vegetación que me rodea y en el edificio de madera de dos plantas donde nos alojamos. Es una construcción bonita y la dorada luz de la tarde le da un color precioso.

Hemos consultado Internet para buscar los pasos siguientes. En el hotel nos pueden dejar una noche más. Según Booking no había, pero si nos cambiamos a otra, no hay problema. Yo le había dicho a Juanjo que, si nos teníamos que cambiar a un hotel del centro y mover el equipaje, para eso me iría a dormir a Baños pero, al tener la habitación disponible, podemos ir y volver en el bus, que tarda como una hora.

Cenamos en el restaurante, que tiene fama de bueno. He tomado el plato del día, unos spaguetti boloñesa, que pienso que me irán bien para la "Guatita". Juanjo ha probado el pollo al Ishpingo, que está hecho con canela. El plato del día incluye un bizcocho de chocolate bañado en chocolate caliente, muy rico. Es mucho para mí, nos lo hemos repartido.


LA. GUATITA POCHA

26/10/2016  LA GUATITA POCHA


Guatita es como llaman en Ecuador y otros países a las tripas, como ya he contado otras veces. Pues la mía está de pena. He tomado loperamida para la diarrea y metoclopramida    para las náuseas, y no quiero desayunar. Juanjo está mejor y se ha comprado unos bizcochos. El viaje hasta Gualaquiza nos lleva seis horas inacabables, en las que intentaba dormir, me cambié de sitio para que me diera el aire, en fin, un horror, muchísimo calor, muchas paradas...muy incómodo. Me siento deshidratada y sólo quiero beber agua fresca. Finalmente, me dieron ganas de un helado y he tomado un casero de naranjilla de pingüino, que me ha sentado bien.

No he visto mucho del paisaje, porque intentaba quedarme dormida, pero si me he dado cuenta del cambio de vegetación, hacia una parte más selvática.

Llegamos a Gualaquiza a primera hora de la tarde. Hace mucho calor. Hemos ido al hotel que hemos reservado por teléfono, la Posada D'León, a partir de la información de la Lonely Planet, porque es difícil buscar hoteles en Gualaquiza por las páginas habituales, como Booking o Trip Advisor.

Hemos echado una siesta. Es imposible salir a la calle con este calor y yo necesito reponerme.

Al caer la tarde, aún con luz, hemos salido a dar una vuelta. Las ciudades amazónicas tienen, por lo general, poco interés urbano. Son, más bien, centros comerciales, puntos de comunicación. Ésta tiene río y un mercado de fruta, básicamente. Vemos llegar y marcharse gente con piñas de plátanos, alguna Pittaya, pero no estamos para eso, que es laxante, ciruelas, etc. Las ciruelas son tan pequeñas que las suelo confundir con mamones, que me encantan, pero yo creo que por aquí no hay.

Pasamos por una casa en cuyo patio había montones de jaulas con gallos. Supongo que no tienen problemas con el despertador.

La ciudad, como todas, está limpia. La guía habla de casas coloniales de colores, pensamos que alucinan, pero lo cierto es que el la plaza del ayuntamiento existen. Sólo dos o tres, pero hay. He tomado un yogur batido, y parece que me cae medio bien. En una cafetería toma Juanjo una cerveza. Nos atiende un adolescente un poco pasmado, como todos. Iba a tomar un batido, algo consistente y fresco es lo que me apetece. Pero, por la poca expresividad del chico me temo que me iba a poner uno de botella y paso.

El la parte baja de la plaza, que tiene dos niveles, hay unos bares donde venden pinchos y tienen terraza. Nos sentamos en uno que tiene una parrilla fuera y venden costillas, pinchos de pollo, etc. Juanjo pide un plato de costillas criollas. Me dice que cuando llegamos, que salió a por agua, vio cómo la mujer preparaba las costillas de cerdo adobadas. Yo tardo en decidirme y, finalmente, pido una hamburguesa sin nada y parece entrarme bien. Sólido y seco. Lo propio para los problemas de estómago. Me ha animado Juanjo a comer. Dice que ayer me hizo caso y se tomó la carne y que hoy está bien y que hoy me toca hacerle caso.

La gente que pasa por la calle compra un pincho de pollo o carne y se la toma por el camino. Pinchos al paso. La parrilla no para.


jueves, 27 de octubre de 2016

VILCABAMBA, EL PUEBLO LONGEVO

25/10/2106. VILCABAMBA, EL PUEBLO LONGEVO

Juanjo está con diarrea. Le he atizado pastillas y le he dicho que ojito con la fruta, que ya iba derecho a desayunar jugo y ensalada de fruta.

Hemos ido a coger un taxi colectivo para Vilcabamaba, que se ha puesto de moda desde que las estadísticas dicen que la gente de allí es muy longeva, alegan que a causa de la tranquilidad, clima y agua magnesiada. Lo cierto es que hay varios centenarios, pero de 110 años o más, y la referencia de uno que murió a los 127 y parece que con buena calidad de vida. Así que los comercios y bares se llaman Longevo de forma repetida.

El paisaje entre Loja y Vilcabamba es una preciosidad, con profundos Valles, altos picos y mucha vegetación.

El pueblo no es particularmente especial, pero tiene río, senderos, una plaza fresca, en cuya fuente se han metido tres perros enormes a bañarse. Y casas coloniales que están bastante bien, con sus porches.

No vamos vestidos de senderistas y hace mucho calor. A media mañana hemos vuelto a Loja, buscado un sitio para tomar una Humita y luego hemos ido a la terminal a comprar billetes para Gualaquiza.

Juanjo se ha ido a hacer fotos y yo me he quedado en el hotel buscando en Internet cosas para los próximos días. Él sigue pocho, así que creo que los mejor es ir a un Italiano a tomar pasta, para intentar que coma algo y mejore. Nos hemos ido al restaurante "Number one", que es una trattoría que se llama Dumas. Pero, curiosamente, no tiene pasta. En cambio hay carne, así que Juanjo se toma un filete a la brasa y yo una milanesa.

Pues la nochecita ha sido de órdago. He empezado yo con vómitos y algo de diarrea y apenas hemos dormido. Antes de las 6 me he levantado a darme una ducha y hacer la maleta, aunque tengo un cuerpo muy malo.


LOJA

24/10/2016 LOJA

Salimos en el bus de las 6:30. Habíamos dudado irnos en el de las 9 pero, como ya tenemos billete, mejor así. Nos han preparado en el hotel un picnic para desayunar.

El viaje dura seis horas o más. Muy pesado. Con paradas a cada rato subiendo y bajando gente y los plastas "amigos lindos" que no fallan.

Yo he dormido un rato. Iba escuchando podcasts de Historia y dormitando a ratos. Hace mucho calor. El aire acondicionado, si lo hay, no lo ponen.

Al llegar a Loja hemos ido en taxi al hotel Zamorano Real, que está en el centro, pero Juanjo antes ha ido a investigar cómo saldremos de Loja, porque podemos volver por Cuenca, que es mejor carretera, o por el Oriente, por la Amazonia, parando en Gualaquiza. Nos decidimos por esto último, siempre que podamos quedarnos a dormir, porque mucha oferta no hay.

Salimos a dar una vuelta por Loja, que es una ciudad sorprendente. Tiene un centro muy interesante, bonitas iglesias y plazas, muchos patios y una arquitectura bonita, ecléctica, parece (?) con las casas pintadas en tonos verde agua y blanco. Los patios son espectaculares y abundan por toda la ciudad, siendo en muchos casos la parte trasera de comercios, restaurantes, o la zona central de edificios públicos. Hay soportales en muchos de los edificios, lo que siempre es una medida inteligente. Hay una calle preciosa, se llama Lourdes, y está llena de casas de colores pero, incomprensiblemente, no es peatonal y se llena de coches.

Recorrimos todo el centro y llegamos a la Puerta de la Ciudad. Es una construcción moderna, pero con aire de castillo medieval, junto al río Zamora. El entorno del río es muy agradable y, la puerta, bastante llamativa.

Vimos en una plaza una placa de hermanamiento entre Loja, de Ecuador y Loja de España, en Granada. Les he mandado a mis colegas muchas fotos de la Loja ecuatoriana.

Hoy no hemos comido y estamos hambrientos. Hemos estado buscando un restaurante de pescado, con buena fama, pero es lunes y está cerrado. Finalmente hemos cenado en un bistro alemán. Yo quería algo sólido, tipo carne, y hemos tomado unas albóndigas bastante buenas, con cerveza de grifo. La primera que encontramos en Ecuador. Una Hausmann, chilena.

ADIÓS GALÁPAGOS

23/10/2016 ADIÓS GALÁPAGOS

Hoy me he despertado viendo volar fragatas y pelícanos por delante de la terraza. Se están despidiendo. Tenemos que irnos. Ha sido una experiencia fantástica, pero ya se acaba.

Hemos salido del hotel a coger un taxi. Lo hemos hecho enseguida, aunque es domingo. El taxi nos deja en la terminal terrestre, donde nos montamos en un bus, que sale a las 7, una vez que se llena y se dirige hacia el canal que separa Santa Cruz con la isla de Baltra.

A partir de ahí, te sientes integrante de un rebaño. Te montan en un barco, te cobran, te montan luego en un bus y te depositan en la terminal del aeropuerto.

El vuelo de átame tenía que estar en el aire a la hora prevista, sí o sí. Así a Juanjo, que andaba buscando un café, no le dejaban.

En la sala de embarque había un pequeño stand con café Dolce Gusto y bizcocho. Se animó a pedir uno y, cuando iba a hacerlo, le han llamado por los altavoces. Ha tenido que ir a abrir su maleta porque han encontrado algo que no les cuadraba. El problema era la linterna, a la que ha tenido que sacarle las pilas. Muy raro.

Conseguimos tomar un café antes de embarcar y nos montaron en el vuelo pitando. A las 10, estábamos despegando. Un vuelo normal, con bastantes nubes, y llegamos a Guayaquil, viendo desde el aire el entorno de la ciudad, con sus dos Ríos.

Nos sorprendimos al llegar a la zona de recogida de maletas. Es muy bonita, con un jardín  en un fondo, lleno de plantas tropicales, orquídeas, agua y sonido de pájaros.

Fuimos en taxi al hotel McSuites, donde nos tienen guardado parte del equipaje. Nos han dado la habitación y entramos con tiempo suficiente para que Juanjo vea un partido del Madrid, que empieza poco después.

Mientras, negocio con la recepcionista varias cosas. Me averigua si podemos sacar el billete de mañana. No. No podemos. Han abierto la web hace poco y nuestra ruta aún no está disponible, así que iremos a comprarlo. Y llama a un restaurante de pescado al que queremos ir en cuanto acabe el partido, a las 4. Está abierto hasta las 5, así que dicen que no hay problema.

El restaurante se llama Marrecife y es muy recomendado. Tomamos un ceviche de conchas negras, que a Juanjo le vuelven loco y unos platos de pescado exagerados. Últimamente no comemos tanto, así que nos ha parecido mucho. Pedimos unas copas de vino, veneno puro. No se puede pedir vino en Ecuador. Es caro y malo. Suele ser chileno o argentino, pero te ponen de los peorcitos.

Hemos ido a la terminal terrestre, a comprar los billetes y algo más. En la terminal hay un gran centro comercial. Juanjo se ha comprado una cerveza para la noche y yo un yogur.

Volvimos al hotel. Juanjo pensaba ir al malecón a hacer fotos, pero no tiene ganas y yo tampoco y ya hice el día anterior.

Nos quedamos tranquilitos. Por la noche vomité la comida. No sé si me sentó mal por la cantidad, algo del pescado, o el venenoso vino.


BARCO A SANTA CRUZ Y BAHÍA TORTUGA

22/10/2016 BARCO A SANTA CRUZ Y BAHÍA TORTUGA

El marido de Juanita nos recoge puntualmente. Tiene que dar un rodeo, a causa de las obras. Nos sigue hablando del clima. Dice que en esta época debería estar el mar muy movido, hacer frío...pero que está el mar más calmado de lo habitual y que no es normal esta temperatura. Estamos en unos 23-24 grados habitualmente casi todos los días. Y, aunque está nublado, por lo general, no ha llovido ni ha hecho frío. A mí el mar no me parece calmado. El Pacífico ruge y las olas son muy altas, aunque hoy parece estar bien, igual que ayer, que se veía tranquilo. Pero él dice que es época de más oleaje. Nos ha contado una historia de un trayecto que hizo desde Santa Cruz, no hace muchos años, con un temporal terrible. Dice que él ha sido pescador y que nunca había visto una cosa igual, que las olas sobresalían varios metros por encima de la isla.

Comentamos que la entrada a los túneles parece también bastante problemática y nos dice que a veces los barcos no pueden entrar.

Nos han revisado el equipaje de nuevo y puesto bridas en los cierres de las maletas, como a la ida. Hemos montado en un taxi acuático hasta nuestra lancha y yo he podido quedarme atrás, donde me diera el aire. Juanita me dijo que ella estaba acostumbrada a ese viaje y que nunca se ponía dentro, que le daba igual mojarse.

Juanjo ha ido en la parte de arriba. Yo no me he atrevido porque, aunque el mar parece en calma, arriba tiene que notarse más el movimiento.

He visto delfines, Juanjo dice que ha visto también rayas gigantes, algunos lobos marinos y tortugas.

Llegamos sin incidentes, aunque yo tengo algo de sensación rara en el estómago, pero nada grave que me impida desayunar. Fuimos al hotel. Para una noche había reservado una habitación interior, más barata, pero Norma ha tenido una cancelación y nos ha dejado una de las de la terraza por el mismo precio. Es un encanto.

Nos viene bien porque, aunque ayer colgamos rápidamente la ropa al salir del agua en la azotea, sigue algo húmeda, así que pudimos ponerla en el tronco-percha y en las sillas e irnos a desayunar.

Hemos ido a Lo&Lo y tomado un desayuno americano. El jugo está espectacular. Pura fruta triturada y muy fría, casi helada. Un croissant hojaldrado y unos huevos tibios con un pan rico, y té verde...muy bien.

Fuimos al hotel Estrella de Mar a cambiarnos de ropa y ponernos bañadores y gorros. Por qué sólo hace un día de solazo cuando tenemos que caminar ¿eh?.

El Pacífico parece tranquilo, está muy azul. En Playa brava continúa la bandera roja de Prohibido el baño, pero hay gente que no hace caso y se baña lo mismo aunque, la verdad es que hoy está como el Cantábrico, por ejemplo, con olas, pero no muy grandes. Hay iguanas caminando por la orilla, mojándose las patas.


Seguimos hasta Playa Mansa, donde esperábamos barullo, con el día que hace y siendo sábado. Pero no, la gente va y viene, a los de los tours les llevan un ratito y les ponen una hora de salida. Es un agobio escuchar a los guías: "Dentro de una hora nos vamos, métanse en el agua enseguida, si quieren volver en barco tiene que ser dentro de media hora porque no hay espacio. Si quieren volver andando, a las siete en el lobby del hotel"

Por favor!!

Me meto en el agua inmediatamente, con la cámara y el protector de 60, pero sin la lycra, que se está secando. Al estar la marea baja, el manglar queda sobre el agua, y recorro la orilla izquierda, donde podría haber tintoreras. Lo recorro entero, buscando las zonas de corriente y fondo arenoso, con algo de protección, donde suelen encontrarse. Los tiburones tienen moverse para respirar, porque no tienen unas branquias como las de los otros peces. El truco para descansar es estar en un sitio en el que en lugar de moverse ellos, se mueva el agua, así que busco esos lugares, pero no encuentro nada. Pero he hecho algunos vídeos de fondos que no estaban mal, y algunos peces divertidos. He encontrado una aguja, que a Juanjo le gustan mucho y se la he filmado.

Me había ido bastante lejos y tenía sed, así que he vuelto nadando casi desde el rompeolas Directa hasta la playa, sin parar. Hasta Juanjo ha reconocido que me he dado una paliza a nadar hoy. La última media hora ha sido nadar a crawl sin parár prácticamente, excepto para grabar alguna cosa, pocas, porque el fondo por la parte central es prácticamente arenoso y no se ve apenas.

Venía con ganas de agua y de chifles. Los chifles son como las patatas fritas, pero hechos con plátano y me queda media bolsa. He picado unos pocos y bebido agua. Estoy reseca.

Juanjo se ha ido a investigar la laguna de las iguanas y a dar una vuelta por la playa y el manglar. Al volver, ha visto a la tintorera nadando casi por la orilla, frente a nosotros. Luego ha visto una iguana nadando y pretende que vaya a filmarla por debajo, pero estoy cansada y no me apetece otra paliza.

Comimos pan y jamón York que hemos comprado en el supermercado. En cuanto te dispones a comer, los pinzones te rodean. A Juanjo se le han dado unos chifles y los ha partido y se los ha puesto en la palma de la mano. Los pinzones se le subían por turnos a coger trocitos de chifle. Luego les ha dado miguitas de pan. Ya sabe que no debe hacerse eso, pero...

Hemos sesteado un poco y nos hemos vuelto a refrescar en el agua. En la mata de manglar que hay frente a nosotros, está escondida una garza real preciosa. Juanjo ha ido a por la cámara y la ha retratado lo que ha podido, entre las ramas.

Nos hemos bañado para irnos frescos. Nos queda casi una hora de caminata para volver. El sol,nos ha dado tregua y se ha escondido tras las nubes. Hoy apenas hemos escuchado a los sisontes y, como aún no ha subido la marea, han salido pocas iguanas del mar. Pero hemos pasado un día de playa relajado.

Me he duchado deprisa y he ido a comprar unos recuerdos. Mañana nos vamos de Galápagos y no tengo otra ocasión.

Hemos ido a cenar langosta y camarones encocados, como despedida. Pero vemos que nuestra camarera favorita está trabajando en un restaurante en la otra acera. Cuando nos marchamos hacia el hotel nos acercamos a despedirnos. Nos ha dicho que había decidido cambiar de sitio porque había algunas cosas que no le gustaban. Le hemos deseado suerte y le he dado unos besos de despedida. Es una chica muy maja.

Hemos ido derechos al hotel. Estoy cansada y mañana madrugamos otra vez.