DÍA 51
8/DICIEMBRE/2014 MILFORD SOUND
Nos levantamos con los mosquitos de la mañana. Me han comido los pies y tobillos. Inútil intentar ducha, con solo dos sitios, así que desayunamos y nos largamos de ese sitio tan raro. La carretera al Milford es absolutamente espectacular, con muchos sitios que visitar, pero pararemos a la vuelta. Como es lógico, el día maravilloso de sol que pronosticaban es un día absolutamente nublado, ya que es lunes. Nos hace polvo, porque el encanto del Milford es que el día esté despejado para ver las montañas que lo circundan.
Hicimos fotos del mar de nubes que teníamos debajo, tan incautos, pero el mar de nubes continuaba y continuaba, y aquello no tenía ninguna pinta de despejarse.
Pasamos el Túnel Homer. Solo puede irse en una dirección, así que hay un semáforo para orientar el tráfico. Es un hueco abierto en la montaña que desciende 129 m a lo largo de 1.2 km. Una vez fue el túnel más largo del mundo. A mi me gustan los túneles, pero puedo asegurar que ese da algo de yuyu. Es muy estrecho y oscuro, en roca viva.
Aparcamos en el Milford y fuimos caminando hasta la terminal de los barcos. Hay muchos, sorprendentemente. Pero poca gente a esta hora. Me estoy cagando en tó, porque no sé si tiene. sentido hacer el recorrido del Ferry en estas condiciones, pero ya hemos comprado el billete y no hay vuelta de hoja.
En fin, montamos en el barco, donde había té y un café horrible, que ni Juanjo podía tragar y le tuvo que echar crema de leche. Empezamos el recorrido por el fiordo. Yo miraba desesperada al pedazo de nube blanca que hacia honor al nombre Maorí del país y que no tenía ninguna pinta de aclarar, más bien de ponerse cada vez más negra.
La verdad es que el fiordo, aún así, es impresionante. Nada que ver con los chilenos. Se parece algo más a losNoruegos, en todo caso, aunque es distinto. A estribor dejamos las cascadas Stirling, y nos dirigimos hacia la orilla de babor, acercándonos mucho a la costa. Las montañas caen verticales al agua, cubiertas de vegetación. El piloto nos informa de que en esta zona llueve todos los días, a veces copiosamente. En esta época, que corresponde a la primavera, debe ser cuando más llueve. Para confirmarlo, nos cae una suave llovizna, como la que nos está cayendo a diario, tipo calabobos, que no sé cómo se dirá en Maorí.
Haciendo fotos, filmando, en silencio, abrumados por la naturaleza en todo lo suyo, llegamos al mar, donde dimos la vuelta. Compruebo que la inmensa nube cubre toda la costa, sin ninguna pinta de abrirse al sol.
Volvimos por la otra orilla, donde súbitamente apareció una manada de delfines dirigiéndose al barco. Los vi saltar en el agua, buscaba a Juanjo, pero había ido a la cubierta inferior. Entonces vi que estaba retratándolos, ya que se pusieron a nadar bajo el barco durante un rato.
Luego vimos un grupo de focas sobre las piedras. Allí paró el barco, para que las viéramos a gusto.
Finalmente llegamos a las cascadas Stirling. En la más cercana a la boca del fiordo, el barco enfiló hacia la cascada. Nos pusimos a proa, para retratarla, y vino una de las empleadas del barco a echarnos de allí, diciendo que tuviéramos cuidado con las cámaras. No me lo podía creer, pero el piloto se metió debajo de la cascada, empapándonos. Subí a la cubierta de arriba por si allí te mojabas menos, porque da más hacia dentro, pero fue igual. Juanjo se quedó a cubierto y pudimos sacar las fotos cuando nos habíamos alejado un poco. Vaya tela!.
Veo que el cielo no tiene ninguna pinta de despejarse, así que habría dado igual la hora a la que comiéramos el barco, porque íbamos a ver lo mismo en el día de hoy. Empiezo a comerme el tarro pensando si lo podría haber organizado de otra manera, pero si nos pilla el día de ayer con lluvia o nublado, habría sido un desastre para visitar los Lagos. En fin...
Volvimos al coche para hacer la carretera de vuelta a Te Anau despacio, viendo los distintos hitos que ofrece. Primero paramos en The Chasm, al que se llega por un corto sendero de 250m. lleno de helechos y vegetación. Conduce a una caída profunda del río Cleddau, que ha excavado un impresionante paisaje en roca de diorita. El agua ha hecho boquetes en las rocas, en forma de cuenco o en espiral, y cae en remolinos con un fuerte estruendo y una enorme fuerza. Solo puede oírse el sonido del agua en el puente desde el que se observa el impresionante fenómeno. Por primera vez, nos hemos encontrado con un abultado grupo de japoneses, que van como siempre, para qué os voy a contar!. Pero el río es algo que realmente merece la pena verse. Muy impresionante.
Luego pasamos el túnel. Esta vez nos toca esperar un momento a que el semáforo cambie a verde. Pasamos por el valle Gertrude en el que se puede hacer una caminata, pero no vamos a entretenernos en eso. Volvimos a pasar por Holliford. Lo circundan las montañas Darren, que vemos cubiertas de nieve. Hay unas cascadas, pero hoy ya tenemos el cupo con las Stirling. A continuación Pasamos por el lago Gunn, Knobs Flat, el Paralelo 45 y llegamos a los Lagos Espejo. A estos se llega por una pasarela. En teoría, y si hay algo de luz y no hace viento, se ven reflejadas en ellos las montañas Earl. Lo que ocurre es que los patos se encargan de fastidiarte la perspectiva, sumergiéndose en el agua y haciendo olivas que te rompen el espejo, literalmente. Aún así, conseguimos sacar retratado el efecto "espejo". Hay un detalle divertido: en el lago hay un letrero clavado al revés que pone Mirror Lake. Se lee en el reflejo del agua.
Llegamos a Te Anau para comer. Pero justo, en cuanto aparcamos y sacamos la comida, se puso a lloviznar. Era una lluvia fina y optamos por pasar de ella y comer en el lago, de todas formas. ¡¡Lunes!!.
Vamos a ir a un sitio que no estaba previsto y para el que nos va a tocar desviarnos de la ruta. Resulta que Invercargill está en la punta sur de N Zelanda, excepto una isla que es un parque nacional y no parece estar habitada. Yo había estado en Invercargill y tenía apuntado pasar de él y marcharnos directamente a Dunedin, pero Juanjo tenía la idea de ir a las puntas sur de los continentes siempre que sea posible y, en este caso, estamos a media hora más de desvío, porque Australia está más al Norte, así que nos desviamos.
Puse a Matilde, el GPS, el destino de la punta, que se llama Bluff y, tras meternos por muchas carreteras y desvíos, nos llevó allí en un pis pas. Bluff es un puerto, en realidad. Pero en la punta hay un poste indicador de la latitud y longitud - estamos en 45 grados sur- y flechas que señalan distintas ciudades del mundo, y el polo sur, con las distancias. Una de ellas es Tokyo, y vemos a unos cuantos japoneses haciéndose fotos allí. Hay un hotel que se llama Fin del Mundo.
Juanjo está haciendo fotos con uno de sus zapatos en primer plano y distintos sitios detrás. Empezó haciendo una foto de una bota en Adra, y ha ido cambiándola en su whats cuando había algún punto estratégico. Cuando nos marchábamos, le recuerdo que no se ha hecho la foto y damos la vuelta para hacerla, ante la juerga de los japoneses. Dejo aquí constancia del hecho por si se pone de moda la cosa, que ya se sabe lo que pasa con estas historias, que al final acabará todo el mundo haciéndose la foto del zapato en en hito. Y más si los japoneses han sido testigos.
Hemos entrado en un baño automático. Es gratis. La cisterna no se vacía hasta que te lavas las manos y, mientras haces tus cosas, suena música. Si no has salido en 10 minutos, algo pasa. El,papel,sale,apretando un botón, lo mismo que las,puertas.
Ya que nos habíamos desviado, no merecía la pena subir de vuelta para retomar la carretera principal. Yo tenía en la literatura una parte de la costa que los de Lonely Planet recomendaban, que son los Castlins. Pensaba dejarlo, por no desviarnos pero, ya puestos, vamos por ese camino. Hay una carretera que va llevando a los pueblos costeros pero, en un momento dado, le he pedido a Juanjo que se metiera por una carretera de costa, ante la desesperación de Matilde,maque insistía en que diéramos la vuelta. He optado por apagarla porque nos tenía locos. La verdad es que nos hemos metido por un camino de grava. Cuando llevábamos un trecho recorrido, he comentado, sin ganas, que, si acaso, nos dábamos la vuelta, pero la carretera no está mal, aunque no esté asfaltada, y seguimos. Hemos llegado a una costa espectacular, con muchas algas, como advierten los folletos, pero llena de rocas negras, formando un paisaje impresionante. Resulta que muchas de esas rocas son árboles fosilizados. Pensaba que hubiéramos dormido en un pueblo más al norte pero, al ver ese sitio tan alucinante decidimos quedarnos. Además hay un camping. Nos encontramos en la Bahía ---------------------------
El camping es de los de autogestión. Tú llegas, buscas un sitio y echas el dinero en una caja que se llama "Honesty box", cuando llegas fuera de horario de oficina. Supongo que para un "Ibérico" como dice nuestro amigo Marciano, el panameño, es incomprensible, y la oficina no abre hasta las 10,30 de la mañana, así que puedes llegar y largarte sin que nadie se entere. Pero nosotros echamos nuestros 20 dólares dentro de un papel con la matricula del coche, aunque si te vas sin pagar seguro que no se entera nadie.
Hemos visto que mucha gente sale del camping y se encamina a una playa. Hemos ido a ver qué había, y resulta que hay una colonia de pingüinos de ojo amarillo. Una señora española dice que ha estado mucho raro y que ha visto uno. Pero la gente sigue llegando. Hay una escalera de madera con letreros informativos sobre los pingüinos. La colonia es pequeña, de ocho o nueve familias, y advierten de no acercarse a ellos mucho, porque podrían volverse al mar y no ir a los nidos y dejar a las crías sin comer. Los pingüinos vuelven por la tarde, antes de anochecer, y es cuando pueden verse.
Estamos un rato. Hace frío. Juanjo iba en camiseta y de repente dice que se va air a aparcar el coche y a ponerse algo y a ver cómo funcionaba lo del camping. Le digo que aparque si quiere y vuelva, que ya veremos luego como funciona el asunto. Pero se marcha y tarda tres cuartos de hora en volver. En ese intervalo, han salido del mar seis o siete pingüinos. Uno de ellos ha venido hasta el sitio donde estábamos la gente, que nos manteníamos en silencio y a una distancia prudencial. El pingüino se iba acercando poco a poco, dando saltitos y parando para sea ese con las aletas abiertas, como posando. Yo miraba para atrás desesperada, porque Juanjo se lo está perdiendo pero nada, no venia. Finalmente he sacado con el movil unas fotos y video, porque se ha puesto tan cerca que incluso con el movil podía hacerlo. Y Juanjo sin venir, maldita sea...Ha llegado cuando salía el último pingüino, pero lo ha visto de lejos, con los prismáticos. Me he enfadado porque haya tardado tanto. Me ha dado mucha rabia que se lo perdiera. Él estaba buscando un sitio bonito para que me gustara mucho y leyendo las instrucciones del camping, pero yo hubiera preferido que lo dejara para luego y viera la salida de los pingüinos. Son raros estos bichos. Sólo los hay en Nueva Zelanda y no hay tantos. Tienen, además del ojo amarillo, la cabeza alargada y a rayas amarillas. No son muy pequeños, como el magallánico, más o menos.
Vamos hacia el camping. Han venido unas adolescentes montando jaleo y andando sobre los árboles fósiles, aunque hay letreros que advierten que se están perdiendo, a causa de la recogida de trofeos de los turistas.
El sitio donde me enseña Juanjo, todo ofendido por la bulla que le echo, donde ha aparcado el coche es espectacular. Mirando a los acantilados. Se escucha el ruido del mar y hay un letrero que advierte que se tenga cuidado, porque habitan allí lobos marinos y pueden ser agresivos. La verdad es que no se ven, pero quizá no sea época.
Visitamos el camping. Los coches están dentro de recintos de setos, muy independientes. Está un bien. Las duchas están separadas de los servicios, metidas en unas torres redondas, en las que se abren puertas con unas cuantas duchas. Parece que tienen agua caliente, aunque son muy rústicas. Los servicios apenas tienen luz, hay que ir con la linterna.
Hace fresco, así que, aunque hay mesas de picnic nos vamos a cenar a unas que están protegidas, cerca del coche, y frente a otra parte de los acantilados. De verdad que el sitio es asombroso.
Cuando nos vamos a dormir le pido a Juanjo que no echemos la cortinilla de delante, para ver el acantilado al despertarnos. Precioso sitio, de verdad. Pero qué pena que Juanjo se haya perdido los pingüinos, ¡¡qué rabia!!.
sábado, 13 de diciembre de 2014
DÍA 50 RECORRIENDO LAGOS
DÍA 50
7/DICIEMBRE/2014 RECORRIENDO LAGOS
Hoy es domingo. La previsión meteorológica era que hoy llovía, y el lunes hará sol, exactamente al contrario de lo que ocurre habitualmente, que es que los domingos, día del sol, no llueve y los lunes hace peor, porque son lunes.
Como manda la lógica, ya que los meteorólogos no tienen ni idea, el sol estuvo brillando desde primera hora. El lago esta precioso.
Tras el desayuno nos encaminamos a Wanaka. También en ese lago la visibilidad es buena y podemos contemplarlo con el marco de las montañas, algunas con nieve, que lo circundan. Hay una playa en el pueblo muy tranquila, con vista al algo y montañas, con árboles en el paseo de acceso, y algunos sauces que caen hacia el agua. Hay un pequeño riachuelo rodeado de vegetación que desemboca en el lago. Un sitio mágico.
El pueblo no es muy grande, es tranquilo, básicamente con alojamientos y restaurantes. Las casas están lo suficientemente alejadas del paseo que rodea al lago, separadas por la carretera.
Hemos pasado un buen rato en la playa, haciendo fotos, contemplando el paisaje, cada uno a nuestro aire, disfrutando de la vista. Yo recordaba Wanaka como un sitio bonito, y con un enclave precioso y no me ha defraudado.
A media mañana nos dirigimos a Queenstown. Está situado en las orillas del lago Wakatipu, un enclave absolutamente divino. Antes de llegar hemos parado en un par de miradores porque las vistas del valle que desemboca en el lago son fantásticas.
Queenstown es una ciudad más concurrida. Es la capital de la aventura, de los deportes de riesgo. El Bungy jumping, lo que en España llamamos Puenting, se inventó en Nueva Zelanda. La verdad es que los kiwis están bastante locos, a pesar de su aspecto tranquilo. La ciudad está abarrotada de tiendas de deportes, de agencias para hacer todo tipo de chaladuras. Ya era así la vez anterior y, como la recordaba. Situada en un sitio divino, pero demasiado bulliciosa.
Pasamos por el aeropuerto porque los de Jucy tienen un barco para el Milford que nos sale bastante barato, en comparación con los demás, y nos hacen mitad de precio al conductor por tener el coche alquilado con ellos. Elegimos el primero de la mañana para tener más tiempo por la tarde, aunque su precio, más bajo que los demás horarios me hace sospechar que pueda haber menos visibilidad. Pero hoy el día estaba despejado desde muy temprano, y decidimos arriesgarnos.
Hemos ido a comer a la orilla de lago, pasada prácticamente toda la ciudad, en un sitio tranquilo, con buenas vistas de las montañas que nos rodean, la cadena montañosa de los Remarkables (no es coña, se llaman así) y del lago Waikatipu. Frente a nosotros veo una península que recorre buena parte del lago. Veo en el mapa que son los Jardines de Queenstown y decido que vayamos allí después de comer para ver desde allí todas las márgenes del lago. Además, parece que tiene senderos para pasear y está muy arbolado.
Leo en la información sobre Queenstown que aquí rodaron los del Señor de los Anillos parte de las escenas de Lothlorien y que el río Kawarau, que desemboca en el lago es en el que rodaron las escenas del río Anduin y los Argonaths.
Llegamos tras la comida hasta los jardines y los recorrimos por la orilla del lago, llegando hasta la zona peatonal de Queenstown para tomar un helado. En la playa hay muchísima gente tomando el sol y varios chicos ensayando caminar sobre cuerdas tendidas entre los árboles. Hay un ambiente dominguero, como corresponde.
Tenemos tiempo de avanzar hasta Te Anau y quizá al Milford Sound, así que, tras zamparnos el helado, volvimos a coger carretera y manta para llegar a Te Anau, al menos. De Te Anau al Milford hay dos horas de camino, y el barco sale a las 9:15
Avanzamos sin problemas, por lo que nos desviamos a Manapouri, que está próximo a Te Anau, y es donde se encuentra el lago de donde sale el Doubtful Sound, el que nos recomendaba que navegáramos el hombre del camping de ayer. El lago parece bonito y vemos la entrada del fiordo. La verdad es que, más que un fiordo, es un canal, porque no sale al mar. Es un estrechamiento del mismo lago entre altas montañas, que forman una especie de fiordo que debe ser bastante largo, porque hay publicidad sobre barcos que pasan tres días navegándolo, y el tiempo mínimo que he visto este 7 horas. La pena es que se ha nublado y no tenemos una buena perspectiva. Hay un hito con una roca que marca un intento que hubo de elevar los Lagos Manapouri y Te Anau para hacer una central hidroeléctrica, pero los kiwis se opusieron y consiguieron evitarlo. La roca marca el nivel al que deberían haber llegado las aguas en ese caso.
Llegamos a Te Anau, que es la ciudad donde viven los kiwis ciclistas que conocimos en el barco de Punta Arenas a Puerto Natales. Es una ciudad muy tranquila, de casas unifamiliares y calles anchas, que da al lago y es la entrada a Fiorland. Yo le había dicho a Juanjo que en Te Anau no había nada interesante y casi me atiza, porque le ha parecido un pueblo precioso y situado a las orillas de un bonito lago. Sigue nublado y la perspectiva no es buena por ese motivo, pero vemos una zona de picnic junto al lago donde podemos comer mañana a la vuelta del Milford.
No es tarde, y Juanjo está dispuesto a conducir un poco más, para dormir más cerca del fiordo. Avanzamos por una carretera de bosque, por donde estoy segura que van los kiwis los domingos en bicicleta. A unos 30 km de Te Anau está el punto donde empieza el Milford Track, que dura unos pocos días. A unos 55 km se encuentra Eglinton Valley. Allí paramos a hacer unas fotos de las elevadas montañas que nos rodean, que son de verdad impresionantes. Cruzamos después el Paralelo 45, el punto a mitad de amigo entre el Ecuador y el Polo Sur. Vemos otros puntos donde pararemos mañana. De momento, hay una gran cantidad de sitios para acampar. Plenty, le digo a Juanjo, aunque nuestro mapa solo marca dos. Hay uno muy apetecible a orillas del río, pero no hemos parados tiempo. Juanjo me dice que si quiere damos la vuelta, pero le digo que lo deje y siga adelante. Paramos en uno de los campings mas adelante, pero está atestado de coches. Entonces la cagamos Tia Maria, porque hemos pasado todos los posibles, en el Divide, que es el que nos señalaba a unos 86 km resulta que hay servicios pero pone que no se puede hacer camping, aunque hay varios coches y caravanas, y seguimos adelante, pasando por un estrechamiento importante de la carretera. El paso se va cerrando y Juanjo opina que ya no va a haber más sitios para pasar la noche, así que vimos un letrero de camping en el valle de Hollyford, y allí nos dirigimos por un camino de tierra que pasaba junto.a un arroyo. Nos sorprendimos de ver que había 7 km hasta el camping. Al llegar allí resulta que era de pago, mientras que habíamos pasado por un montón de sitios gratis. Como ya no era cosa de volverse, nos quedamos allí.
Es un sitio de locos. El tipo tiene un museo de objetos extrañísimos, y en todo el camping tiene cosas puestas como la tumba simulada de un irlandés que hacia algún deporte aéreo. Hay una señal y dos piernas con botas que salen de la tierra como si se hubiera incrustado alguien boca abajo. También hay un montón de cantos rodados en el que hay un letrero que pone Stone Henge,y un sendero que se llama Las Campanas del Diablo, lleno de helechos.
Hay muchísimos mosquitos, que nos brean, y la cocina está atestada de gente. Fuimos al comedor por huir de los mosquitos, pero era bastante incomodo y, como hoy no teníamos previsto cocinar, sino un camping de los gratis, llevábamos para hacer sándwiches.
En el baño hay poco espacio. Dos retretes y dos duchas por sexo, así que fuimos. Lo justo y salimos pitando a encerramos para escapar de los mosquitos, que han inundado también el coche al hacer la cama.
7/DICIEMBRE/2014 RECORRIENDO LAGOS
Hoy es domingo. La previsión meteorológica era que hoy llovía, y el lunes hará sol, exactamente al contrario de lo que ocurre habitualmente, que es que los domingos, día del sol, no llueve y los lunes hace peor, porque son lunes.
Como manda la lógica, ya que los meteorólogos no tienen ni idea, el sol estuvo brillando desde primera hora. El lago esta precioso.
Tras el desayuno nos encaminamos a Wanaka. También en ese lago la visibilidad es buena y podemos contemplarlo con el marco de las montañas, algunas con nieve, que lo circundan. Hay una playa en el pueblo muy tranquila, con vista al algo y montañas, con árboles en el paseo de acceso, y algunos sauces que caen hacia el agua. Hay un pequeño riachuelo rodeado de vegetación que desemboca en el lago. Un sitio mágico.
El pueblo no es muy grande, es tranquilo, básicamente con alojamientos y restaurantes. Las casas están lo suficientemente alejadas del paseo que rodea al lago, separadas por la carretera.
Hemos pasado un buen rato en la playa, haciendo fotos, contemplando el paisaje, cada uno a nuestro aire, disfrutando de la vista. Yo recordaba Wanaka como un sitio bonito, y con un enclave precioso y no me ha defraudado.
A media mañana nos dirigimos a Queenstown. Está situado en las orillas del lago Wakatipu, un enclave absolutamente divino. Antes de llegar hemos parado en un par de miradores porque las vistas del valle que desemboca en el lago son fantásticas.
Queenstown es una ciudad más concurrida. Es la capital de la aventura, de los deportes de riesgo. El Bungy jumping, lo que en España llamamos Puenting, se inventó en Nueva Zelanda. La verdad es que los kiwis están bastante locos, a pesar de su aspecto tranquilo. La ciudad está abarrotada de tiendas de deportes, de agencias para hacer todo tipo de chaladuras. Ya era así la vez anterior y, como la recordaba. Situada en un sitio divino, pero demasiado bulliciosa.
Pasamos por el aeropuerto porque los de Jucy tienen un barco para el Milford que nos sale bastante barato, en comparación con los demás, y nos hacen mitad de precio al conductor por tener el coche alquilado con ellos. Elegimos el primero de la mañana para tener más tiempo por la tarde, aunque su precio, más bajo que los demás horarios me hace sospechar que pueda haber menos visibilidad. Pero hoy el día estaba despejado desde muy temprano, y decidimos arriesgarnos.
Hemos ido a comer a la orilla de lago, pasada prácticamente toda la ciudad, en un sitio tranquilo, con buenas vistas de las montañas que nos rodean, la cadena montañosa de los Remarkables (no es coña, se llaman así) y del lago Waikatipu. Frente a nosotros veo una península que recorre buena parte del lago. Veo en el mapa que son los Jardines de Queenstown y decido que vayamos allí después de comer para ver desde allí todas las márgenes del lago. Además, parece que tiene senderos para pasear y está muy arbolado.
Leo en la información sobre Queenstown que aquí rodaron los del Señor de los Anillos parte de las escenas de Lothlorien y que el río Kawarau, que desemboca en el lago es en el que rodaron las escenas del río Anduin y los Argonaths.
Llegamos tras la comida hasta los jardines y los recorrimos por la orilla del lago, llegando hasta la zona peatonal de Queenstown para tomar un helado. En la playa hay muchísima gente tomando el sol y varios chicos ensayando caminar sobre cuerdas tendidas entre los árboles. Hay un ambiente dominguero, como corresponde.
Tenemos tiempo de avanzar hasta Te Anau y quizá al Milford Sound, así que, tras zamparnos el helado, volvimos a coger carretera y manta para llegar a Te Anau, al menos. De Te Anau al Milford hay dos horas de camino, y el barco sale a las 9:15
Avanzamos sin problemas, por lo que nos desviamos a Manapouri, que está próximo a Te Anau, y es donde se encuentra el lago de donde sale el Doubtful Sound, el que nos recomendaba que navegáramos el hombre del camping de ayer. El lago parece bonito y vemos la entrada del fiordo. La verdad es que, más que un fiordo, es un canal, porque no sale al mar. Es un estrechamiento del mismo lago entre altas montañas, que forman una especie de fiordo que debe ser bastante largo, porque hay publicidad sobre barcos que pasan tres días navegándolo, y el tiempo mínimo que he visto este 7 horas. La pena es que se ha nublado y no tenemos una buena perspectiva. Hay un hito con una roca que marca un intento que hubo de elevar los Lagos Manapouri y Te Anau para hacer una central hidroeléctrica, pero los kiwis se opusieron y consiguieron evitarlo. La roca marca el nivel al que deberían haber llegado las aguas en ese caso.
Llegamos a Te Anau, que es la ciudad donde viven los kiwis ciclistas que conocimos en el barco de Punta Arenas a Puerto Natales. Es una ciudad muy tranquila, de casas unifamiliares y calles anchas, que da al lago y es la entrada a Fiorland. Yo le había dicho a Juanjo que en Te Anau no había nada interesante y casi me atiza, porque le ha parecido un pueblo precioso y situado a las orillas de un bonito lago. Sigue nublado y la perspectiva no es buena por ese motivo, pero vemos una zona de picnic junto al lago donde podemos comer mañana a la vuelta del Milford.
No es tarde, y Juanjo está dispuesto a conducir un poco más, para dormir más cerca del fiordo. Avanzamos por una carretera de bosque, por donde estoy segura que van los kiwis los domingos en bicicleta. A unos 30 km de Te Anau está el punto donde empieza el Milford Track, que dura unos pocos días. A unos 55 km se encuentra Eglinton Valley. Allí paramos a hacer unas fotos de las elevadas montañas que nos rodean, que son de verdad impresionantes. Cruzamos después el Paralelo 45, el punto a mitad de amigo entre el Ecuador y el Polo Sur. Vemos otros puntos donde pararemos mañana. De momento, hay una gran cantidad de sitios para acampar. Plenty, le digo a Juanjo, aunque nuestro mapa solo marca dos. Hay uno muy apetecible a orillas del río, pero no hemos parados tiempo. Juanjo me dice que si quiere damos la vuelta, pero le digo que lo deje y siga adelante. Paramos en uno de los campings mas adelante, pero está atestado de coches. Entonces la cagamos Tia Maria, porque hemos pasado todos los posibles, en el Divide, que es el que nos señalaba a unos 86 km resulta que hay servicios pero pone que no se puede hacer camping, aunque hay varios coches y caravanas, y seguimos adelante, pasando por un estrechamiento importante de la carretera. El paso se va cerrando y Juanjo opina que ya no va a haber más sitios para pasar la noche, así que vimos un letrero de camping en el valle de Hollyford, y allí nos dirigimos por un camino de tierra que pasaba junto.a un arroyo. Nos sorprendimos de ver que había 7 km hasta el camping. Al llegar allí resulta que era de pago, mientras que habíamos pasado por un montón de sitios gratis. Como ya no era cosa de volverse, nos quedamos allí.
Es un sitio de locos. El tipo tiene un museo de objetos extrañísimos, y en todo el camping tiene cosas puestas como la tumba simulada de un irlandés que hacia algún deporte aéreo. Hay una señal y dos piernas con botas que salen de la tierra como si se hubiera incrustado alguien boca abajo. También hay un montón de cantos rodados en el que hay un letrero que pone Stone Henge,y un sendero que se llama Las Campanas del Diablo, lleno de helechos.
Hay muchísimos mosquitos, que nos brean, y la cocina está atestada de gente. Fuimos al comedor por huir de los mosquitos, pero era bastante incomodo y, como hoy no teníamos previsto cocinar, sino un camping de los gratis, llevábamos para hacer sándwiches.
En el baño hay poco espacio. Dos retretes y dos duchas por sexo, así que fuimos. Lo justo y salimos pitando a encerramos para escapar de los mosquitos, que han inundado también el coche al hacer la cama.
DÍA 49. DE GLACIARES Y LAGOS
DÍA 49
6/DICIEMBRE/2014 GLACIARES Y LAGOS
Aprovechamos que la ducha está en para darnos otro restregón. Así llevamos duchas de adelanto por si acaso...
Al ir a desayunar, y preparar los Capuccinos, me doy cuenta de que no he comprado azúcar. Eso no es problema en los sitios cutres, donde siempre hay, pero en este fino, por más que rebusco no hay ni un terrón. Tomamos el café como viene. Menos mal que no es amargo. Preparamos cereales con yogur y unos kiwis. Los kiwis vienen con una herramienta de plástico que es cuchillo y cuchara para comerlos.
Tras el desayuno, emprendemos el camino al sur, hacia los glaciares. Le insisto a Juanjo que se lo tome con tranquilidad, que paremos de vez en cuando, que haga fotos, que ya llegaremos y que no hay prisa hoy. Se trata de disfrutar del paisaje,
Entramos en una carretera de bosque que vamos a recorrer durante casi todo el día. Está lloviendo, así que apenas vemos, con las nubes, las montañas que nos rodean. Cuando las nubes nos lo permiten, el entorno,cada vez que hay una apertura en el bosque, por el cauce de un río, es impresionante. Las cimas elevadas tienen nieve y parecen rodearnos. Los cauces de los ríos que vienen de las montañas tienen a veces un color glaciar. La carretera está casi siempre rodeada de una vegetación espesa, en la que destacan los bosques de helechos. Yo filmo algún tramo e intento animar a Juanjo para que pare y saque alguna foto. Cuando se decide, se aparta a una cuneta y nos metemos en un barrizal. Juanjo sale del coche diciendo: "La hemos cagado". Yo no puedo abrir mi puerta porque el coche se ha ladeado en el barro. Juanjo intenta sacarlo, pero se hunde más. Entonces aparece un cuatro por cuatro y el conductor nos dice que si necesitamos ayuda. Juanjo le dice que si, y el tipo da la vuelta y viene a sacarnos. Lleva una cuerda en el coche y la amarra a la parte trasera de nuestro vehículo. Lo saca en un momento y le damos las gracia efusivamente. Es escocés y nos dice De Nada, en español. Tiene aspecto de leñador. Está viviendo aquí.
Otro coche se para al ver las luces de avería puestas,pero les decimos que gracia, que no hay problema. Juanjo está nervioso con esto. Dice que todos los días pasa algo. Pero ayer no nos pasó nada, que yo sepa..y hoy ya tenemos el cupo.
Intento que no se agobie y que haga el favor de mirar el paisaje de una puñetera vez, que si no, es tontería andar así. Finalmente se convence y para en un camino a hacer fotos a las montañas y a los helechos y a un río que tenía un color especial, como Sevilla.
Llegamos al Glaciar Franz Joseph lloviendo bastante. Entré en la oficina de información. Yo recordaba que el glaciar estaba bastante cerca del pueblo, y que se iba andando en un corto paseo. En la oficina me explicaron donde dejar el coche y que se llegaba al glaciar en hora y media, ida y vuelta. Algo me sonó raro. Hora y media me parecía mucho para lo que yo recordaba. En fin, estaré equivocada, pensé.
Aparcamos el coche e iniciamos el sendero, en principio por un bosque y luego salimos a la llanura donde está el río y debería estar el glaciar. Juanjo se retrasó haciendo unas fotos. Yo iba por delante, entendiendo a duras penas y con desolación, lo que pasaba: el glaciar ha retrocedido una bestialidad. Cuando lo vimos, desde la misma llanura se tocaba el hielo. Ahora hay que subir una parte del monte y ver el glaciar de lejos. Además es peligroso. Hice un video desde la zona desde donde yo suponía que lo vimos la vez anterior y dónde se encuentra ahora.
Veo carteles que indican dónde estaba el glaciar en 2008 y lo que retrocedió en 2012. Una burrada. Así que desde donde lo vimos hace 20 años, ni te digo...Me reúno con Juanjo en un mirador y le cuento lo que pasa. Para demostrarlo, hay una parte de hielo casi petrificado más abajo, que demuestra dónde estaba el glaciar no hace tanto, y mucho más arriba de donde lo vimos. Llegamos al último mirador. Nada, sigue estando lejísimos la lengua del glaciar. Una pena.
Bastante desmadejada, le digo a Juanjo que al glaciar Fox lo mismo ni merece la pena acercarse, que es más pequeño. Pero finalmente, tras tomarnos unos bocatas en el parking y hacer pis en los baños perfectos que hay al inicio de distintos senderos que salen de allí, nos encaminamos al Fox.
El paisaje es muy frondoso, de altos montes. Comento que parece una locura, pero que el paisaje del entorno del Fox me recuerda al Machu Picchu. Para mis asombro, Juanjo me da la razón. Parece mentira, pero la impresión de paisaje es la misma. Al glaciar lleva una carretera de bosque espectacular, al final, se abre un ancho valle glaciar por donde discurre el río de aguas color cuarzo que salen de las nieves. Nos aproximamos hasta divisar el glaciar, pero decidimos que no merece la pena caminar hasta allá. Cualquier glaciar de Chile de los que vimos es mejor que éstos. Lo que si es llamativo es el entorno, un circo de montaña de altos montes pelados y con cascadas. Y el pasaje del entorno, algo asombroso. Por allí andan Keas, una especie de loros que encontramos de cuando en cuando y que caminan hacia los coches buscando que la gente les dé comida. Hay letreros que lo prohiben. Nos dirigimos a Wanaka. Son unas cuantas horas de viaje pasando por el PN Mount Aspiring. Sigue lloviendo, por lo que el paisaje del fondo lo vemos regular. Deberíamos estar divisando el Monte Cook, pero ni rastro, por las nubes. Hemos seguido un rato con el mismo paisaje de bosque pero de forma brusca, al cambiar de ladera, ha variado a tipo estepario, con matorrales y ningún árbol. Entramos en el valle en el que comienza el lago Hawea, que se inicia en una cola estrecha y va ensanchándose poco a poco. Un rato mas tarde, cambiamos de ladera y vemos el lago Wanaka. Ambos Lagos confluyen en la ciudad de Wanaka, lo que hace que sea un sitio muy especial. No es una ciudad grande, sólo unas pocas calles y mas bien se servicios, pero el enclave es alucinante, La pena es que esté tan nublado, porque de esta forma no se ven bien las montañas, unas nevadas y otras no, que sirven de marco a ambos lados.
Hemos comprado algo para cenar y nos hemos ido a dormir a un camping en una pradera arbolada del lago Hawea. Un sitio muy bonito y tranquilo.
El dueño sale a buscarnos y nos pregunta de donde venimos y a donde vamos y le parece fatal. Nos dice que vayamos al Doubtful Sound, que es mas barato y hay menos gente que en el Milford.
Preparamos la cena, a base de pasta y tomare a la marroquí. He calentado el tomate y la gente se asomaba a oler. Me pareció raro, era tomare de lata, aunque le he puesto cebolla.
Como es un sitio de los buenos, no hay sal ni de nada. Los aparatos funcionan, y está limpio pero apenas hay vajilla. En fin, cenamos de soso, y punto.
6/DICIEMBRE/2014 GLACIARES Y LAGOS
Aprovechamos que la ducha está en para darnos otro restregón. Así llevamos duchas de adelanto por si acaso...
Al ir a desayunar, y preparar los Capuccinos, me doy cuenta de que no he comprado azúcar. Eso no es problema en los sitios cutres, donde siempre hay, pero en este fino, por más que rebusco no hay ni un terrón. Tomamos el café como viene. Menos mal que no es amargo. Preparamos cereales con yogur y unos kiwis. Los kiwis vienen con una herramienta de plástico que es cuchillo y cuchara para comerlos.
Tras el desayuno, emprendemos el camino al sur, hacia los glaciares. Le insisto a Juanjo que se lo tome con tranquilidad, que paremos de vez en cuando, que haga fotos, que ya llegaremos y que no hay prisa hoy. Se trata de disfrutar del paisaje,
Entramos en una carretera de bosque que vamos a recorrer durante casi todo el día. Está lloviendo, así que apenas vemos, con las nubes, las montañas que nos rodean. Cuando las nubes nos lo permiten, el entorno,cada vez que hay una apertura en el bosque, por el cauce de un río, es impresionante. Las cimas elevadas tienen nieve y parecen rodearnos. Los cauces de los ríos que vienen de las montañas tienen a veces un color glaciar. La carretera está casi siempre rodeada de una vegetación espesa, en la que destacan los bosques de helechos. Yo filmo algún tramo e intento animar a Juanjo para que pare y saque alguna foto. Cuando se decide, se aparta a una cuneta y nos metemos en un barrizal. Juanjo sale del coche diciendo: "La hemos cagado". Yo no puedo abrir mi puerta porque el coche se ha ladeado en el barro. Juanjo intenta sacarlo, pero se hunde más. Entonces aparece un cuatro por cuatro y el conductor nos dice que si necesitamos ayuda. Juanjo le dice que si, y el tipo da la vuelta y viene a sacarnos. Lleva una cuerda en el coche y la amarra a la parte trasera de nuestro vehículo. Lo saca en un momento y le damos las gracia efusivamente. Es escocés y nos dice De Nada, en español. Tiene aspecto de leñador. Está viviendo aquí.
Otro coche se para al ver las luces de avería puestas,pero les decimos que gracia, que no hay problema. Juanjo está nervioso con esto. Dice que todos los días pasa algo. Pero ayer no nos pasó nada, que yo sepa..y hoy ya tenemos el cupo.
Intento que no se agobie y que haga el favor de mirar el paisaje de una puñetera vez, que si no, es tontería andar así. Finalmente se convence y para en un camino a hacer fotos a las montañas y a los helechos y a un río que tenía un color especial, como Sevilla.
Llegamos al Glaciar Franz Joseph lloviendo bastante. Entré en la oficina de información. Yo recordaba que el glaciar estaba bastante cerca del pueblo, y que se iba andando en un corto paseo. En la oficina me explicaron donde dejar el coche y que se llegaba al glaciar en hora y media, ida y vuelta. Algo me sonó raro. Hora y media me parecía mucho para lo que yo recordaba. En fin, estaré equivocada, pensé.
Aparcamos el coche e iniciamos el sendero, en principio por un bosque y luego salimos a la llanura donde está el río y debería estar el glaciar. Juanjo se retrasó haciendo unas fotos. Yo iba por delante, entendiendo a duras penas y con desolación, lo que pasaba: el glaciar ha retrocedido una bestialidad. Cuando lo vimos, desde la misma llanura se tocaba el hielo. Ahora hay que subir una parte del monte y ver el glaciar de lejos. Además es peligroso. Hice un video desde la zona desde donde yo suponía que lo vimos la vez anterior y dónde se encuentra ahora.
Veo carteles que indican dónde estaba el glaciar en 2008 y lo que retrocedió en 2012. Una burrada. Así que desde donde lo vimos hace 20 años, ni te digo...Me reúno con Juanjo en un mirador y le cuento lo que pasa. Para demostrarlo, hay una parte de hielo casi petrificado más abajo, que demuestra dónde estaba el glaciar no hace tanto, y mucho más arriba de donde lo vimos. Llegamos al último mirador. Nada, sigue estando lejísimos la lengua del glaciar. Una pena.
Bastante desmadejada, le digo a Juanjo que al glaciar Fox lo mismo ni merece la pena acercarse, que es más pequeño. Pero finalmente, tras tomarnos unos bocatas en el parking y hacer pis en los baños perfectos que hay al inicio de distintos senderos que salen de allí, nos encaminamos al Fox.
El paisaje es muy frondoso, de altos montes. Comento que parece una locura, pero que el paisaje del entorno del Fox me recuerda al Machu Picchu. Para mis asombro, Juanjo me da la razón. Parece mentira, pero la impresión de paisaje es la misma. Al glaciar lleva una carretera de bosque espectacular, al final, se abre un ancho valle glaciar por donde discurre el río de aguas color cuarzo que salen de las nieves. Nos aproximamos hasta divisar el glaciar, pero decidimos que no merece la pena caminar hasta allá. Cualquier glaciar de Chile de los que vimos es mejor que éstos. Lo que si es llamativo es el entorno, un circo de montaña de altos montes pelados y con cascadas. Y el pasaje del entorno, algo asombroso. Por allí andan Keas, una especie de loros que encontramos de cuando en cuando y que caminan hacia los coches buscando que la gente les dé comida. Hay letreros que lo prohiben. Nos dirigimos a Wanaka. Son unas cuantas horas de viaje pasando por el PN Mount Aspiring. Sigue lloviendo, por lo que el paisaje del fondo lo vemos regular. Deberíamos estar divisando el Monte Cook, pero ni rastro, por las nubes. Hemos seguido un rato con el mismo paisaje de bosque pero de forma brusca, al cambiar de ladera, ha variado a tipo estepario, con matorrales y ningún árbol. Entramos en el valle en el que comienza el lago Hawea, que se inicia en una cola estrecha y va ensanchándose poco a poco. Un rato mas tarde, cambiamos de ladera y vemos el lago Wanaka. Ambos Lagos confluyen en la ciudad de Wanaka, lo que hace que sea un sitio muy especial. No es una ciudad grande, sólo unas pocas calles y mas bien se servicios, pero el enclave es alucinante, La pena es que esté tan nublado, porque de esta forma no se ven bien las montañas, unas nevadas y otras no, que sirven de marco a ambos lados.
Hemos comprado algo para cenar y nos hemos ido a dormir a un camping en una pradera arbolada del lago Hawea. Un sitio muy bonito y tranquilo.
El dueño sale a buscarnos y nos pregunta de donde venimos y a donde vamos y le parece fatal. Nos dice que vayamos al Doubtful Sound, que es mas barato y hay menos gente que en el Milford.
Preparamos la cena, a base de pasta y tomare a la marroquí. He calentado el tomate y la gente se asomaba a oler. Me pareció raro, era tomare de lata, aunque le he puesto cebolla.
Como es un sitio de los buenos, no hay sal ni de nada. Los aparatos funcionan, y está limpio pero apenas hay vajilla. En fin, cenamos de soso, y punto.
DIA 48 TE WAI POUNAMU: ISLA DEL SUR
DÍA 48
5/DICIEMBRE/2014 ISLA DEL SUR. TE WAI POUNAMU
Me despierto muy temprano y voy al baño antes de que haya fila. No se mueve nadie aún, Con el trajín, consigo que se despierte Juanjo. Hoy tenemos mucho camino. Hemos tomado algo de desayuno, pero paramos a tomar un café en un supermercado.
Yo quería aprovechar para ver algo de los Marlborough Sounds, que nos pillan de camino pero, con el trajín de anoche, ya hemos dejado atrás una de las carreteras para verlos. Hay en mi biblioteca muchas referencias al PN Abel Tasman, que está al norte, pero le digo a Juanjo que mejor no vamos porque esta muy lejos. Él opina que vayamos ya que, total, así lo conozco.
Empezamos a recorrer carreteras con el GPS (el tontón) y parece que conoce los sitios donde vamos. Recorremos praderas y valles con montañas a ambos lados, con mucha vegetación. En un tramo, a nuestra derecha tenemos el mar y, a la izquierda, una colina baja redondeada que recorre toda la costa. De repente Juanjo se da cuenta de que no es una colina, sino que el viento ha dado forma a los árboles dándoles aspecto de colina, pero dentro es un bosque muy espeso.
Vemos algunos Lagos y muchos ríos. En un lago he visto unos cisnes negros, pero están lejos. Juanjo me pregunta si veremos más y le digo que seguro que sí.
Paramos en algunos puntos altos a hacer unas fotos, porque los valles son preciosos. En uno de los miradores vemos una preciosa bahia plagada de islas. Es uno de los fiordos. Bajamos hacia esa zona, la bahía de Okiwi. Es una cala divina, muy tranquila, con algunas casas. Paramos a dar un paseo por la playa. Cruzo un puente de madera sobre un río de aguas cristalinas y llego al final de la playa. Volviendo al puente, veo un sendero por el que entro un momento y camino unos cuantos metros. Pero escucho a Juanjo llamándome y acabo saliendo, porque no para de llamar.
Le riño al salir:
- Tienes que dejarme que vea un poco el bosque por dentro, que es una de las cosas fantásticas que se hacen aquí, porque los senderos están muy cuidados. No seas plasta y déjame un poco que vea lo que hay.
Continuamos la carretera, retrocediendo un poco para ir hacia Nelson, que es una ciudad costera muy concurrida, con aspecto de lugar de vacaciones, con unas bahías muy bonitas Pero seguimos el camino sin pararnos en dirección a Abel Tasman.
En un alto volvimos a parar. Hay un sendero que nos acerca a un mirador. A la entrada del sendero hay un baño limpio con papel higiénico. Eso es común en todos los senderos. Siempre hay baños limpios con papel, y están cuidados, son seguros y están bien señalizados, con información de todo lo que ves, fauna y flora.
El sendero por el que entramos está rodeado de dolinas en rocas negras. En uno de los letreros se explica la acción del agua sobre la piedra y, en otro, la leyenda Maorí que explica esa formación. Se trata de un monstruo con forma de lagarto que capturaba a gente. Pero una chica muy lista logro escapar y apresarlo. Lo quemaron en una hoguera y esas piedras son los restos abrasados del monstruo.
El mirador da a un valle y a una de las bahías de la zona de Nelson. Al otro lado de la carretera parece que hay unas cuevas kárate as, pero no tenemos tiempo de pararnos a verlas. Continuamos hacia Abel Tasman y la Golden Bay. Rodeamos el parque, porque no se puede ir con coche excepto por unos caminos de grava, y llegamos a la Golden Bay, que es una bahia muy grande que acaba en el cabo Farewell, donde no vamos a ir ni pocos porque está bastante lejos. La bahía es bonita, rodeada de grandes rocas, Hay que pasar por un túnel horadado en una de ellas. Recorrimos el camino en dirección a la zona norte de Abel Tasman hasta donde pudimos pasar, porque un letrero advierte de que no recomiendan la entrada a caravanas. Yo quería llegar a alguno de los dos caminos que se adentran en el parque pero a la vista del camino,médico Juanjo que ni hablar.
Comimos en una mesa de picnic junto a la playa. El sitio me parece bonito, pero sigo pensando que no merecía la pena ir tan lejos. Juanjo dice que, efectivamente, no hay demasiado que ver para tan poco tiempo.
Yo había pensado acercarnos a St. Arnaud, que es (o era) un pueblo tranquilo junto a un lago bonito, el Rotoiki, pero con el desvío a Tasman no nos da tiempo. Paramos a llenar el depósito y compramos unos helados Magnum de miel muy ricos
En un punto del camino, se mosqueó Juanjo un poco porque salía un camión marcha atrás y parecía que se nos iba a echar encima. En el asiento de la izquierda iba un niño como de trece años.
- ¿Estará haciendo prácticas? - dice Juanjo
- Anda, que estás tú bueno -le digo- Como los sorianos...
- Es verdad -me dice
Esto es una anécdota de unos amigos de Soria que estaban de vacaciones por Cabo de Gata. En un mirador de aquella zona, encontraron a una pareja mayor de ingleses. El hombre era ciego. La mujer le explicaba lo que veía, y Ana le decía a Vicente lo que la mujer estaba contando. La pareja salió antes que ellos, y la carretera es estrecha y con bastantes curvas. Vicente, que iba conduciendo, se puso con el coche detrás de los ingleses, que iban bastante despacio en SU COCHE inglés . Le comentó Vicente a Ana que iba a adelantarlos. Ana, sin darse cuenta le dijo:
- Vale, pero ten cuidado, que va conduciendo el ciego
Cada vez que nos lo contaban, o cada vez que me acuerdo, me parto. Pues a Juanjo le ha pasado lo mismo con El Niño, que iba de copiloto, como es lógico en este país, a la izquierda.
El tontón nos lleva a Greymouth, ahorrándonos bastantes kilómetros, aunque nos perdemos parte de la costa noroeste. No hay muchos supermercados por el camino, solo en los pueblos grandes, así que en Greymouth paramos a aprovisionarnos. Hay varios campings en la zona. Elegimos uno que está en dirección al Sur, en las afueras de la ciudad. Es un Holiday Park, que son mejores. Tiene un spa. Yo aprovecho para darme un baño de burbujas para relajar los músculos después de tanta carretera, Juanjo solo quiere una ducha y descansar. En el Camp hay Wifi, así que aprovechamos para mandar whats y ver el correo. Los baños están bien y nos damos unas duchas calentitas.
La cocina está superlimpia, pero no hay de nada. Siempre supongo que donde haya cocina comunitaria habrá sal y azúcar, pero en esta no hay nada en absoluto. Hay que fastidiarse, le comento a Juanjo, que en los sitios cutres tienes de todo y en estos tan finos no haya de nada. Tan no hay de nada, que nos llevamos nuestros platos, cubiertos y vasos, porque la cocina está a dos velas. Hay tres cocinas y solo funcionan dos y mal. He comprado hamburguesas porque me ha parecido la carne buena y barata, y las tomamos con ensalada de tomate y patatas de bolsa. Menos mal que había birlado unos paquetitos de sal del camping cutre, porque nos habríamos tomado las hamburguesas sosas.
Nos juntamos a cenar con una pareja de belgas que están viviendo un tiempo en Australia,my un alemán. Pero en cuanto cenamos nos vamos a dormir, que hemos hecho un montón de kilometros y estamos fritos.
5/DICIEMBRE/2014 ISLA DEL SUR. TE WAI POUNAMU
Me despierto muy temprano y voy al baño antes de que haya fila. No se mueve nadie aún, Con el trajín, consigo que se despierte Juanjo. Hoy tenemos mucho camino. Hemos tomado algo de desayuno, pero paramos a tomar un café en un supermercado.
Yo quería aprovechar para ver algo de los Marlborough Sounds, que nos pillan de camino pero, con el trajín de anoche, ya hemos dejado atrás una de las carreteras para verlos. Hay en mi biblioteca muchas referencias al PN Abel Tasman, que está al norte, pero le digo a Juanjo que mejor no vamos porque esta muy lejos. Él opina que vayamos ya que, total, así lo conozco.
Empezamos a recorrer carreteras con el GPS (el tontón) y parece que conoce los sitios donde vamos. Recorremos praderas y valles con montañas a ambos lados, con mucha vegetación. En un tramo, a nuestra derecha tenemos el mar y, a la izquierda, una colina baja redondeada que recorre toda la costa. De repente Juanjo se da cuenta de que no es una colina, sino que el viento ha dado forma a los árboles dándoles aspecto de colina, pero dentro es un bosque muy espeso.
Vemos algunos Lagos y muchos ríos. En un lago he visto unos cisnes negros, pero están lejos. Juanjo me pregunta si veremos más y le digo que seguro que sí.
Paramos en algunos puntos altos a hacer unas fotos, porque los valles son preciosos. En uno de los miradores vemos una preciosa bahia plagada de islas. Es uno de los fiordos. Bajamos hacia esa zona, la bahía de Okiwi. Es una cala divina, muy tranquila, con algunas casas. Paramos a dar un paseo por la playa. Cruzo un puente de madera sobre un río de aguas cristalinas y llego al final de la playa. Volviendo al puente, veo un sendero por el que entro un momento y camino unos cuantos metros. Pero escucho a Juanjo llamándome y acabo saliendo, porque no para de llamar.
Le riño al salir:
- Tienes que dejarme que vea un poco el bosque por dentro, que es una de las cosas fantásticas que se hacen aquí, porque los senderos están muy cuidados. No seas plasta y déjame un poco que vea lo que hay.
Continuamos la carretera, retrocediendo un poco para ir hacia Nelson, que es una ciudad costera muy concurrida, con aspecto de lugar de vacaciones, con unas bahías muy bonitas Pero seguimos el camino sin pararnos en dirección a Abel Tasman.
En un alto volvimos a parar. Hay un sendero que nos acerca a un mirador. A la entrada del sendero hay un baño limpio con papel higiénico. Eso es común en todos los senderos. Siempre hay baños limpios con papel, y están cuidados, son seguros y están bien señalizados, con información de todo lo que ves, fauna y flora.
El sendero por el que entramos está rodeado de dolinas en rocas negras. En uno de los letreros se explica la acción del agua sobre la piedra y, en otro, la leyenda Maorí que explica esa formación. Se trata de un monstruo con forma de lagarto que capturaba a gente. Pero una chica muy lista logro escapar y apresarlo. Lo quemaron en una hoguera y esas piedras son los restos abrasados del monstruo.
El mirador da a un valle y a una de las bahías de la zona de Nelson. Al otro lado de la carretera parece que hay unas cuevas kárate as, pero no tenemos tiempo de pararnos a verlas. Continuamos hacia Abel Tasman y la Golden Bay. Rodeamos el parque, porque no se puede ir con coche excepto por unos caminos de grava, y llegamos a la Golden Bay, que es una bahia muy grande que acaba en el cabo Farewell, donde no vamos a ir ni pocos porque está bastante lejos. La bahía es bonita, rodeada de grandes rocas, Hay que pasar por un túnel horadado en una de ellas. Recorrimos el camino en dirección a la zona norte de Abel Tasman hasta donde pudimos pasar, porque un letrero advierte de que no recomiendan la entrada a caravanas. Yo quería llegar a alguno de los dos caminos que se adentran en el parque pero a la vista del camino,médico Juanjo que ni hablar.
Comimos en una mesa de picnic junto a la playa. El sitio me parece bonito, pero sigo pensando que no merecía la pena ir tan lejos. Juanjo dice que, efectivamente, no hay demasiado que ver para tan poco tiempo.
Yo había pensado acercarnos a St. Arnaud, que es (o era) un pueblo tranquilo junto a un lago bonito, el Rotoiki, pero con el desvío a Tasman no nos da tiempo. Paramos a llenar el depósito y compramos unos helados Magnum de miel muy ricos
En un punto del camino, se mosqueó Juanjo un poco porque salía un camión marcha atrás y parecía que se nos iba a echar encima. En el asiento de la izquierda iba un niño como de trece años.
- ¿Estará haciendo prácticas? - dice Juanjo
- Anda, que estás tú bueno -le digo- Como los sorianos...
- Es verdad -me dice
Esto es una anécdota de unos amigos de Soria que estaban de vacaciones por Cabo de Gata. En un mirador de aquella zona, encontraron a una pareja mayor de ingleses. El hombre era ciego. La mujer le explicaba lo que veía, y Ana le decía a Vicente lo que la mujer estaba contando. La pareja salió antes que ellos, y la carretera es estrecha y con bastantes curvas. Vicente, que iba conduciendo, se puso con el coche detrás de los ingleses, que iban bastante despacio en SU COCHE inglés . Le comentó Vicente a Ana que iba a adelantarlos. Ana, sin darse cuenta le dijo:
- Vale, pero ten cuidado, que va conduciendo el ciego
Cada vez que nos lo contaban, o cada vez que me acuerdo, me parto. Pues a Juanjo le ha pasado lo mismo con El Niño, que iba de copiloto, como es lógico en este país, a la izquierda.
El tontón nos lleva a Greymouth, ahorrándonos bastantes kilómetros, aunque nos perdemos parte de la costa noroeste. No hay muchos supermercados por el camino, solo en los pueblos grandes, así que en Greymouth paramos a aprovisionarnos. Hay varios campings en la zona. Elegimos uno que está en dirección al Sur, en las afueras de la ciudad. Es un Holiday Park, que son mejores. Tiene un spa. Yo aprovecho para darme un baño de burbujas para relajar los músculos después de tanta carretera, Juanjo solo quiere una ducha y descansar. En el Camp hay Wifi, así que aprovechamos para mandar whats y ver el correo. Los baños están bien y nos damos unas duchas calentitas.
La cocina está superlimpia, pero no hay de nada. Siempre supongo que donde haya cocina comunitaria habrá sal y azúcar, pero en esta no hay nada en absoluto. Hay que fastidiarse, le comento a Juanjo, que en los sitios cutres tienes de todo y en estos tan finos no haya de nada. Tan no hay de nada, que nos llevamos nuestros platos, cubiertos y vasos, porque la cocina está a dos velas. Hay tres cocinas y solo funcionan dos y mal. He comprado hamburguesas porque me ha parecido la carne buena y barata, y las tomamos con ensalada de tomate y patatas de bolsa. Menos mal que había birlado unos paquetitos de sal del camping cutre, porque nos habríamos tomado las hamburguesas sosas.
Nos juntamos a cenar con una pareja de belgas que están viviendo un tiempo en Australia,my un alemán. Pero en cuanto cenamos nos vamos a dormir, que hemos hecho un montón de kilometros y estamos fritos.
DIA 47, CRUZANDO AL SUR
DÍA 47
4/DICIEMBRE/2014 CRUZANDO AL SUR
El camping donde nos quedamos tiene aspecto cutre pero, después de entrar en el baño, veo que es muy sencillo pero que tiene de todo y agua caliente, así que vuelvo a la fragoneta a por las cosas para ducharme. Vuelvo,mi formando a Juanjo que la ducha está estupenda, que tiene ganchos para la ropa, banco para sentarte y agua hirviendo abundante, secador automático, y que hay una capilla al aire libre, parque infantil...hay cábalas, lugar de acampada, etc.
Algo mas repuestos, desayunamos un café. Se me he olvidado comprar azúcar, pero en estos sitios siempre hay de todo. La gente deja cosas y azúcar y sal siempre hay, y muchas veces aceite, té, condimentos...así que tomamos un café, de los de tipo capuccino que venden para añadirles solo agua caliente, cereales con yogur y fruta.
He comprado cereales porque me parece práctico para desayunar si estamos en un sitio sin cocina. Llevo sopas de sobre individuales porque, si hace frío, una sopita entona. De todas formas, en la caravana llevamos cocina a gas, por si hace falta calentar algo, así que, aunque no vayamos a sitios con cocina, podemos prepararnos un café o una sopa.
Tras la buena dormida, ya que la cama no es incómoda,, seguimos camino a Wellington. Vuelvo por enésima vez a intentar encender el GPS, a ver qué pasa y casi me caigo del susto. De repente, se pone a funcionar y encuentra los satélites. Juro que no he hecho nada diferente a ayer. Parece que con eso, Juanjo se queda más tranquilo, pero me dice que a partir de ahora va a buscar sitio para dormir a las cinco de la tarde porque no quiere jaleos.
Por una carretera estrecha, llegamos a Wellington. En Interislander compramos los pasajes, pero me dicen que hasta las seis de la tarde no podemos salir. Juanjo estaba esperando en la caravana porque no había sitio para aparcar y fui a decírselo:
- Me parece que no te va a gustar, pero no podemos salir hasta las seis y media, así que llegaremos a las nueve y media
- Bueno, pues píllalo - y me dijo que preguntara varias cosas más.
Fui a comprar el billete, pregunté un chorro de cosas, salía y volvía para preguntar algo más, aunque la chica que atendía me contestaba pacientemente, y al final se me olvidó preguntar una de las cosas que me había encargado Juanjo, que era que si había otros ferrys, porque algunos letreros de la carretera, así lo parecían. La verdad es que yo esa información la había consultado anteriormente en Internet varias veces y siempre me salía el Interislander. Incluso en la oficina de turismo de Auckland me remitieron a esa compañía. Y además, me daba algo de apuro preguntar en una compañía si había otras, así que se me olvido, aunque no lo hice a propósito.
Fuimos al centro de la ciudad a ver qué tal. Tiene fama de "cool" y de elaborar cerveza artesana, que pensamos probar. Dimos un paseo por el centro Hemos visto el centro cívico, que contiene muchos edificios como biblioteca, museo, etc., las calles centrales, una peatonal y luego decidimos llevar el coche a Interislander y volver andando, porque el paseo no es muy largo y así nos evitamos parkings y papelitos de calle.
Busco en la información que tengo los posibles alojamientos para la noche en Picton. Juanjo se acaba de caer del guindo de que llegaremos tarde
- Pero si te lo he dicho antes de sacar el billete, que no te iba a gustar - le digo asombrada - Pues no me había enterado - me contesta fastidiado
En fin, dimos una vuelta, pasando por la estación de tren donde hay baños y, siguiendo las reglas del viajero, aprovechó la situación. Hace calor y apetece una cerveza. Así que le digo a Juanjo cuando pasamos por una cervecería artesana que si entramos a tomar una y OJO! Me ha dicho que NO!. Que conste esto en los anales de la historia. Juanjo no ha querido tomarse una cerveza. No salgo de mi asombro, pero buscamos algún sitio para comer que sea normalito.
Hemos llegado a un sitio que se llama Mercado del Almuerzo. Es una plazoleta cubierta con mesas pequeñas y muchos puestos alrededor de comida de distintos sitios, casi toda asiática: India, coreana, vietnamita...pedimos un guiso de cerdo vietnamita. En estos sitios no hay cerveza, así que lo tomamos a palo seco, porque los refrescos no nos molan nada. Pensamos tomar una cerveza después,muero no se nos pone a tiro ninguna cervecería. Tras la comida, a mi lo que me apetece es un café de verdad, y entramos en una cafetería donde tomamos un café y mucha agua.
Luego hemos pasado por bastantes cervecerías, pero ya no es momento, así que le recrimino a Juanjo todo el camino que, como no ha querido tomarse una cerveza en la ciudad más cervecera, ahora se chincha.
Pasamos por la calle peatonal, intentamos conectar los teléfonos a Internet en un puesto de calle, sin conseguirlo, y se pone a llover. Aprovechamos para entrar en un supermercado a comprar algo para cenar en el barco, y luego paso por la estación a hacer de nuevo uso de los baños. Están reforzando el techo para prevenir en caso de terremotos.
En Interislander encuentro unos folletos de camping que están bien, y más información de sitios que vamos a visitar. Juanjo está horrorizado de tanto folleto, pero me hace falta.
Embarcamos el coche y nosotros vamos a los sillones, a leer, escribir, etc. Como salimos tarde, vemos regular los Marlborough Sounds de la isla del Sur, que son la atracción del barco. Hay buffett y cafetería en el barco, pero cenamos lo que llevamos. Hay mesas de comedor para cenar lo que quieras.
Atracamos, montamos en el coche y, antes de salir del barco pongo la dirección de un camping de Picton. El GPS me dice que no hay señal de satélite y que si estoy dentro de. Un edificio. Como estamos dentro del barco, no me preocupo pero, al salir, vuelvo a encenderlo y dice lo mismo. Juanjo se pone nervioso, y tira en dirección a Nelson, aunque el camping está en el,puro centro y habría sido facilísimo preguntar. Es de noche cerrado y parece que le va a dar algo. Menos mal que, por casualidad, vimos que una caravana se metía por un camino que resultó ser uno de los camping gratuitos del DOC, Departamento de Conservación. Allí aparcamos y preparamos para dormir.
4/DICIEMBRE/2014 CRUZANDO AL SUR
El camping donde nos quedamos tiene aspecto cutre pero, después de entrar en el baño, veo que es muy sencillo pero que tiene de todo y agua caliente, así que vuelvo a la fragoneta a por las cosas para ducharme. Vuelvo,mi formando a Juanjo que la ducha está estupenda, que tiene ganchos para la ropa, banco para sentarte y agua hirviendo abundante, secador automático, y que hay una capilla al aire libre, parque infantil...hay cábalas, lugar de acampada, etc.
Algo mas repuestos, desayunamos un café. Se me he olvidado comprar azúcar, pero en estos sitios siempre hay de todo. La gente deja cosas y azúcar y sal siempre hay, y muchas veces aceite, té, condimentos...así que tomamos un café, de los de tipo capuccino que venden para añadirles solo agua caliente, cereales con yogur y fruta.
He comprado cereales porque me parece práctico para desayunar si estamos en un sitio sin cocina. Llevo sopas de sobre individuales porque, si hace frío, una sopita entona. De todas formas, en la caravana llevamos cocina a gas, por si hace falta calentar algo, así que, aunque no vayamos a sitios con cocina, podemos prepararnos un café o una sopa.
Tras la buena dormida, ya que la cama no es incómoda,, seguimos camino a Wellington. Vuelvo por enésima vez a intentar encender el GPS, a ver qué pasa y casi me caigo del susto. De repente, se pone a funcionar y encuentra los satélites. Juro que no he hecho nada diferente a ayer. Parece que con eso, Juanjo se queda más tranquilo, pero me dice que a partir de ahora va a buscar sitio para dormir a las cinco de la tarde porque no quiere jaleos.
Por una carretera estrecha, llegamos a Wellington. En Interislander compramos los pasajes, pero me dicen que hasta las seis de la tarde no podemos salir. Juanjo estaba esperando en la caravana porque no había sitio para aparcar y fui a decírselo:
- Me parece que no te va a gustar, pero no podemos salir hasta las seis y media, así que llegaremos a las nueve y media
- Bueno, pues píllalo - y me dijo que preguntara varias cosas más.
Fui a comprar el billete, pregunté un chorro de cosas, salía y volvía para preguntar algo más, aunque la chica que atendía me contestaba pacientemente, y al final se me olvidó preguntar una de las cosas que me había encargado Juanjo, que era que si había otros ferrys, porque algunos letreros de la carretera, así lo parecían. La verdad es que yo esa información la había consultado anteriormente en Internet varias veces y siempre me salía el Interislander. Incluso en la oficina de turismo de Auckland me remitieron a esa compañía. Y además, me daba algo de apuro preguntar en una compañía si había otras, así que se me olvido, aunque no lo hice a propósito.
Fuimos al centro de la ciudad a ver qué tal. Tiene fama de "cool" y de elaborar cerveza artesana, que pensamos probar. Dimos un paseo por el centro Hemos visto el centro cívico, que contiene muchos edificios como biblioteca, museo, etc., las calles centrales, una peatonal y luego decidimos llevar el coche a Interislander y volver andando, porque el paseo no es muy largo y así nos evitamos parkings y papelitos de calle.
Busco en la información que tengo los posibles alojamientos para la noche en Picton. Juanjo se acaba de caer del guindo de que llegaremos tarde
- Pero si te lo he dicho antes de sacar el billete, que no te iba a gustar - le digo asombrada - Pues no me había enterado - me contesta fastidiado
En fin, dimos una vuelta, pasando por la estación de tren donde hay baños y, siguiendo las reglas del viajero, aprovechó la situación. Hace calor y apetece una cerveza. Así que le digo a Juanjo cuando pasamos por una cervecería artesana que si entramos a tomar una y OJO! Me ha dicho que NO!. Que conste esto en los anales de la historia. Juanjo no ha querido tomarse una cerveza. No salgo de mi asombro, pero buscamos algún sitio para comer que sea normalito.
Hemos llegado a un sitio que se llama Mercado del Almuerzo. Es una plazoleta cubierta con mesas pequeñas y muchos puestos alrededor de comida de distintos sitios, casi toda asiática: India, coreana, vietnamita...pedimos un guiso de cerdo vietnamita. En estos sitios no hay cerveza, así que lo tomamos a palo seco, porque los refrescos no nos molan nada. Pensamos tomar una cerveza después,muero no se nos pone a tiro ninguna cervecería. Tras la comida, a mi lo que me apetece es un café de verdad, y entramos en una cafetería donde tomamos un café y mucha agua.
Luego hemos pasado por bastantes cervecerías, pero ya no es momento, así que le recrimino a Juanjo todo el camino que, como no ha querido tomarse una cerveza en la ciudad más cervecera, ahora se chincha.
Pasamos por la calle peatonal, intentamos conectar los teléfonos a Internet en un puesto de calle, sin conseguirlo, y se pone a llover. Aprovechamos para entrar en un supermercado a comprar algo para cenar en el barco, y luego paso por la estación a hacer de nuevo uso de los baños. Están reforzando el techo para prevenir en caso de terremotos.
En Interislander encuentro unos folletos de camping que están bien, y más información de sitios que vamos a visitar. Juanjo está horrorizado de tanto folleto, pero me hace falta.
Embarcamos el coche y nosotros vamos a los sillones, a leer, escribir, etc. Como salimos tarde, vemos regular los Marlborough Sounds de la isla del Sur, que son la atracción del barco. Hay buffett y cafetería en el barco, pero cenamos lo que llevamos. Hay mesas de comedor para cenar lo que quieras.
Atracamos, montamos en el coche y, antes de salir del barco pongo la dirección de un camping de Picton. El GPS me dice que no hay señal de satélite y que si estoy dentro de. Un edificio. Como estamos dentro del barco, no me preocupo pero, al salir, vuelvo a encenderlo y dice lo mismo. Juanjo se pone nervioso, y tira en dirección a Nelson, aunque el camping está en el,puro centro y habría sido facilísimo preguntar. Es de noche cerrado y parece que le va a dar algo. Menos mal que, por casualidad, vimos que una caravana se metía por un camino que resultó ser uno de los camping gratuitos del DOC, Departamento de Conservación. Allí aparcamos y preparamos para dormir.
DIA 46 . EN COCHE....Y A LO LOCO
DÍA 46
3/DICIEMBRE/ 2014 EN. COCHE....Y A LO LOCO
Nos preparamos para pasar bastantes días de camping. Como no habrá mucho espacio, dejo en mochilas pequeñas todo lo que pueda hacer falta, para dejar la maleta cerrada y no tener que abrirla.
Hemos dormido mal, por el cambio de horario. Yo me desperté a eso de las 4 y Juanjo, algo mas tarde. Fui a la ducha antes de que se levantará el resto de la gente para ducharme tranquila, lavarme el pelo, darme cremitas...no sé si tendré otra ocasión pronto.
Después de desayunar, dejamos en el salón de la chimenea las maletas y nos fuimos andando a la oficina de Jucy, donde tenemos reservado el coche. Hace un bonito día, y yo iba tan contenta, pensando en que podíamos ir unos días a nuestro aire, tan tranquilos, aunque el recorrido nos va. A llevar muchas horas de carretera, pero no hay tiempo de más. Juanjo va algo inquieto, porque se conduce por la izquierda y el coche es automático. Ya ha conducido mas veces coches de esos, pero no está acostumbrado.
En la oficina nos atiende una chica con muchas prisas. Nos sale mas caro de lo que pensábamos, por el seguro. Y prácticamente nos obligan a que hagamos una traducción "oficial" del carnet de conducir clavándonos por ello 50 dólares. La traducción "oficial" consiste en copiar mal los datos del anverso del carnet. Muy moscas, nos explican mas o menos, y muy deprisa lo que contiene el coche. Teóricamente nos iban a dar mapas y listado de campings, pero nos dicen que cojamos los folletos que nos parezcan bien. Yo cojo un montón de ellos, porque no llevamos guía y no sé lo que me puede hacer falta. Y ni pensar en conexiones a Internet. En Nueva Zelanda se paga toda la conexión, excepto en algunos alojamientos, que te la dan gratis, en algunos puestos de calle con mucha publicidad, y en algunos bares si tomas algo.
En fin. Salimos hacia el hotel a recoger las cosas y emprendemos el camino. Juanjo sale un poco acelerado y cuando consigo poner en marcha el GPS resulta que no coge señal de satélite. Le digo que volvamos a la oficina, pero no sabemos como hacerlo. Finalmente, salimos a la autovía, y encontramos tras dar muchas vueltas, un letrero que marca la carretera al sur.
Juanjo va agobiado perdido. Yo intento ayudar con el mapa, y encontramos sin mas problemas el camino a Wellington. Pero procuro no decir ni pío porque, cuando Juanjo va así, más vale estar calladito porque todo le fastidia.
En realidad, para llegar al sur no hace falta GPS, solo para las ciudades, y en Picton hay oficina de Jucy, así que podemos decirles que nos lo cambien.
Bueno, la ruta que seguimos va al sur, por Taupo, y después a Wellington. Hemos parado en un supermercado de Taupo para comprar algo para comer ahora. Comemos en una zona de picnic. Por toda la carretera, que está muy bien señalizada, indican con mucho tiempo las zonas de picnic y si tienen baño. También indican las zonas de camping para tiendas de campaña, caravanas autónomas, caravanas como lo que llevamos, que tiene cama, cocina, fregadero y nevera, pero necesitamos retrete. Así que no podemos hacer acampada libre, sino parar de noche en zonas con retrete, al menos.
Vemos, el monte Ruapehu, con forma cónica de volcán y aislado, pero próximo a otras dos montañas cubiertas de nieve, las montañas del Tongariro.
Pasamos por el río Waikatu, y vemos fumarolas saliendo del suelo, en las laderas. Hay muchas plantas geotérmicas. Al principio me preguntaba cómo salía tanto humo blanco de las chimeneas, pero luego me di cuenta de que estábamos en medio de una zona volcánica. Como contraste, he leído que el río es especialmente frío. Hay piscinas termales, con sombrillas, y los letreros señalan los cráteres de la luna y unas cascadas. Espero que podamos ir a la vuelta. Recuerdo que ese parque volcánico me gustó mucho la vez anterior.
El paisaje que vemos hasta ahora son praderas muy verdes y "jugosas" con colinas de contornos suaves, cubiertas de ovejas merinas, unas con flequillo y culos forros, prácticamente redondas,my otras flacas, ya esquiladas. Hay también vacas y vemos unos animales cubiertos de lana, pero con cuellos largos que no tenemos ni idea de qué son. No son llamas, no son guanacos, no son vicuñas, son bastante raros, quizá sean alpacas?. Solemos verlos solos, junto a las casa, y tumbados en la hierba.
Pasamos junto al PN Tongariro, donde vemos las montañas con nieve del Tongariro y el Ruapehu, y cambia el paisaje drásticamente, pasando a ser una estepa con matojos. Es rarísimo el cambio. No hemos subido puertos apreciables.
Después de pasar el contorno del Parque, volvemos a la vegetación. Juanjo va bastante cansado y bajamos en un pueblo a estirar las piernas. Es un pueblo de cazadores, que se llama Hunterville. En la entrada hay un lugar de acampada gratis, junto a un río. Le digo a Juanjo que si esta cansado, nos quedamos allí, que el camino es muy largo y no tenemos obligación de llegar a Wellington hoy, pero solo son las cinco y media y prefiere seguir.
Cuando pensamos en ir buscando sitio para dormir, revisamos el coche, para saber qué contiene, y compramos cosas en un supermercado grande, pensando en la cena y el desayuno de mañana. Luego nos ponemos a buscar campings. Hemos pasado por tantos, que pensamos que no hay problema pero, justo, cuando queremos encontrar uno, no aparece, y se esta haciendo de noche y no sabemos como se monta la cama y demás. Tras dar muchas vueltas, conseguimos llegar a un sitio en Otaki, que se llama Bridge Camp, donde hay sitio para acampar, cocina y duchas. Pero no encontramos a nadie que nos autorice a quedarnos. Unos tipos que estaban en la cocina nos mandan a la casa principal,muero allí no había nadie. Finalmente, llamo a una cabaña que tiene la luz encendida, y un señor llama por teléfono al dueño, que vendrá en unos minutos.
Llega el hombre, muy amable, se presenta y nos enseña donde están los baños, la cocina...la verdad es que estamos muy cansados, por la falta de sueño y Juanjo por la paliza de coche. Hemos hecho la cama como hemos podido y, después de cenar en el comedor, nos fuimos a dormir.
3/DICIEMBRE/ 2014 EN. COCHE....Y A LO LOCO
Nos preparamos para pasar bastantes días de camping. Como no habrá mucho espacio, dejo en mochilas pequeñas todo lo que pueda hacer falta, para dejar la maleta cerrada y no tener que abrirla.
Hemos dormido mal, por el cambio de horario. Yo me desperté a eso de las 4 y Juanjo, algo mas tarde. Fui a la ducha antes de que se levantará el resto de la gente para ducharme tranquila, lavarme el pelo, darme cremitas...no sé si tendré otra ocasión pronto.
Después de desayunar, dejamos en el salón de la chimenea las maletas y nos fuimos andando a la oficina de Jucy, donde tenemos reservado el coche. Hace un bonito día, y yo iba tan contenta, pensando en que podíamos ir unos días a nuestro aire, tan tranquilos, aunque el recorrido nos va. A llevar muchas horas de carretera, pero no hay tiempo de más. Juanjo va algo inquieto, porque se conduce por la izquierda y el coche es automático. Ya ha conducido mas veces coches de esos, pero no está acostumbrado.
En la oficina nos atiende una chica con muchas prisas. Nos sale mas caro de lo que pensábamos, por el seguro. Y prácticamente nos obligan a que hagamos una traducción "oficial" del carnet de conducir clavándonos por ello 50 dólares. La traducción "oficial" consiste en copiar mal los datos del anverso del carnet. Muy moscas, nos explican mas o menos, y muy deprisa lo que contiene el coche. Teóricamente nos iban a dar mapas y listado de campings, pero nos dicen que cojamos los folletos que nos parezcan bien. Yo cojo un montón de ellos, porque no llevamos guía y no sé lo que me puede hacer falta. Y ni pensar en conexiones a Internet. En Nueva Zelanda se paga toda la conexión, excepto en algunos alojamientos, que te la dan gratis, en algunos puestos de calle con mucha publicidad, y en algunos bares si tomas algo.
En fin. Salimos hacia el hotel a recoger las cosas y emprendemos el camino. Juanjo sale un poco acelerado y cuando consigo poner en marcha el GPS resulta que no coge señal de satélite. Le digo que volvamos a la oficina, pero no sabemos como hacerlo. Finalmente, salimos a la autovía, y encontramos tras dar muchas vueltas, un letrero que marca la carretera al sur.
Juanjo va agobiado perdido. Yo intento ayudar con el mapa, y encontramos sin mas problemas el camino a Wellington. Pero procuro no decir ni pío porque, cuando Juanjo va así, más vale estar calladito porque todo le fastidia.
En realidad, para llegar al sur no hace falta GPS, solo para las ciudades, y en Picton hay oficina de Jucy, así que podemos decirles que nos lo cambien.
Bueno, la ruta que seguimos va al sur, por Taupo, y después a Wellington. Hemos parado en un supermercado de Taupo para comprar algo para comer ahora. Comemos en una zona de picnic. Por toda la carretera, que está muy bien señalizada, indican con mucho tiempo las zonas de picnic y si tienen baño. También indican las zonas de camping para tiendas de campaña, caravanas autónomas, caravanas como lo que llevamos, que tiene cama, cocina, fregadero y nevera, pero necesitamos retrete. Así que no podemos hacer acampada libre, sino parar de noche en zonas con retrete, al menos.
Vemos, el monte Ruapehu, con forma cónica de volcán y aislado, pero próximo a otras dos montañas cubiertas de nieve, las montañas del Tongariro.
Pasamos por el río Waikatu, y vemos fumarolas saliendo del suelo, en las laderas. Hay muchas plantas geotérmicas. Al principio me preguntaba cómo salía tanto humo blanco de las chimeneas, pero luego me di cuenta de que estábamos en medio de una zona volcánica. Como contraste, he leído que el río es especialmente frío. Hay piscinas termales, con sombrillas, y los letreros señalan los cráteres de la luna y unas cascadas. Espero que podamos ir a la vuelta. Recuerdo que ese parque volcánico me gustó mucho la vez anterior.
El paisaje que vemos hasta ahora son praderas muy verdes y "jugosas" con colinas de contornos suaves, cubiertas de ovejas merinas, unas con flequillo y culos forros, prácticamente redondas,my otras flacas, ya esquiladas. Hay también vacas y vemos unos animales cubiertos de lana, pero con cuellos largos que no tenemos ni idea de qué son. No son llamas, no son guanacos, no son vicuñas, son bastante raros, quizá sean alpacas?. Solemos verlos solos, junto a las casa, y tumbados en la hierba.
Pasamos junto al PN Tongariro, donde vemos las montañas con nieve del Tongariro y el Ruapehu, y cambia el paisaje drásticamente, pasando a ser una estepa con matojos. Es rarísimo el cambio. No hemos subido puertos apreciables.
Después de pasar el contorno del Parque, volvemos a la vegetación. Juanjo va bastante cansado y bajamos en un pueblo a estirar las piernas. Es un pueblo de cazadores, que se llama Hunterville. En la entrada hay un lugar de acampada gratis, junto a un río. Le digo a Juanjo que si esta cansado, nos quedamos allí, que el camino es muy largo y no tenemos obligación de llegar a Wellington hoy, pero solo son las cinco y media y prefiere seguir.
Cuando pensamos en ir buscando sitio para dormir, revisamos el coche, para saber qué contiene, y compramos cosas en un supermercado grande, pensando en la cena y el desayuno de mañana. Luego nos ponemos a buscar campings. Hemos pasado por tantos, que pensamos que no hay problema pero, justo, cuando queremos encontrar uno, no aparece, y se esta haciendo de noche y no sabemos como se monta la cama y demás. Tras dar muchas vueltas, conseguimos llegar a un sitio en Otaki, que se llama Bridge Camp, donde hay sitio para acampar, cocina y duchas. Pero no encontramos a nadie que nos autorice a quedarnos. Unos tipos que estaban en la cocina nos mandan a la casa principal,muero allí no había nadie. Finalmente, llamo a una cabaña que tiene la luz encendida, y un señor llama por teléfono al dueño, que vendrá en unos minutos.
Llega el hombre, muy amable, se presenta y nos enseña donde están los baños, la cocina...la verdad es que estamos muy cansados, por la falta de sueño y Juanjo por la paliza de coche. Hemos hecho la cama como hemos podido y, después de cenar en el comedor, nos fuimos a dormir.
DIA 45 . AOTEAROA
Tomo 2: Nueva Zelanda y Australia
DIA 45
2/ DICIEMBRE/2014 AOTEAROA
KIA ORA!!
Estamos en tierra Maorí, así que empiezo saludando en ese idioma. Nos hemos ido al sitio más lejos, a nuestra antípoda.
No creo que quien lea esto esté llevando la cuenta, pero nos hemos dejado un día perdido por el Pacífico por haber pasado el meridiano del cambio de fecha. A Elcano le ocurrió que, cuando llegó a Cádiz, le faltaba un día, que no sabia donde se le había quedado.
Hablando de Elcano, de momento le hemos dejado con Magallanes perdido por el Pacífico, con calma chicha, hambre y escorbuto. Están peleándose por las ratas, que se venden a precio de oro. Los marineros comen maderas, cueros...todo lo que pueda masticarse. De momento, vamos a dejarlos por allí. Ya los recuperaremos.
Para hacer tiempo, nos hemos desviado al quinto continente, a Oceanía. Y empezamos visitando las mayores islas maoríes, que constituyen Nueva Zelanda, en Maorí, AOTEAROA, La Tierra de la Gran Nube Blanca. Se llamó así porque desde el océano se divisa una gran nube que cubre el territorio la mayor parte del tiempo. Los maoríes acabaron encontrándola desde su migración desde el este de Asia (eran Lapitas) hasta las islas del Pacífico, Samoa, Marquesas, Rapa Nui, Hawai, yNueva Zelanda, entre otras. A Nueva Zelanda migraron desde Polinesia. No tuvo la misma suerte un explorador español quien, pensando que solo era una nube, la pasó de largo. Cook acabó tomando el territorio para Inglaterra.
Cuando llegaron los maoríes había una fauna que, o bien se ha extinguido, o queda poca. Uno de los animales extinguidos, a causa de la caza a que fue sometido por los primeros pobladores maoríes es el Moa, un ave similar al avestruz, que no tenía depredadores hasta que llegaron los maoríes. Era muy fácil de cazar, así que se perdió.
Los kiwis, aves cuyo nombre comparten la fruta y los neozelandeses, que denominan kiwi a bancos, trenes, etc, no tenía depredadores hasta que, con las naves inglesas se introdujo el opossum, un animal parecido al mapache. Este bicho no tiene depredadores y, por tanto, prolifera. Pero está acabando con la fauna local, así que los kiwis humanos lo odian profundamente. Junto con las plantas amarillas, los famosos escobones que en España ponemos como adorno en las medianas de las carreteras, y que aquí son una plaga que se come literalmente los bosques, los opossum son otra plaga con la que no saben cómo acabar.
En las islas había, básicamente, pájaros. Muchos de ellos no vuelan, como el kiwi. Este, además, es nocturno. Yo lo vi, en mi anterior viaje a kiwilandia, en un zoo donde lo tenían tras cristales, en una sala en penumbra. Aún así, era difícil verlo.
La cultura Maorí está presente en todas partes. Los letreros están en Inglés y Maorí, pero muchos lugares y calles aparecen únicamente en Maorí. La gente Maorí es de piel oscura, pero los rasgos no son demasiado bastos. Lo que tienen es una constitución muy potente. Son gente grandota. Si además están gordos, lo que ocurre con frecuencia, se convierten en una masa que impresiona.
En mi anterior viaje me impresionaron mucho los tatuajes que cubrían gran parte del cuerpo. Ahora se han puesto tan de moda, que llaman menos la atención. Las danzas maoríes, por otro lado son, a la vez, agresivas y dulces. En el baile hay golpes y movimientos fuertes pero las canciones son melodiosas y dulces. Al combinarse ambas cosas, resulta una mezcla que impacta. La música Maorí se escucha en todos los sitios que requieren ambientación. Al llegar al aeropuerto, pasamos por una puerta Maorí y nos rodeaba, en el pasillo de acceso al control de pasaportes, imágenes de paisaje con música tradicional muy suave.
Empezamos mal. Nos equivocamos de puerta y cruzamos la seguridad de Tránsito, en lugar de la de llegadas. Como el vuelo en el que llegamos tiene Auckland como escala, pero su destino es Sydney, seguimos a la masa y nos metimos por donde no era. Un kiwi nos sacó del error. Pero tuvimos ocasión de ver las salas de embarque, con sofás cómodos, puestos en Salinas con mesas y lámparas de pie. En los sofás había gente durmiendo o, al menos, descansando. En las pantallas se anunciaban los vuelos que aterrizaban o estaban en embarque. En el resto, ponía RELAX. El estado de los vuelos cambiaba de ingles a Maorí.
Pasamos el control que nos tocaba. Yo había declarado que llevaba medicamentos "over the counter" y semillas de lino, pero no le dieron importancia y pasamos sin problemas, aunque habían puesto muchos letreros avisando de que declaráramos cualquier cosa de ese tipo.
Si era demasiado temprana la hora de llegada prevista, las 4 am, encima el avión llegó con media hora de adelanto. Menos mal que, entre errores, recogida de maletas, sacar dinero de cajero, mirar con el wifi del aeropuerto alguna cosa y tal, se nos hicieron las 6 de la mañana. A esa hora abrieron la oficina de Información y nos hicieron el favor de llamar al hotel Airport Skyway de donde prometieron venir a buscarnos en 15 minutos.
Apareció un tipo con largo pelo rubio y gorra, muy sonriente. Una pareja que venía de Tahití venia también a ese hotel. Lo elegimos por estar cerca del aeropuerto, ya que tenemos reservado un coche de alquiler y se recoge cerca.
En el hotel el dueño nos ofrece té o café. Hay una cocina comunitaria, los baños son compartidos y la habitación, lógicamente, no está aún disponible. Así que preguntamos cómo ir a Auckland y el pelangas nos indica los autobuses y cómo volver, cuando veamos un enorme kiwi sobre un edificio, que es el hotel Kiwi, que está al lado. Nos dice, muerto de risa que, si llegamos a unos campos de fresas, nos habremos pasado.
Salimos a la parada. Hace un día muy despejado, aunque frío. El bus pasa de tarde en tarde. El trayecto a Auckland desde Mangere (significa perezoso, nos aclara Albert...o Alfred...no sé) lleva unos 40 minutos, que finalmente han sido más, porque hemos pillado atasco. Nos bajamos en la última parada, que es el centro de la ciudad. Yo estoy loca por tomar un desayuno en condiciones, porque a eso de las dos y pico nos dieron un sándwich, pero hace ya muchas horas de eso.
Entramos en el Club del Café a desayunar huevos con tostadas y café. Nos ha costado caro, me recuerda Juanjo toda la mañana. Luego hemos ido hacia el mar a ver qué hay. Hay un puerto donde atracan los ferrys y cruceros. Hay un crucero inmenso, Princesa algo...Vemos la oficina de Información y preguntamos qué podemos hacer en un día. Descartamos lo carísimo, como montar en el bus turístico, que vale 35 dólares y subir a la torre giratoria, que cuesta otros 25. Nos decidimos por un paseo por la ciudad, que no parece que sea excesivo.
Nos encaminamos hacia el mercado del pescado, para lo que tenemos que ir bordeando la bahía. Hay unos veleros que quitan el hipo. Catamaranes y veleros. Impresionante. Algún yate, también. Todo descomunal. Hay además alguna embarcación de las de la Copa América. Le comento a Juanjo que cómo es posible que estén tan macizos los tipos que están en los barcos. Además son jóvenes. No hay carcas de nuestra edad.
Hemos visto unas casas con embarcaderos pero en una zona elevada, con exclusas. Muy excéntrico.
Llegamos al mercado del pescado. Mucho rollo, pero solo hay un recinto, con dos o tres personas que preparan y cobran el pescado y marisco. En distintos puestos vemos los pescados puestos por tipos. Además hay peceras con bichos vivos. Una está hasta los topes de anguilas. Hay una barca con muchos peces grandes. Si quieres uno, lo coges y se lo llevas al pescadero para que te lo prepare. Todo muy limpio.
Buscamos algo más pero no lo había. Únicamente un restaurante con platos de pescado donde tenían también mariscos.
En los alrededores, lo que había eran restaurantes megapijos. Muy monos y con terrazas al aire libre. Uno parecía español. Se llamaba Pescado y ofrecía comida mediterránea.
Recorrimos la zona y volvimos hacia la zona central por otra parte de la bahía, que tiene muchas radas. La bahía tiene muchos entrantes que se pasan por puentes. A la vuelta hemos cruzado uno que se abre para dejar paso a los veleros. Hay una zona wifi libre, desde donde mando unos whats de lo que estoy viendo. Seguimos caminando hacia el centro, al strand, donde se encuentra todo el comercio. Hay pocos adornos navideños, todo muy sencillo, excepto por el tamaño de un Papá Noel con su reno que abarcaban dos caras de la fachada de un centro comercial.
Vemos la tienda oficial de los All Black. Las camisetas son un espectáculo. Había prometido unas a Jaime y los sobrinos, pero valen entre 150 y 250 dólares. Un pastón.
Llegamos al final de la zona comercial y decidimos ir caminado hasta una zona donde nos indicaron en turismo que había casas tradicionales. Hay que pasar el Albert Park y la zona de la universidad. Fuimos hasta allí despacio. Yo insinuaba visitar el museo Maorí pero me parece que Juanjo hoy no tiene ganas de museos. En el parque la gente estaba tirada al sol. Caminamos hacia el barrio de las casas tradicionales. Hay que pasar la Universidad. Vemos que el antiguo rectorado es una casa tipo colonial, rodeada de grandes jardines. A la entrada del recinto hay una casa de madera pequeña que parece de cuento de hadas.
Hemos visto una casa Maorí de reunión. Como es habitual, tiene una entrada hecha como un marco de madera tallada. Luego sigue una pradera y al fondo está la casa. Tiene un tejado a dos aguas, que llega muy abajo, y está bordeado por madera tallada, del mismo tono que la de la puerta, de un color rojizo. En el ángulo superior hay una cara con la lengua fuera, el típico gesto de las esculturas maoríes.
Continuamos caminado y llegamos al barrio que buscábamos. Casas hay algunas, pero d e lo que está lleno es de restaurantes de múltiples nacionalidades. Hay japoneses, indios, pizzerías...Después de dar una vuelta entramos a comer en un japonés, que tenía platos muy baratos. Yo tomé teriyaki. Juanjo tomó un guiso. Tenían preparadas muchas bandejas con sushi, sashimi, ensaladas...como donde vivimos no hay muchos bares, parece, pensamos en llevarnos algo de allí para cenar. Después de dar una vuelta, decidimos entrar de nuevo y llevarnos unas bandejas de sushi de salmón y aguacate. Antes de eso, hemos ido a tomar una cerveza a un pub muy agradable. Raro que la tomamos después de comer, pero en el japonés solo había refrescos, que no nos gustan a ninguno. En el pub yo pedí una cerveza belga, pero Juanjo quería probar las kiwis. Le dieron a catar dos. Ambas estaban muy amargas. Pidió la menos amarga de ellas. Hay muchos bares de cervezas artesanas. Parece ser que Wellington es uno de los sitios punteros. Habrá que probar las de allí.
Volvimos hacia el centro para coger el autobús de vuelta. Yo tenía la impresión de que paraba en la universidad, pero Juanjo lo negaba,así que fuimos al centro de nuevo. Da igual, porque hoy no vamos a hacer nada mas, pero, en fin...
Pasamos por la estación de tren, que parece cualquier otra cosa. Compramos un paquete de galletas para desayunar mañana y luego corrimos a coger el bus de vuelta. En él se pueden ver los tipos humanos tan diferentes que pueblan, al menos, Auckland. No es que vayamos mucha gente, pero todos distintos. Hay mucho oriental, pero con aspectos muy distintos. Luego están los maoríes puros o mezclas. Y, por fin, los arios rubios y muchos pelirrojos. Por la mañana habíamos encontrado a los chicos uniformados que entraban al colegio. Ahora están saliendo.
Llegamos al hotel tras divisar la estatua del kiwi. Nos dimos una ducha. El agua sale hirviendo, con un sistema de grifo bastante peculiar, muy pegado a la pared y con una palanca que se gira a frío o caliente. Pero los baños,manque son comunes, están muy limpios. Los platos de ducha son de acero inoxidable. Cada baño es individual, con lavabo, ducha, retrete...muy amplios.
Pagué un acceso al wifi, que en Nueva Zelanda casi siempre lo cobran, y compramos unos billetes de avión para un vuelo interno en la próxima parada, e hicimos otras cosas que teníamos pendientes.
En la piscina hay una chica con su hija pequeña bañándose. Me parece que el agua debe estar congelada.
Cenamos temprano, pero más gente cenaba a la misma hora. Tomamos el sushi con unas cervezas que salió a comprar Juanjo. Y en la cocina, ha marcado en un mapamundi nuestro origen. Este está recién empezado, y vemos que hace dos días ha pasado por aquí una chica de Granads, concretamente de Banamaurel, que decía llamarse Eva la Barbera Juanjo ha escrito nuestros nombres en la misma línea, por debajo.
Nos fuimos a la cama. Nos han dado una triple, con una dama grande y otra más chica que usamos para dejar cosas.
2/ DICIEMBRE/2014 AOTEAROA
KIA ORA!!
Estamos en tierra Maorí, así que empiezo saludando en ese idioma. Nos hemos ido al sitio más lejos, a nuestra antípoda.
No creo que quien lea esto esté llevando la cuenta, pero nos hemos dejado un día perdido por el Pacífico por haber pasado el meridiano del cambio de fecha. A Elcano le ocurrió que, cuando llegó a Cádiz, le faltaba un día, que no sabia donde se le había quedado.
Hablando de Elcano, de momento le hemos dejado con Magallanes perdido por el Pacífico, con calma chicha, hambre y escorbuto. Están peleándose por las ratas, que se venden a precio de oro. Los marineros comen maderas, cueros...todo lo que pueda masticarse. De momento, vamos a dejarlos por allí. Ya los recuperaremos.
Para hacer tiempo, nos hemos desviado al quinto continente, a Oceanía. Y empezamos visitando las mayores islas maoríes, que constituyen Nueva Zelanda, en Maorí, AOTEAROA, La Tierra de la Gran Nube Blanca. Se llamó así porque desde el océano se divisa una gran nube que cubre el territorio la mayor parte del tiempo. Los maoríes acabaron encontrándola desde su migración desde el este de Asia (eran Lapitas) hasta las islas del Pacífico, Samoa, Marquesas, Rapa Nui, Hawai, yNueva Zelanda, entre otras. A Nueva Zelanda migraron desde Polinesia. No tuvo la misma suerte un explorador español quien, pensando que solo era una nube, la pasó de largo. Cook acabó tomando el territorio para Inglaterra.
Cuando llegaron los maoríes había una fauna que, o bien se ha extinguido, o queda poca. Uno de los animales extinguidos, a causa de la caza a que fue sometido por los primeros pobladores maoríes es el Moa, un ave similar al avestruz, que no tenía depredadores hasta que llegaron los maoríes. Era muy fácil de cazar, así que se perdió.
Los kiwis, aves cuyo nombre comparten la fruta y los neozelandeses, que denominan kiwi a bancos, trenes, etc, no tenía depredadores hasta que, con las naves inglesas se introdujo el opossum, un animal parecido al mapache. Este bicho no tiene depredadores y, por tanto, prolifera. Pero está acabando con la fauna local, así que los kiwis humanos lo odian profundamente. Junto con las plantas amarillas, los famosos escobones que en España ponemos como adorno en las medianas de las carreteras, y que aquí son una plaga que se come literalmente los bosques, los opossum son otra plaga con la que no saben cómo acabar.
En las islas había, básicamente, pájaros. Muchos de ellos no vuelan, como el kiwi. Este, además, es nocturno. Yo lo vi, en mi anterior viaje a kiwilandia, en un zoo donde lo tenían tras cristales, en una sala en penumbra. Aún así, era difícil verlo.
La cultura Maorí está presente en todas partes. Los letreros están en Inglés y Maorí, pero muchos lugares y calles aparecen únicamente en Maorí. La gente Maorí es de piel oscura, pero los rasgos no son demasiado bastos. Lo que tienen es una constitución muy potente. Son gente grandota. Si además están gordos, lo que ocurre con frecuencia, se convierten en una masa que impresiona.
En mi anterior viaje me impresionaron mucho los tatuajes que cubrían gran parte del cuerpo. Ahora se han puesto tan de moda, que llaman menos la atención. Las danzas maoríes, por otro lado son, a la vez, agresivas y dulces. En el baile hay golpes y movimientos fuertes pero las canciones son melodiosas y dulces. Al combinarse ambas cosas, resulta una mezcla que impacta. La música Maorí se escucha en todos los sitios que requieren ambientación. Al llegar al aeropuerto, pasamos por una puerta Maorí y nos rodeaba, en el pasillo de acceso al control de pasaportes, imágenes de paisaje con música tradicional muy suave.
Empezamos mal. Nos equivocamos de puerta y cruzamos la seguridad de Tránsito, en lugar de la de llegadas. Como el vuelo en el que llegamos tiene Auckland como escala, pero su destino es Sydney, seguimos a la masa y nos metimos por donde no era. Un kiwi nos sacó del error. Pero tuvimos ocasión de ver las salas de embarque, con sofás cómodos, puestos en Salinas con mesas y lámparas de pie. En los sofás había gente durmiendo o, al menos, descansando. En las pantallas se anunciaban los vuelos que aterrizaban o estaban en embarque. En el resto, ponía RELAX. El estado de los vuelos cambiaba de ingles a Maorí.
Pasamos el control que nos tocaba. Yo había declarado que llevaba medicamentos "over the counter" y semillas de lino, pero no le dieron importancia y pasamos sin problemas, aunque habían puesto muchos letreros avisando de que declaráramos cualquier cosa de ese tipo.
Si era demasiado temprana la hora de llegada prevista, las 4 am, encima el avión llegó con media hora de adelanto. Menos mal que, entre errores, recogida de maletas, sacar dinero de cajero, mirar con el wifi del aeropuerto alguna cosa y tal, se nos hicieron las 6 de la mañana. A esa hora abrieron la oficina de Información y nos hicieron el favor de llamar al hotel Airport Skyway de donde prometieron venir a buscarnos en 15 minutos.
Apareció un tipo con largo pelo rubio y gorra, muy sonriente. Una pareja que venía de Tahití venia también a ese hotel. Lo elegimos por estar cerca del aeropuerto, ya que tenemos reservado un coche de alquiler y se recoge cerca.
En el hotel el dueño nos ofrece té o café. Hay una cocina comunitaria, los baños son compartidos y la habitación, lógicamente, no está aún disponible. Así que preguntamos cómo ir a Auckland y el pelangas nos indica los autobuses y cómo volver, cuando veamos un enorme kiwi sobre un edificio, que es el hotel Kiwi, que está al lado. Nos dice, muerto de risa que, si llegamos a unos campos de fresas, nos habremos pasado.
Salimos a la parada. Hace un día muy despejado, aunque frío. El bus pasa de tarde en tarde. El trayecto a Auckland desde Mangere (significa perezoso, nos aclara Albert...o Alfred...no sé) lleva unos 40 minutos, que finalmente han sido más, porque hemos pillado atasco. Nos bajamos en la última parada, que es el centro de la ciudad. Yo estoy loca por tomar un desayuno en condiciones, porque a eso de las dos y pico nos dieron un sándwich, pero hace ya muchas horas de eso.
Entramos en el Club del Café a desayunar huevos con tostadas y café. Nos ha costado caro, me recuerda Juanjo toda la mañana. Luego hemos ido hacia el mar a ver qué hay. Hay un puerto donde atracan los ferrys y cruceros. Hay un crucero inmenso, Princesa algo...Vemos la oficina de Información y preguntamos qué podemos hacer en un día. Descartamos lo carísimo, como montar en el bus turístico, que vale 35 dólares y subir a la torre giratoria, que cuesta otros 25. Nos decidimos por un paseo por la ciudad, que no parece que sea excesivo.
Nos encaminamos hacia el mercado del pescado, para lo que tenemos que ir bordeando la bahía. Hay unos veleros que quitan el hipo. Catamaranes y veleros. Impresionante. Algún yate, también. Todo descomunal. Hay además alguna embarcación de las de la Copa América. Le comento a Juanjo que cómo es posible que estén tan macizos los tipos que están en los barcos. Además son jóvenes. No hay carcas de nuestra edad.
Hemos visto unas casas con embarcaderos pero en una zona elevada, con exclusas. Muy excéntrico.
Llegamos al mercado del pescado. Mucho rollo, pero solo hay un recinto, con dos o tres personas que preparan y cobran el pescado y marisco. En distintos puestos vemos los pescados puestos por tipos. Además hay peceras con bichos vivos. Una está hasta los topes de anguilas. Hay una barca con muchos peces grandes. Si quieres uno, lo coges y se lo llevas al pescadero para que te lo prepare. Todo muy limpio.
Buscamos algo más pero no lo había. Únicamente un restaurante con platos de pescado donde tenían también mariscos.
En los alrededores, lo que había eran restaurantes megapijos. Muy monos y con terrazas al aire libre. Uno parecía español. Se llamaba Pescado y ofrecía comida mediterránea.
Recorrimos la zona y volvimos hacia la zona central por otra parte de la bahía, que tiene muchas radas. La bahía tiene muchos entrantes que se pasan por puentes. A la vuelta hemos cruzado uno que se abre para dejar paso a los veleros. Hay una zona wifi libre, desde donde mando unos whats de lo que estoy viendo. Seguimos caminando hacia el centro, al strand, donde se encuentra todo el comercio. Hay pocos adornos navideños, todo muy sencillo, excepto por el tamaño de un Papá Noel con su reno que abarcaban dos caras de la fachada de un centro comercial.
Vemos la tienda oficial de los All Black. Las camisetas son un espectáculo. Había prometido unas a Jaime y los sobrinos, pero valen entre 150 y 250 dólares. Un pastón.
Llegamos al final de la zona comercial y decidimos ir caminado hasta una zona donde nos indicaron en turismo que había casas tradicionales. Hay que pasar el Albert Park y la zona de la universidad. Fuimos hasta allí despacio. Yo insinuaba visitar el museo Maorí pero me parece que Juanjo hoy no tiene ganas de museos. En el parque la gente estaba tirada al sol. Caminamos hacia el barrio de las casas tradicionales. Hay que pasar la Universidad. Vemos que el antiguo rectorado es una casa tipo colonial, rodeada de grandes jardines. A la entrada del recinto hay una casa de madera pequeña que parece de cuento de hadas.
Hemos visto una casa Maorí de reunión. Como es habitual, tiene una entrada hecha como un marco de madera tallada. Luego sigue una pradera y al fondo está la casa. Tiene un tejado a dos aguas, que llega muy abajo, y está bordeado por madera tallada, del mismo tono que la de la puerta, de un color rojizo. En el ángulo superior hay una cara con la lengua fuera, el típico gesto de las esculturas maoríes.
Continuamos caminado y llegamos al barrio que buscábamos. Casas hay algunas, pero d e lo que está lleno es de restaurantes de múltiples nacionalidades. Hay japoneses, indios, pizzerías...Después de dar una vuelta entramos a comer en un japonés, que tenía platos muy baratos. Yo tomé teriyaki. Juanjo tomó un guiso. Tenían preparadas muchas bandejas con sushi, sashimi, ensaladas...como donde vivimos no hay muchos bares, parece, pensamos en llevarnos algo de allí para cenar. Después de dar una vuelta, decidimos entrar de nuevo y llevarnos unas bandejas de sushi de salmón y aguacate. Antes de eso, hemos ido a tomar una cerveza a un pub muy agradable. Raro que la tomamos después de comer, pero en el japonés solo había refrescos, que no nos gustan a ninguno. En el pub yo pedí una cerveza belga, pero Juanjo quería probar las kiwis. Le dieron a catar dos. Ambas estaban muy amargas. Pidió la menos amarga de ellas. Hay muchos bares de cervezas artesanas. Parece ser que Wellington es uno de los sitios punteros. Habrá que probar las de allí.
Volvimos hacia el centro para coger el autobús de vuelta. Yo tenía la impresión de que paraba en la universidad, pero Juanjo lo negaba,así que fuimos al centro de nuevo. Da igual, porque hoy no vamos a hacer nada mas, pero, en fin...
Pasamos por la estación de tren, que parece cualquier otra cosa. Compramos un paquete de galletas para desayunar mañana y luego corrimos a coger el bus de vuelta. En él se pueden ver los tipos humanos tan diferentes que pueblan, al menos, Auckland. No es que vayamos mucha gente, pero todos distintos. Hay mucho oriental, pero con aspectos muy distintos. Luego están los maoríes puros o mezclas. Y, por fin, los arios rubios y muchos pelirrojos. Por la mañana habíamos encontrado a los chicos uniformados que entraban al colegio. Ahora están saliendo.
Llegamos al hotel tras divisar la estatua del kiwi. Nos dimos una ducha. El agua sale hirviendo, con un sistema de grifo bastante peculiar, muy pegado a la pared y con una palanca que se gira a frío o caliente. Pero los baños,manque son comunes, están muy limpios. Los platos de ducha son de acero inoxidable. Cada baño es individual, con lavabo, ducha, retrete...muy amplios.
Pagué un acceso al wifi, que en Nueva Zelanda casi siempre lo cobran, y compramos unos billetes de avión para un vuelo interno en la próxima parada, e hicimos otras cosas que teníamos pendientes.
En la piscina hay una chica con su hija pequeña bañándose. Me parece que el agua debe estar congelada.
Cenamos temprano, pero más gente cenaba a la misma hora. Tomamos el sushi con unas cervezas que salió a comprar Juanjo. Y en la cocina, ha marcado en un mapamundi nuestro origen. Este está recién empezado, y vemos que hace dos días ha pasado por aquí una chica de Granads, concretamente de Banamaurel, que decía llamarse Eva la Barbera Juanjo ha escrito nuestros nombres en la misma línea, por debajo.
Nos fuimos a la cama. Nos han dado una triple, con una dama grande y otra más chica que usamos para dejar cosas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)