DIA 131
26/FEBRERO/2015 EL ATÚN Y ELCANO
Además de cumplir el objetivo de alcanzar la punta del último continente y de llegar a la provincia, que no al punto de entrada -Sanlúcar- donde llegó Elcano, hemos venido a zamparnos un atún en el mejor sitio donde puede hacerse, que pasaré luego a relatar.
Elcano llegó a las costas españolas el 6 de Septiembre de 1522¡ con un solo barco -la Nao Victoria- y 18 hombres harapientos. Tras tres años de navegación, habían dado la vuelta al mundo por primera vez en la historia. Recordemos que habían salido el 20 de Septiembre de 1519, con cinco naves y 265 hombree. Dos días más tarde, llego a Sevilla, donde la gente los miraba asombrada. Debían tener un aspecto infame.
Como ya he comentado, al llegar a Cabo Verde, descubrieron que se les había "perdido" un día por el camino. A nosotros, igual Hemos viajado 131 días, pero han pasado 132 desde que salimos.
Para los amantes de Willie Fogg, tengo que comentar, que Juanjo, al igual que Picaporte, no cambio nunca su reloj de hora. El movil lo dejó como estaba, pero se le ha descuajeringado la hora de vez en cuando,más que no vale. Pero llevaba una esfera vieja de un reloj digital, con fecha y hora que escondió en el fondo de la maleta cuando salimos. Yo no lo sabia. Al llegar a España sacó el reloj para comprobar si la fecha correspondía a un día menos. Pero la sorpresa fue bestial cuando comprobó que, en algún momento del viaje....al reloj...se le había acabado la pila!!.
En fin....
Para celebrar nuestro regreso hemos ido primero a Vejer de la Frontera, uno de los pueblos más bonitos de España. Están de carnavales, y nos han llenado de confeti, como celebrando nuestro regreso.
Hemos pasado la mañana intentando decidir si comer en el Campero de Barbare, uno de los pocos sitios de España donde puedes encontrar atún rojo de verdad, o en la Tabsena del Campero, de la misma empresa, en Zahara de los atunes, que es un sitio mucho más divertido, pero donde no han tenido nunca atún rojo en la carta, aunque sí del de aleta amarilla.
Nos hemos decidido por la Taberna, en Zahara, que es más informal y más marinera. Hay muy poca gente ahora, y acaban de abrirla por esta temporada, porque en. Invierno cierran, a diferencia del Campero, que abre todo el año.
Sorprendentemente, y aunque no estaba en la carta, nos han traído sashimi de ventresca, que es la cosa más espectacular que puede tomarse. Se deshace en la boca. Hemos tomado, además, un carpa fío de lengua de Retinto, muy rica, un tataki de atún al ajo blanco de piñones, cocinas de atún, chuleta de atún, que es algo que solo lo hacen en El Campero, y algo de morrillo n la plancha. Hemos rematado con un cremoso de chocolate con crema de fruta de la pasión y sorbete de mandarina que estaba de escándalo.
Tras esa comilona, hemos echado una siesta en el coche. Yo, al menos, me he quedado seca, y luego hemos ido a Tarifa a tomarnos un gin-tonic frente a la playa de Los Lances y Punta Palomas a para ver la puesta de sol. El chiringuito donde estamos solo lleva abierto unos meses, pero está fantástico, todo acristaladas. Hay velas de Kitesurf acompañando el ocaso.
Y aquí se acaba la historia. Mañana volveremos a casa. Todo tiene su fin. Hemos realizado u. Viaje maravilloso, hemos aprendido mucho, hemos visto países absolutamente diferentes, y hemos cumplido un sueño vital.
Mañana, cuando lleguemos a casa, me quitaré el cordoncillo budista que me pusieron en Camboya y que contenía un deseo: acabar bien el viaje.
A este diario solo le falta una cosa: el anexo donde, una vez hecho el recuento, anotaré la relación de gastos económicos y materiales, como en todas las relaciones de todas las expediciones que alguna vez se han realizado. Esperemos que a esta le sigan más. Si nuestro destino lo tiene previsto. Esperemos que si.
jueves, 26 de febrero de 2015
DIA130. LA PUNTA DE EUROPA: TARIFA
DIA 130
25/FEBRERO/2015 LA PUNTA DE EUROPA: TARIFA
Nos falta rematar el viaje yendo a la punta de Europa, que no es otra que Tarifa, nuestro destino vicioso par "atunearnos" habitualmente. Solemos venir todos los años por la época del atún. Esta vez venimos fuera de temporada, pero es imprescindible para rematar el viaje.
Normalmente vamos desde casa y comemos en Zahara de los Atunes. Esta vez el viaje es demasiado largo desde Madrid y tampoco nos hemos levantado al alba.
Paramos a comer en Antequera, una porra Antequerana he tomado de tapa en la Plaza de toros, donde nos ha recomendado Pilar que vayamos.
Yo he sesteado gran parte del resto del viaje, despertándome para sacar las monedas de los peajes.
En Tarifa, después de dejar las maletas, hemos ido a ver la puesta de sol en Punta Paloma. He hecho una foto del ocaso en la playa de los Lances. Luego hemos dado un paseo por la Medina. Nos han dado un habitación con balcón, desde de la que se ve Africa.
Unas tapillas nocturnas para acompañar las tabletas de la malaria, que han de tomarse con comida o lácteos, nos conducen a un par de bares tarifemos bastante ambientados.
Hace un vientecillo fresco. Hemos encendido la calefacción. Yo he dormido calentita y profundamente. Demasiado viaje en estos dos últimos días.
25/FEBRERO/2015 LA PUNTA DE EUROPA: TARIFA
Nos falta rematar el viaje yendo a la punta de Europa, que no es otra que Tarifa, nuestro destino vicioso par "atunearnos" habitualmente. Solemos venir todos los años por la época del atún. Esta vez venimos fuera de temporada, pero es imprescindible para rematar el viaje.
Normalmente vamos desde casa y comemos en Zahara de los Atunes. Esta vez el viaje es demasiado largo desde Madrid y tampoco nos hemos levantado al alba.
Paramos a comer en Antequera, una porra Antequerana he tomado de tapa en la Plaza de toros, donde nos ha recomendado Pilar que vayamos.
Yo he sesteado gran parte del resto del viaje, despertándome para sacar las monedas de los peajes.
En Tarifa, después de dejar las maletas, hemos ido a ver la puesta de sol en Punta Paloma. He hecho una foto del ocaso en la playa de los Lances. Luego hemos dado un paseo por la Medina. Nos han dado un habitación con balcón, desde de la que se ve Africa.
Unas tapillas nocturnas para acompañar las tabletas de la malaria, que han de tomarse con comida o lácteos, nos conducen a un par de bares tarifemos bastante ambientados.
Hace un vientecillo fresco. Hemos encendido la calefacción. Yo he dormido calentita y profundamente. Demasiado viaje en estos dos últimos días.
DIA 129 EUROPA
DIA 129
24/FEBRERO/2015 EUROPA
Nos han despertado a eso de las cuatro y media sobrevolándolo Francis, y hemos desayunado sobre Lyon. En Heathrow me han desmontado la mochila completamente, sacando todos los frascos. He llevado las cosas de aseo en la mochila por precaución, pero he tenido que meterlas en bolsas transparentes. Llevaba una, pero no permitían más, así que Juanjo se ha quedado con la otra para el paripé.
He dormido de Londres a Madrid el vuelo enterito. En Madrid hemos encontrado las maletas sanas y salvas. Hemos ido a Alcalá en autobús, nos hemos duchado, para espabilarnos un poco,memos comido en el Ambigú y he ido a ver a la familia.
Visito a mis ex-vecinos, Ricardo y Conchi, y cenamos en casa de Juanma y Marysol, que ha preparado jamón, queso, tómates, y carne de su pueblo leonés, regado con unos tintos aportados por Juanma. Nos hemos puesto morados.
24/FEBRERO/2015 EUROPA
Nos han despertado a eso de las cuatro y media sobrevolándolo Francis, y hemos desayunado sobre Lyon. En Heathrow me han desmontado la mochila completamente, sacando todos los frascos. He llevado las cosas de aseo en la mochila por precaución, pero he tenido que meterlas en bolsas transparentes. Llevaba una, pero no permitían más, así que Juanjo se ha quedado con la otra para el paripé.
He dormido de Londres a Madrid el vuelo enterito. En Madrid hemos encontrado las maletas sanas y salvas. Hemos ido a Alcalá en autobús, nos hemos duchado, para espabilarnos un poco,memos comido en el Ambigú y he ido a ver a la familia.
Visito a mis ex-vecinos, Ricardo y Conchi, y cenamos en casa de Juanma y Marysol, que ha preparado jamón, queso, tómates, y carne de su pueblo leonés, regado con unos tintos aportados por Juanma. Nos hemos puesto morados.
miércoles, 25 de febrero de 2015
DIA 128 EMPIEZA EL REGRESO
DIA 128
23/FEBRERO/2915 EMPIEZA EL REGRESO
Hoy hemos ido a desayunar al Rest Camp. Allí corre una brisa agradable. Un fresquito muy rico. Alrededor hay un jardín verde. Nos da algo de pereza marcharnos, pero hay que hacer cosas en el Shoestring. Acabar las maletas...reduchaenos....recuperar los depósitos de llave y toallas, etc. Curiosamente, nos han dado unos billetes bastante nuevos, porque por lo general, en las vueltas, nos dan unos billetes astrosos. Los más asquerosos, los del Safari Lodge, que eran impresentables. La cuestión es que te los dan, y si quieres pagar con ellos en el sitio donde te los han atizado te dicen que ni de coña. Manda güevos!.
El taxista que nos trajo está por ahí, en el Shiestring. Debe ser el taxista "oficial". O,le sale que te cagas de rentable, porque 30 dólares por trayecto al aeropuerto en Zimbawe, debe ser una fortuna. Y al cabo del día, con cuatro que haga, ni te cuento. Aunque haya días que no "moje", ya le vale.
En el aeropuerto, donde íbamos pelín moscas, porque tenemos que facturar hasta Madrid, con tres vuelos por medio, les parece normal, pero no nos dan todas las tarjetas de embarque. Tenemos que pedirlas en Jocy.
Hemos salido a tiempo, y llegado a Johannesburgo con mucho tiempo para el vuelo siguiente. Lo hemos aprovechado comprando regalitos de última hora.
Finalmente embarcamos en un pedazo Airbus de los de dos pisos aunque, la verdad, como aquel avión de Qatar, no hay otro. Este es gracioso, con su escalera para el piso superior. Necesita un Finger doble, claro. Nos ha tocado en el piso de abajo pero, total, volamos de noche...
23/FEBRERO/2915 EMPIEZA EL REGRESO
Hoy hemos ido a desayunar al Rest Camp. Allí corre una brisa agradable. Un fresquito muy rico. Alrededor hay un jardín verde. Nos da algo de pereza marcharnos, pero hay que hacer cosas en el Shoestring. Acabar las maletas...reduchaenos....recuperar los depósitos de llave y toallas, etc. Curiosamente, nos han dado unos billetes bastante nuevos, porque por lo general, en las vueltas, nos dan unos billetes astrosos. Los más asquerosos, los del Safari Lodge, que eran impresentables. La cuestión es que te los dan, y si quieres pagar con ellos en el sitio donde te los han atizado te dicen que ni de coña. Manda güevos!.
El taxista que nos trajo está por ahí, en el Shiestring. Debe ser el taxista "oficial". O,le sale que te cagas de rentable, porque 30 dólares por trayecto al aeropuerto en Zimbawe, debe ser una fortuna. Y al cabo del día, con cuatro que haga, ni te cuento. Aunque haya días que no "moje", ya le vale.
En el aeropuerto, donde íbamos pelín moscas, porque tenemos que facturar hasta Madrid, con tres vuelos por medio, les parece normal, pero no nos dan todas las tarjetas de embarque. Tenemos que pedirlas en Jocy.
Hemos salido a tiempo, y llegado a Johannesburgo con mucho tiempo para el vuelo siguiente. Lo hemos aprovechado comprando regalitos de última hora.
Finalmente embarcamos en un pedazo Airbus de los de dos pisos aunque, la verdad, como aquel avión de Qatar, no hay otro. Este es gracioso, con su escalera para el piso superior. Necesita un Finger doble, claro. Nos ha tocado en el piso de abajo pero, total, volamos de noche...
DIA 127 ATARDECER EN ÁFRICA
DIA 127
22/FEBRERO/2015 ATARDECER EN ÁFRICA
No quise mezclar en el comentario de ayer churras con merinas ni escribir sobre otra cosa que no fuera la Catarata.
Pero para seguir el relato, contaré que ayer, después de esquivar a los vendedores y ducharnos, descansamos un poco y fuimos a cenar en el bar del Lodge. Como anoche fuimos algo más tarde, nos coincidió la cena con la actuación tribal. La música del bar atronaba mientras los músicos "afinaban" los tam-tam. Van vestidos como con pieles. Las chicas, con unas faldas de tiras. La música es solo aporrear de tambores. Es más entretenido verles danzar con grandes saltos y contorsiones. Hay una chica bastante gordita y maciza que se mueve mucho, lo que me hace pensar que el ejercicio no adelgaza, ahora que me siento más rellena de lo habitual, posiblemente por la cerveza.
Hoy no teníamos nada en concreto que hacer. Hay actividades para sacarles la pasta a los turistas, pero todo es carísimo. El vuelo el helicóptero vale 200 euros por barba por 15 minutos. Casi que no. Seria lo único interesante. El crucero "nocturno" es caro y acaba a las seis. Nada. Bungy, ni de coña, y canopy sobre el Zambezi a 50 dólares, tampoco. Hay visitas a parque que no bajan de los 100 dólares, a caballo, en elefante...
Yo quiero ver el hotel Victoria Falls, que es uno de esos míticos hoteles victorianos. En él paraban los viajeros que hacia el vuelo Southampton-Johannesburgo, hacia el 1914. Esa parada se llamaba Jungle-Junction.
Hemos visitado la estación de tren, donde hay parado uno muy bonito, que debe ser de lujo. Se llama Pride of Africa. Ha salido puntual a las once menos cuarto, como se anunciaba.
Detrás de la estación está el Hotel Victoria Falls, Antiguamente el tren pasaba por delante, pero cambiaron las vías para mejorarle la vista. Hay una garita antes de entrar y al recinto se entra por un arco con el nombre del hotel. Está rodeado por cuidados jardines de césped, con algunos parterres y estanques.
La recepción tiene distintos mostradores enmarcados en madera y con las letras en dorado, como en las estaciones de tren antiguas. Hay lámparas de techo.
El color predominante en el hotel es el blanco, mezclado con madera oscura, aunque no demasiado. Cada salón tiene su nombre. Uno se llama Livingston, lógicamente. Pasada la recepción, se sale a un jardín con un estanque, que una vez cruzado, conduce a la zona de habitaciones, salones, restaurantes y corredores. En esa parte, nos recibe una escalera ondulante que se divide en dos. Está abierta al salón inferior. Es una escalera impresionante. Como una caracola, con barandas de forja.
A continuación entras en un amplio salón con grandes sofás, piano, mesitas y lámparas de sobremesa. Decorado con cuadros de plantas secas. A los lados hay salones, uno de ellos abierto, en el que se muestran retratos de personajes históricos. Veo el retrato de Kruger. He firmado en un libro de visitas. Todo el mundo pone su comentario en ingles, pero me ha hacho gracia ponerlo en español.
Cruzando el salón se sale a los jardines. Son una belleza. Desde allí se ve el puente y el humo de la catarata, aunque no se distingue el salto. Hay una rotonda frente al hotel,my unos caminos que salen de ella conducen a la piscina, a una galería de esculturas y al restaurante Jungle Junction. Vamos hacia allí. He estado visitando la exposición de esculturas al aire libre, que están en venta, algunas ya vendidas. Casi todas están hechas en serpentina, aunque son de distintos autores.
El restaurante Juntle Junction es el típico restaurante colonial, abierto al aire libre, con persianas rígidas de madera que se abren hacia fuera. Para hacerse una idea, uno que se le da un aire es el Samarkanda de la estación de Atocha.
Juanjo no se ha acercado, pero yo he hecho fotos, aunque no son buenas. No hay nadie a esta hora. Los empleados están haciendo un briefing en unas mesas el fondo.
La piscina está rodeada de columnas, pero no me asomo a verla, ya que se ve desde fuera y hay gente bañándose.
En el edificio principal, en un lateral, hay un bar que se llama Stanley. Pido permiso a los camareros para hacer unas fotos y me lo dan, sonrientes. La verdad es que nadie te pone ningún problema por pasear por allí. Al lado está el restaurante principal, Lo retrato a través de la puerta de cristal.
Pasando el salón de los sofás, ese al que se abren otros dos, hay corredores en ambos sentidos. En uno creo que hay habitaciones y solo me asomo, pero el otro conduce a la parte trasera de los jardines A lo largo de este corredor hay cuadros curiosos: caricaturas, por ejemplo, y unos cuadros que representan las colonias británicas hacia 1900 con barcos, cada uno de un país, en los que hay carteles con su bandera de aquel tiempo, y los productos que de allí traían. Juanjo está un poco pedorro y ha salido fuera como si no,le interesara nada de lo que ve, pero he ido a llamarle, porque creo que eso le puede llamar la atención.
Junto a la recepción hay páginas antiguas, como de tabloides, con mapas de África de 1900 o así. Hay también tienda, peluquería, etc. Me llama la atención que, con lo antiguo que es este hotel, que empezó a construirse antes de 1900, aunque luego se le añadieron edificios, está perfectamente conservado. He visto hoteles coloniales, también míticos, como este, pero no están tan bien, ni mucho menos. El de Luxor está chulo por fuera, pero cuando estuve en él, se notaba algo deteriorado, no sé ahora. Este está perfecto. Supongo que las habitaciones también, por los comentarios del libro de visitas.
Acabamos la visita y nos dirigimos a una zona que se llama Elephant's Walk, donde hay tiendas de artesanía y un museo histórico. Nos ha costado trabajo encontrar el museo entre las tiendas, es pequeño, pero da información sobre Zimbawe y sus tribus, con instrumentos de trabajo y musicales y ropas de cada tribu.
Entre las tiendas de artesanía, hay una galería de esculturas serias. Alguna interesante. Y una tienda de objetos pequeños diversos pero con un diseño precioso, con pequeños muebles acristaladas que muestran las piezas. Hay un par de fotos grandes en la pared divinas, una de cebras en movimiento y otra enorme, un cuadro blanco en cuya parte inferior hay un elefante y un Impala.
Hay una galería de fotos con un par de salas, pero alguna foto bastante chula, casi todas de animales. También tiene algún cuadro, o fotos retocadas, no sé bien...
El entorno de ese centro es fresco, con agua vaporizada, pero nos vamos de allí a comprar agua de verdad. Una botella bien grande. Estamos secos.
Huyendo de los vendedores de elefantes y billetes, vamos a un Lodge cercano al nuestro. Tiene cabañas y tiendas de campaña repartidas en un jardín limpio, con una piscina mejor cuidada que la del "mítico" .
Se llama Victoria Falls Rest Camp and Lodge; tomamos unas cervezas al mismo precio que en el nuestro. Tiene un menú interesante, con Impala y facoquero en la carta, además de cocodrilo en distintas versiones.
En el restaurante hay ventiladores y se está fresco. En el Mítico hace mas calor, porque no hay ventiladores. De todas formas, hemos vuelto a él, a descansar un poco y quitarnos de la calorina del mediodía. .
A las cinco y algo subimos al shuttle que pasa cada hora y es gratuito y nos lleva al Safari Lodge. La atracción de este sitio es la puesta de sol sobre una charca a la que van a beber animales, por eso lo he so dejado para el último día. El Lodge es precioso. Hay un edificio con habitaciones y cabañas de madera estilosas desperdigadas por el jardín.
El edificio principal tiene una escalera de troncos de cuatro o cinco pisos al aire. El techo es también de troncos de madera. Pasando por la recepción, bajamos unas escaleras para llegar al bar, que tiene varias terrazas que dan al valle. El Lodge está en una colina, así que divisamos toda la zona desde allí, incluyendo el río. Pedimos unas cervezas y enseguida un señor nos indica que hay elefantes a nuestra izquierda. Vemos un grupo de cuatro o así. A nuestro alrededor pululan unas ardillas muy pequeñas que se ponen como el quico de los cacahuetes que nos han puesto con la cerveza, y que les vamos echando.
Vemos unas jirafas a nuestra derecha, en la charca nos parece ver un cocodrilo en el agua. Se acerca también un facoquero, que se va enseguida.
Las jirafas se acercan desde la lejanía, en una fila como de siete. Pero frente a nosotros, una familia de elefantes se va acercando a la charca. Pronto se les unen otros que vienen de otras direcciones. Los elefantes van bebiendo trompas de agua y luego se empolvan convenientemente hasta que cambian completamente de color, hasta un rojizo muy gracioso.
Las jirafas se paran a comer, haciéndose las distraídas mientras los elefantes ocupan la charca. Pero los elefantes tienen cero ganas de irse y, cuando finalmente lo hacen vienen otros. Acabo perdiendo a las jirafas de vista. No sé si vendrán a beber a la noche.
Ha estado bien como fin de fiesta africana. Yo he amenizado la vista con un día quiero de mango, quede constancia que:
A: Nos han puesto tapas: cacahuetes, bucán, pinchos de carne con bacon y patatas fritas
B: Juanjo no ha querido tomarse los pinchos.
Hemos hecho fotos de la puesta de sol con una luna que es casi un hilo. Declaro esa foto como mi ultima hecha en África, por esta vez.
Hemos tenido que esperar un rato al shuttle de vuelta,muero nos ha dejado en la puerta del Mítico. He hecho la maleta y tomamos pizza y cervezas.
Es nuestra ultima noche africana, amenizada por el ventilador....la música hoy es menos estruendosa y apenas hay gente en el bar. Es domingo.
22/FEBRERO/2015 ATARDECER EN ÁFRICA
No quise mezclar en el comentario de ayer churras con merinas ni escribir sobre otra cosa que no fuera la Catarata.
Pero para seguir el relato, contaré que ayer, después de esquivar a los vendedores y ducharnos, descansamos un poco y fuimos a cenar en el bar del Lodge. Como anoche fuimos algo más tarde, nos coincidió la cena con la actuación tribal. La música del bar atronaba mientras los músicos "afinaban" los tam-tam. Van vestidos como con pieles. Las chicas, con unas faldas de tiras. La música es solo aporrear de tambores. Es más entretenido verles danzar con grandes saltos y contorsiones. Hay una chica bastante gordita y maciza que se mueve mucho, lo que me hace pensar que el ejercicio no adelgaza, ahora que me siento más rellena de lo habitual, posiblemente por la cerveza.
Hoy no teníamos nada en concreto que hacer. Hay actividades para sacarles la pasta a los turistas, pero todo es carísimo. El vuelo el helicóptero vale 200 euros por barba por 15 minutos. Casi que no. Seria lo único interesante. El crucero "nocturno" es caro y acaba a las seis. Nada. Bungy, ni de coña, y canopy sobre el Zambezi a 50 dólares, tampoco. Hay visitas a parque que no bajan de los 100 dólares, a caballo, en elefante...
Yo quiero ver el hotel Victoria Falls, que es uno de esos míticos hoteles victorianos. En él paraban los viajeros que hacia el vuelo Southampton-Johannesburgo, hacia el 1914. Esa parada se llamaba Jungle-Junction.
Hemos visitado la estación de tren, donde hay parado uno muy bonito, que debe ser de lujo. Se llama Pride of Africa. Ha salido puntual a las once menos cuarto, como se anunciaba.
Detrás de la estación está el Hotel Victoria Falls, Antiguamente el tren pasaba por delante, pero cambiaron las vías para mejorarle la vista. Hay una garita antes de entrar y al recinto se entra por un arco con el nombre del hotel. Está rodeado por cuidados jardines de césped, con algunos parterres y estanques.
La recepción tiene distintos mostradores enmarcados en madera y con las letras en dorado, como en las estaciones de tren antiguas. Hay lámparas de techo.
El color predominante en el hotel es el blanco, mezclado con madera oscura, aunque no demasiado. Cada salón tiene su nombre. Uno se llama Livingston, lógicamente. Pasada la recepción, se sale a un jardín con un estanque, que una vez cruzado, conduce a la zona de habitaciones, salones, restaurantes y corredores. En esa parte, nos recibe una escalera ondulante que se divide en dos. Está abierta al salón inferior. Es una escalera impresionante. Como una caracola, con barandas de forja.
A continuación entras en un amplio salón con grandes sofás, piano, mesitas y lámparas de sobremesa. Decorado con cuadros de plantas secas. A los lados hay salones, uno de ellos abierto, en el que se muestran retratos de personajes históricos. Veo el retrato de Kruger. He firmado en un libro de visitas. Todo el mundo pone su comentario en ingles, pero me ha hacho gracia ponerlo en español.
Cruzando el salón se sale a los jardines. Son una belleza. Desde allí se ve el puente y el humo de la catarata, aunque no se distingue el salto. Hay una rotonda frente al hotel,my unos caminos que salen de ella conducen a la piscina, a una galería de esculturas y al restaurante Jungle Junction. Vamos hacia allí. He estado visitando la exposición de esculturas al aire libre, que están en venta, algunas ya vendidas. Casi todas están hechas en serpentina, aunque son de distintos autores.
El restaurante Juntle Junction es el típico restaurante colonial, abierto al aire libre, con persianas rígidas de madera que se abren hacia fuera. Para hacerse una idea, uno que se le da un aire es el Samarkanda de la estación de Atocha.
Juanjo no se ha acercado, pero yo he hecho fotos, aunque no son buenas. No hay nadie a esta hora. Los empleados están haciendo un briefing en unas mesas el fondo.
La piscina está rodeada de columnas, pero no me asomo a verla, ya que se ve desde fuera y hay gente bañándose.
En el edificio principal, en un lateral, hay un bar que se llama Stanley. Pido permiso a los camareros para hacer unas fotos y me lo dan, sonrientes. La verdad es que nadie te pone ningún problema por pasear por allí. Al lado está el restaurante principal, Lo retrato a través de la puerta de cristal.
Pasando el salón de los sofás, ese al que se abren otros dos, hay corredores en ambos sentidos. En uno creo que hay habitaciones y solo me asomo, pero el otro conduce a la parte trasera de los jardines A lo largo de este corredor hay cuadros curiosos: caricaturas, por ejemplo, y unos cuadros que representan las colonias británicas hacia 1900 con barcos, cada uno de un país, en los que hay carteles con su bandera de aquel tiempo, y los productos que de allí traían. Juanjo está un poco pedorro y ha salido fuera como si no,le interesara nada de lo que ve, pero he ido a llamarle, porque creo que eso le puede llamar la atención.
Junto a la recepción hay páginas antiguas, como de tabloides, con mapas de África de 1900 o así. Hay también tienda, peluquería, etc. Me llama la atención que, con lo antiguo que es este hotel, que empezó a construirse antes de 1900, aunque luego se le añadieron edificios, está perfectamente conservado. He visto hoteles coloniales, también míticos, como este, pero no están tan bien, ni mucho menos. El de Luxor está chulo por fuera, pero cuando estuve en él, se notaba algo deteriorado, no sé ahora. Este está perfecto. Supongo que las habitaciones también, por los comentarios del libro de visitas.
Acabamos la visita y nos dirigimos a una zona que se llama Elephant's Walk, donde hay tiendas de artesanía y un museo histórico. Nos ha costado trabajo encontrar el museo entre las tiendas, es pequeño, pero da información sobre Zimbawe y sus tribus, con instrumentos de trabajo y musicales y ropas de cada tribu.
Entre las tiendas de artesanía, hay una galería de esculturas serias. Alguna interesante. Y una tienda de objetos pequeños diversos pero con un diseño precioso, con pequeños muebles acristaladas que muestran las piezas. Hay un par de fotos grandes en la pared divinas, una de cebras en movimiento y otra enorme, un cuadro blanco en cuya parte inferior hay un elefante y un Impala.
Hay una galería de fotos con un par de salas, pero alguna foto bastante chula, casi todas de animales. También tiene algún cuadro, o fotos retocadas, no sé bien...
El entorno de ese centro es fresco, con agua vaporizada, pero nos vamos de allí a comprar agua de verdad. Una botella bien grande. Estamos secos.
Huyendo de los vendedores de elefantes y billetes, vamos a un Lodge cercano al nuestro. Tiene cabañas y tiendas de campaña repartidas en un jardín limpio, con una piscina mejor cuidada que la del "mítico" .
Se llama Victoria Falls Rest Camp and Lodge; tomamos unas cervezas al mismo precio que en el nuestro. Tiene un menú interesante, con Impala y facoquero en la carta, además de cocodrilo en distintas versiones.
En el restaurante hay ventiladores y se está fresco. En el Mítico hace mas calor, porque no hay ventiladores. De todas formas, hemos vuelto a él, a descansar un poco y quitarnos de la calorina del mediodía. .
A las cinco y algo subimos al shuttle que pasa cada hora y es gratuito y nos lleva al Safari Lodge. La atracción de este sitio es la puesta de sol sobre una charca a la que van a beber animales, por eso lo he so dejado para el último día. El Lodge es precioso. Hay un edificio con habitaciones y cabañas de madera estilosas desperdigadas por el jardín.
El edificio principal tiene una escalera de troncos de cuatro o cinco pisos al aire. El techo es también de troncos de madera. Pasando por la recepción, bajamos unas escaleras para llegar al bar, que tiene varias terrazas que dan al valle. El Lodge está en una colina, así que divisamos toda la zona desde allí, incluyendo el río. Pedimos unas cervezas y enseguida un señor nos indica que hay elefantes a nuestra izquierda. Vemos un grupo de cuatro o así. A nuestro alrededor pululan unas ardillas muy pequeñas que se ponen como el quico de los cacahuetes que nos han puesto con la cerveza, y que les vamos echando.
Vemos unas jirafas a nuestra derecha, en la charca nos parece ver un cocodrilo en el agua. Se acerca también un facoquero, que se va enseguida.
Las jirafas se acercan desde la lejanía, en una fila como de siete. Pero frente a nosotros, una familia de elefantes se va acercando a la charca. Pronto se les unen otros que vienen de otras direcciones. Los elefantes van bebiendo trompas de agua y luego se empolvan convenientemente hasta que cambian completamente de color, hasta un rojizo muy gracioso.
Las jirafas se paran a comer, haciéndose las distraídas mientras los elefantes ocupan la charca. Pero los elefantes tienen cero ganas de irse y, cuando finalmente lo hacen vienen otros. Acabo perdiendo a las jirafas de vista. No sé si vendrán a beber a la noche.
Ha estado bien como fin de fiesta africana. Yo he amenizado la vista con un día quiero de mango, quede constancia que:
A: Nos han puesto tapas: cacahuetes, bucán, pinchos de carne con bacon y patatas fritas
B: Juanjo no ha querido tomarse los pinchos.
Hemos hecho fotos de la puesta de sol con una luna que es casi un hilo. Declaro esa foto como mi ultima hecha en África, por esta vez.
Hemos tenido que esperar un rato al shuttle de vuelta,muero nos ha dejado en la puerta del Mítico. He hecho la maleta y tomamos pizza y cervezas.
Es nuestra ultima noche africana, amenizada por el ventilador....la música hoy es menos estruendosa y apenas hay gente en el bar. Es domingo.
DIA 126 MOSI OA TUNYA
DIA 126
21/FEBRERO/2015 "MOSI-OA-TUNYA"
Mosi-Oa-Tunya , o "El Humo que Truena", en Nbedele. Es el nombre que le dieron los indígenas a Livingstone y que el cambió por el de Victoria, en honor a su Reina que, aunque no es un nombre feo, es muchísimo menos sugerente que el nativo.
Hoy es el día en el que vamos a tener nuestro Broche de Oro al viaje. Estas cataratas me han llamado la atención desde pequeña. Supongo que la literatura ayuda, y hay mucha más literatura inglesa que española, por eso estas cataratas son más "míticas" que las de Iguazú, aunque Cabeza de Vaca también escuchaba un "trueno" en la selva antes de ver las americanas. Esta teoría es de Juanjo, posiblemente cierta. Sobre Iguazú no hay tanta referencia literaria. Los ingleses se lo montan mejor para darse bombo, realmente.
En fin, hoy desayunamos en el Lodge. Nos toma nota del desayuno un señor mayor que pasa un buen rato escribiendo lentamente lo que le encargamos y se olvida de una cosa. Le pagamos y esperamos otro buen rato a que nos lo traigan. Entre pitos y flautas puedes tardar como una hora en total. Yo estaba impaciente por llegar a la catarata.
Pudimos salir finalmente, aunque Pasamos por el supermercado a comprar agua y frutos secos,,por si acaso. Junto al Lodge hay una manada de babuinos. A la entrada del parque hay gente que alquila capas de lluvia,,pero nosotros llevamos chubasqueros.
Pagamos nuestra entrada. Es uno de los pocos sitios donde puedes pagar con tarjeta de crédito. Nos detuvimos un momento a ver la información y decidimos hacer lo mismo que en el Perito Moreno. Empezar por la izquierda, que es desde donde estás cerca del río, e irnos acercándonos poco a poco hacia los saltos principales, acabando en la garganta del Zambezi.
Hay cuatro cuencas hidrográficas en África: Congo, Níger, Nilo y Zambezi. En el punto donde nos encontramos, el Zambezi se abre, después de haber llegado en un cauce, tras haber recogido el agua de los ríos tributarios; primero se abre en dos o tres canales y, justo antes de la catarata, se abre en una red de canales e islas, que forman un entramado. Al abrirse la falla, el agua cae por distintos saltos. Como en esta zona el agua no abunda, el río tiene muy diversos volúmenes de agua, dependiendo de la estación. Ahora está recogiendo el agua de la época de lluvia y tendrá su pico entre Abril y Mayo. De todas formas, somos afortunados, porque en las fotos que vemos de Noviembre, la catarata tiene muy poca agua y desaparecen muchos saltos, aunque te puedes bañar en la Piscina del Diablo y no hay en esa época tanta nube, así que puedes ver el salto hasta abajo.
Empezamos por los rápidos del Zambezi. El recorrido se inicia con una estatua de Livingstone. Contemplamos cómo se acelera el agua que parte de un cauce ancho y tranquilo, con islas. El primer salto, que se llama del Diablo, de nuevo, es un torrente que vemos desde que se inicia, vemos la caída desde arriba y el poderoso chorro final. No es muy ancho, pero sí muy caudaloso. Vemos cómo cae al fondo. Este salto está un poco lateral y no hay tanta vaporización, no forma la nube que vemos al fondo, en los otros saltos. A nuestro alrededor hay babuinos, que miro con precaución porque llevo frutos secos en la mochila, aunque cerrados.
El sonido es atronador e impresionante. Caminamos recorriendo el camino de selva, que está limpio y cuidado. Del camino salen los distintos miradores. En algunos puntos cae una lluvia fina procedente de la catarata, pero hace calor y es agradable, de momento. Vamos viendo los distintos saltos. Yo voy flipando, encantada de ver algo tan fantástico. La verdad es que hemos tenido suerte de venir en esta época. A partir del salto del Diablo ha no vemos el fondo hasta el final del recorrido, porque la nube de agua nos lo impide. Pero la cantidad de agua que cae te deja sin habla. "Breathtaking", creo que es la palabra que lo explica mejor : sin respiración. Al ver una cosa tan impresionante, vuelvo a sentir esa opresión en la garganta que siempre noto cuando hay algo cuya belleza me sobrepasa.
En el segundo punto, desde donde se sigue viendo el Salto del Diablo, hay una pequeña bajada, por escaleras, que te permite ver la caída hasta el río desde más cerca.
No puedo describir salto a salto. Hay unos 18 puntos para asomarse, cada uno diferente, con distintas vistas. Por el camino, entre la selva, divisas la catarata y a veces los claros entre los árboles permiten fotografiarla si tu cámara es buena, no con mi movil, pero si con la de Juanjo.
Los grados de mojadura van variando. La lluvia fina es agradable, pero mi primer chaparrón sin esperarlo me ocurrió en el salto que llaman Pezuña de Caballo. Parecía poca agua pero, de repente, una ráfaga de aire con mogollón de agua me caló entera. Intenté aguantarlo pero era demasiada agua. Me volví, riéndome. Juanjo protege la cámara con una camiseta, un chubasquero... Estoy chorreando, pero me pongo el chubasquero porque los que vienen de vuelta están chorreando. Mi mochila es de las plegables e impermeable, pero he metido el material sensible en una bolsa de plástico, por mayor seguridad
Los siguientes saltos son para chorrear, pero veo a mi izquierda la perspectiva de la catarata que hemos dejado atrás, una enorme y humeante herida en la tierra, cayendo agua por el borde en cantidades impresionantes.
El penúltimo sitio se llama Danger Point. Es un promontorio resbaloso, sin protección, pero no puedes obviarlo, porque es un sitio alucinante, aunque allí es donde nos cae más agua encima. Es el punto donde se inicia la garganta del río, así que ves frente a ti la catarata y el río que se inicia al frente y pasa por tu derecha en torrente rápido. Hay que aguantar la presión del agua que te cae en ráfagas, pero el sitio es precioso. Al otro lado, vemos a la gente que se asoma desde Zambia. Si miras a ti izquierda ves la catarata de Zimbawe en toda su enormidad, en los momentos en que la nube de agua te lo permite, lo que sucede a ráfagas.
El ultimo punto es la vista del puente. Allí ya no cae agua, tienes el río debajo de ti, y el puente a tu derecha. Es donde aprovechas para respirar hondo, quitarte el chubasquero, sacudirlo, sacudirte, sentarte un momento y beber algo de agua. Todos venimos chorreando y sonrientes.
Paramos a descansar un momento y reiniciamos el camino en sentido contrario, parándonos en los sitios ya vistos, degustando el placer de verla de nuevo con parsimonia.
Tras recorrer a la inversa parte del camino propongo ir a comer algo al restaurante, y luego proseguir para pasar allí el resto de la tarde. Así podremos verla con la luz del atardecer. Hemos comido en un restaurante que tiene agua vaporizada, lo cual se agradece. Aunque vamos todo el rato bajo los árboles, hace calor. A nuestro alrededor juegan monos Vervet, los de los huevos azules que había también en Tremisana. Yo he comido un wrap de cocodrilo. Los cocodrilos que ponen en los restaurantes de la zona proceden de granjas. Se come la cola, claro. La de mi wrap estaba cocida, supongo y salteada, porque estaba muy tierna. En Perú la tomé frita, empanada y en Cuba, guisada.
El camarero le advierte a Juanjo al ponerle el café, que se eche el azúcar que quiera y le devuelva el bote de los sobrecitos porque, si no, vienen los monos a llevárselos. Juanjo pone cara de asombro.
En el recorrido de la tarde, Juanjo ha decidido hacerlo entero en video. Esta mañana ha hecho solo foto, y ahora va a hacer solo video, excepto que haya alguna foto en especial. Volvimos a iniciar el recorrido desde el principio, haciendo video. Yo no puedo hacer otra cosa con el movil tampoco, porque, al haber tanto movimiento del agua, las fotos me salen desenfocadas. La luz de la tarde le da otro aspecto y se ven mejor los colores terrosos de algunos saltos. Esta mañana era más blanca, por la luz. Ahora tiene distintos tonos. Hemos recorrido de nuevo todos los puntos, pero esta vez me pongo el chubasquero un poco antes, para no empaparme. Al llegar al Punto Peligroso una chica sale de él diciéndome que vaya a verlo, que la vista es preciosa y hay un arco iris. Le he dado las gracias. El arco iris está a nuestra derecha, sobre el río. En la tarde se están formando poco a poco muchos arco iris en todos los tramos de la cascada, Se hacen y se deshacen. Juanjo decide que en estas cascadas no es tan importante la luz que reflejen, sino los arco iris que se forman. Los hay por todas partes. Tras hacer el recorrido completo de nuevo, llegamos al punto del puente riéndonos al mirarnos porque vamos de nuevo chorreando, aunque esta vez yo llevo seco el tórax, pero las perneras de los pantalones, chorreando. Juanjo lleva toda la camiseta empapada y chorreando, porque se ha ocupado de proteger la cámara para hacer el video y el ha ido a cuerpo.
Es temprano, pero no quiero irme mientras nos dejen. En el punto 8 hay un mirador al salto principal con un tronco pulido para sentarse y decido quedarme allí un rato. He colgado de los árboles el chubasquero para que se seque. En ese sitio, después de comer, había un grupo muy grande de monos Vervet, con cantidad de monitos pequeños de distintas edades.
Juanjo se ha ido a gastar la batería de la cámara, haciendo video y capturando arco iris. Yo me he quedado ensimismada en el banco del salto principal. La gente que llega saluda o no, pero todos vienen sonrientes. Estos sitios tan especiales producen felicidad. Medito sobre las gotas de agua que suben hacia el aire y su retorno y pienso si a nosotros nos pasará igual. La catarata es una suma de gotitas de agua que se despeñan y podrán o no, volver a ella, o caer en otro sitio mucho más alejado, quizá en el mar o en otro continente. Pero cada gotita tendrá su historia y pasará por distintos estados hasta el infinito.
Juanjo anda liado con Protágoras y lo de no bañarte dos veces en el mismo río. Los saltos cambian de forma a cada instante. Los remolinos que veo a mi derecha sobre el río nunca son tus les, el torrente qué cae cambia de forma constantemente, adoptando infinitas modalidades. Es subyugante la visión del torrente y de los saltos.
A los turistas que vienen en grupo, les dan un paseo, el tiempo justo de hacer la foto y los sacan del parque cuando terminan el recorrido en una dirección. Es una pena. Nosotros estamos disfrutando del sitio a nuestro aire, decidiendo dónde parar y cuando irnos, y eso es un lujo.
Nos marchamos un poco antes de que cierren. Cierran a las seis. Cuando hay luna llena, hay una entrada especial durante tres noches, para ver la catarata a la,luz de la luna, pero no es el caso ahora.
Me voy despidiendo de la catarata. Ya no la veré más, posiblemente, pero he cumplido uno de mis sueños. Y no me ha decepcionado. En absoluto. Me ha hecho muy feliz.
21/FEBRERO/2015 "MOSI-OA-TUNYA"
Mosi-Oa-Tunya , o "El Humo que Truena", en Nbedele. Es el nombre que le dieron los indígenas a Livingstone y que el cambió por el de Victoria, en honor a su Reina que, aunque no es un nombre feo, es muchísimo menos sugerente que el nativo.
Hoy es el día en el que vamos a tener nuestro Broche de Oro al viaje. Estas cataratas me han llamado la atención desde pequeña. Supongo que la literatura ayuda, y hay mucha más literatura inglesa que española, por eso estas cataratas son más "míticas" que las de Iguazú, aunque Cabeza de Vaca también escuchaba un "trueno" en la selva antes de ver las americanas. Esta teoría es de Juanjo, posiblemente cierta. Sobre Iguazú no hay tanta referencia literaria. Los ingleses se lo montan mejor para darse bombo, realmente.
En fin, hoy desayunamos en el Lodge. Nos toma nota del desayuno un señor mayor que pasa un buen rato escribiendo lentamente lo que le encargamos y se olvida de una cosa. Le pagamos y esperamos otro buen rato a que nos lo traigan. Entre pitos y flautas puedes tardar como una hora en total. Yo estaba impaciente por llegar a la catarata.
Pudimos salir finalmente, aunque Pasamos por el supermercado a comprar agua y frutos secos,,por si acaso. Junto al Lodge hay una manada de babuinos. A la entrada del parque hay gente que alquila capas de lluvia,,pero nosotros llevamos chubasqueros.
Pagamos nuestra entrada. Es uno de los pocos sitios donde puedes pagar con tarjeta de crédito. Nos detuvimos un momento a ver la información y decidimos hacer lo mismo que en el Perito Moreno. Empezar por la izquierda, que es desde donde estás cerca del río, e irnos acercándonos poco a poco hacia los saltos principales, acabando en la garganta del Zambezi.
Hay cuatro cuencas hidrográficas en África: Congo, Níger, Nilo y Zambezi. En el punto donde nos encontramos, el Zambezi se abre, después de haber llegado en un cauce, tras haber recogido el agua de los ríos tributarios; primero se abre en dos o tres canales y, justo antes de la catarata, se abre en una red de canales e islas, que forman un entramado. Al abrirse la falla, el agua cae por distintos saltos. Como en esta zona el agua no abunda, el río tiene muy diversos volúmenes de agua, dependiendo de la estación. Ahora está recogiendo el agua de la época de lluvia y tendrá su pico entre Abril y Mayo. De todas formas, somos afortunados, porque en las fotos que vemos de Noviembre, la catarata tiene muy poca agua y desaparecen muchos saltos, aunque te puedes bañar en la Piscina del Diablo y no hay en esa época tanta nube, así que puedes ver el salto hasta abajo.
Empezamos por los rápidos del Zambezi. El recorrido se inicia con una estatua de Livingstone. Contemplamos cómo se acelera el agua que parte de un cauce ancho y tranquilo, con islas. El primer salto, que se llama del Diablo, de nuevo, es un torrente que vemos desde que se inicia, vemos la caída desde arriba y el poderoso chorro final. No es muy ancho, pero sí muy caudaloso. Vemos cómo cae al fondo. Este salto está un poco lateral y no hay tanta vaporización, no forma la nube que vemos al fondo, en los otros saltos. A nuestro alrededor hay babuinos, que miro con precaución porque llevo frutos secos en la mochila, aunque cerrados.
El sonido es atronador e impresionante. Caminamos recorriendo el camino de selva, que está limpio y cuidado. Del camino salen los distintos miradores. En algunos puntos cae una lluvia fina procedente de la catarata, pero hace calor y es agradable, de momento. Vamos viendo los distintos saltos. Yo voy flipando, encantada de ver algo tan fantástico. La verdad es que hemos tenido suerte de venir en esta época. A partir del salto del Diablo ha no vemos el fondo hasta el final del recorrido, porque la nube de agua nos lo impide. Pero la cantidad de agua que cae te deja sin habla. "Breathtaking", creo que es la palabra que lo explica mejor : sin respiración. Al ver una cosa tan impresionante, vuelvo a sentir esa opresión en la garganta que siempre noto cuando hay algo cuya belleza me sobrepasa.
En el segundo punto, desde donde se sigue viendo el Salto del Diablo, hay una pequeña bajada, por escaleras, que te permite ver la caída hasta el río desde más cerca.
No puedo describir salto a salto. Hay unos 18 puntos para asomarse, cada uno diferente, con distintas vistas. Por el camino, entre la selva, divisas la catarata y a veces los claros entre los árboles permiten fotografiarla si tu cámara es buena, no con mi movil, pero si con la de Juanjo.
Los grados de mojadura van variando. La lluvia fina es agradable, pero mi primer chaparrón sin esperarlo me ocurrió en el salto que llaman Pezuña de Caballo. Parecía poca agua pero, de repente, una ráfaga de aire con mogollón de agua me caló entera. Intenté aguantarlo pero era demasiada agua. Me volví, riéndome. Juanjo protege la cámara con una camiseta, un chubasquero... Estoy chorreando, pero me pongo el chubasquero porque los que vienen de vuelta están chorreando. Mi mochila es de las plegables e impermeable, pero he metido el material sensible en una bolsa de plástico, por mayor seguridad
Los siguientes saltos son para chorrear, pero veo a mi izquierda la perspectiva de la catarata que hemos dejado atrás, una enorme y humeante herida en la tierra, cayendo agua por el borde en cantidades impresionantes.
El penúltimo sitio se llama Danger Point. Es un promontorio resbaloso, sin protección, pero no puedes obviarlo, porque es un sitio alucinante, aunque allí es donde nos cae más agua encima. Es el punto donde se inicia la garganta del río, así que ves frente a ti la catarata y el río que se inicia al frente y pasa por tu derecha en torrente rápido. Hay que aguantar la presión del agua que te cae en ráfagas, pero el sitio es precioso. Al otro lado, vemos a la gente que se asoma desde Zambia. Si miras a ti izquierda ves la catarata de Zimbawe en toda su enormidad, en los momentos en que la nube de agua te lo permite, lo que sucede a ráfagas.
El ultimo punto es la vista del puente. Allí ya no cae agua, tienes el río debajo de ti, y el puente a tu derecha. Es donde aprovechas para respirar hondo, quitarte el chubasquero, sacudirlo, sacudirte, sentarte un momento y beber algo de agua. Todos venimos chorreando y sonrientes.
Paramos a descansar un momento y reiniciamos el camino en sentido contrario, parándonos en los sitios ya vistos, degustando el placer de verla de nuevo con parsimonia.
Tras recorrer a la inversa parte del camino propongo ir a comer algo al restaurante, y luego proseguir para pasar allí el resto de la tarde. Así podremos verla con la luz del atardecer. Hemos comido en un restaurante que tiene agua vaporizada, lo cual se agradece. Aunque vamos todo el rato bajo los árboles, hace calor. A nuestro alrededor juegan monos Vervet, los de los huevos azules que había también en Tremisana. Yo he comido un wrap de cocodrilo. Los cocodrilos que ponen en los restaurantes de la zona proceden de granjas. Se come la cola, claro. La de mi wrap estaba cocida, supongo y salteada, porque estaba muy tierna. En Perú la tomé frita, empanada y en Cuba, guisada.
El camarero le advierte a Juanjo al ponerle el café, que se eche el azúcar que quiera y le devuelva el bote de los sobrecitos porque, si no, vienen los monos a llevárselos. Juanjo pone cara de asombro.
En el recorrido de la tarde, Juanjo ha decidido hacerlo entero en video. Esta mañana ha hecho solo foto, y ahora va a hacer solo video, excepto que haya alguna foto en especial. Volvimos a iniciar el recorrido desde el principio, haciendo video. Yo no puedo hacer otra cosa con el movil tampoco, porque, al haber tanto movimiento del agua, las fotos me salen desenfocadas. La luz de la tarde le da otro aspecto y se ven mejor los colores terrosos de algunos saltos. Esta mañana era más blanca, por la luz. Ahora tiene distintos tonos. Hemos recorrido de nuevo todos los puntos, pero esta vez me pongo el chubasquero un poco antes, para no empaparme. Al llegar al Punto Peligroso una chica sale de él diciéndome que vaya a verlo, que la vista es preciosa y hay un arco iris. Le he dado las gracias. El arco iris está a nuestra derecha, sobre el río. En la tarde se están formando poco a poco muchos arco iris en todos los tramos de la cascada, Se hacen y se deshacen. Juanjo decide que en estas cascadas no es tan importante la luz que reflejen, sino los arco iris que se forman. Los hay por todas partes. Tras hacer el recorrido completo de nuevo, llegamos al punto del puente riéndonos al mirarnos porque vamos de nuevo chorreando, aunque esta vez yo llevo seco el tórax, pero las perneras de los pantalones, chorreando. Juanjo lleva toda la camiseta empapada y chorreando, porque se ha ocupado de proteger la cámara para hacer el video y el ha ido a cuerpo.
Es temprano, pero no quiero irme mientras nos dejen. En el punto 8 hay un mirador al salto principal con un tronco pulido para sentarse y decido quedarme allí un rato. He colgado de los árboles el chubasquero para que se seque. En ese sitio, después de comer, había un grupo muy grande de monos Vervet, con cantidad de monitos pequeños de distintas edades.
Juanjo se ha ido a gastar la batería de la cámara, haciendo video y capturando arco iris. Yo me he quedado ensimismada en el banco del salto principal. La gente que llega saluda o no, pero todos vienen sonrientes. Estos sitios tan especiales producen felicidad. Medito sobre las gotas de agua que suben hacia el aire y su retorno y pienso si a nosotros nos pasará igual. La catarata es una suma de gotitas de agua que se despeñan y podrán o no, volver a ella, o caer en otro sitio mucho más alejado, quizá en el mar o en otro continente. Pero cada gotita tendrá su historia y pasará por distintos estados hasta el infinito.
Juanjo anda liado con Protágoras y lo de no bañarte dos veces en el mismo río. Los saltos cambian de forma a cada instante. Los remolinos que veo a mi derecha sobre el río nunca son tus les, el torrente qué cae cambia de forma constantemente, adoptando infinitas modalidades. Es subyugante la visión del torrente y de los saltos.
A los turistas que vienen en grupo, les dan un paseo, el tiempo justo de hacer la foto y los sacan del parque cuando terminan el recorrido en una dirección. Es una pena. Nosotros estamos disfrutando del sitio a nuestro aire, decidiendo dónde parar y cuando irnos, y eso es un lujo.
Nos marchamos un poco antes de que cierren. Cierran a las seis. Cuando hay luna llena, hay una entrada especial durante tres noches, para ver la catarata a la,luz de la luna, pero no es el caso ahora.
Me voy despidiendo de la catarata. Ya no la veré más, posiblemente, pero he cumplido uno de mis sueños. Y no me ha decepcionado. En absoluto. Me ha hecho muy feliz.
DIA 125 VICTORIA FALLS
DIA 125
20/FEBRERO/2015. VICTORIA FALLS
Fuimos en taxi al aeropuerto de Johannesburgo, que se llama Tambo. Es bastante más grande y esta mejor de lo que me pareció al llegar. Tiene mogollón de tiendas. A la vuelta tendremos que pasar aquí cinco horas de conexión, así que mas vale que le cojamos cariño...
Vamos con British Airways hasta Victoria Falls, en Zimbawe. Esta despejado y hemos podido ver el "humo" de la catarata, iluminado por el sol.
Los trámites del aeropuerto han sido una pesadez espantosa. Hay que pagar 30 dólares por.barba si entras solo en Zimbawe. Si quieres doble visado, para Zambia, son 50 pavos. El poli de la aduana al ver mi apellido me dice: Sergio Ramos, Real Madrid...le,he dicho que era primo mío y se me ha quedado mirando, pero le he confesado que es mentira.
Habíamos pedido que nos mandaran un taxi, así que nos estaba esperando un chico que hablaba tan bajito que no tenía ni idea de lo que me decía, pero nos ha estado indicando las cosas que veíamos por el camino, parques nacionales, la carretera a Botswana y el camino a Harare.
Las señales de la carretera son de precaución por paso de búfalos, antílopes y elefantes. Cada ves vemos señales más curiosas, la verdad.
No he encontrado otra cosa para alojarnos que backpackers. Los demás alojamientos no bajan de 250 euros la noche y llegan hasta mil y pico. Cogimos este desesperadamente, o habríamos tenido que irnos a Zambia. Entre dos backpackers, Juanjo eligió el Shoestrings. Ayer vimos en un blog de Paco Nadal que lo llama "Mítico". El "mítico" en cuestión, es muy básico, menos mal que tenemos una habitación con baño, pero muy calurosa, con ventilador. Pero es lo menos sugerente que hemos tenido en todo el viaje, la verdad.
Hay una piscina con el agua verde, una zona de artesanos, varios bares donde los fundes viene toda la gente de Victoria Falls a correrse una juerga, ya que hay actuaciones los fines de semana. Una guía de Vic menciona su restaurante como un buen sitio para cenar y desayunar.
Hace un calor horroroso. Hemos estado un rato en la habitación, pero tampoco se puede estar. Finalmente, nos vamos a inspeccionar para mañana. Hemos ido a la entrada del parque,de las cataratas donde nos comunican que la entrada vale 30 dólares, que puedes estar todo el día, pero sin salir, Y que dentro hay restaurantes.
Huyendo de los vendedores de elefantes de madera, nos vamos a ver el puente que comunica Zimbawe con Zambia, se construyó,por idea de Cecil Rhodes, quien quería unir El Cabo con El Cairo por ferrocarril. El tren todavía pasa por el puente. En la salida de Zimbawe te hacen un pase para el puente, desde el cual, aparte de ser frontera, se hace Bungy Jumping sobre el río Zambezi -que no pensamos hacer- y, lo mas. Importante, se ven la parte de la catarata que da a la garganta y la zona de Zambia, que es el tramo menor de la catarata.
Íbamos por el lado de la carretera del lado de la catarata, escuchando su bramido - el trueno- y, aunque estamos bastante lejos, aunque no sabría precisar cuánto, nos está cayendo una fina llovizna que procedes de las salpicaduras de la catarata. Cecil Rhodes quería que el agua cayera sobre el tren al pasar por el puente.
Nos vamos acercando y me paro antes de llegar. Va a ser mi primera visión de las cataratas, uno de mis "sueños dorados" y respiro hondo antes de mirar. Finalmente me decido a hacerlo. El salto de agua es impresionante, muy alto. Es la catarata más alta del mundo, si exceptuamos el asalto del Ángel, en Venezuela, pero eso es una cascada, muy alta, eso si, pero con una cantidad de agua mas bien pequeña.
Estamos viendo únicamente el salto de agua que está frente a la garganta del río. Por debajo de nosotros, se forman unos hervideros en los que se hace rafting. A nuestra derecha, se ve, por un claro de la selva, el salto de agua que corresponde a Zambia. Desde Zambia se ve el 25% de la catarata. El resto se ve desde Zimbabwe. Teníamos que elegir un sitio para quedarnos y nos hemos decidido por Zimbawe por ese motivo. El lado de Zambia está más próximo a la catarata y su atracción principal es la Piscina del Diablo, donde se mete la gente a bañarse en el mismo borde de la catarata, pero únicamente en la estación seca. Ahora no se puede. Cae muchísima agua.
Nos quedamos absortos intentando aislarnos de los vendedores, que no nos dejan en paz. De la catarata sale una nube de agua vaporizada que el lo que hemos visto desde el avión. La estructura de la catarata, si se ve desde el aire, es una hendidura de 1700 m en medio de la selva. Se produjo, lógicamente, al abrieres una falla. La hendidura vierte sus aguas en el cañón que vemos bajo nosotros. Por el puente pasan coches, camiones y el tren, además de los guiris que vamos a cotillear.
Hemos pasado al otro lado del puente para ver los rápidos del río Zambezi cuando se al Jan de la catarata. Es un paisaje precioso, pero la catarata es demasiado fascinante como para alejar la vista de ella. Bajo nosotros, se forma un arco iris.
He subido a un café que está por detrás del puente y le digo a Juanjo que vayamos a tomar algo allí. Yo tengo mucha sed y necesito agua. Desde allí se ve la catarata, así que hemos subido a hidratarnos un poco.
A eso de las cinco y algo, Juanjo quiere volver al pueblo porque no quiere que se nos haga de noche, aunque queda mucho rato. Yo voy bastante a regañadientes, porque la catarata me parece demasiado fascinante como para irnos, y hay gente que está llegando ahora.
Volvemos rodeados de vendedores de elefantes. Es muy pesado esto. Nos ofrecen cientos de millones de dólares de Zimbabue, que es una moneda que ya no existe, para cambiarlos por dólares. Juanjo se pregunta si habrá gente que trague. Yo entiendo que es para gente que coleccione monedas.
Volvimos al Shoestring. Hace falta otra ducha antes de cenar. Yo voy sudando como un pollo. Hay calor y humedad y el sol abrasa, aunque es tarde. Hemos cenado unas pizzas al horno de leña. La música en el bar es más atronadora que la catarata. Después de cenar he recorrido el pueblo de artesanos que hay en el Lodge, por pasar el rato y no acostarnos tan pronto. Venden figuras de madera, unos cuellos de jirafas de madera bastante atractivos, y me han parecido divertidos bolsos hechos con discos de vinilo. LPs y de 45 revoluciones. He estado de palique con los artesanos.
En el último puesto, que solo tenía quincalla, me dice el artesano que va a tocar en el Lodge dentro de un rato y que me quede a verlo. Amenaza con sacarme a bailar, que es lo peor que me pueden decir. Deben tocar música tribal con tambores y tam-tam. Me dice que solo actúan los viernes en el Lodge. Pienso que quizá vaya a verlo, pero escondida, para que no me vea el tipo.
Me siento un momento con Juanjo en una zona del jardín que tiene unos bancos de madera y se está fresco, pero nada más sentarme, me engancho el pantalón en un clavo y se me hace un agujero. El pantalón es perfectamente tirable, pero la puntería ha sido fantástica. De todas formas, tiene otros rotos en lugares ignotos, así que este es el remate final.
He vuelto a ducharme y me he puesto a escribir tumbada en la cama. Si escucho tambores, quizá me levante a verlos, pero me empieza a dar sueño, así que me lavo los dientes, pongo la mosquitera, me acuesto y, justo entonces empiezan a sonar. Ya no, majos, me estoy quedando sopa....
20/FEBRERO/2015. VICTORIA FALLS
Fuimos en taxi al aeropuerto de Johannesburgo, que se llama Tambo. Es bastante más grande y esta mejor de lo que me pareció al llegar. Tiene mogollón de tiendas. A la vuelta tendremos que pasar aquí cinco horas de conexión, así que mas vale que le cojamos cariño...
Vamos con British Airways hasta Victoria Falls, en Zimbawe. Esta despejado y hemos podido ver el "humo" de la catarata, iluminado por el sol.
Los trámites del aeropuerto han sido una pesadez espantosa. Hay que pagar 30 dólares por.barba si entras solo en Zimbawe. Si quieres doble visado, para Zambia, son 50 pavos. El poli de la aduana al ver mi apellido me dice: Sergio Ramos, Real Madrid...le,he dicho que era primo mío y se me ha quedado mirando, pero le he confesado que es mentira.
Habíamos pedido que nos mandaran un taxi, así que nos estaba esperando un chico que hablaba tan bajito que no tenía ni idea de lo que me decía, pero nos ha estado indicando las cosas que veíamos por el camino, parques nacionales, la carretera a Botswana y el camino a Harare.
Las señales de la carretera son de precaución por paso de búfalos, antílopes y elefantes. Cada ves vemos señales más curiosas, la verdad.
No he encontrado otra cosa para alojarnos que backpackers. Los demás alojamientos no bajan de 250 euros la noche y llegan hasta mil y pico. Cogimos este desesperadamente, o habríamos tenido que irnos a Zambia. Entre dos backpackers, Juanjo eligió el Shoestrings. Ayer vimos en un blog de Paco Nadal que lo llama "Mítico". El "mítico" en cuestión, es muy básico, menos mal que tenemos una habitación con baño, pero muy calurosa, con ventilador. Pero es lo menos sugerente que hemos tenido en todo el viaje, la verdad.
Hay una piscina con el agua verde, una zona de artesanos, varios bares donde los fundes viene toda la gente de Victoria Falls a correrse una juerga, ya que hay actuaciones los fines de semana. Una guía de Vic menciona su restaurante como un buen sitio para cenar y desayunar.
Hace un calor horroroso. Hemos estado un rato en la habitación, pero tampoco se puede estar. Finalmente, nos vamos a inspeccionar para mañana. Hemos ido a la entrada del parque,de las cataratas donde nos comunican que la entrada vale 30 dólares, que puedes estar todo el día, pero sin salir, Y que dentro hay restaurantes.
Huyendo de los vendedores de elefantes de madera, nos vamos a ver el puente que comunica Zimbawe con Zambia, se construyó,por idea de Cecil Rhodes, quien quería unir El Cabo con El Cairo por ferrocarril. El tren todavía pasa por el puente. En la salida de Zimbawe te hacen un pase para el puente, desde el cual, aparte de ser frontera, se hace Bungy Jumping sobre el río Zambezi -que no pensamos hacer- y, lo mas. Importante, se ven la parte de la catarata que da a la garganta y la zona de Zambia, que es el tramo menor de la catarata.
Íbamos por el lado de la carretera del lado de la catarata, escuchando su bramido - el trueno- y, aunque estamos bastante lejos, aunque no sabría precisar cuánto, nos está cayendo una fina llovizna que procedes de las salpicaduras de la catarata. Cecil Rhodes quería que el agua cayera sobre el tren al pasar por el puente.
Nos vamos acercando y me paro antes de llegar. Va a ser mi primera visión de las cataratas, uno de mis "sueños dorados" y respiro hondo antes de mirar. Finalmente me decido a hacerlo. El salto de agua es impresionante, muy alto. Es la catarata más alta del mundo, si exceptuamos el asalto del Ángel, en Venezuela, pero eso es una cascada, muy alta, eso si, pero con una cantidad de agua mas bien pequeña.
Estamos viendo únicamente el salto de agua que está frente a la garganta del río. Por debajo de nosotros, se forman unos hervideros en los que se hace rafting. A nuestra derecha, se ve, por un claro de la selva, el salto de agua que corresponde a Zambia. Desde Zambia se ve el 25% de la catarata. El resto se ve desde Zimbabwe. Teníamos que elegir un sitio para quedarnos y nos hemos decidido por Zimbawe por ese motivo. El lado de Zambia está más próximo a la catarata y su atracción principal es la Piscina del Diablo, donde se mete la gente a bañarse en el mismo borde de la catarata, pero únicamente en la estación seca. Ahora no se puede. Cae muchísima agua.
Nos quedamos absortos intentando aislarnos de los vendedores, que no nos dejan en paz. De la catarata sale una nube de agua vaporizada que el lo que hemos visto desde el avión. La estructura de la catarata, si se ve desde el aire, es una hendidura de 1700 m en medio de la selva. Se produjo, lógicamente, al abrieres una falla. La hendidura vierte sus aguas en el cañón que vemos bajo nosotros. Por el puente pasan coches, camiones y el tren, además de los guiris que vamos a cotillear.
Hemos pasado al otro lado del puente para ver los rápidos del río Zambezi cuando se al Jan de la catarata. Es un paisaje precioso, pero la catarata es demasiado fascinante como para alejar la vista de ella. Bajo nosotros, se forma un arco iris.
He subido a un café que está por detrás del puente y le digo a Juanjo que vayamos a tomar algo allí. Yo tengo mucha sed y necesito agua. Desde allí se ve la catarata, así que hemos subido a hidratarnos un poco.
A eso de las cinco y algo, Juanjo quiere volver al pueblo porque no quiere que se nos haga de noche, aunque queda mucho rato. Yo voy bastante a regañadientes, porque la catarata me parece demasiado fascinante como para irnos, y hay gente que está llegando ahora.
Volvemos rodeados de vendedores de elefantes. Es muy pesado esto. Nos ofrecen cientos de millones de dólares de Zimbabue, que es una moneda que ya no existe, para cambiarlos por dólares. Juanjo se pregunta si habrá gente que trague. Yo entiendo que es para gente que coleccione monedas.
Volvimos al Shoestring. Hace falta otra ducha antes de cenar. Yo voy sudando como un pollo. Hay calor y humedad y el sol abrasa, aunque es tarde. Hemos cenado unas pizzas al horno de leña. La música en el bar es más atronadora que la catarata. Después de cenar he recorrido el pueblo de artesanos que hay en el Lodge, por pasar el rato y no acostarnos tan pronto. Venden figuras de madera, unos cuellos de jirafas de madera bastante atractivos, y me han parecido divertidos bolsos hechos con discos de vinilo. LPs y de 45 revoluciones. He estado de palique con los artesanos.
En el último puesto, que solo tenía quincalla, me dice el artesano que va a tocar en el Lodge dentro de un rato y que me quede a verlo. Amenaza con sacarme a bailar, que es lo peor que me pueden decir. Deben tocar música tribal con tambores y tam-tam. Me dice que solo actúan los viernes en el Lodge. Pienso que quizá vaya a verlo, pero escondida, para que no me vea el tipo.
Me siento un momento con Juanjo en una zona del jardín que tiene unos bancos de madera y se está fresco, pero nada más sentarme, me engancho el pantalón en un clavo y se me hace un agujero. El pantalón es perfectamente tirable, pero la puntería ha sido fantástica. De todas formas, tiene otros rotos en lugares ignotos, así que este es el remate final.
He vuelto a ducharme y me he puesto a escribir tumbada en la cama. Si escucho tambores, quizá me levante a verlos, pero me empieza a dar sueño, así que me lavo los dientes, pongo la mosquitera, me acuesto y, justo entonces empiezan a sonar. Ya no, majos, me estoy quedando sopa....
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