DIA 112
7/FEBRERO/2015 RUTAS POR KATMANDÚ
Vamos a dedicar el día a recorrer Katmandú con tranquilidad. Aunque el primer día recorrimos varias calles y plazas, hoy vamos a hacer unas rutas marcadas en La Biblia, una que va de Thames a Durbar y otra hacia el sur.
No voy a describirlas porque contienen montones de templos-pagoda, Stupas, ventanas talladas, patios..vemos parejas y grupitos de guiris todos biblia en mano, siguiendo las mismas rutas que describe El Listo, como dice Juanjo, aunque observamos que se ha dejado sin describir varios templos y edificios bonitos.
Los Bahal son patios vecinales, a veces bastante grandes. Suelen contener un templo, que puede ser muy sencillo o una verdadera joya. Muchas veces tienen un pozo, o algún medio de obtener agua. Los estanques suelen estar fuera, en plazas. Allí van a coger agua en bidones, incluso a lavarse. Están muy por debajo del nivel del suelo, se baja por escaleras, y a veces están tallados. El agua sale a través de unos surtidores que siempre tienen tallada una figura. En muchos casos es la boca del cocodrilo sagrado. No hay grifos: el agua sale constantemente, pero los chorros no son muy abundantes, así que a veces las colas para recoger agua son largas. Supongo que son centros de reunión, como antiguamente las fuentes en España y en todas partes.
Tenemos suerte, porque hoy es sábado, el día de fiesta, así que hay menos tráfico y podemos caminar con cierta tranquilidad. Este recorrido sería imposible hacerlo entre semana, porque apenas se podría caminar por la calle. En esos días, con evitar que te atropellen o hacerte un esguince en un bache de la calle, ya tienes bastante. Hoy podemos verlo todo tranquilos, ver las tallas de las ventanas desde la otra acera, y contemplarlas a gusto.
La cantidad de polvo que acumula esta ciudad es impresionante. Los edificios con sus ventanas enrejadas de madera, sus vigas-tirantes hacia los tejados y puertas talladas son preciosos, pero el polvo se los come. Pienso que en los tiempos esplendorosos, con los edificios nuevecitos y las maderas limpias y jugosas, la ciudad en si debía ser una joya. Lo cierto es que aún lo es, a pesar del polvo.
Hemos visto la plaza Asan Tole, desde donde se iniciaban las caravanas al Tíbet. Hay unos templos importantes y suponemos que habría un Caravanserai,. Siempre nos dan buen rollo los Caravanserai. La palabra es bonita, pero el lugar de reunión de las caravanas, el jaleo que habría de comercio, de vendedores, de gente que llega cansada buscando albergue y de la gente emocionada por partir, todo eso imaginas en un Caravanserai. En el caso de esta plaza, hay que aislarse un momento e imaginar cómo pudo ser. El templo central, no muy grande, debía recoger la ofrendas de quienes partían para tener un viaje seguro, y de quienes llegaban ilesos como agradecimiento.
Los templos que vemos en los Bahal, plazas y calles son predominantemente pagodas, pero hay un par de Stupas: una de ellas es una réplica de la de Swayambunath. Alrededor de las Stupas suele haber varias Chaityas, que son Stupas pequeñas. Donde hay Stupas, hay a veces un molinillo de oración grande metido en un cuarto adyacente. A veces también están rodeadas de molinillos de oración. Hemos visto cerda de Asian Tole, un templo híbrido, medio budista, medio hindú, Seto Macchendranath, en el que hay un letrero que dice que son bien recibidas las personas de todas las religiones. Tras él, hay una plaza de alfareros y hombres que portan una especie de instrumentos musicales con una cuerda de algodón. Creo que pretenden vendernos uno.
El recorrido nos lleva toda la mañana, hasta cerca de las tres. Hemos entrado a comer a un Momo-Hut, como lo lees, que tiene unos 16 tipos de momo, incluidos dulces. Hemos pedido un variado de dulces y salados. Muy ricos los de cordero. Los dulces son de manzana, plátano y chocolate con cacahuetes.
Volvimos a descansar un poco al hotel y a preparar cosas para mañana, que nos marchamos de Asia y tenemos un viaje largo, muy largo.
Juanjo quería probar un restaurante de Thames que le ha llamado la atención, pero hemos comido tarde y no me apetece. En su lugar, hemos bajado a cenar al hotel, que no cierran hasta las 10 y podemos tomarnos un platito de momos ligero.
Ayer llegó un grupo de chinos al hotel. Cuatro chinos regateando duro. Hoy le hemos preguntado al dueño porque la negociación parecía dura. Nos dice que quieren un coche grande a precio pequeño y que los chinos son muy escandalosos y hacen mucho ruido. Esa impresión tenemos también nosotros. Le decimos que los españoles también somos muy de armar jaleo pero dice que no, que con los españoles bien, pero que los chinos son una pesadilla
sábado, 14 de febrero de 2015
DIA 111 BAKTAPUR
DIA 111
6/FEBRERO/2015. BAKTAPUR
No hago más que preguntarle a Juanjo si ya se ha dado cuenta de cómo mueven la cabeza. Es típico de la India y Nepal, al menos. En la India, cuanto más al sur, más meneo tienen. Utilizan ese movimiento para todo, para decir que sí, para decir que no, para dar las gracias, para saludar...es un balanceo difícil de describir. Una vez, en la India, muy harta de no saber si significaba sí o no, acabé preguntándole a un chico de Calcuta que significaba eso. La respuesta fue clara:
- Pues depende. Unas veces significa que sí y otras que no.
Pero Juanjo dice que no se ha dado cuenta. Me extraña mucho, porque generalmente es observador, y el movimiento se repite incesantemente, pero dice que no. En fin, supongo que acabará dándose cuenta.
Como ya hemos tenido receso de templos dos días, hoy nos vamos a Baktapur. Se puede ir en bus, en minibús...pero Juanjo dice que en taxi. Pues nada, en taxi. Está algo más lejos, pero tampoco mucho. Regateamos el precio a nuestro taxista de cabecera, que nos ha llevado a más sitios, Se empeña en esperarnos para la vuelta, aunque vamos a pasar allí todo el día pero claro, somos una bicoca.
En Baktapur te sacan los ojos por entrar. 15 dólares por persona. Pero hay que verlo. Y hay que verlo porque es una ciudad que tiene una plaza que, aunque no te lo creas, se llama Durbar. Y porque es una ciudad preciosa y está mucho más limpia y cuidada que cualquiera de las otras. Y hay menos jaleo y menos gente.
Empezamos quitándonos de enmedio a los guías "voluntarios", que es lo más trabajoso del tema. Luego hay que orientarse con las explicaciones de la guía e ir encontrando los templos en la lectura, porque nombre no tienen visible, o está en los dibujaros nepalíes y tienes que guiarte por los mapas. Pero una vez pillado el tranquillo fuimos viendo la plaza por orden y leyendo algo de cada edificio. Hay dos templos de estilo indio mongol y los demás son pagodas. Newari. El palacio tiene una puerta dorada espectacular y frente a él hay una alta columna con una escultura dorada de uno de los reyes de Baktapur, que antes había un rey en cada ciudad, pero manejaban una pasta gansa, a juzgar por el dispendio en materiales y tallas. Visitamos el palacio, del que queda poca cosa. Tiene 55 ventanas enrejadas a la plaza y antes tenía 99 patios. Hemos visto nada más que tres. Parece que hay alguno más visible, pero los tienen cerrados. Gran parte de los edificios del valle se dañaron en el terremoto de 1934, este palacio entre ellos. Muchos templos se arreglaron, pero el palacio se ve que pasaron de él.
La plaza se divide en dos partes. La división la establecen dos enormes leones de piedra y una antigua casa de peregrinos. En la otra parte de la plaza hay algún templo más, pero es un espacio más abierto. Seguimos la ruta hasta otra plaza más antigua, que se llama Thaumadi Tole. Allí encontramos un templo muy alto, con esculturas en la escalera y al lado un templo de Shiva-Bhairav, que tenía bastante animación. y al que se podía entrar. Yo entré a ver qué pasaba y Juanjo volvió a quedarse fuera. Voy a matarlo, me parece.
Al templo estaban llegando procesiones de gente llevando ofrendas, pero dentro estaban sacrificando distintos animales: pollos, cabras....en un foso de otro recinto les cortaban trozos de lana que creo que quemaban en unos braseros delante del templo.
Pasó una procesión con música y les seguimos. Llegamos a la plaza de los alfareros, donde todos estaban haciendo huchas, todas iguales, aunque de tamaños diferentes. La procesión ha ido hasta un templito de Ganesha, lo han rodeado y le han dejado las ofrendas. Un chico llevaba un traje doblado en una bandeja con flores o fruta y otro llevaba unos zapatos brillantes. El resto llevaba fruta o verduras. Y flores
Nos damos cuenta de que debe ser fiesta, porque parece que todo el mundo está dedicado a lo mismo. Las mujeres llevan saris rojos con brillos. Todos rojos. Vemos cabras atadas a cuerdas y Juanjo les augura poco futuro. Unas mujeres se han dado cuenta de lo que dice y se ríen.
Hemos retomado la ruta, que nos conduce a Tachupal Tole, la antigua plaza de la ciudad en época medieval. Tiene un templo alto y, en una calle lateral muy estrecha, una, al parecer megafamosa Ventana del Pavo Real.
Hemos comido unos momos en un restaurante de la plaza, con cerveza tirando a caliente. Luego hemos retomado las rutas. Seguimos encontrando fiestas y gente arreglada. Volvimos a Thaumadi Tole. En la plataforma de danza hay un corro de gente comiendo en el suelo con músicos en el centro y los hombres bailando. Otros hombres y algunas mujeres servían la comida en cubos. Del templo de Bhairav siguen saliendo procesiones con banda de música y ofrendas. Entre ellas, unos nabos de un tamaño exagerado.
Están intentando cargarse un toro enmedio de bastante expectación. Los guiris hacen fotos por encima de la masa de gente con los palos de selfie. Yo he echado un vistazo pero me he quitado de enmedio, no sea que le corten la cabeza directamente, que ya vi anteriormente hacerlo así, estilo Apocalypse Now y no tiene maldita la gracia.
Volvimos a Durbar. En el refugio de peregrinos, en los soportales, ha habido otra fiesta. Aun queda gente comiendo, pero se nota que ya van en retirada. Aprovechamos para retratar saris rojos. Entre los soportales, hay un desfile de ellos, entre tanta mujer vestida de rojo. He hecho un vídeo de un corrillo en el que varios hombres más o menos bebidos bailaban alrededor de unos músicos. No se ven en ninguna parte mujeres bailando, la verdad. En el corrillo que digo, había un vejete bailando y cayéndose de la borrachera. Otros le empujaban para intentar tirarle definitivamente.
Dimos otra vuelta. No nos apetece mucho marcharnos, pero llega un momento en que tenemos que decidirnos a salir. El chofer estaba donde le dejamos, pero había limpiado el coche hasta dejarlo reluciente. Nos tragamos un atasco de vuelta bastante considerable.
Fuimos al hotel a soltar diversos tipos de lastre y luego nos acercamos a Durbar, a verla de noche. Paulatinamente van iluminando las pagodas, pero los templos ya han cerrado. En la plaza principal hay el mismo jaleo de siempre, pero en la zona del palacio se está a gusto. Me siento allí un rato, mientras Juanjo va a hacer fotos, observando el entorno, viendo la iluminación, y relajándome. Hay un sonido de música, pero procede de algún aparato, no es en vivo. La plaza tiene cierto magnetismo. Corresponde al recuerdo que tenía de ella. Quedarte ensimismado, simplemente observando, es la actitud a la que lleva ese entorno. Pero te quedas como pegado, sin ganas de irte.
Volvimos por las calles oscuras, casi únicamente iluminadas por los faros de las motos. Han limpiado de ofrendas los templos y capillas y los dioses dormirán limpios y relucientes.
6/FEBRERO/2015. BAKTAPUR
No hago más que preguntarle a Juanjo si ya se ha dado cuenta de cómo mueven la cabeza. Es típico de la India y Nepal, al menos. En la India, cuanto más al sur, más meneo tienen. Utilizan ese movimiento para todo, para decir que sí, para decir que no, para dar las gracias, para saludar...es un balanceo difícil de describir. Una vez, en la India, muy harta de no saber si significaba sí o no, acabé preguntándole a un chico de Calcuta que significaba eso. La respuesta fue clara:
- Pues depende. Unas veces significa que sí y otras que no.
Pero Juanjo dice que no se ha dado cuenta. Me extraña mucho, porque generalmente es observador, y el movimiento se repite incesantemente, pero dice que no. En fin, supongo que acabará dándose cuenta.
Como ya hemos tenido receso de templos dos días, hoy nos vamos a Baktapur. Se puede ir en bus, en minibús...pero Juanjo dice que en taxi. Pues nada, en taxi. Está algo más lejos, pero tampoco mucho. Regateamos el precio a nuestro taxista de cabecera, que nos ha llevado a más sitios, Se empeña en esperarnos para la vuelta, aunque vamos a pasar allí todo el día pero claro, somos una bicoca.
En Baktapur te sacan los ojos por entrar. 15 dólares por persona. Pero hay que verlo. Y hay que verlo porque es una ciudad que tiene una plaza que, aunque no te lo creas, se llama Durbar. Y porque es una ciudad preciosa y está mucho más limpia y cuidada que cualquiera de las otras. Y hay menos jaleo y menos gente.
Empezamos quitándonos de enmedio a los guías "voluntarios", que es lo más trabajoso del tema. Luego hay que orientarse con las explicaciones de la guía e ir encontrando los templos en la lectura, porque nombre no tienen visible, o está en los dibujaros nepalíes y tienes que guiarte por los mapas. Pero una vez pillado el tranquillo fuimos viendo la plaza por orden y leyendo algo de cada edificio. Hay dos templos de estilo indio mongol y los demás son pagodas. Newari. El palacio tiene una puerta dorada espectacular y frente a él hay una alta columna con una escultura dorada de uno de los reyes de Baktapur, que antes había un rey en cada ciudad, pero manejaban una pasta gansa, a juzgar por el dispendio en materiales y tallas. Visitamos el palacio, del que queda poca cosa. Tiene 55 ventanas enrejadas a la plaza y antes tenía 99 patios. Hemos visto nada más que tres. Parece que hay alguno más visible, pero los tienen cerrados. Gran parte de los edificios del valle se dañaron en el terremoto de 1934, este palacio entre ellos. Muchos templos se arreglaron, pero el palacio se ve que pasaron de él.
La plaza se divide en dos partes. La división la establecen dos enormes leones de piedra y una antigua casa de peregrinos. En la otra parte de la plaza hay algún templo más, pero es un espacio más abierto. Seguimos la ruta hasta otra plaza más antigua, que se llama Thaumadi Tole. Allí encontramos un templo muy alto, con esculturas en la escalera y al lado un templo de Shiva-Bhairav, que tenía bastante animación. y al que se podía entrar. Yo entré a ver qué pasaba y Juanjo volvió a quedarse fuera. Voy a matarlo, me parece.
Al templo estaban llegando procesiones de gente llevando ofrendas, pero dentro estaban sacrificando distintos animales: pollos, cabras....en un foso de otro recinto les cortaban trozos de lana que creo que quemaban en unos braseros delante del templo.
Pasó una procesión con música y les seguimos. Llegamos a la plaza de los alfareros, donde todos estaban haciendo huchas, todas iguales, aunque de tamaños diferentes. La procesión ha ido hasta un templito de Ganesha, lo han rodeado y le han dejado las ofrendas. Un chico llevaba un traje doblado en una bandeja con flores o fruta y otro llevaba unos zapatos brillantes. El resto llevaba fruta o verduras. Y flores
Nos damos cuenta de que debe ser fiesta, porque parece que todo el mundo está dedicado a lo mismo. Las mujeres llevan saris rojos con brillos. Todos rojos. Vemos cabras atadas a cuerdas y Juanjo les augura poco futuro. Unas mujeres se han dado cuenta de lo que dice y se ríen.
Hemos retomado la ruta, que nos conduce a Tachupal Tole, la antigua plaza de la ciudad en época medieval. Tiene un templo alto y, en una calle lateral muy estrecha, una, al parecer megafamosa Ventana del Pavo Real.
Hemos comido unos momos en un restaurante de la plaza, con cerveza tirando a caliente. Luego hemos retomado las rutas. Seguimos encontrando fiestas y gente arreglada. Volvimos a Thaumadi Tole. En la plataforma de danza hay un corro de gente comiendo en el suelo con músicos en el centro y los hombres bailando. Otros hombres y algunas mujeres servían la comida en cubos. Del templo de Bhairav siguen saliendo procesiones con banda de música y ofrendas. Entre ellas, unos nabos de un tamaño exagerado.
Están intentando cargarse un toro enmedio de bastante expectación. Los guiris hacen fotos por encima de la masa de gente con los palos de selfie. Yo he echado un vistazo pero me he quitado de enmedio, no sea que le corten la cabeza directamente, que ya vi anteriormente hacerlo así, estilo Apocalypse Now y no tiene maldita la gracia.
Volvimos a Durbar. En el refugio de peregrinos, en los soportales, ha habido otra fiesta. Aun queda gente comiendo, pero se nota que ya van en retirada. Aprovechamos para retratar saris rojos. Entre los soportales, hay un desfile de ellos, entre tanta mujer vestida de rojo. He hecho un vídeo de un corrillo en el que varios hombres más o menos bebidos bailaban alrededor de unos músicos. No se ven en ninguna parte mujeres bailando, la verdad. En el corrillo que digo, había un vejete bailando y cayéndose de la borrachera. Otros le empujaban para intentar tirarle definitivamente.
Dimos otra vuelta. No nos apetece mucho marcharnos, pero llega un momento en que tenemos que decidirnos a salir. El chofer estaba donde le dejamos, pero había limpiado el coche hasta dejarlo reluciente. Nos tragamos un atasco de vuelta bastante considerable.
Fuimos al hotel a soltar diversos tipos de lastre y luego nos acercamos a Durbar, a verla de noche. Paulatinamente van iluminando las pagodas, pero los templos ya han cerrado. En la plaza principal hay el mismo jaleo de siempre, pero en la zona del palacio se está a gusto. Me siento allí un rato, mientras Juanjo va a hacer fotos, observando el entorno, viendo la iluminación, y relajándome. Hay un sonido de música, pero procede de algún aparato, no es en vivo. La plaza tiene cierto magnetismo. Corresponde al recuerdo que tenía de ella. Quedarte ensimismado, simplemente observando, es la actitud a la que lleva ese entorno. Pero te quedas como pegado, sin ganas de irte.
Volvimos por las calles oscuras, casi únicamente iluminadas por los faros de las motos. Han limpiado de ofrendas los templos y capillas y los dioses dormirán limpios y relucientes.
DIA 110 CREMATORIO Y TIBETANOS
DIA 110
5/FEBRERO/2015 CREMATORIO Y TIBETANOS
Me ha comentado Juanjo que está un poco harto de templos, así que nos vamos hoy a Pashupatinath, para cambiar de rollo.
Cogimos un taxi, porque solo está a seis km, cerca del aeropuerto. El taxi nos dejó enfrentito de la oficina de la oficina de pagar la entrada, que es bastante cara, pero es lo que hay. Un señor nos ha enganchado por banda, se ha puesto a explicarnos sin dejarnos en paz. Pero como el asunto de las cremaciones requiere algo de explicación, esta vez nos hemos dejado, aunque a regañadientes.
El pueblo lo que tiene que ver, fundamentalmente, son las orillas del río Bagmati, un río sagrado, donde se hacen las cremaciones de la zona. Según entramos, a la izquierda están los crematorios para ricos y a la derecha los de la gente normal. Una cremación cuesta unas veinte mil rupias, unos 18 euros. Las de ricos, el doble.
El rito es como sigue: durante siete días se le realizan determinadas ceremonias al difunto en su casa. El día de la cremación lo traen al río en una parihuela, envuelto en un sudario blanco y cubierto con una tela de color azafrán y rojo -azafrán la pureza y rojo la victoria- y se le ponen guirnaldas de caléndulas. Le dejan solo el sudario y lo bañan en el río, bajo el templo, a donde cae la leche que se ofrece en el templo por unas cañerías. De esta manera se purifica. Luego lo cubren de nuevo con la tela azafrán y las flores y lo llevan en la parihuela a las plataformas de cremación. En ellas está preparada la pira de madera. Lo colocan sobre la pira, le quitan las telas y flores y -lo único que me parece un poco fuerte- el hijo mayor si el difunto es hombre, o el pequeño, si es difunta, le pone algodón en la boca y allí prende la primera mecha. Eso es para liberar el espíritu del difunto y que pueda ir a reencarnarse. Luego meten más fuego por debajo. La cremación dura unas tres horas. Cuando acaba, empujan la pira al río. Mientras, los hombres con parentesco más cercano -las mujeres no asisten a la ceremonia- se afeitan la cabeza y vestirán de blanco durante un año.
Al templo no nos está permitida la entrada. Tenemos que verlo de lejos. Tiene la fachada plateada y contiene una imagen de Shiva. En la orilla del río que está frente a los crematorios vemos bastantes Sahddus. Están llegando en peregrinación porque hay fiesta la semana que viene. Viven en cuevas, comen de la caridad de la gente y se dedican a meditar y a fumar marihuana, así que se les ve muy contentos. La marihuana es para ayudarles a concentrarse en la meditación, parece ser. Van vestidos de azafrán, con bastante andrajo y las caras e incluso el cuerpo muy pintados de blanco y rojo. Han adoptado ese estatus porque ya no quieren reencarnarse más. Los enterraran, por tanto, para acabar el ciclo. A los lactantes también los entierran. Los llevan al parque de ciervos que hay detrás de nosotros, igual que a los Shaddu. Una vez que los niños han tomado su primer bocado de comida, si mueren, se les quema. El padre es el encargado de ponerles el fuego en la boca. Un horror.
Si una persona no tiene familia o medios para ser incinerada, los sacerdotes del templo se ocupan de ello. Si no tiene hijos que le pongan el fuego en la boca, lo hace un sacerdote, pero se quema a todo el mundo, de esa manera, cristianos incluso, si quieren.
Lo cierto es que, relató aparte, la ceremonia no resulta desagradable. Le pregunto a Juanjo cómo lo lleva, porque no las tenía todas consigo, pero no ha sufrido, aunque tampoco le ha gustado, lógicamente, pero es un ritual que, aparte de aquí, sólo se ve de esta manera en Benarés y es interesante, como todos los rituales.
En la orilla opuesta a las cremaciones hay muchos templos de Shiva con sus Lingam y allí están los Sahddus de palique. Les hicimos una foto ,pero hay que darles pasta a cambio. Todos los Sahddus que encontramos nos dicen que si foto, pero con pringar una vez, ya vale.
Vemos un antiguo templo que ahora es un hospicio de la Madre Teresa. Alberga ancianos y discapacitados. Hay un templo pequeño en la orilla de las cremaciones que es de la diosa Kali. Los relieves de los tirantes tienen gente llevando miembros humanos en bandejas. El "guía" nos explica que antiguamente, a la gente que se comportaba como animales, por ejemplo, en caso de relaciones sexuales con miembros de la familia, los sacrificaban a la diosa, porque ya no se les consideraba humanos. La verdad es que me ha costado siempre trabajo creer lo de los sacrificios humanos a Kali, pero parece que es verdad..
Nuestro "guía" acabó allí su explicación y nos pidió veinte dólares a cambio. Le dijimos que ni locos, claro. Menudo morrazo!.
Nos dirigimos a Bodhnath andando, que sólo está a veinte minutos, tragando polvo, eso si. Este pueblo, aparte de una interesante Stupa y monasterios, alberga una importante población de tibetanos huidos del Tíbet chino. La población tibetana es, de todas formas, anterior a la expulsión, y la Stupa y los monasterios del pueblo son tibetanos desde hace siglos. Al principio le voy señalando a Juanjo discretamente cada vez que nos cruzamos con una tibetana, que son más fáciles de reconocer por su indumentaria, básicamente un traje negro con un delantal de colores y un tocado de colores. Son bajitas y de pómulos más salientes, bastante distintas de los nepalíes. Los hombres pasan más desapercibidos, porque visten como todos. Al cabo de un rato vemos cada vez más tibetanos y ya no hace falta señalarlos.
La Stupa la vemos al mediodía, lo que ha sido un engorro, porque está blanqueada y, como hay que mirar hacia arriba, lloran los ojos con el sol. Se puede subir el plinto. En la parte baja hay jardíncillos bastante monos, que solo se ven desde arriba. A la entrada, antes de subir el plinto, hay un molinillo de oración de los grandes. Hemos tirado la Stupa como está estipulado, en el sentido de las agujas del reloj. Esta tiene muchas tiras de banderas que van desde el pináculo hasta el plinto. Las banderas son oraciones que suben al Nirvana al moverlas el viento. Son de muchos colores. Queda bonito. La de Katmandú no tenía tantas como esta. Ni que decir tiene que nos ha tocado pagar para entrar en la plaza.
Hemos comido en un restaurante de la plaza, pero era caro y la cerveza estaba caliente. Era vegetariano, así que hemos tomado momos de verdura y un falafel bastante bueno, metido en chapatis, con yogur y humus.
Después de comer hemos iniciado la visita de los monasterios, localizándolos en el mapa de la guía y en otro que había en la pared de la plaza. Alguno estaba cerrado, pero hemos visto unos monasterios mucho más amplios y menos oscuros que los que vi en el Tíbet indio. Uno de ellos tiene un techo altísimo, unas pinturas en perfecto estado y un Buda muy grande. Es, además, una escuela de artes y escuchamos ensayar el toque de las trompetas tibetanas.
Me he peleado un poco con Juanjo porque no sé qué manía le ha dado, que no entra en los monasterios, donde puedes pasar sin problemas una vez que te quites los zapatos. Pero se queda en la calle, tontamente, hasta que salgo con cara de enfado y le pregunto qué coño hace allí fuera. Me hace lo mismo en todos y estoy a punto de matarlo.
En uno de los monasterios los lamitas pequeños estaban comiendo, vigilados por un Lama mayor. Pido permiso para entrar al Profe y me indica que entre. Al principio los niños estaban callados, pero empezaron un cántico mientras comían.
En otro de los templos estaban en plena ceremonia. Uno de los lamas aprendices me señaló que me sentara en una pila de cojines. Estaban leyendo en alto el libro de oraciones y de vez en cuando tocaban el gong, los tambores, los platillos, y trompetas pequeñas y de las largas. Estas las tenían apoyadas en unas cajas pequeñas. La verdad es que el sonido es muy ronco. Mientras, un Lama joven entraba y salía llenando una jarrita metálica con agua dentro del templo y tirándola al patio enseguida. Hacia eso todo el rato.
Las paredes de todos los templos están plagadas de pinturas, en plan horror vacui. Pero en estos templos que no son tan oscuros, se ven bien y resultan bonitas. A veces están cubriendo también los pórticos de entrada. Los monasterios por fuera están pintados en colores y dorados. A veces tienen jardines. Son bastante chulos, la verdad.
Hemos vuelto a la plaza de la Stupa. Según avanza la tarde, la plaza se va llenando de gente que da vueltas alrededor de ella, moviendo molinillos y con rosarios tibetanos, en un rezo común Om Maní Padme Hum. Este mantra se escucha con música en algunas tiendas. Te aprendes la melodía enseguida. Es relajante. Una vez descargué una aplicación para relajarte y dormir que tenía esa melodía. Por eso, en cuanto la escuché aquí, me puse a cantarla.
La gente forma un torbellino cada ves más grande, que te arrastra más cuanto más cerca vayas de la Stupa. La mayor parte de la gente es tibetana, de todas las edades. Frente a la entrada de la Stupa, donde se encuentra un altar concurrido, hay un fuego en un gran caldero de metal donde la gente echa bolsas de hierbas aromáticas.
Teníamos varias posibilidades: coger un taxi e irnos a ver un templo que parece interesante entre otras, pero decidimos quedarnos en la plaza, porque se estaba bien. Encontramos un banco para sentarnos y contemplar el paso de la gente. Finalmente nos marchamos, pero yo pensaba que era de esos sitios de donde no te apetece irte.
Volvimos en taxi a Katmandú, pillando un atasco que te cagas. Debe ser lo normal. Hora punta o no, siempre hay atasco.
Hoy hemos ido a cenar al restaurante de un hotel, que tiene comida tipo occidental y a Juanjo le apetecía comida seria. Pedimos unos momos para compartir y yo, equivocadamente, pedí pizza. No pude acabarla, se la tomó Juanjo, que se había metido un platazo de pollo también. Además, pasé toda la noche con mucha sed y apenas teníamos agua en la habitación. Mal rollo.
5/FEBRERO/2015 CREMATORIO Y TIBETANOS
Me ha comentado Juanjo que está un poco harto de templos, así que nos vamos hoy a Pashupatinath, para cambiar de rollo.
Cogimos un taxi, porque solo está a seis km, cerca del aeropuerto. El taxi nos dejó enfrentito de la oficina de la oficina de pagar la entrada, que es bastante cara, pero es lo que hay. Un señor nos ha enganchado por banda, se ha puesto a explicarnos sin dejarnos en paz. Pero como el asunto de las cremaciones requiere algo de explicación, esta vez nos hemos dejado, aunque a regañadientes.
El pueblo lo que tiene que ver, fundamentalmente, son las orillas del río Bagmati, un río sagrado, donde se hacen las cremaciones de la zona. Según entramos, a la izquierda están los crematorios para ricos y a la derecha los de la gente normal. Una cremación cuesta unas veinte mil rupias, unos 18 euros. Las de ricos, el doble.
El rito es como sigue: durante siete días se le realizan determinadas ceremonias al difunto en su casa. El día de la cremación lo traen al río en una parihuela, envuelto en un sudario blanco y cubierto con una tela de color azafrán y rojo -azafrán la pureza y rojo la victoria- y se le ponen guirnaldas de caléndulas. Le dejan solo el sudario y lo bañan en el río, bajo el templo, a donde cae la leche que se ofrece en el templo por unas cañerías. De esta manera se purifica. Luego lo cubren de nuevo con la tela azafrán y las flores y lo llevan en la parihuela a las plataformas de cremación. En ellas está preparada la pira de madera. Lo colocan sobre la pira, le quitan las telas y flores y -lo único que me parece un poco fuerte- el hijo mayor si el difunto es hombre, o el pequeño, si es difunta, le pone algodón en la boca y allí prende la primera mecha. Eso es para liberar el espíritu del difunto y que pueda ir a reencarnarse. Luego meten más fuego por debajo. La cremación dura unas tres horas. Cuando acaba, empujan la pira al río. Mientras, los hombres con parentesco más cercano -las mujeres no asisten a la ceremonia- se afeitan la cabeza y vestirán de blanco durante un año.
Al templo no nos está permitida la entrada. Tenemos que verlo de lejos. Tiene la fachada plateada y contiene una imagen de Shiva. En la orilla del río que está frente a los crematorios vemos bastantes Sahddus. Están llegando en peregrinación porque hay fiesta la semana que viene. Viven en cuevas, comen de la caridad de la gente y se dedican a meditar y a fumar marihuana, así que se les ve muy contentos. La marihuana es para ayudarles a concentrarse en la meditación, parece ser. Van vestidos de azafrán, con bastante andrajo y las caras e incluso el cuerpo muy pintados de blanco y rojo. Han adoptado ese estatus porque ya no quieren reencarnarse más. Los enterraran, por tanto, para acabar el ciclo. A los lactantes también los entierran. Los llevan al parque de ciervos que hay detrás de nosotros, igual que a los Shaddu. Una vez que los niños han tomado su primer bocado de comida, si mueren, se les quema. El padre es el encargado de ponerles el fuego en la boca. Un horror.
Si una persona no tiene familia o medios para ser incinerada, los sacerdotes del templo se ocupan de ello. Si no tiene hijos que le pongan el fuego en la boca, lo hace un sacerdote, pero se quema a todo el mundo, de esa manera, cristianos incluso, si quieren.
Lo cierto es que, relató aparte, la ceremonia no resulta desagradable. Le pregunto a Juanjo cómo lo lleva, porque no las tenía todas consigo, pero no ha sufrido, aunque tampoco le ha gustado, lógicamente, pero es un ritual que, aparte de aquí, sólo se ve de esta manera en Benarés y es interesante, como todos los rituales.
En la orilla opuesta a las cremaciones hay muchos templos de Shiva con sus Lingam y allí están los Sahddus de palique. Les hicimos una foto ,pero hay que darles pasta a cambio. Todos los Sahddus que encontramos nos dicen que si foto, pero con pringar una vez, ya vale.
Vemos un antiguo templo que ahora es un hospicio de la Madre Teresa. Alberga ancianos y discapacitados. Hay un templo pequeño en la orilla de las cremaciones que es de la diosa Kali. Los relieves de los tirantes tienen gente llevando miembros humanos en bandejas. El "guía" nos explica que antiguamente, a la gente que se comportaba como animales, por ejemplo, en caso de relaciones sexuales con miembros de la familia, los sacrificaban a la diosa, porque ya no se les consideraba humanos. La verdad es que me ha costado siempre trabajo creer lo de los sacrificios humanos a Kali, pero parece que es verdad..
Nuestro "guía" acabó allí su explicación y nos pidió veinte dólares a cambio. Le dijimos que ni locos, claro. Menudo morrazo!.
Nos dirigimos a Bodhnath andando, que sólo está a veinte minutos, tragando polvo, eso si. Este pueblo, aparte de una interesante Stupa y monasterios, alberga una importante población de tibetanos huidos del Tíbet chino. La población tibetana es, de todas formas, anterior a la expulsión, y la Stupa y los monasterios del pueblo son tibetanos desde hace siglos. Al principio le voy señalando a Juanjo discretamente cada vez que nos cruzamos con una tibetana, que son más fáciles de reconocer por su indumentaria, básicamente un traje negro con un delantal de colores y un tocado de colores. Son bajitas y de pómulos más salientes, bastante distintas de los nepalíes. Los hombres pasan más desapercibidos, porque visten como todos. Al cabo de un rato vemos cada vez más tibetanos y ya no hace falta señalarlos.
La Stupa la vemos al mediodía, lo que ha sido un engorro, porque está blanqueada y, como hay que mirar hacia arriba, lloran los ojos con el sol. Se puede subir el plinto. En la parte baja hay jardíncillos bastante monos, que solo se ven desde arriba. A la entrada, antes de subir el plinto, hay un molinillo de oración de los grandes. Hemos tirado la Stupa como está estipulado, en el sentido de las agujas del reloj. Esta tiene muchas tiras de banderas que van desde el pináculo hasta el plinto. Las banderas son oraciones que suben al Nirvana al moverlas el viento. Son de muchos colores. Queda bonito. La de Katmandú no tenía tantas como esta. Ni que decir tiene que nos ha tocado pagar para entrar en la plaza.
Hemos comido en un restaurante de la plaza, pero era caro y la cerveza estaba caliente. Era vegetariano, así que hemos tomado momos de verdura y un falafel bastante bueno, metido en chapatis, con yogur y humus.
Después de comer hemos iniciado la visita de los monasterios, localizándolos en el mapa de la guía y en otro que había en la pared de la plaza. Alguno estaba cerrado, pero hemos visto unos monasterios mucho más amplios y menos oscuros que los que vi en el Tíbet indio. Uno de ellos tiene un techo altísimo, unas pinturas en perfecto estado y un Buda muy grande. Es, además, una escuela de artes y escuchamos ensayar el toque de las trompetas tibetanas.
Me he peleado un poco con Juanjo porque no sé qué manía le ha dado, que no entra en los monasterios, donde puedes pasar sin problemas una vez que te quites los zapatos. Pero se queda en la calle, tontamente, hasta que salgo con cara de enfado y le pregunto qué coño hace allí fuera. Me hace lo mismo en todos y estoy a punto de matarlo.
En uno de los monasterios los lamitas pequeños estaban comiendo, vigilados por un Lama mayor. Pido permiso para entrar al Profe y me indica que entre. Al principio los niños estaban callados, pero empezaron un cántico mientras comían.
En otro de los templos estaban en plena ceremonia. Uno de los lamas aprendices me señaló que me sentara en una pila de cojines. Estaban leyendo en alto el libro de oraciones y de vez en cuando tocaban el gong, los tambores, los platillos, y trompetas pequeñas y de las largas. Estas las tenían apoyadas en unas cajas pequeñas. La verdad es que el sonido es muy ronco. Mientras, un Lama joven entraba y salía llenando una jarrita metálica con agua dentro del templo y tirándola al patio enseguida. Hacia eso todo el rato.
Las paredes de todos los templos están plagadas de pinturas, en plan horror vacui. Pero en estos templos que no son tan oscuros, se ven bien y resultan bonitas. A veces están cubriendo también los pórticos de entrada. Los monasterios por fuera están pintados en colores y dorados. A veces tienen jardines. Son bastante chulos, la verdad.
Hemos vuelto a la plaza de la Stupa. Según avanza la tarde, la plaza se va llenando de gente que da vueltas alrededor de ella, moviendo molinillos y con rosarios tibetanos, en un rezo común Om Maní Padme Hum. Este mantra se escucha con música en algunas tiendas. Te aprendes la melodía enseguida. Es relajante. Una vez descargué una aplicación para relajarte y dormir que tenía esa melodía. Por eso, en cuanto la escuché aquí, me puse a cantarla.
La gente forma un torbellino cada ves más grande, que te arrastra más cuanto más cerca vayas de la Stupa. La mayor parte de la gente es tibetana, de todas las edades. Frente a la entrada de la Stupa, donde se encuentra un altar concurrido, hay un fuego en un gran caldero de metal donde la gente echa bolsas de hierbas aromáticas.
Teníamos varias posibilidades: coger un taxi e irnos a ver un templo que parece interesante entre otras, pero decidimos quedarnos en la plaza, porque se estaba bien. Encontramos un banco para sentarnos y contemplar el paso de la gente. Finalmente nos marchamos, pero yo pensaba que era de esos sitios de donde no te apetece irte.
Volvimos en taxi a Katmandú, pillando un atasco que te cagas. Debe ser lo normal. Hora punta o no, siempre hay atasco.
Hoy hemos ido a cenar al restaurante de un hotel, que tiene comida tipo occidental y a Juanjo le apetecía comida seria. Pedimos unos momos para compartir y yo, equivocadamente, pedí pizza. No pude acabarla, se la tomó Juanjo, que se había metido un platazo de pollo también. Además, pasé toda la noche con mucha sed y apenas teníamos agua en la habitación. Mal rollo.
DIA 109 PATAN
DIA 109
4/FEBRERO/2015 PATAN
Aunque hemos dormido mejor, decidimos cambiarnos de habitación. Hemos dejado el equipaje fuera, en el hall.
Salimos del hotel después del desayuno y cogimos un taxi para ir a Patan, que está al ladito de Kathmandu, e incluso estuvimos tentados de ir andando. Pero finalmente cogimos un taxi, que no son caros, porque pelear con las motos, coches, ricksaws y el polvo y baches de las calles es un coñazo.
El taxista nos dejó en la Plaza Durbar de Patan donde, para empezar a hablar, hay que pagar. Algo menos que en Katmandú, pero también tiene lo suyo. Allí, que es más pequeño, tienes que luchar a brazo partido con los pretendidos guías, para que te dejen ir solo. La verdad es que algunos hablan español bastante, pero preferimos ir a nuestro aire.
La plaza es bastante más pequeña que la otra, pero no hay vehículos, y no hay tanta gente, así que es más fácil de ver. A pesar de su tamaño, tiene mochos templos, y un palacio real con museo que dejamos para luego.
Casi todos los templos son de tipo pagoda, de arquitectura Newari, que corresponde a la zona del valle, pero hay también un templo de piedra, de estilo indio, con cúpula mongol. Bonito. Además contrasta muy bien con el resto de templos-pagoda.
Nos pasamos la mitad de la mañana vagando entre los templos, cada uno a su bola. Una vez esquivados los guías, nos quedamos tranquilos, porque aquí hay menos vendedores. Hay que fijarse en las vigas-tirantes de madera de los templos, que están talladas. Unas con torturas, otras escenas eróticas...muy variado. Yo subí a un templo al que permitían la entrada a no hindúes, pero no tenía mucho interés.
Pagamos de nuevo por entrar en el palacio, que tiene varios patios con estanques tallados alguno de ellos. Luego visitamos el museo, que es bien interesante, porque da una muy buena descripción del panteón hindú y de cómo puede reconocerse a cada una de las deidades, por sus atributos o vehículos. Por ejemplo: si ves un templo que tiene delante un torito arrodillado mirando al templo con cara de pena, es un templo de Shiva, porque el toro Nandi es su vehículo. Un Lingam siempre es de Shiva. Un Garuda indica un templo de Vishnú. Una escultura sentada en plan descanso, sin cruzar las piernas, es Brahma, que creó el mundo y ya no tiene nada que hacer. Una figura danzante con muchos brazos y una pierna flexionarla es Shiva en su danza cósmica, el Nataraya. En cambio, una figura de ojos saltones, enseñando los dientes y con collares de cabezas humanas es su parte destructiva, Bhairav.
Las diosas me resultan más complicadas de reconocer. Pero Kali, la parte violenta de Parvati, la consorte de Shiva, con su danza destructiva, se puede distinguir.
Ganesha no tiene pérdida, porque tiene cabeza de elefante y su vehículo es una rata. A mi me cae genial, es un dios de sabiduría y da buena suerte. Es muy venerado. Una vez tuvo una cabeza normal,mera guardián-hijo de Parvati, pero Shiva le cortó la cabeza por error y su señora, cabreadisima, le hizo ponerle otra, pero tuvo que ser del primer ser vivo que entrara al palacio y ese fue un elefante.
Un Buda con las piernas cruzadas en posición de loto indica meditación. Si tiene las manos juntas indica que predica. Si tiene una mano en el regazo y otra hacia abajo está llamando a la madre tierra para que le ayude a vencer al demonio que le está dando la lata.
El Lingam ya he dicho que es el falo de Shiva, pero puede estar solo, metido en un cuadrado -yoni- que simboliza lo femenino. O puede tener tres cuerpos: el Lingam arriba -Shiva- un rombo enmedio -Vishnú- y un bloque cuadrado abajo -Brahma- y significa la Trinidad.
El recorrido del museo, aparte de su interés, nos lleva a distintos pisos por estrechas escaleras. Desde ventanas de enrejado o con barrotes, pero inclinadas hacia abajo, vemos los patios del palacio.
Hemos ido a comer a un restaurante que está en el jardín del palacio. No había momos. Juanjo ha tomado una comida completa nepalí, que lleva sopa, legumbres, verduras crudas y cocinadas, algo de carne y arroz con salsas. Yo he tomado un curry de verduras. Hay grupos de franceses que están comiendo de buffett, pero no tenemos hambre como para eso.
Hemos dado otra vuelta por la plaza y hemos ido a recorrer calles buscando otros templos importantes. La Lonely Planet marca un recorrido que empieza en Durbar y acaba una de las Stupas de Ashoka, pasando por el templo dorado, donde hay que pagar algo. Este es un monasterio y su fachada está cubierta de placas de bronce, aparte de un labrado interesante y una imagen en plata.
Llegando a la Stupa de Ashoka pedimos ayuda a unos nepalíes para salir hacia la zona de la estación de autobuses, porque estábamos en un lío de calles. En la carretera cogimos un taxi que nos llevó a Swayambunath, la Stupa más importante de Nepal, patrimonio de la Humanidad, al igual que las dos plazas Durbar que hemos visto.
A este templo le llaman el Templo de los Monos, porque hay unos cuantos macacos que,mal verdad, son bastante sociables y no dan la lata. A mi los monos me tienen cierta manía y procuro no ponerme muy a mano.
Al templo, que está sobre una colina, se puede subir por una escalera por el este, pero el taxista nos dejó al oeste, desde donde la escalera es menor. Lo agradecí, porque me he acatarrado con los fríos del hotel y me encuentro un poco ahogada. Subimos a la Stupa, donde ni tengo que comentar que hay que pagar, faltaría más. Es bastante grande, con ojos de Buda en las cuatro partes de la torrecilla que está sobre la cúpula. Sobre la torrecilla hay un cono con trece niveles y sobre él una sombrilla. Cono y sombrilla en dorado. Los trece niveles son los estadios para alcanzar el Nirvana. Bajo la Stupa hay un plinto rodeado de molinillos de oración, El plinto simboliza la tierra, la cúpula el agua, el cono el fuego, la sombrilla el aire y el pináculo de la sombrilla, el fuego.
Voy girando todos y cada uno de los molinillos de oración mientras voy viendo lo que rodea la Stupa. Hay dos templos y muchas esculturas. Simbolizan muchas cosas, pero soy incapaz de averiguar quien es cada una. Dos esculturas de mujer simbolizan una el Ganges y otra el río Jamuna, y a esas las localizó, porque son esculturas en bronce, pero alrededor del plinto hay capillas y la representación de los cinco elementos, pero no distingo cuales son.
A un lado de la Stupa hay un Buda bastante grande con una cara muy agradable. En un cuarto lateral hay un molinillo de oración enorme. Giro el templo del Buda en sentido de las agujas del reloj, como tiene que hacerse, pero el altar por detrás solo tiene molinillos.
Nos hemos quedado un rato, leyendo la descripción del templo y abrigándonos, porque está cayendo la tarde y hace frío ahí arriba. Los monos saltan a nuestro alrededor. Desde Patan y viniendo en el taxi hemos visto los Himalaya nevados. Pensábamos que podíamos verlos desde la colina, pero la vista está oculta por el templo del Buda y solo se ve las ciudad.
Bajamos por la escalera larga, viendo los Buda que hay en otros niveles y figuras de animales: Garuda, elefantes, caballos...una tropa de monos baja corriendo y brincando detrás de un señor que les está echando comida. Hay unos monitor pequeños muy divertidos.
Vamos caminando y tragando polvo hasta el hotel. Nos hemos duchado para quitarnos toda la porquerías pillada en el día. No me apetece salir, por el catarro, así que nos hemos quedado a cenar unos momos en el hotel. Puntazo increíble: la cerveza está bien fría. Espectacular.
4/FEBRERO/2015 PATAN
Aunque hemos dormido mejor, decidimos cambiarnos de habitación. Hemos dejado el equipaje fuera, en el hall.
Salimos del hotel después del desayuno y cogimos un taxi para ir a Patan, que está al ladito de Kathmandu, e incluso estuvimos tentados de ir andando. Pero finalmente cogimos un taxi, que no son caros, porque pelear con las motos, coches, ricksaws y el polvo y baches de las calles es un coñazo.
El taxista nos dejó en la Plaza Durbar de Patan donde, para empezar a hablar, hay que pagar. Algo menos que en Katmandú, pero también tiene lo suyo. Allí, que es más pequeño, tienes que luchar a brazo partido con los pretendidos guías, para que te dejen ir solo. La verdad es que algunos hablan español bastante, pero preferimos ir a nuestro aire.
La plaza es bastante más pequeña que la otra, pero no hay vehículos, y no hay tanta gente, así que es más fácil de ver. A pesar de su tamaño, tiene mochos templos, y un palacio real con museo que dejamos para luego.
Casi todos los templos son de tipo pagoda, de arquitectura Newari, que corresponde a la zona del valle, pero hay también un templo de piedra, de estilo indio, con cúpula mongol. Bonito. Además contrasta muy bien con el resto de templos-pagoda.
Nos pasamos la mitad de la mañana vagando entre los templos, cada uno a su bola. Una vez esquivados los guías, nos quedamos tranquilos, porque aquí hay menos vendedores. Hay que fijarse en las vigas-tirantes de madera de los templos, que están talladas. Unas con torturas, otras escenas eróticas...muy variado. Yo subí a un templo al que permitían la entrada a no hindúes, pero no tenía mucho interés.
Pagamos de nuevo por entrar en el palacio, que tiene varios patios con estanques tallados alguno de ellos. Luego visitamos el museo, que es bien interesante, porque da una muy buena descripción del panteón hindú y de cómo puede reconocerse a cada una de las deidades, por sus atributos o vehículos. Por ejemplo: si ves un templo que tiene delante un torito arrodillado mirando al templo con cara de pena, es un templo de Shiva, porque el toro Nandi es su vehículo. Un Lingam siempre es de Shiva. Un Garuda indica un templo de Vishnú. Una escultura sentada en plan descanso, sin cruzar las piernas, es Brahma, que creó el mundo y ya no tiene nada que hacer. Una figura danzante con muchos brazos y una pierna flexionarla es Shiva en su danza cósmica, el Nataraya. En cambio, una figura de ojos saltones, enseñando los dientes y con collares de cabezas humanas es su parte destructiva, Bhairav.
Las diosas me resultan más complicadas de reconocer. Pero Kali, la parte violenta de Parvati, la consorte de Shiva, con su danza destructiva, se puede distinguir.
Ganesha no tiene pérdida, porque tiene cabeza de elefante y su vehículo es una rata. A mi me cae genial, es un dios de sabiduría y da buena suerte. Es muy venerado. Una vez tuvo una cabeza normal,mera guardián-hijo de Parvati, pero Shiva le cortó la cabeza por error y su señora, cabreadisima, le hizo ponerle otra, pero tuvo que ser del primer ser vivo que entrara al palacio y ese fue un elefante.
Un Buda con las piernas cruzadas en posición de loto indica meditación. Si tiene las manos juntas indica que predica. Si tiene una mano en el regazo y otra hacia abajo está llamando a la madre tierra para que le ayude a vencer al demonio que le está dando la lata.
El Lingam ya he dicho que es el falo de Shiva, pero puede estar solo, metido en un cuadrado -yoni- que simboliza lo femenino. O puede tener tres cuerpos: el Lingam arriba -Shiva- un rombo enmedio -Vishnú- y un bloque cuadrado abajo -Brahma- y significa la Trinidad.
El recorrido del museo, aparte de su interés, nos lleva a distintos pisos por estrechas escaleras. Desde ventanas de enrejado o con barrotes, pero inclinadas hacia abajo, vemos los patios del palacio.
Hemos ido a comer a un restaurante que está en el jardín del palacio. No había momos. Juanjo ha tomado una comida completa nepalí, que lleva sopa, legumbres, verduras crudas y cocinadas, algo de carne y arroz con salsas. Yo he tomado un curry de verduras. Hay grupos de franceses que están comiendo de buffett, pero no tenemos hambre como para eso.
Hemos dado otra vuelta por la plaza y hemos ido a recorrer calles buscando otros templos importantes. La Lonely Planet marca un recorrido que empieza en Durbar y acaba una de las Stupas de Ashoka, pasando por el templo dorado, donde hay que pagar algo. Este es un monasterio y su fachada está cubierta de placas de bronce, aparte de un labrado interesante y una imagen en plata.
Llegando a la Stupa de Ashoka pedimos ayuda a unos nepalíes para salir hacia la zona de la estación de autobuses, porque estábamos en un lío de calles. En la carretera cogimos un taxi que nos llevó a Swayambunath, la Stupa más importante de Nepal, patrimonio de la Humanidad, al igual que las dos plazas Durbar que hemos visto.
A este templo le llaman el Templo de los Monos, porque hay unos cuantos macacos que,mal verdad, son bastante sociables y no dan la lata. A mi los monos me tienen cierta manía y procuro no ponerme muy a mano.
Al templo, que está sobre una colina, se puede subir por una escalera por el este, pero el taxista nos dejó al oeste, desde donde la escalera es menor. Lo agradecí, porque me he acatarrado con los fríos del hotel y me encuentro un poco ahogada. Subimos a la Stupa, donde ni tengo que comentar que hay que pagar, faltaría más. Es bastante grande, con ojos de Buda en las cuatro partes de la torrecilla que está sobre la cúpula. Sobre la torrecilla hay un cono con trece niveles y sobre él una sombrilla. Cono y sombrilla en dorado. Los trece niveles son los estadios para alcanzar el Nirvana. Bajo la Stupa hay un plinto rodeado de molinillos de oración, El plinto simboliza la tierra, la cúpula el agua, el cono el fuego, la sombrilla el aire y el pináculo de la sombrilla, el fuego.
Voy girando todos y cada uno de los molinillos de oración mientras voy viendo lo que rodea la Stupa. Hay dos templos y muchas esculturas. Simbolizan muchas cosas, pero soy incapaz de averiguar quien es cada una. Dos esculturas de mujer simbolizan una el Ganges y otra el río Jamuna, y a esas las localizó, porque son esculturas en bronce, pero alrededor del plinto hay capillas y la representación de los cinco elementos, pero no distingo cuales son.
A un lado de la Stupa hay un Buda bastante grande con una cara muy agradable. En un cuarto lateral hay un molinillo de oración enorme. Giro el templo del Buda en sentido de las agujas del reloj, como tiene que hacerse, pero el altar por detrás solo tiene molinillos.
Nos hemos quedado un rato, leyendo la descripción del templo y abrigándonos, porque está cayendo la tarde y hace frío ahí arriba. Los monos saltan a nuestro alrededor. Desde Patan y viniendo en el taxi hemos visto los Himalaya nevados. Pensábamos que podíamos verlos desde la colina, pero la vista está oculta por el templo del Buda y solo se ve las ciudad.
Bajamos por la escalera larga, viendo los Buda que hay en otros niveles y figuras de animales: Garuda, elefantes, caballos...una tropa de monos baja corriendo y brincando detrás de un señor que les está echando comida. Hay unos monitor pequeños muy divertidos.
Vamos caminando y tragando polvo hasta el hotel. Nos hemos duchado para quitarnos toda la porquerías pillada en el día. No me apetece salir, por el catarro, así que nos hemos quedado a cenar unos momos en el hotel. Puntazo increíble: la cerveza está bien fría. Espectacular.
DIA 108 KATHMANDU
DIA 108
3/FEBRERO/2015 KATMANDÚ
Nos levantamos helados de frío. La estufa dejó de funcionar y al amanecer hacia una rasca muy mala. Intentamos darnos una ducha caliente, y el agua salía fría. Por la mañana no había luz. Un desastre. Bajamos a desayunar, algo moscas, haciendo recuento de daños en recepción. Unos argentinos nos dijeron que el agua por la tarde salía hirviendo, y que la dejáramos correr, pero yo he tenido un buen rato el grifo abierto y no salía nada más que medio templada.
Desayunamos y nos preguntaron si queríamos que nos limpiara la habitación. Dije que si, porque el baño, con el trajín del agua, está hecho una pena, y la ducha cae al suelo. Me sorprendió que me preguntaran eso. Será porque hemos llegado tan tarde, pensé.
Hemos salido a ver Durbar Square. Par llegar, desde la zona de Thames, recorrimos unas calles muy estrechas, complicadas de recorrer a causa del tráfico de motos y coches que tocan la bocina sin parar. Estamos en la estación seca y el polvo es una cosa mala.
Hoy no tenemos planteado nada más que ir a Durbar, porque la plaza es entretenida. Pero tuvimos que pagar a la entrada. En todos los accesos hay quioscos donde cazan a los guiris para cobrarles. Los nepalíes no pagan, claro. Yo no recuerdo haber pagado la otra vez
Nos dieron un plano y fuimos a ver a la Kumari, la diosa viviente. La seleccionan entre las familias de joyeros. Para ser elegida tiene que pasar una prueba. Primero meten varias niñas candidatas en una habitación e intentan asustarlas con danzas, música estridente y máscaras horribles. La que no se asusta es preselección anda, pero aún tiene que pasar la prueba de reconocer en un montón de ropa las de su predecesora. Una vez elegida, la mantienen en la casa de la Kumari con algunas niñas que la acompañen. Ella no puede hacerse sangre de. Ninguna manera, así que apenas se mueve, por lo que suele ponerse gordita. Cuando tiene la primera regla, abandona el puesto y eligen a otra. Da mala suerte casarse con la Kumari, así que se queda para vestir dioses. Pero le dan una pensión. De vez en cuando se asoma a la ventana para que la vea la gente, pero no se le puede hacer fotos. Juanjo la vio, pero no sabia de qué iba la cosa. Yo me la perdí, pero no parecía tener mucha intención de repetir la salida, así que nos fuimos. Lo que sí retratamos fue el patio, que es bastante bonito. Hay más Kumaris en Nepal, pero la Real, o principal es la de Katmandú.
Fuimos a la oficina del Sitio, que está en la zona de la plaza a la izquierda de la das de la Kumari,msegún se mira a la fachada. Entregamos una foto y nos hicieron un carnet enseñando la entrada, para poder entrar en la plaza el resto de los días. La zona de la plaza donde está la oficina da a la parte de atrás del Palacio y es más tranquila. Hay una zona grande que usan para celebraciones y para mercado de quincalla.
Luego nos dedicamos a ver los templos de la plaza. Había un barullo de coches y motos impresionante. No recuerda a que hubiera tanto vehículo. Mucha gente si, pero lo de los vehículos de todo tipo es tremendo. Es muy difícil moverse por esa zona. Subimos al templo más alto para ver la perspectiva. Hay una procesión de gente en uno de los templos pequeños llevando ofrendas. La cola es bastante larga. Son muy bonitos los puestos de los floristas, que venden largas ristras de caléndulas. Por supuesto que, además, hay puestos de todo. Hay que evitar a los guías y a las vendedoras de collares, pero es casi imposible.
Es divertido el templo de Shiva y Parvati. Ambos se asoman a una ventanita. Nos dirigimos hacia la zona de la plaza donde está la entrada del Palacio. Esa zona es mucho más tranquila. Pasa alguna moto pero no coches. En ella se concentran varios templos y la escultura de Bairav, la parte violenta de Shiva, que da bastante miedo, enseñando los dientes, pisando un cuerpo humano y con un cinturón de cabezas. Tiene muchísimos devotos que le tienen perdido de manteca, plasta roja, pétalos, etc. Su campaña suena constantemente y te envuelve el humo de las velas de manteca.
Nos quedamos bastante rato en esa zona,,porque los templos son bonitos y se está agusto. Las pagodas tienen unas cenefas rojas con el borde dorado en cada piso, que se mueven con el viento. En la entrada del palacio hay una escultura de Hanuman, todo rojo. Entramos a visitar el antiguo palacio. Como ya no hay familia Real, porque todos los miembros fueron asesinados por uno de ellos en un arrebato en 2001, los Palacios ahora son museos no muy interesantes. De todas formas subimos a una de las torres-pagoda, de nueve pisos, por estrechisimas escaleras de madera. Desde arriba se divisan las zonas circundantes a través de ventanas enrejadas de madera. Hay un patio con un estanque tallado muy bonito, pero no permiten hacerle fotos.
Fuimos a comer a un restaurante que está en una terraza de un piso alto de la plaza principal. Tomamos momos. Los momos son como los chismínes chinos (no confundir con los chismínes-moneda). Los hacen al vapor fundamentalmente, pero también pueden ser fritos. Hay variedades: pollo, búfalo, vegetales...A mi me encantan y había prometido no comer otra cosa en Nepal. Y hoy empiezo a cumplir mi promesa, aunque también hemos probado unas bolitas de queso.
Seguimos paseando por la plaza por la tarde, y luego recorrimos, de vuelta hacia el hotel, varias de las calles circundantes, observando que los nepalíes escupen muchísimo, que tocan la bocina insistentemente, que el polvo de la ciudad es una cosa mala y que los vendedores son bastante plastas. También hemos observado que hacen ofrendas en los templos, templitos, capillas, capillitas y todo lo que asemeje una deidad, aunque sea una piedra que se le dé el aire. Toda cosa o piedra con un vago recuerdo a un elefante (Ganesha) o a un Lingam (el falo de Shiva) es marcado con plasta roja, polvo amarillo, rociado de pétalos y se le añaden unas velas de sebo y ya es un altar.
Las calles están bordeadas de tiendecitas que venden figuritas de bronce, Tangkas (telas de algodón pintadas con intrincados dibujos, no confundir con Batik, no tienen nada que ver), Mandalas (en Tangkas, la mayor parte de las veces), collares, bangles (pulseras de manos y tobillos), etc.
Para llegar a nuestro hotel tenemos que pasar por una pescadería a la derecha, donde vemos los mismos peces -bastante grandes, por cierto- que por la mañana, más adelante, a la izquierda, un puesto de pollos al soplete (para quitarles las plumas: les queda la piel brillante) y al llegar al puesto de las cabezas de cabra tostadas a la izquierda, hay que tirar a la derecha y ya está. No tiene pérdida.
Llegamos cansados. Yo, al menos. Hemos subido a la habitación a ver si conseguimos ducharnos. Nos ha dicho el dueño que nos podemos cambiar, por el mismo precio, a una mejor, con bomba de calor. Hoy nos quedaremos en la que estamos y mañana vemos.
Hemos ido a cenar a un restaurante de la zona de Seven Córner. Un patio bastante oscuro. Nos ponen velas y nos encienden una estufa, porque hace frío y se ha puesto a llover. Cenamos unos momos diferentes, al vapor, pero pasados por una parte por la parrilla. Las salsas que ponen para los momos son amarillas, masala, picantes, pero bastante buenas.
Nos hemos duchado con agua bien caliente, por fin. Y hoy hemos dormido algo más calientes, porque nos hemos puesto ropa de dormir de frío polar.
3/FEBRERO/2015 KATMANDÚ
Nos levantamos helados de frío. La estufa dejó de funcionar y al amanecer hacia una rasca muy mala. Intentamos darnos una ducha caliente, y el agua salía fría. Por la mañana no había luz. Un desastre. Bajamos a desayunar, algo moscas, haciendo recuento de daños en recepción. Unos argentinos nos dijeron que el agua por la tarde salía hirviendo, y que la dejáramos correr, pero yo he tenido un buen rato el grifo abierto y no salía nada más que medio templada.
Desayunamos y nos preguntaron si queríamos que nos limpiara la habitación. Dije que si, porque el baño, con el trajín del agua, está hecho una pena, y la ducha cae al suelo. Me sorprendió que me preguntaran eso. Será porque hemos llegado tan tarde, pensé.
Hemos salido a ver Durbar Square. Par llegar, desde la zona de Thames, recorrimos unas calles muy estrechas, complicadas de recorrer a causa del tráfico de motos y coches que tocan la bocina sin parar. Estamos en la estación seca y el polvo es una cosa mala.
Hoy no tenemos planteado nada más que ir a Durbar, porque la plaza es entretenida. Pero tuvimos que pagar a la entrada. En todos los accesos hay quioscos donde cazan a los guiris para cobrarles. Los nepalíes no pagan, claro. Yo no recuerdo haber pagado la otra vez
Nos dieron un plano y fuimos a ver a la Kumari, la diosa viviente. La seleccionan entre las familias de joyeros. Para ser elegida tiene que pasar una prueba. Primero meten varias niñas candidatas en una habitación e intentan asustarlas con danzas, música estridente y máscaras horribles. La que no se asusta es preselección anda, pero aún tiene que pasar la prueba de reconocer en un montón de ropa las de su predecesora. Una vez elegida, la mantienen en la casa de la Kumari con algunas niñas que la acompañen. Ella no puede hacerse sangre de. Ninguna manera, así que apenas se mueve, por lo que suele ponerse gordita. Cuando tiene la primera regla, abandona el puesto y eligen a otra. Da mala suerte casarse con la Kumari, así que se queda para vestir dioses. Pero le dan una pensión. De vez en cuando se asoma a la ventana para que la vea la gente, pero no se le puede hacer fotos. Juanjo la vio, pero no sabia de qué iba la cosa. Yo me la perdí, pero no parecía tener mucha intención de repetir la salida, así que nos fuimos. Lo que sí retratamos fue el patio, que es bastante bonito. Hay más Kumaris en Nepal, pero la Real, o principal es la de Katmandú.
Fuimos a la oficina del Sitio, que está en la zona de la plaza a la izquierda de la das de la Kumari,msegún se mira a la fachada. Entregamos una foto y nos hicieron un carnet enseñando la entrada, para poder entrar en la plaza el resto de los días. La zona de la plaza donde está la oficina da a la parte de atrás del Palacio y es más tranquila. Hay una zona grande que usan para celebraciones y para mercado de quincalla.
Luego nos dedicamos a ver los templos de la plaza. Había un barullo de coches y motos impresionante. No recuerda a que hubiera tanto vehículo. Mucha gente si, pero lo de los vehículos de todo tipo es tremendo. Es muy difícil moverse por esa zona. Subimos al templo más alto para ver la perspectiva. Hay una procesión de gente en uno de los templos pequeños llevando ofrendas. La cola es bastante larga. Son muy bonitos los puestos de los floristas, que venden largas ristras de caléndulas. Por supuesto que, además, hay puestos de todo. Hay que evitar a los guías y a las vendedoras de collares, pero es casi imposible.
Es divertido el templo de Shiva y Parvati. Ambos se asoman a una ventanita. Nos dirigimos hacia la zona de la plaza donde está la entrada del Palacio. Esa zona es mucho más tranquila. Pasa alguna moto pero no coches. En ella se concentran varios templos y la escultura de Bairav, la parte violenta de Shiva, que da bastante miedo, enseñando los dientes, pisando un cuerpo humano y con un cinturón de cabezas. Tiene muchísimos devotos que le tienen perdido de manteca, plasta roja, pétalos, etc. Su campaña suena constantemente y te envuelve el humo de las velas de manteca.
Nos quedamos bastante rato en esa zona,,porque los templos son bonitos y se está agusto. Las pagodas tienen unas cenefas rojas con el borde dorado en cada piso, que se mueven con el viento. En la entrada del palacio hay una escultura de Hanuman, todo rojo. Entramos a visitar el antiguo palacio. Como ya no hay familia Real, porque todos los miembros fueron asesinados por uno de ellos en un arrebato en 2001, los Palacios ahora son museos no muy interesantes. De todas formas subimos a una de las torres-pagoda, de nueve pisos, por estrechisimas escaleras de madera. Desde arriba se divisan las zonas circundantes a través de ventanas enrejadas de madera. Hay un patio con un estanque tallado muy bonito, pero no permiten hacerle fotos.
Fuimos a comer a un restaurante que está en una terraza de un piso alto de la plaza principal. Tomamos momos. Los momos son como los chismínes chinos (no confundir con los chismínes-moneda). Los hacen al vapor fundamentalmente, pero también pueden ser fritos. Hay variedades: pollo, búfalo, vegetales...A mi me encantan y había prometido no comer otra cosa en Nepal. Y hoy empiezo a cumplir mi promesa, aunque también hemos probado unas bolitas de queso.
Seguimos paseando por la plaza por la tarde, y luego recorrimos, de vuelta hacia el hotel, varias de las calles circundantes, observando que los nepalíes escupen muchísimo, que tocan la bocina insistentemente, que el polvo de la ciudad es una cosa mala y que los vendedores son bastante plastas. También hemos observado que hacen ofrendas en los templos, templitos, capillas, capillitas y todo lo que asemeje una deidad, aunque sea una piedra que se le dé el aire. Toda cosa o piedra con un vago recuerdo a un elefante (Ganesha) o a un Lingam (el falo de Shiva) es marcado con plasta roja, polvo amarillo, rociado de pétalos y se le añaden unas velas de sebo y ya es un altar.
Las calles están bordeadas de tiendecitas que venden figuritas de bronce, Tangkas (telas de algodón pintadas con intrincados dibujos, no confundir con Batik, no tienen nada que ver), Mandalas (en Tangkas, la mayor parte de las veces), collares, bangles (pulseras de manos y tobillos), etc.
Para llegar a nuestro hotel tenemos que pasar por una pescadería a la derecha, donde vemos los mismos peces -bastante grandes, por cierto- que por la mañana, más adelante, a la izquierda, un puesto de pollos al soplete (para quitarles las plumas: les queda la piel brillante) y al llegar al puesto de las cabezas de cabra tostadas a la izquierda, hay que tirar a la derecha y ya está. No tiene pérdida.
Llegamos cansados. Yo, al menos. Hemos subido a la habitación a ver si conseguimos ducharnos. Nos ha dicho el dueño que nos podemos cambiar, por el mismo precio, a una mejor, con bomba de calor. Hoy nos quedaremos en la que estamos y mañana vemos.
Hemos ido a cenar a un restaurante de la zona de Seven Córner. Un patio bastante oscuro. Nos ponen velas y nos encienden una estufa, porque hace frío y se ha puesto a llover. Cenamos unos momos diferentes, al vapor, pero pasados por una parte por la parrilla. Las salsas que ponen para los momos son amarillas, masala, picantes, pero bastante buenas.
Nos hemos duchado con agua bien caliente, por fin. Y hoy hemos dormido algo más calientes, porque nos hemos puesto ropa de dormir de frío polar.
DIA 107 CON MALASIA AIRLINES
DIA 107
2/FEBRERO/2015 CON MALASIA AIRLINES
Con los últimos desastres de la línea aérea de Malasia, recuerdo: un avión missing sin restos ni amagos de saber qué pasó y un derribo de otro en Ukrania, no te creas que no da un poco de yuyu montarse con ellos, ya que no hay dos sin tres, pero nos hemos hecho los locos y hemos ido al aeropuerto y facturado como si tal cosa.
Nos han dado puertas de emergencia en ambos vuelos. ¿Mosqueo?. Eso, después de pasar un rato esperando en el aeropuerto de Ho Chi Min, viendo orquídeas e intentando comprar chocolate o algo, pero no había gran cosa.
Volamos hasta Kuala Lumpur, el punto más al sur de Asia en el que vamos a estar. La punta de Asia seria alguna de las islas de Indonesia, pero eso no cuenta. La punta del continente es Malasia, y su capital está casi en la punta. Eso tiene su misterio, que será revelado al final del viaje.
En Malasia esperamos un rato, también, para conectar con el vuelo a Katmandú. Vimos una bonita puesta de sol desde la sala de embarque. Luego nos volvimos a meter en un avión pequeño, como el anterior, para pasar un vuelo de cuatro horas, con diferencia horaria, así que, para nosotros, es bastante tarde.
Generalmente solemos llevar en la pantalla del asiento el mapa del vuelo. La curiosidad de la línea malaya es que, en el mapa interactivo, sale de vez en cuando una brújula con la orientación al lugar de origen o destino y a La Meca. Decido que, realmente el mundo es uno, pero la diversidad es impresionante. Mundos tan diferentes en el mismo planeta. Un espectáculo.
La castaña de las puertas de embarque en este avión es que no se pueden reclinar los asientos, y yo tengo la espalda hecha fosfatina. No he intentado dormir, la postura era demasiado mala. Juanjo sí ha echado unas cabezaditas.
Llegamos a Katmandú hacia las once de la noche - para nosotros la una de la mañana. Bajamos del avión y montamos en un bus. Menos mal que llevábamos ropa de abrigo a mano, porque hace rasca. He visto que la temperaturas estos días van entre 22 de máxima y 4 de mínima, una cosa de locos.
La llegada al aeropuerto de Katmandú es una cosa cutre como no había visto hacia años. Desembocamos en la poli, que se agazapa detrás de unos mostradores astrosos. Hemos sacado una foto de carnet, rellenado unos papeles de cualquier manera. Mi nombre no cabía ni de coña. Esperaba que colara, pero la esperanza era una cosa tonta, porque el primer poli miró los papeles regular e hizo señas de que le diara pasta.
- The Money- decía frotando los dedos, importándole un rábano lo demás.
El siguiente poli ya miró algo más el papeleo. El poli que le tocó a Juanjo le pidió las tarjetas de embarque de los dos vuelos. Mi poli era más agradable.
La recogida de equipaje también fue de traca. Esperamos en vano en la que nos tocaba, de las dos que había. Al rato, la gente empezó a moverse mientras un señor, subido a la cinta,mudaba voces en nepalí. Seguimos a la masa y cambiamos a la otra cinta. Juanjo tenía cara de resignación y yo, de cansancio, supongo. Salían cajas y cajas de cartón, pero finalmente salieron nuestras maletas.
Habíamos pedido en el hotel que fueran a recogernos, dada la hora. Un coche pequeño nos esperaba, y llegamos al hotel en poco rato. Nos alojamos en la zona de Thamel, en el hotel New Panda. El recepcionista tuvo el detalle de decirnos que nos fuéramos a dormir y que mañana ya rellenaríamos papeles. Nos cambió la estufa dos habitación, porque la que había no funcionaba. Y nos fuimos a la cama, muertos y con frío.
2/FEBRERO/2015 CON MALASIA AIRLINES
Con los últimos desastres de la línea aérea de Malasia, recuerdo: un avión missing sin restos ni amagos de saber qué pasó y un derribo de otro en Ukrania, no te creas que no da un poco de yuyu montarse con ellos, ya que no hay dos sin tres, pero nos hemos hecho los locos y hemos ido al aeropuerto y facturado como si tal cosa.
Nos han dado puertas de emergencia en ambos vuelos. ¿Mosqueo?. Eso, después de pasar un rato esperando en el aeropuerto de Ho Chi Min, viendo orquídeas e intentando comprar chocolate o algo, pero no había gran cosa.
Volamos hasta Kuala Lumpur, el punto más al sur de Asia en el que vamos a estar. La punta de Asia seria alguna de las islas de Indonesia, pero eso no cuenta. La punta del continente es Malasia, y su capital está casi en la punta. Eso tiene su misterio, que será revelado al final del viaje.
En Malasia esperamos un rato, también, para conectar con el vuelo a Katmandú. Vimos una bonita puesta de sol desde la sala de embarque. Luego nos volvimos a meter en un avión pequeño, como el anterior, para pasar un vuelo de cuatro horas, con diferencia horaria, así que, para nosotros, es bastante tarde.
Generalmente solemos llevar en la pantalla del asiento el mapa del vuelo. La curiosidad de la línea malaya es que, en el mapa interactivo, sale de vez en cuando una brújula con la orientación al lugar de origen o destino y a La Meca. Decido que, realmente el mundo es uno, pero la diversidad es impresionante. Mundos tan diferentes en el mismo planeta. Un espectáculo.
La castaña de las puertas de embarque en este avión es que no se pueden reclinar los asientos, y yo tengo la espalda hecha fosfatina. No he intentado dormir, la postura era demasiado mala. Juanjo sí ha echado unas cabezaditas.
Llegamos a Katmandú hacia las once de la noche - para nosotros la una de la mañana. Bajamos del avión y montamos en un bus. Menos mal que llevábamos ropa de abrigo a mano, porque hace rasca. He visto que la temperaturas estos días van entre 22 de máxima y 4 de mínima, una cosa de locos.
La llegada al aeropuerto de Katmandú es una cosa cutre como no había visto hacia años. Desembocamos en la poli, que se agazapa detrás de unos mostradores astrosos. Hemos sacado una foto de carnet, rellenado unos papeles de cualquier manera. Mi nombre no cabía ni de coña. Esperaba que colara, pero la esperanza era una cosa tonta, porque el primer poli miró los papeles regular e hizo señas de que le diara pasta.
- The Money- decía frotando los dedos, importándole un rábano lo demás.
El siguiente poli ya miró algo más el papeleo. El poli que le tocó a Juanjo le pidió las tarjetas de embarque de los dos vuelos. Mi poli era más agradable.
La recogida de equipaje también fue de traca. Esperamos en vano en la que nos tocaba, de las dos que había. Al rato, la gente empezó a moverse mientras un señor, subido a la cinta,mudaba voces en nepalí. Seguimos a la masa y cambiamos a la otra cinta. Juanjo tenía cara de resignación y yo, de cansancio, supongo. Salían cajas y cajas de cartón, pero finalmente salieron nuestras maletas.
Habíamos pedido en el hotel que fueran a recogernos, dada la hora. Un coche pequeño nos esperaba, y llegamos al hotel en poco rato. Nos alojamos en la zona de Thamel, en el hotel New Panda. El recepcionista tuvo el detalle de decirnos que nos fuéramos a dormir y que mañana ya rellenaríamos papeles. Nos cambió la estufa dos habitación, porque la que había no funcionaba. Y nos fuimos a la cama, muertos y con frío.
DIA 106. SAIGÓN DE PASEO
DIA 106
1/FEBRERO/2015 SAIGÓN DE PASEO
La alternativa de hoy es ver un museo de los horrores de la guerra y no estamos por la labor. Hemos visitado un templo hindú, que es algo mucho más pacífico, y el mercado. He tenido la oportunidad de que me claven una pasta en una joyería por unas pulseras que en la calle cuentan muchísimo menos, pero tenía que hacer alguna gansada y en este viaje aún no me había tocado.
Hemos visto de nuevo peces raros en el mercado, vivos en cubos, y buscamos Morning Glory, una espinaca de agua que pedimos de vez en cuando y está buenísima salteada.
Hemos comido en el restaurante checo de la cerveza artesana. Comprobamos que la peña se pone de comer como el quico. No hay gente gorda apenas, pero es inexplicable. Juanjo se ha cortado el pelo en una peluquería con chicas d minifalda y escote. He ido con él para ver como era la cosa, y dice que le he cortado el rollo, porque le ha cortado el,pelo un tipo y no le han cortado los,pelillos de la nariz, ni le han hecho la manicura ni le han dado masaje y dice que es culpa mía que las chicas no le hayan hecho caso.
Como es domingo, pasmos la tarde en "casa" viendo la final de Tenis de Australia. Cuando nos fuimos de allí aún no había empezado y hoy acaba. Estas cosas...
1/FEBRERO/2015 SAIGÓN DE PASEO
La alternativa de hoy es ver un museo de los horrores de la guerra y no estamos por la labor. Hemos visitado un templo hindú, que es algo mucho más pacífico, y el mercado. He tenido la oportunidad de que me claven una pasta en una joyería por unas pulseras que en la calle cuentan muchísimo menos, pero tenía que hacer alguna gansada y en este viaje aún no me había tocado.
Hemos visto de nuevo peces raros en el mercado, vivos en cubos, y buscamos Morning Glory, una espinaca de agua que pedimos de vez en cuando y está buenísima salteada.
Hemos comido en el restaurante checo de la cerveza artesana. Comprobamos que la peña se pone de comer como el quico. No hay gente gorda apenas, pero es inexplicable. Juanjo se ha cortado el pelo en una peluquería con chicas d minifalda y escote. He ido con él para ver como era la cosa, y dice que le he cortado el rollo, porque le ha cortado el,pelo un tipo y no le han cortado los,pelillos de la nariz, ni le han hecho la manicura ni le han dado masaje y dice que es culpa mía que las chicas no le hayan hecho caso.
Como es domingo, pasmos la tarde en "casa" viendo la final de Tenis de Australia. Cuando nos fuimos de allí aún no había empezado y hoy acaba. Estas cosas...
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